Páginas

domingo 31 de mayo de 2009

Santa paciencia


Si hay algo que odio de los viajes a DC es el paso por inmigración. Llegas con ocho horas de vuelo, cansada aunque hayas dormido, muerta si has tenido un viaje complicado, como es mi caso (jet lag, más morriña, más depresión postspain igual a viaje complicado) y tienes que tener la santa paciencia y forma física para esperar dos horas (unas veces más, otras menos) para que te den paso al país.

Las otras dos veces, aunque contenta, siempre he esperado con miedo a ver qué me sacaban o qué me preguntaban. Esta vez iba yo toda chulita con mi visado, mis papeles y mi pasaporte bien visibles, que una ya hasta se sentía medio americana con esto de entrar tan legal. Pero eso es desesperante.

Anduve rápida para salir del avión (a pesar de que tenía fila 36- última fila, en la colita y junto al baño y la cocinilla), cogimos el bus y salí de las primeras. Apenas fila en la parte de inmigrantes, la cola llena en la parte de ciudadanos (ellos enseñan el passport y punto, que esperen un poquito).

Todo marchaba bien e inexplicablemente rápido. Esa fila es como la fila de Eurodisney. Vas en zigzag, el de delante de pega con la mochila ocho veces por minuto, los niños se sientan en el suelo porque no pueden más, pantallas con las instrucciones de cómo presentar los papeles y, lo más importante: video de imágenes de USA en plan mirad que felices y cosmopolitas somos, acompañadas de una banda sonora que yo recuerdo haber oído en la fila de la atracción de Peter Pan cuando fui a París allá por el 2000. Entrañable todo.

Avanzando, avanzando, mientras jugaba a adivinar la nacionalidad de los que me rodeaban mirándoles la cara y luego el pasaporte (lo que hace el aburrimiento y el no tener cobertura), cuando ya solo me quedaba una vuelta y media, el policía que corta el bacalao en la aduana decidió que los ciudadanos no podían esperar tanto. Cuatro tirones de cinta, un cambio de pivote, y lo que iba a ser media hora se convirtió en dos. Y entonces, me empecé a agarrar un cuello de los que hacía tiempo que no me agarraba.

Lo que era rápido se volvió lento, no dejaban de llegar ciudadanos (que la mitad eran orientales -me da a mí que la lotería de la green card por Asia es muy fácil que te toque) y con mascarilla (México les pilla a tomar viento, qué leches de mascarilla!) y mientras esa fila estuviera llena, los demás teníamos que esperar... Y esperamos.

Seguí con el jueguecito de las nacionalidades, pensé todo lo pensable, me cagué en todo por haber llenado tanto el equipaje de mano, más aún por haber llevado el portátil, que pesa bastante... Y así entre mosqueo y mosqueo, con la múscia Peter Pan de fondo, llegó mi turno. Puesto 10.

Papeles, anteriores visitas y para qué, huellas, fotito con cara de mala ostia, y el turno de preguntas: ¿Hasta cuándo se quedará?, ¿cuál es su lengua?, ¡¿lleva alcohol en su equipaje?!

Hombre quedarme, de momento, hasta Navidad, mi lengua es la española, lo pone bien grande en mi pasaporte y en todos los papeles que me hicistéis rellenar, y lo del alcohol... ¿Tengo cara de alcohólica?

Nooo, no llevaba, pero si lo llego a saber me traigo una botella de Bombay para bebérmela en la cola antes de que me la quitaran, ¡porqué yo no sé de dónde está saliendo esta paciencia que de repente tengo!

sábado 30 de mayo de 2009

Amigos poetas


Ayer cenando en DC con Mary y Flor (argentinas para variar) hablamos de esas frases que se convierten en míticas, en dichos y célebres solo por: o bien repetirlas en cualquier ocasión, o bien ponerle delante el "como se dice en...".

Yo dentro de mi fauna de amigos y conocidos tendría para escribir un libro, y en la agenda de la Universidad llegamos a escribirlas. Pero no tengo aquí el dichoso librito. Estas son algunas de las que no me olvidaré nunca o se han dado en los últimos tres meses. Abierto el turno de propuestas.

Yo no miro el velocímetro, siento la velocidad. Elías del Campo, Logroño.

Hay que ser paciente que siempre llega algún valiente. Flor Filadoro, Río Negro.

No hay linterna sin pilas. Mary, Buenos Aires.

I can't support my life. Cristina Santín, Logroño.

Hay válvulas de escape muy peligrosas. Óscar Arribas, Zaragoza.

No venía desde la última vez que estuve. Rubén López, Logroño.

Dura lo que dura dura. Eduardo Fernández, Buenos Aires.

Es tan lento, que se le escapan las tortugas. Ricardo Amado, Venezuela.

Las bicicletas son para el verano. Raquel Zapata, Logroño.

Si no das las gracias por todo, nadie te deberá nada. Paco Sancho, Pamplona.

Nadie se da cuenta de la importancia de la sábana. Ioni Abelson, Buenos Aires.

Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo. José Luis García Íñiguez, Logroño.

A mi por el culo, ni el bigote de una gamba. Inés Sáenz, Logroño.

Para los tontos no hay gloria. Pues eso. Luis Guinea, Pamplona.

¿Es así de feo o está comiendo limón?. Mi Santo Padre, Logroño.

(Cualquier cosa delante) es una de mis pasiones. By Oier Erkizia, San Sebastián.

Don sin din, mierda en latín. By Álvaro Pérez, Oviedo.

jueves 28 de mayo de 2009

Bye, bye



Tengo dos entradas de estos días en España que iban antes que esta, pero creo que es más importante la que sigue y siempre tengo tiempo para colgar las otras dos.

Acabo de terminar mis maletas para volver a Washington DC y me voy con ropa de verano (no recordaba ni la mitad), más sueño del que traje (he tenido un jet lag permanente 10 días) y algo de jamón (que allí me quieren más si llevo que si vuelvo sin nada).

Pero me voy con una sensación muy rara de tristeza-culpa-pena que no puedo evitar. Primero porque sé que esta vez va para largo (vuelvo en Navidad, 23 de diciembre a las 22 horas a Pamplona - si no me pierden a mí antes por el camino con las 2 escalas que tengo). Luego porque, aunque no he parado y he dormido poco, he estado con mucha gente pero con ninguna al mismo tiempo. A gente no he visto, a otros diez minutos y con otros que he estado más me ha sabido a poco. Pero no he dado para mucho más. Perdón a todos.

He intentado equilibrar mi tiempo, estar en todos los sitios y contar lo mínimo porque bastante cuento por mail, pero sé que muchos estáis enfadados porque esperabáis estar más o hacer más cosas. De verdad, perdón.

Sabéis que tengo el skipe, móvil, gmail, facebook, messenger, blog, twitter, linkedIn y tuenti (joder! no me falta ni una), más que encendidos y que raro es el día que no lea alguno de ellos o todos. Para lo que sea, con seis horas de diferencia, sigo estando.

Mi segunda sensación es de alegría. Por ver que muchos me echáis de menos en Pamplona, Logroño o Madrid, por vuestras muestras de cariño en directo, por confesarme que leéis el blog, por llamarme para ver qué tal estoy y por poner cara triste cuando he dicho que me vuelvo a ir.

De verdad no me esperaba ni la mitad, y estos diez días he estado contenta por estar en casa y feliz por ver que, aunque muchas veces piense que no porque estoy fuera, tengo a muchísima gente alrededor para lo que sea que me espera a la vuelta (sea en diciembre de este año o dentro de más). Gracias, de verdad, aunque sois los culpables de que ahora me vaya con más pena que la primera vez y presiento que me va a costar el doble (los de allí que se vayan preparando, por favor).

domingo 17 de mayo de 2009

¿Cuestión cultural?

Además de las mil cosas que he comentado y que se saben que nos distinguen a los españoles-latinos de los gringos, hay una cuestión que a mí me ha sorprendido estos tres meses: la honradez. En las cosas más sencillas. No es que nosotros seamos unos perros, que también, pero hay cosas que hay allí que en España creo yo que, por el momento, son impensables. Veamos.

En EE.UU. existe Netflix, una especie de videoclub online en donde por 9 dólares al mes puedes: escoger películas que te mandan a casa gratis, la ves, la re-ves una y otra vez si quieres, da igual el tiempo que la tengas, y la vuelves a poner en el buzón sin coste alguno porque el sobre lleva el franqueo pagado. A los 2-3 días te vuelve a llegar la siguiente que has pedido. Además de la posibilidad de ver las que quieras online desde el portátil. Todo esto entre millones de títulos y series que es imposible imaginar.

¿Por qué no funcionaría en mi querida España? Porque allí si te gusta la película lo más probable es que te la quedes, como no es tuya probablemente la ralles sin apenas preocuparte, y porque el correo funciona como quiere (cosa que aquí va a las mil maravillas). Aquí en ningún momento de la página hablan de penalizaciones o multas (dan por hecho que la gente es legal y va a hacerlo bien). Para rato abro yo un negocio similar por allí.

Otra de las cosas que no se podría poner aquí es el autoservicio de las bebidas. En muchos lugares en DC tú pides y pagas en caja la bebida que quieres, te dan un vasito y tú te lo llenas. Inexplicablemente aquí si la gente pide una Coca-cola mediana, va y se sirve una Coca-cola mediana, y ya está. En España el 80% pediría un vaso pequeño de agua y rellenaría hasta hartar el vasito pero probablemente de Coca un viaje, otro de Sprite, otro de Fanta y así hasta probar las doce combinaciones existentes o hasta que no pueda más. Es cuestión de que estamos hechos de otra pasta.

De la misma forma sería imposible mantener el sistema de propinas que hay aquí. Cuando pagas con tarjeta, pagas pero dejan la cuenta abierta. En el ticket de firma indicas qué propina quieres dejar (5,6 o 20 dólares, pero lo normal es el 15% de la factura) y entonces añaden la propina y cierran tu cuenta. Yo no confío mi cuenta abierta en España ni en el restaurante de mi abuela.

Y luego hay cuestiones mínimas. En el metro se hace un pasillito para que la gente salga y entonces se entra al vagón (en España es a ver quién entra primero, más o menos), en la parada del autobús se establece una fila sin que tenga que haber alguien organizándola (allí como en el metro, tonto el último) y en el súper la propia cajera te mete las cosas en la bolsa. En el Eroski la tipa parece que cuanto más agobiada te ve porque no puedes abrir la dichosa bolsita de plástico, más prisa se da para pasarte las cosas por el código y acumularte el trabajo. ¡Menudas son ellas!

Aquí no sabrán salir de fiesta a nuestro modo, no conocen el perder el tiempo un domingo ni dejar cosas a medias. Pero oye, honrados, son un rato.

sábado 16 de mayo de 2009

Cambios

Hace unos días alguien me mandó un email diciéndome que dejará blogspot para pasar a wordpress que es todo más bonito y tendría dominio personal. Pero no quiero cambiar el blog, lo del dominio me parece una chorrada y a mí me gusta así. De hecho el otro día no sé qué hice que viendo nuevas plantillas se cambiaron algunas cosas y no lo tengo como siempre. Le contesté que no.

Insistente el remitente (ente, ente) me dijo que cambiara algo en el título, que pusiera algo mío, o lo que fuera, y me mandó esto. Y que de paso podría ganar dinero ahora que parece que la gente me lee poniendo publicidad. Eso sí que nooooooooooooo.

He hecho el cambio del título por hacer algo. A mí me gustaba más normalito, como estaba antes, sin foto ni leches. Pero lo voy a dejar hasta el lunes a ver si me acostumbro. Ya me diréis.

jueves 14 de mayo de 2009

Cosas de viajes


Vuelvo a España. Espero que por diez días, aunque todo depende de la embajada americana y de mi morriña una vez en casa. Y aunque no es mucho tiempo tengo que llevar algunas cosas para el papeleo y para lo que viene ser vestirme. Entonces, da igual que lo prepare con mucho o con poco tiempo, porque hay varias cosas que siempre pasan (o me pasan, que lo cierto es que no lo he consultado con nadie más) antes de hacer un viaje que no sea Logroño-Pamplona.

1. Da igual si se hace una lista, si hay post-it por toda la casa. Siempre te vas a olvidar algo.
Mi especialidad es el cepillo de dientes, la colonia y/o el pijama.

2. No importa cuantas veces pienses qué te quieres llevar de ropa. Siempre te querrás poner en destino algo que tienes en casa (aunque sea una camiseta que hace mil años que no sacas, en ese momento pensarás en ella como si fuera lo más preciado del armario).

3. Es indiferente el tamaño del bolso, ya sea de mano o una mochila como dios manda. Siempre acabará lleno de papeles, papelitos, pasaporte, un libro, los billetes, un agua, otro libro, el ipod, la cartera, el monedero, las gafas (de sol, de ver), las llaves de casa (que ya ni tengo!), unos sudokus y el bolígrafo (que una no tiene iPhone de momento), un móvil, otro móvil, la cámara de fotos, la agenda, una libretita, el maquillaje por si... (ni que fuera a estar el Duque en el avión Washington-Madrid) y todo lo que te vas dejando en casa (porque si se abre la maleta es probable que no vuelva a cerrarse).

4. La cantidad de cargadores de diferentes aparatos electrónicos que llevarás en la maleta es inversamente proporcional al número de cargadores que tienes. Vamos que o la cámara, el iPod o alguno de los dos móviles, solo me durarán en España un día. Porque uno de los cuatro se me olvidará (o el adaptador para que funcionen tres de ellos).

5. Por muy útiles que sean los carritos del aeropuerto siempre terminarás cargada como una mula (sobre todo si hago caso a mi madre y no me descuelgo el bolso ni para ir al baño). El bolso, el portátil, la maleta de mano, el abrigo que se descoloca, las gafas que se te caen, te llaman al móvil, la maleta que se balancea en el carrito... Vamos que en el aeropuerto suelo ir haciendo equilibrios para sujetar todo con una mano y con la otra tirar del carro.

6. En el control de seguridad hay cámaras ocultas, pero para descojonarse de la gente. Los nerviosos, los que pasan la tarjeta de embarque por el detector y no la tienen para mostrarla, los que no sacan el portátil de la funda, la que se quita los zapatos con asco (esta es mi madre). Yo ya he aprendido un poquín y anillos, gafas, reloj y cinturón me lo quito desde la fila y lo meto al bolso (sobre todo después de que en Cuba me perdieran las gafas de ver porque se habían quedado entre los rodillitos que deslizan las maletas- pero las encontré).

7. Si la foto del pasaporte la hiciste un día de resaca no te librarás de algún comentario en el mostrador de facturación, en el de embarque o en la seguridad. ¿Quién coño les habrá preguntado si me ven mejor o peor?

8. Cuanto más rápido quieras hacer el control peor saldrá. Bien pitará el aro del sujetador y te tendrán media hora investigando que clase de metal llevas en la zona, bien te tocará un guardia vacilón que te tira una fichilla (me ha pasado, en New York, y con mis padres delante, que el guardia preguntará qué hago con mi vida, dónde vivo, ... mientras me miraba y remiraba el pasaporte y mi careto con cara de poseso. Estaría aburrido el chico).

9. Nunca tendré la suerte de que me pasen a primera clase, ni que me toque ventanilla en la salida de emergencia, que hay más sitio. Y eso que estoy aumentando probabilidades desde que viaje algo más y soy de Iberia Plus, pero seguimos en las mismas.

10. (esta sí que es personal) Las probabilidades de que no me duerma en un avión son del 97% salvo que se den (y se han dado) tres casos: 1. que esté tan nerviosa por llegar que no pueda concentrarme en dormir, 2. que tenga una pantalla individual con películas o música que me gusten demasiado como para desaprovecharlo (después de todo he pagado una pasta por el billete), 3. que estemos haciendo botellón.

11. Siempre tendré un bebé o niño cerca al que sus padres no le han enchufado un valium para dejar dormir al resto del pasaje. Pero si no se cumplen uno de los tres anteriores yo me duermo igual aunque les odie durante un rato.

12. Siempre me acordaré de toda mi familia cuando hay turbulencias. No tengo miedo a volar, pero tengo más respeto a los aviones que al Rey de España (motivo por el que luego estoy tres días con cardenales en la cadera por apretarme el cinturón durante todo el viaje -ni que me fuera a salvar una cintita de la muerte en caso de accidente-).

13. Nunca, nunca, nunca, nunca, saldrán mis maletas las primeras en la cinta. Hasta que vea mi bultito gris o rojo pasan una media de cincuenta bultos por delante.

14. Seguro que añado una 14 después de mi próximo viaje.

lunes 11 de mayo de 2009

Diferentes pero iguales


Si estuviera aprendiendo inglés al mismo ritmo que me estoy introduciendo en la cultura argentina estaría de vuelta el mes que viene bilingüe perdida, pero no tengo esa gran suerte. Cosas de la vida, y de la suerte, he terminado viviendo por un tiempo con dos argentinos, de Buenos Aires y de General Roca- Río Negro. Y aquí ha sido donde me he dado cuenta de que los argentinos no hablan español, hablan un sucedáneo, y que la cultura televisiva si no es 100 por 100 igual, es un 95.

Su Sé lo que hicistéis se llama Duro de Almorzar (y el decorado es aún más feo que el nuestro), su Ana García Obregón es Moria Casán (en moreno y sin ser bióloga), su Mirtha Legrand es nuestra María Teresa Campos. Nuestro Zapping es su TVR (leído "te-be-erre", que la "uve" es una letra que no saben que existen, es "be corta", pero hablan español...).

Marcelo Tinelli es una mezcla entre nuestra Mercedes Milá y Ane Igartiburu. Y tienen Gran Hermano tal cual, pero además no contentos con eso tienen Gran Cuñado, en el que conviven imitadores de políticos igual que los grandeshermanos habituales.

También gozan de nuestro ¡Mira quién baila! pero lo llaman Bailando por un sueño. Y tienen a Susana Giménez, nuestra Bárbara Rey, y su Jorge Lanata es parecido a nuestro Pedro J. Ramírez (aunque este no lo veo tan claro como los otros).

Y luego está lo idéntico que es CQC, que este se lo copiamos, y es igual: top five de la televisión, proteste ya, mil efectos chorra en los videos, traje y gafas, pero... En Argentina ahora están en pleno debate de igualdad de sexo porque lo ha dejado de presentar el jefe, Mario Pergolini, para dejar paso a Ernestina Pais. Y entonces ocupa mucho espacio en Duro de Almorzar y en TVR, vamos, que como nosotros.

Y aunque sea fácil ver la televisión argentina haciéndome mi mapa de igualdades, otro tema es entender qué dice. Porque (lo siento Flor, Martín y Ioni) no habláis español, lo intentáis.

Las camisetas son remeras, los jerseys son pulovers, las sudaderas son buzos, las cazadoras son camperas y los trajes son sacos. Los cascos son auriculares, los ordenadores son computadoras y las gafas son anteojos. Duermen con piyamas, no pijamas.

"Cállate" es "callate" y "video" es "vidéo" (los acentos no sé cómo se los enseñaron en el colegio). No echan de menos, ellos extrañan (extraño es un extraño, y nunca se echa de menos a un extraño, pero bueno, vaya ganas de liarse), y la nata de toda la vida es crema (como si la crema fuera igual a la nada, la crema es la crema -amarilla-, y la nata, nata -blanca-).

La portería es el arco, el portero es el arquero, y el balonmano es handbol. El campo de fútbol, o el estadio, es la cancha y la piscina es la pileta. Los fideos son los de la sopa y espaguetis, los guisantes son arvejas, y el maíz, choclo. Boludo es ser gilipollas, aunque también tienen gilipollas, pero es gil (será gilipollas a medias...) y "a tomar por culo" es "en la concha de la lora". Los pijos son chetos, y no comen chupachups, comen chupetines (¡manda huevos!).

El suelo es el piso, y nuestro piso es su departamento, y la que lo limpia no es "empleada del hogar", es mucama. Los días festivos son días feriados. En los cumpleaños sacan torta, no nuestra tarta, que para ellos es otra cosa (con verduras o lo que sea).

Las maletas son valijas, los truchos son las personas falsas. Ellos van en subte, y no en metro. No se duchan, se bañan, y cuando se bañan se dan un "baño de inmersión" (¡viva la economía linguística!).

Comen en restaurant, no en restaurantes (con el baño de inmersión ya gastan letras y hay que recortar de otro lado), donde laburan (que no trabajan) mozos (no camareros) que les sirven el jugo (no zumo) y unos manís para picar (no cacahuetes), unos fideos de primero (que no espaguetis) y un lomo (solomillo). Y el faso de después (cigarro) lo encienden con fósforos (cerillas) o con el encendedor (mechero).

Además de no conocer la uve, explotán la palabra recién. Porque para ellos recién es nuestro recién (recién casados), dentro de poco (recién termine voy a la cama), hace poco (llegó recién)o ahora (¿recién te fijaste?). Y por su puesto no existe el tú, usan el vos cuando no saltan Ché! que no tiene traducción porque lo usan para todo (dejémoslo en que es un apelativo y se ahorran decir tu nombre). Y nuestro Vale!, es Dale!

Ellos "van por algo", no "van a por algo", les molesta la a ahí en medio. Y les hace una gracia tremenda el "A por ellos" de nuestra Selección. Y responden al teléfono con "¡Hola?", nuestro "Dígame? diga? quién?" o el simple "si?" les parece de bordes y maleducados.

Y luego tenemos los que me han dificultado bastante la existencia. Rollo en argentina es michelín, y todos sabemos como me apellido... (y los rollitos que he echado en los últimos cinco años, que la tripa plana no pasó el efecto 2000) y nuestro hacer el amor, fornicar, follar, o como queramos llamarlo es coger. Y yo soy muy dada a "¿te lo cojo?, ¿puedo coger?, ¿lo has cogido todo?, voy a coger el teléfono, ¿te cojo uno?..." porque coger en español es ¡¡¡¡agarrar, coño!!!!

A pesar de todo ya sabemos lo que nos gusta el acento argentino y a ellos el español no sé si les gusta, pero se descojonan.

sábado 9 de mayo de 2009

Y bien de papeles


De momento no voy a hacer caso a los que me digan que Internet está ganando la batalla al papel. No me refiero al mundo periodístico, que muy a mi pesar ahí la Red sí que gana. Me refiero a temas burocráticos, a la administración. Al papeleo.

Desde hace un mes y seis días estoy pendiente de tener todos los papeles necesarios para obtener una visa que me deje estar en USA más de 90 días sin tener que ir a las cataratas del Niagara para salir del país y que me vuelvan a fichar el pasaporte como turista.

Bien, pues comienza el lío. Primero hay que completar tres formularios, dos a mano aunque pone que a letra mecanografiada pero en el pdf no se puede escribir (bueno la mía es decente, espero que cuele), y uno online que hay que imprimir (ojo que desde el principio avisan que va para largo: "No apriete dos veces el botón imprimir, por favor"). Después de poner en cada uno de los mil documentitos que me llamo Inés Royo Oyaga, soy española, de Logroño, con pasaporte expedido tal y cual, que voy a estudiar el LADO, mi santo padre paga... blablabla, comienzan las preguntas chorras (perdón por el malsonante pero es que no me sale otro más descriptivo).

¿Ha recibido formación o sabe manipular armamento o materiales explosivos?, ¿ha sido detenido por actos relacionados con el nazismo?, ¿piensa usted atentar contra los Estados Unidos de América?...

Pues hombres, lo más químico que manipulé yo en el laboratorio fue ácido sulfúrico, en la alemania nazi como que ni había nacido y si pensará atentar ¡no lo iba a decir!

Tras dejarles claro por triplicado, online e impreso, que soy una tía normal y decente con una mente poco terrorista, toca pagar, of course. Primero 131 dólares en euros en una oficina del Santander, no puede ser en otro, ni por transferencia bancaria u on line. ¡Coño! ¿y si no todo el mundo no tiene un padre con tiempo para hacerlo, qué pasa? ¿no paga, no hay visado? Y luego la tasa SEVIS, 200 dólares por gastos de administración que esta si te deja hacerlo por internet con tarjeta de crédito. Pero... no lo puedes rellenar hasta que la academia-college-centro o derivados de institución educativa tramiten el documento I20.

Así que a por el I20. Primero que te admitan, con el correpondiente examen de nivel (50 dólares), matrícula por adelantado para dos meses (1500 dólares) y el librito de marras (otro 40 dólares). Luego formulario de datos personales de nuevo. Luego como una es pobre y tiene menos guita que Taburete y depende de un sponsor llamado PadreMadre, pues mil documentos que acrediten a mi padre como un hombre solvente y currante del banco, que gana tanto, que trabaja ahí desde hace tanto y que, coño, puede pagar a la niña su aprendizaje del puñetero idioma que a estas alturas no sé como le quedan ganas.

Entonces, todo esto, más una foto de 5x5 en fondo blanco y de frente, documentos que acrediten que tienes casa en España y no te vas a quedar en USA a chuparles del bote, las notas y nivel académico por si el oficial consular está borde, y buen humor, siguiente paso: pedir cita en la embajada.

Llamadita a Madrid de 10 euros. Da igual que hables 4 minutos que 40, se pagan 10 euros con visa y antes de contestarte nada tienes que dar tú número de tarjeta de crédito. Pides cita, te la dan, pides hora, te mandan a la mierda, eso no se puede elegir. Preguntas dudas de los documentos por si... y bye (10 euros). Una tía muy borde.

Como la nenita es idiota y no se entera de la mitad, por una historia muy larga que no quiero ni recordar, tengo que cambiar el vuelo y la cita. Llamadita de nuevo, 10 pavitos para la saca americana y yo a joderme. Visa, día, hora (este me dejó elegir, era más simpatico y agradable). Fin. Tenemos todo.

Pero nooooooooooo, como soy idiota (repito, idiota) tengo cita para la misma hora en la que estoy aterrizando y el don de la ubicuidad aún no lo tengo así que... otra llamadita (papá, no te enfades, lo siento). Al día siguiente, porque el cambio horario es lo que tiene, que para mis 11 de la mañana en España no trabaja ni Chus. De nuevo "llamo para cambiar la cita". Me tocó el mismo que el día anterior. Risita floja, nueva cita, no te preocupes, tres veces si estoy segura de que podré ir, bye bye, have a nice day.

Entonces ya sí, tengo todo. Papeles, I20, (foto no pero eso se puede hacer ahí mismo), tasas y la madre que me parió. Y lo mejor de todo: que no es seguro que me la den. Hay que esperar otros siete días... (¡Mada pelotas!).

Así que tras dos cambios en iberia, unos 2500 dólares, seis viajes al college, tres llamadas a la emabajada y 25 mails con mi padre, tengo todo. El día 21 a las 9.30 veremos si me admiten o no. Que esa es otra. Y mi suerte para estas cositas ya sabemos todos donde la tengo....

jueves 7 de mayo de 2009

Contrastes


Foto de elpais.com

No abrí el blog para hablar de cosas tristes o muy serias. Pero estos días ando pendiente de la gripe porcina, los amigos que tengo en DF (por fin Isa ayer me pudo escribir para decirme que no me preocupara) y he estado leyendo bastante por si puede haber algún problema para mi vuelta, ya que en España hay bastantes casos.

Así que he descubierto que mientras tres cuartos del mundo están agotando mascarillas, anulando viajes a México, en plena guerra de te corto la exportación del cerdo a mi país, buscando una vacuna que tardará en llegar probablemente unos meses, o analizando cerdos sin parar; el otro cuarto se está muriendo de meningitis.

Que claro, como están en este continente llamado África del que, quitando el turismo y los países más desarrollados, pensamos que todos vivien en chabolas y están condenados al hambre, pues nos da igual. Así que en la parte occidental se han muerto 1.900 personas y hay 56.000 infectadas, cosa que probablemente no sabe ni la mitad de la población.

La vacuna cuesta 1 euro, que por su puesto no tienen ni la mitad.

Pero no, es mucho más importante solucionar lo de México, ver en qué grado de alerta estamos, cuántos casos hay, vender cochino a Rusia, mirar al de al lado con desprecio cuando dice que se siente mal y con fiebre o si se puede o no se puede volver a ir a tostarse al sol de la Riviera o de Acapulco.

Mucho más importante, sin duda.

domingo 3 de mayo de 2009

No hay más que una...

Lincoln Memorial, mami y nena en su recién terminado viaje a Washington

Por defecto muchos nos quejamos de nuestras madres. Por lo pesadas que son, porque están todo el día encima de nosotros diciéndonos cualquiera de éstas y otras muchas, por no escucharnos y preguntar siete veces la misma cosa, por urgar en la habitación... Pero nos han parido así que tienen derecho a hacer eso y mucho más.

La mía es prototipo de madre pesadita a la hora de que comas más, que te cortes el pelo, que duermas más, no te agobies con los estudios, no te preocupes que todo saldrá bien y recoge eso ya que no hay quien tenga la casa ordenada como dios manda. Habla por los codos, optimismo a mares y una santa; porque aguantar casi 35 años a mi padre y a cada uno de nosotros cuatro sus respectivos años no tiene que ser cosa fácil.

Pero a mí me gusta así. Y me gusta poder estar con ella y contarle cosas que a otras madres sería inexplicable contar, partirme de risa cuando dice alguna tontería (bastante a menudo, recuerdo que es de las que no escucha mucho y suele repetir cosas que ya le hemos contado), ir de tiendas o que me compre algo aunque no esté porque cree que me puede gustar o quedar bien.

Pero sobre todo porque siempre está ahí. Cuando estás triste y te lo nota nada más entrar por la puerta con un rotundo "¡Qué te pasa!", cuando se pone de tu lado en momentos en el que un padre está diciendo algo serío (por esto de suavizar las cosas) o en cosas más simples, haciéndote hueco en el sofá, comiéndose el peor filete o dejándote una chaqueta que probablemente se la devuelvas quemada tras unas horas en Concept.

Así que madre no cambies mucho. Que yo te quiero así.

Feliz día de la madre desde un lluvioso Washington (os habéis llevado el calor!).