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martes 17 de enero de 2012

Seguimos en las mismas


Una de las cosas que recuerdo de la universidad son las clases de redacción (chulamente llamadas Comunicación e Información Escrita I y II) en las que el profesor de prácticas, al margen de examinarnos de ortografía como si fuera una tortura, dejaba claro que, en nuestros textos fuera del género que fuera, por favor, frases hechas no.

Pero hoy hablando con mi vecina que es una cachonda nos hemos dado cuenta de que o a la mitad de la prensa española no le dieron la asignatura, o que va a ser cierto esto de que Navarra tiene su prestigio por algo. Pasemos a detallar ejemplos:

- "El padre de la Constitución española". Que descanse en paz Fraga. Pero es que delante de él han fallecido tantos padres de la Constitución que ya no sabes si es huérfana y todos la adoptaron, si la escribieron entre 20 o si es la coletilla que reciben los políticos que han vivido activos en la Transición y mueren. Si queda algún padre de la Constitución que se rebele.

- "Regado con unos ricos caldos...". El vino no es caldo, ¡¡NO-ES-CAL-DO!! Y muchísimo menos se riega, en todo caso se bebe y con gusto. El caldo es sopa, es caliente, es sosaino y de color claro. El vino está a temperatura fresquita, cuesta muuuuucho dinero y trabajo sacarlo y tiene alcohol. Al caldo, caldo, y al vino, vino.

- "Avanza la serpiente multicolor". Yo considero el ciclismo un deporte serio y un castigo, porque mi querido padre se dedicó a ponerme a ver el Tour en silencio cuando no le dejaba echar la siesta, pero es que con estas frasecitas parece que veo el Circo del Sol. Los pobres están sudando la gota gorda, como para nombrarles con más ganas.

- "Hay que participar en la fiesta de la democracia". Esta la odio porque me toca cerca. Señores políticos y demases, votar no es una fiesta. Votar es un deber, un derecho, una obligación, un mero trámite como ciudadano, pero no es una fiesta. La fiesta es la de después si tu candidato gana. Votar es de todo menos divertido. Salvo en Argentina, que eso es un show.

- "Monumental atasco en la A-2". Las catedrales, las plazas de toros, incluso el estadio de fútbol del River, son monumentales, pero ¿un atasco? ¿No nos vale con poner un gran atasco, un largo atasco, un atasco de XX kilómetros que es como se miden los atascos? Pues no. En la próxima operación salida de Semana Santa habrá de nuevo atascos monumentales.

No sé, seamos un poco más creativos que nos ve y oye mucha gente...

sábado 31 de diciembre de 2011

Este intenso 2011


No tenía pensado escribir el recopilatorio oficial este año, pero después de echar un vistazo a los anteriores me he dado cuenta de que, en vez de ir para atrás, el 2011 ha sido el año más intenso, más especial y, a la vez, más complicado de todos.

Arranqué enero sabiendo que se venía un año lleno de trabajo y apuré mis últimos días de vacaciones con corte de pelo nuevo (que alguno tuvo la delicadeza de decirme que estaba horrible) y con una ley antitabaco que no me podía hacer más feliz volver a casa de fiesta y oler bien. Aunque no tuve muchas oportunidades de disfrutarlo. Volé rumbo a un más que caluroso Buenos Aires en pleno enero. Me caí en el aeropuerto de Londres, me asé al aterrizar en Argentina con toda la ropa de invierno encima y estuve semanas viendo como mis tobillos eran los de un elefante. Añadimos a la depresión postvacacional la depresión estival: no habíamos hecho operación bikini adecuada a la estación y encima me salió la primera cana. Pero la novedad fue estar asada como un pollo todo el mes de enero.

El verano siguió intenso todo febrero y yo sólo vivía en la oficina debajo del chorro del aire acondicionado. Fui a una reunión muy importante un día que marcaban 43 grados y a los días tuve la segunda gran cagada desde que llegué a la oficina, lloré como si no hubiera mañana por ser tan lerda de cometer semejante error. Los demás me miraban con cara muy rara. En un aire de querer aligerar, me apunté al gimnasio, a GAP, y durante dos meses empezó lo que para mí era una tortura en una clase de flacas negras (yo era la jirafa blanca). Aunque fui consciente de que ya me había ido muy lejos y era casi de allí y de aquí al mismo tiempo, me llegaban buenas noticias de España: mi hermana por fin se decidió a abrir su garaje y Eva era arquitecta en contra de lo que las autoridades nos habían dicho en nuestra infancia. Viví mi primer Carnaval sambero en Gualeguaychú, pero no me compré una pluma gigante para mi cabeza. Todavía me arrepiento.

De un soplo se fue el sol y llegó el otoño en marzo. Tras varios feriados que mi querida Presidenta se sacó de la manga, mi gran familia Schmitt me invitó a la boda de Lucila, mi primera boda argentina y eso fue como ir a mi gran boda griega pero con mesa de postres y con Carnaval carioca incorporado. No me lo pude pasar mejor, y la barra vacía todo el rato. Gracias de nuevo. En la oficina el trabajo salía de debajo de las sillas, llegué a ver a Plácido Domingo en plena 9 de Julio con el Obelisco de fondo, a Sabina en el Luna Park. Me acuerdo y me pone la piel de gallina. Y celebré Saint Patrick's Day a la gringa pero en la calle Reconquista, para no olvidarme aquellas fiestas de Washington DC. Pero lo mejor fueron los viajes de ese mes: la escapada a Colonia, uno de los mejores días de este año, y la excursión a Médanos, en Villarino, al sur de Bahía Blanca. 10 horas de autobús ida y 10 horas vuelta para trabajar. Vimos una cebolla gigante, por poco me monto en un burro con un sombrero mexicano. Salí viva.

Entre oficina y placer se acercaba abril con la primera visita del año. Múltiple. Mi mejor amiga y sus padres llegaron un sábado a las 6 de la mañana y nos fuimos a Iguazú directos. No sin antes equivocarme de aeropuerto y tenerles dos horas taxi para arriba para abajo de una punta a otra de Buenos Aires (recordemos el tema de las distancias). El señor Corta me quiere todavía, me lo han dicho (no sé si amor o matar...). Tuve bajón con su partida, y aunque me empecé a aficionar a los blogs de moda para suplantar mi sequía de consumo, no fue la mejor semana del año. Pero el 28 me esperaban los 25 años con una tarta de dulce de leche y chocolate y una corona de princesa. Lloré mucho, muchos años, mucho todo. Gracias chicas por la fiesta que me organizasteis sin apenas haber hablado durante meses.

Mayo es como noviembre, empieza el frío y todos comienzan a hibernar. Cumplí un año en Argentina y volví a felicitarle desde la distancia el día de la madre a la persona que me dio el ser. Arrancó la campaña electoral en la ciudad y en mi calendario solo había encuestas y presentaciones importantes, en rojo y con círculos amarillos. Fui consciente de algunos problemitas mentales que padezco y volví a apuntarme al gimnasiocentrodebelleza donde en la primera cita el médico al que odié miércoles tras miércoles hasta irme en noviembre, tuvo la amabilidad de abrirme los ojos y llamarme GOR-DA, sin pestañear. Pero aguanté hasta bien entrado noviembre.

En junio me vine a España. Los acontecimientos familiares crecían en importancia y fui testigo de los 60 años de mi santo padre y de su toma de posesión en su nuevo cargo político (no salimos del gremio, nos va la marcha). Disfruté de mis amigas, de la cena del Berceo, de los pinchos y cuando ya tocaba irse para medio año lleno de elecciones un volcán de nombre impronunciable me dejó tirada en Sao Paulo tres días, sin batería en el móvil y sin batería en la compu. Como estar de naúfraga fue aquello y lo peor es que me perdí EL cumple del año. La agenda deportiva pasó a primer plano: River se fue a la B, y yo sólo tengo los gritos del Tano en mi cabeza cada vez que oigo la frase, y arrancó la Copa de América en Argentina. Con sus goles, sus depresiones... con todo. Y llegó mi hermano.

Julio con la familia más grande en Buenos Aires estaba lleno de eventos: teatro, fútbol, elecciones, cenas, viajes... Y todo se resumió en trabajar y celebrar, porque nos fue muy bien, a dios gracias. Visité el Estadio Único de la Plata y vi a Uruguay ganar a México. De calentón un día compramos entradas para la final de la Copa en River. Tuvimos suerte, ganó Uruguay y yo fui disfrazada como si fuera celeste de toda la vida. Una que se mete en el papel como si fuera a ganar un Óscar. El día 20 celebre el día del amigo. Tuvimos los peores días del año y aprendí muchas cosas en tiempo récord.

Desde agosto el blog estaba un poco de capa caída. Empezó la época en la que estaba más insoportable que soportable, en la que estaba de que no más días de que sí y en la que me apetecía nada. Tuve unos días de vacaciones para despejarme, (y visité el chino con más frecuenia) la señora Presidenta ganó las primarias con un número más que honroso y despedí a mi hermano en Ezeiza tras su aventura argentina en la que se lo pasó como si hubiera venido de campamento. No sin antes enterarme de que una chica atropelló a mi padre y de poco me lo manda para el otro lado. Seguimos con dolores...

En septiembre fui consciente que hablaba de vos, decía che y boludo, saludaba con muchos besos y en mi casa no me entendían. Pero seguía defendiendo a capa y espada las costumbre españolas, incluyendo el deseo de erradicación del bidé, y la "s" del gracias hacía que me siguieran timando en los bares, en los taxis y en todo recinto que se precie en el que se puede poner en práctica la picardía latina. Pero como soy masoca saqué permiso de residencia por una temporada más, con los trámites que ello conlleva. Por lo menos la casa estaba más llena y yo no podía estar más contenta de estar así y de paso ahorrar unos pesillos ;).

Octubre y el día D, para que el estábamos empleados desde hacía dos años y me tocó pasarlo en la playa. Viaje de esos míos, hotel a pie de playa, y un sol que me abrasó hasta las pestañas. Vi la alegría de ganar, vi la súper tristeza de perder. De todo se aprende, no todo va a ser fiesta. En la resaca postelectoral se me empezaba a abrir la boca del estómago pensando en Navidad y en casa nos levantábamos los domingos sin la luz y lo que eso conlleva. Ratificamos que estoy hecha para la montaña. Mientras tanto el sol lucía como nunca en octubre y empezó la temporada de asados y desayunos en la terraza de Javi y Marta, mmmmmm...

Quizá noviembre fue uno de los meses en los que más pensé en mi vida. Decidí muchas cosas que me llevaron un tiempo y empecé la operación mudanza. Tocó el mes de la alegría por un lado, y de despedidas por otro. Y después de cuatro cambios las despedidas son lo peor, aunque ahora sepas que antes o después te vas a cruzar con casi todos en el camino. Así que fue el último mes de la aventura Argentina. No sin antes hacer visita en Uruguay para convencerme de que Montevideo es una ciudad linda, con gente linda y para pasear ;), y meter una casa en 4 maletas de 30 kilos.

La llegada a España y mi primer diciembre en 8 años en casa ha sido por un lado rara y por otro genial. Tocó hacer limpieza de mi yo anterior que se había quedado metido en estas cuatro paredes, volví a reencontrarme con la gente que aunque pasé 8 años fuera, no han dejado de estar ahí y de quererme igual, y empecé a ubicarme en mi casa, cosa que no es fácil. He empezado a descubrir Madrid, su metro, lo limpio que está, lo caro que es. Y por primera vez en muchos años estoy teniendo tiempo de no hacer nada, de pensar em mí, en los demás, en lo que quiero y en descansar. Pero ya no creo que aguante mucho más en este estado.

Así ha sido mi 2011, con todo lo bueno y malo, como todos pero este con algo especial, un año en el que me he hecho mayor. Pero nada, nada de todo lo anterior, lo he vivido sola porque sin vosotros, los que me leéis y comentáis, los que sólo leéis, los que son amigos de toda la vida pero no tienen ni puñetera idea de que escribo estas líneas y los que lo sabéis pero sois muy vagos para leerlo, nada hubiera sido igual. De nuevo un GRACIAS con mayúsculas por estar a mi lado, aguantandome en toda clase de momentos que yo sé estos doce meses no he sido la persona más fácil del universo. A por un año más, que espero sea nuestro año.

Feliz 2012.

miércoles 28 de diciembre de 2011

Afiches VII

Última colección de carteles encontrados en aquel lado del océano. Creo que echo de menos ir por la calle y encontrarme tanta perlita junta...

¡¡¡Chicas!!! Se terminó el no poder ir al baño de pie.
Unos conos muy raros te ayudan a hacerlo cual hombre y están en la carta de tragos.


Lo has hecho, lo he hecho, lo hemos hecho y las señoras ¡lo saben!


Española en la Inglesa, aclaremósnos.

Qué hablé de vos, bueno... pero ver el cartel mientras
estoy a 30 grados
es algo que no entra en la lógica de mi cabeza todavía...


jueves 22 de diciembre de 2011

Recuerdos del abuelo...

Rotativa del Diario La Rioja que mi abuelo dirigió durante muchísimos años y según Eduardo Gómez
"quien a veces con una cuerda o un trozo de alambre la mantenía en funcionamiento"


Hoy (en realidad ayer 21) hubiera sido el cumpleaños de mi abuelo, Dámaso (en marzo de 2008 conté qué hacía). Y aunque ya han pasado 11 años desde que se murió, este año me he acordado más de lo normal de él porque en Madrid estas semanas he visto 400.000 clases de quioscos: modernos, antiguos, solo prensa, prensa-coleccionables-y un todo a cien... y cada vez que paso por uno me acuerdo de dos cosas: estar con él en la ventana del quiosco subida a una escalerita revolviendo la bandeja de plástico gris donde se ponían en fila las monedas de 500, 200, 100, 50, 25, 10 y 5 pesetas y todas revueltas las de 1 y 2 pesetas; y cuando al irme me daba un libro para pintar o unas sopas de letras (¡ay si por aquel entonces hubiera existido el sudoku, le hubiera arruinado!).

El caso es que para mi suerte yo lo viví unos años trabajando, los suficientes para hacer sopas de letras en tiempo récord, y otros tantos jubilado, lo que suponía estar con él 3 ó 4 tardes entre semana más los fines de semana, porque, como nosotros, iba al Berceo a echar la partida todos los sábados y los domingos y volvíamos a casa con él.

Entonces me he acordado de cuando nos llevaba a merendar un curasán (que en mi familia se dice curasán de toda la vida) a la plancha al Chocolat en Pérez Galdos; del día que me compró un maletín de pintura más grande que yo, con paleta barnizada, pinceles de todos los números, colores que algunos creo que no llegué a usar y el aguarrás de bote plano para que cupiera ahí todo y del atuendo deportivo que me regaló de De Médicis para mi primer entrenamiento de natación (del gorro a las chanclas, pasando por la mochila, el bañador, las gafas, el chándal y hasta toalla).

Un día nos trajo de su súper paseo mañanero de tres horas en una caja unos gusanos de seda con hojas de morera (yo no sabía lo que era ni un gusano ni una morera; se murieron todos ese mismo día o al siguiente) y cuando estábamos malos siempre te caía con más curasanes (en plural también lo decimos así) pero de los pequeñitos y a mi madre un merengue e la Flor y Nata que se comía diciendo: "Mmmmm, ¡qué bueno!... con lo que engorda, mmmm". Porque cuando un hijo está malo la que curra es la madre, eso está claro...

A mi hermano le daba 1.000 pelas por cada gol que marcara los sábados (mi hermano con 5 años medía ya 1.40, toda su vida ha sido - o intentado- ser defensa; estuvo muy listo en ese pacto) y a mí cuando empecé a nadar me miró con cara de "¿qué te doy a ti...?"; sabía que lo mío iba a ser más barato aún pero no quería ofenderme y siguió más enfocado en el tema de la pintura que eso se me daba mejor.

Cuando mis hermanas se hartaron de quedarse con nosotros los viernes o sábados por la noche tuvimos la brillante idea mi hermano y yo de empezar a quedarnos con mis abuelos, y eso era ya un show. Para cuando llegábamos mi abuela había subido del súper toda las marcas de Danone en todos los sabores y 5 variedades de cosas para desayunar (entre ellas curasanes por su puesto) y para cenar mientras veíamos los cuatro Noche de Fiesta, (madre mía... ahora entiendo muchas cosas de mi estado mental) un bocadillo de jamón del jamonero de abajo con una Cocacola fría que nos sabía a todos a teta. (Como veis mis abuelos eran previsores, con una despensa más grande que una familia numerosa - pasaron hambre durante la Guerra y no querían volver a pasarlo).

Nos vio jugar, correr, nadar, pintar, bailar, estudiar, hacer el capullo... el caso es que estaba todo el día muerto de la risa, y nosotros nos meábamos con él y sus caras. Se reía incluso la noche que se fue a las 4 de la madrugada al Yo qué sé (discoteca nocturna de música más bien tecno) a buscar a mi hermana María que no sabíamos donde estaba y mis padres estaban de viaje (ya lo contará ella con más profundidad, pero creo que le cayó un bofetón y estuvo unos cuantos mesecitos sin salir después).

Así que aunque me acuerdo de todo esto y mucho más como si fuera ayer y más aún del día que nos llamaron a la piscina para decirnos que se había muerto, no se me empañan los ojos, sonrío acordándome de su calva y pelo blanco... Ahora daría millones por volver a sentarme en sus sofás de cuero marrón a ver Noche de Fiesta, el bocadillo de jamón de jabugo y la Coca Cola bien fría. Porque eso era un placer y poder acordarme y escribirlo, lo sigue siendo.

Para él la entrada número 300 de este santo blog, que todavía no sé cómo he llegado a escribir 300...