cuando piensas que estás sola un par de argentinos, Ioni y Flor, te acogen en su casa, y el novio de ella es de Aranda de Duero, y tu padre te llama y te dice que la hija de un amigo está aquí con una beca del Gobierno de La Rioja, y por Facebook quedas con ella por esto de hablar con alguien de tu patria, y la hermana de mi amigo Alejandro está en DC unos días de vacaciones, y un chico en un bar te dice que se va a estudiar a Navarra y acabas explicándole donde está el Negro Zumbón...
Y en una fiesta hay 25 españoles que el primer mes estuvieron igual de perdidos que tú, y en el metro ayudas a una pareja de Córdoba a que lleguen a la Casa Blanca, y en el CVS puedes pagar en una autocobro que te explica las cosas en español, y recibes mails de la gente de casa que está muerta de envidia y orgullosa de que aún no me haya vuelto a casa...
Y entonces, te das cuenta de que estás bien, y que cuando tengas una casa estarás mucho mejor, y que si sale el trabajo ya estarás perfecta.
Pero aún así os echo de menos.
domingo 29 de marzo de 2009
martes 24 de marzo de 2009
Un espectáculo llamado NBA
Dentro de mi inmersión en la cultura gringa, en vez de empezar con el idioma como todo hijo de vecino, yo he empezado por los actos lúdico-festivos. Tras San Patricks Day, tabernas varias y cenas diferentes hoy ha tocado el turno de la NBA.
He visto (o intuido que estaba sentada muy arriba y cada vez veo menos _ pero por 25 dólares tampoco voy a pedir gran cosa) el Wizards-Chicago Bulls (99-101, ya me hago de un equipo y el primer día que voy a verle perdemos...). Un espectáculo, y eso que hoy el patio estaba más apagado que un funeral.
Mil ambigús (por recordar un poco terminología riojana) en los que casi te cobran por el cartón donde llevas las bebidas, los dedos gigantes de una espuma que me da una dentera que me muero, el apagón de luces y cántico del himno nacional que aunque sea más ilegal que Osama hace que se te pongan los pelos de punta, animadoras que les hace falta un empujón para moverse con más gracia...
Pero ahí la verdadera estrella es uno, sólo uno. No es la mascota, ni el presidente, ni el tío que presenta, ni el entrenador, ni ningún jugador. Ahí la estrella es el marcador. Cuatro pantallas de cine en las que ves todo, te repiten jugadas, te piden gritar, te partes viendo a la peña bailar, reír, verse y reírse, volverse a reír, besarse o no besarse y quedarse con cara de imbécil, dormir...
Porque sin el marcador y la bocina la NBA no sería lo mismo, sería un rollo. Aquí no cantan "manos arriba esto es un atraco", ni "arbi muérete", ni "hoy vas de negro, mañana tu familia", ni se acuerdan de toda la familia viva y muerta del colegiado, ni hay fuego, ni alcohol, ni banderas con las que sacar un ojo al de al lado. Aquí casi ni animan, o por lo menos esta tarde.
Así que hoy en algunos momentos me he aburrido. El Berceo, el Palacio y lugares más populacheros que yo solía habitar me gustan más. Aunque solo sea por eso de desfogarse pegando cuatro chillos al aire... (que aquí ni eso, porque el aire acondicionado te seca la garganta solo con respirar).
!Ah¡ y se acabó la vallita con publicidad Frutas Pedro, Electricidad Guerra o Transportes Gómez. Aquí lo que se lleva es doscientos millones de bombillas, animaciones y cuanto más grande y más luz mejor. Y ya si estás en el marcador en los descansos eres el rey.
jueves 19 de marzo de 2009
A gozar
Ayer me mandó mi padre un mail escuetito en el que además de informarme de mis gastos (entrañable, en el asunto ya la cosa pintaba mal con el título: DINERO!!!!!!) me decía que se va a prejubilar.
Lleva años amenazándonos con ello, igual que lleva desde el 2000 avecinándonos la crisis que por fin ha llegado y lleva un par diciendo que nos preparemos que va a haber una Guerra Mundial (espero que en esto no acierte), pero ahora ya es verdad. A partir de junio dejará de ir al banco.
Antes de entrar en La Caixa estuvo en el Atlántico, el Guipuzcoano, en Litalsa, en el periódico, en Onda Cero y la Ser, de presidente del Berceo... Pero que yo recuerdo sólo la fábrica, de donde nos traía papeleras, estuches y huchas de lata para parar un tren, la radio y el periódico (donde le acompañaba todos los domingos) y La Caixa, de donde nos traía Visas, seguros de vida y regalitos de la megalibreta (lo más productivo del mundo).
Y ahora por fin va a tener vacaciones de verdad. Por un lado se me hacía raro porque no es mayor. Pero por otro creo que se lo merece y ya está bien de estar agobiado y preocupado por las cosas del trabajo (su corazón se lo agradecerá también). Además dejará de llamarme al minuto de pasar la Visa por Zara y podrá dejar de controlar hora, lugar y cajero deesde el que sacamos dinero a altas horas de la noche.
Así que padre, a disfrutar de la vida. A viajar, leer y a volver intentarlo con el golf. Aunque deduzco que la bicicleta se va a convertir en tu brazo derecho ahora.
Feliz día del padre desde Washington. Te quiero mucho.
martes 17 de marzo de 2009
In the Navy...

He pasado el fin de semana en Nueva York. Y aunque era la segunda vez y he alucina de nuevo, hoy, the Naval Academy (the Navy, los marines, el ejército de este santo país) se ha llevado la palma y se ha ganado el post.
Annapolis en Meryland tiene un aire a una ciudad inglesa del XVIII, es decir, casas bajas, muy monas, tiendecitas pequeñas, cables, adoquines... Y ahí, como quien no quiere la cosa te chocas con un control que te da paso a la Academia.
Entonces más que en un centro de formación y disciplina te crees que has entrado en alguna película. TAL CUAL. Me he perdido lo de un grupo corriendo por los alrededores cantando esto de izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda porque los niños estaban de spring break (unas minivacaciones para descansar en invierno) pero es que daba igual.
Gente con uniformes, trofeos por todos los lados, cuatro piscinas, varios polideportivos, canchas de todo, 1.800 habitaciones, puerto, tienda, capilla, general, comandante, pringadillo,... una miniciudad donde la disciplina y el orgullo de servir a tu país es la base de todo.
Entonces me he dado cuenta de dos cosas. Una, que no aguantaría ahí ni media hora (los chavalitos/itas a las 6 de la mañana ya están nadando o corriendo) y dos, que estos gringos están muy locos. Pero no sé qué tienen que me siguen alucinando.
jueves 12 de marzo de 2009
Marcada
Hay cosas que en mi ya cuasi larga vida me han marcado. Y desgraciadamente todas tienen que ver con los mismo.
Cada vez que subo la cabeza a un rascacielos en esta ciudad me acuerdo del 11-S para mí aún inexplicable y cómo saltaba la gente por la ventana. Han pasado ocho años. Hoy era 11-m, peor aún que nos tocó más de cerca. Han pasado cinco. Y para colmo leo que quién ha hecho que tenga un pequeño trauma con las bombas por poner una a 200 metros de mi despacho ha tenido las narices de volver a nuestra Universidad a hacer el MIR (bastante mal, por cierto). Y han pasado cuatro meses.
Entonces es cuando he pensado qué solo puedo dar gracias por todo y acordarme de los que no han tenido tanta suerte como yo. Que son muchos. Más de los que deberían.
Hasta ahora la minoría estaba llevando la voz cantante matando. Cada vez se les oirá menos.
Cada vez que subo la cabeza a un rascacielos en esta ciudad me acuerdo del 11-S para mí aún inexplicable y cómo saltaba la gente por la ventana. Han pasado ocho años. Hoy era 11-m, peor aún que nos tocó más de cerca. Han pasado cinco. Y para colmo leo que quién ha hecho que tenga un pequeño trauma con las bombas por poner una a 200 metros de mi despacho ha tenido las narices de volver a nuestra Universidad a hacer el MIR (bastante mal, por cierto). Y han pasado cuatro meses.
Entonces es cuando he pensado qué solo puedo dar gracias por todo y acordarme de los que no han tenido tanta suerte como yo. Que son muchos. Más de los que deberían.
Hasta ahora la minoría estaba llevando la voz cantante matando. Cada vez se les oirá menos.
lunes 9 de marzo de 2009
American fashion

Sé que esto es un tema superficial pero si hay algo que me está marcando de este país es el vestuario del personal. Como la moqueta hace cincuenta años (menos el baño todo está enmoquetado con mi correspondiente extra de carga eléctrica en el cuerpo que hace que todo, todo, todo, me dé calambre y tenga el pelo a lo afro) la lycra, el raso y la norma sin medias y cuanto más pretito mejor, es el teórema de la moda en Washington DC.
¿Por qué? Para qué ponerse un vaquero y una camiseta blanca si se pueden poner un vestido rosa de raso, con tacón negro de charol, sin medias y bien de pelo largo liso como una tabla. Para qué comprarse un traje negro de chaqueta si los vestidos camiseros de margarita atados con un par de botones, cual Chicas de Oro, sigue a la última. Para qué comprar corbatas lisas si ellos tienen estampados tapiceros, para qué dejar de ponerse camisas de cuadros con sudaderas del algodón más gordo posible asomando los cuellitos, para qué comprarse unas deportivas blancas si las de muelles morados, con la pipa de Nike de punta a talón y cordones gigantes siguen a la vente y para qué ponerse el pantalón en su sitio si se puede llevar como cachuli.
¿POR QUÉ? No lo sé, porque tiendas con ropa bonita no les faltan. El caso es que aunque voy mirando al suelo para no enfadarme con el personal, en las tiendas lo bonito queda para final de rebajas con lo cual hay gangas, y yo estoy encantada.
Pero como estoy en su territorio aquí la que viste raro soy yo. Aunque la llevan clara si piensan que voy a terminar como ellos.
Son muy avanzados en la técnica, en atención al cliente, son los dueños del mundo y todo lo que ellos quiera. Pero de vestir, ni puñetera idea.
Etiquetas:
américa,
moda,
washington
martes 3 de marzo de 2009
Pa' lante como los de Alicante

Aunque ya había estado aquí hace tres años mi cara al cruzar cada esquina es como la de Paco Martínez de Soria en la ciudad, un poema.
Al margen de que por el momento mi mutismo sigue vigente y solo hablo en español y entiendo un 50% de lo que me cuentan en inglés, la cosa es que he amanecido con -5 grados y con una nevada del quince. Así que ido patinando sobre hielo hasta la Universidad.
Al margen de que por el momento mi mutismo sigue vigente y solo hablo en español y entiendo un 50% de lo que me cuentan en inglés, la cosa es que he amanecido con -5 grados y con una nevada del quince. Así que ido patinando sobre hielo hasta la Universidad.
Todo es diferente, por algo dicen que es América. La Facultad, el metro, los semáforos, el súper, las papeleras, los dispensadores de periódicos... Y aúnque solo llevo aquí cuatro días creo que no me va a gustar más que España por muy bien que esté.
Para tranquilidad de los que pensaban que me volveré en un mes deciros que no, que me quedo hasta que eche a hablar como eché a correr en Noja por aquel 1987... Aquí me quedo con la boca abierta, viendo documentales de obesidad (por esto de no volver como una masa de grasa), Salvados por la Campaña y la tribu de los Braby in English , of course, y esperando que llegué ese gran día en el que mi cerebro comience a pensar en inglés que no va a ser muy tarde porque me empiezo a aburrir de no decir nada. Vaya que no voy a aguantar mucho más calladita.
Ya la he preparado dos veces, esta semana las cuelgo, pero adelanto: la compra del pc y el intento de timarme cual vieja en el Eroski...
domingo 1 de marzo de 2009
This is América!

Como estaba previsto mi viaje a Washington tuvo algún percance mínimo. Tras un entrañable viaje de Pamplona a Madrid, en un aparato más parecido a un helicóptero que a un avión, y de Madrid a Londres más dormida que un bebé, el de Londres a Washingotn tenía que ser.
Para mi suerte, dentro de lo apreciado de la clase turista, me tocó en ventanilla, con sitio suficiente para estirar las piernas (aunque cuando llegué a Washington tenía las piernas hinchadas cual elefante africano y aún me dura) y con el asiento de al lado vacío. Ni en mis mejores sueños.
Pero por su puesto, dos bebés quisieron que no me durmiera en las ochos horas y media y el indio de mi derecha estaba con ganas de hablar de vino de Rioja (se bebió cuatro botellas de 50cl) y tenía una pantallita para ver películas y escuchar música, con lo que estuve todo el viaje con los ojos más abiertos que una rana.
Aunque lo mejor estaba por venir. Ese momentazo de no saber si mis maletas (por cierto, tan bien hechas que no me pasé ni 100 gramitos) en el que prefiero que nadie me dirija la palabra hasta que vea mi equipaje en tierra, y la espera en el control de aduana, son más entrañables aún que todo lo anterior.
Es lo que tiene ser inmigrante en un gran país, que me preguntaron hasta de qué color llevaba la ropa interior y mi inglés no da para mucho en una situación de estrés. Aunque con lo que peor cara me puso fue cuando le dije que era periodista...
De momento todo va sobre ruedas, sin contar que la máxima es -2 graditos, está nevando y hay una humedad de la pera (no sé si tengo orejitas porque no las siento). Tengo una habitación más grande que mi casa de Pamplona, que está muy recogida para la tranquilidad de mi madre, la Universidad está a dos manzanas (importante teniendo en cuenta el frio) y no me he gastado todo el dinero que traía.
Vaya que sólo me falta enterarme de qué me dicen, porque ahora mismo estoy como quién oye llover todo el rato. Más perdida que una mona.
Ah! y os echo de menos.
Etiquetas:
américa,
viajes,
washington
Suscribirse a:
Entradas (Atom)