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viernes 31 de julio de 2009

Solo a mí


Ayer tuve uno de esos momentos entra;ables de mi vida en los que primero me asusto, luego me río y luego lo comparto con el resto. Es largo, pero no pienso escribir en unos días. El miércoles por la tarde en el Seminario de la uni empecé a sentirme mal. Me dolía un poco el cuello y la garganta, pero como el aire acondicionado aquí esta a tope en todos los lados pensé que era un poco de frío. Pero no.

Ayer me desperté con fiebre, con la garganta y el oído en plena ebullición y cuando me levanté para ir a clase, en vez de ir a la ducha, fui a por la tarjeta del seguro para ver donde podía ir al médico. Porque, se;ores, no hay mas que salir de casa para echar de menos la Seguridad Social y sus largas horas de espera.

Llamada al seguro, qué me pasa, desde cuando, qué plan de viaje tengo, dónde puedo ir, ahora le devuelvo la llamada (de 5 dólares la llamadita, por cierto) y le comento. Me devuelve la llamada al rato mientras me vuelvo a dormir, me da mil datos y voy al hospital.

Tomo un taxi en la puerta de casa, me subo y el se;or taxista que tenía calor (lo cierto es que ayer en Washington había unos 36 grados) llevaba el aire acondicionado por encima de la media, con lo cual eso era un taxi-iglú, y yo que iba con fiebre y echa una mierda le pedí amablemente que lo bajará un poco (no tenía gran cara y el destino era el hospital, no era tan difícil, no?) pero lo bajo nada, ni media rayita. Por suerte tampoco está tan lejos.

Llegué a urgencias y expliqué, en el inglés que mejor pude, lo que me pasaba, me pusieron una pulserita cual Port Aventura con mis datos personales y a esperar. Primero 30 min para tomarme la tensión, la temperatura y el pulso. Luego otra media hora para pasar al registro.

Inciso, recuerdo que aquí o tienes un seguro privado o estás jodido, porque no hay sanidad pública. Yo ayer que era la primera vez que iba tuve que registrarme pero a la se;orita del registro sólo le preocupaba a qué dirección tenía que mandar los gastos de mi consulta. Y cuál era el problema? que en la dirección que le dí no venía el código postal, y aquí el código postal es como el número de la calle, imprescindible. Y aunque ella tuviera un estupendo PC con internet para buscarlo, ella prefirió hacerme llamar a mi seguro (otros 5 dolares) para que me dieran el puto código postal. Pero no estaba yo para discutir mucho así que llamé y se lo dí.

Y de nuevo a la sala de espera. Unos 40 minutos en los que estuve a punto de llamar a toda mi agenda para que alguien viniera porque creí caerme redonda en una sala de espera con tres se;oras obesas que no se iban a poder levantar a por mí, dos ni;os con el brazo medio roto tocando las bolas al resto y otro grupito de diez que veían Precio Justo a la americana como si les fuera la vida en ello. Entre la observación del panorama y yo que me caía de sue;o y no me llamaban, oí de fondo un "Miss Piollio, please". Que menos a mí, pensé que estaban llamando a cualquiera.

Pero justo por aquel pasillito pasó la perra del registro que me habia molestado con el código postal y me dijo que creía que Miss Piollio era yo. Y efectivamente, era yo. Asi que entré.
Os recuerdo que en un principio iba a estudiar Medicina y veía Urgencias como una posesa desde peque;a, así que esa entrada fue como entrar al plató. Pero aquí ni doctor Benton, ni Carter ni George Clooney. Aquí había mil boxes con unas cortinas horrendas, gente por todos los lados, y un par de enfermeras y médicos guapetes (y entonces me dí cuenta de que iba sin maquillar y no muy guapa que digamos... pero no dí para más delante del armario). El resto, todo lejos de mi visión de las Emergencias americanas.

Entré, y una de las voluntarias de verano me vino a explorar con un palo la garganta. Me lo clavó donde dolía, me atraganté, se me saltaron las lágrimas, le pedí perdón y me cagué en su padre en espa;ol. Esperé ahí sentada otra media hora (igual es el tiempo estándar entre un proceso y otro, no sé) y vino un chino llamado David, estudiante, a mirarme bien. Oídos, nariz, boca, corazón, temperatura... "Ok, ahora vuelvo". Y después de media hora volvió con Joseph, el médico.

Que yo para esa hora la verdad es que estaba peor a como entré y me había quedado medio dormida. Y Joseph, que es un médico listo, me dio los buenos días y no me preguntó qué tal estaba, me dijo que ya veía que no muy bien. Me volvió a mirar todo y entonces me empezó a contar (en inglés americano, recuerdo, y yo ando aún bastante pez) lo que íbamos a hacer: me iban a poner un par de vías para sueros y para medicación durante unas horas y luego dependiendo de los resultados de los análisis y de cómo me encontrará o me quedaba ahí o me iba a casa.

Y yo esto último lo entendí a la perfección y me cagué, así que ya, ahí sí que sí, tuve que llamar a alguien para el rescate. Que normalmente hubiera llamado a mi madre, pero le pillaba un poco lejos, así que le tocaba a uno de los dos seres que los ultimos cinco meses se han ocupado de mí como nunca y a los que si ya no sabía como agradecer todo, ahora les tengo que a;adir todas las molestias de que la ni;a caiga enferma. Como Flor no sabía ni que estaba mala le tocó a Ioni. Lo siento.

Para cuando llegó, estaba en una camilla en el pasillo con una pijama de estos que se te ve lo que viene a ser la parte trasera con un dibujito que no puedo describir, las vías y mi careto. Y le dio la risa. A mí no porque no estaba bien y porque había ido al médico a por unas pastillas, no a quedarme un rato. Me quería sacar fotos pero ni de co;a! Y llamaron del seguro y no había mucha cobertura así que se iba a salir a contestar y al argentino solo se le ocurre vacilar a la tipa del seguro porque le entendía mejor en inglés que en espa;ol y la tía nunca más llamó. (Si tengo que pagar algo lo pagará él).

Me enchufaron los sueros, la medicación, pedí una manta porque me estaba quedando pajarito y me dormí ahí en medio y mitad de urgencias (total, nadie me conoce y no creo que vuelva nunca). Para cuando me desperté no tenía fiebre, estaba sin un dolor ni medio, y tenía a Flor partiéndose en mi careto y al minuto también a Ioni, y ahí sí, me empecé a reír yo porque estas cosas solo me pasan a mí! Y lo peor, les dejé sacar fotos que ni pidáis porque no pienso colgar. Ya os las ense;aré.

miércoles 22 de julio de 2009

Un poco raro...


Van pasando los meses desde que me fui abrigada hasta las orejas y con mil maletas para cruzar el charco. Y aunque tengo mis días buenos y malos, y mil cosas en esta cabecita, la verdad es que estoy bastante bien. He tenido mucha suerte en el tema amigos, college y vida, y poca en el tema casa. Pero todo no se puede tener. Y aunque poco a poco me vaya sintiendo más cómoda con el inglés estos gringos no van a gustarme 100 por 100 nunca, aunque me case con uno (que no va a ser).

Porque tienen un carácter diferente, una forma distinta de vida, un pensamiento un tanto raro. Y porque aquí, por mucho que esto sea el país de las oportunidades y de los sueños, la libertad y de la Coca cola, hay cosas que nunca, nunca, nunca encontraré. Y nunca, nunca, nunca llegaré a entender.

1. En América nunca podré tomar un Bombay con limón porque no hay Kas ni Fanta limón. Creo que es una bebida que solo tiene éxito en España y así les va a ellos, que solo beben cerveza y luego tienen la barriga cual Homer.

2. Es imposible encontrar una fregona. Cuando se te cae un vaso, se inunda un poco el baño o la lías con algún líquido quedan dos posibilidades: a. que la moqueta lo absorba y luego limpiarla. b. esperar a que se seque y pasar la mopita húmeda que sí usan, que limpia, pero no absorbe.

3. No hay casa sin moqueta. Está bien porque resta frío, pero hay pelusas por todos los lados (por no hablar del primer mes y la sobrecarga de electricidad que llena tu cuerpo y encrespa el pelo). Además si se cae algo en la alfombra, ¡adiós!, aunque por eso inventaron un producto mágico que quita cualquier cosa.

4. Es el único país donde por la calle puedes ver pajaritas y camisas hawaianas sin necesidad de ser Carnavales o estar de boda.

5. Es el único país donde ves marineros, marines, soldados y pilotos por el metro sin necesidad de que sea Carnaval o estar de despedida de soltero.

6. No importa cuan lejos estés, hay un Starbucks y un CVS en cada manzana. En los que no hay uno de estos dos hay un McDonalds (lleno hasta la bandera desde las 8am) o cualquier otro restaurante de comida rápida.

7. Cobran por mandar mensajes de texto, obvio, pero también por recibirlos. Así que recibir un sms que pone OK son 20 centavos y 20 más 20 más 20 son... no quiero ni sumarlos.

8. Es la zona con más iPhones y Blackberry por metro cuadrado. En un vagón de metro con 120 personas 75 tienen uno de los dos y no dejan de usarlo.

9. Nunca podré saber qué temperatura hay porque no hay termómetros en la calle (además de que sigo sin saber la equivalencia con los grados exactamente). La razón es que no los necesitan, tienen un iPhone o la Blackberry para mirarlo cuando les da en gana.

10. Serán los más avanzados del mundo pero no tienen vitrocerámica, siguen con el gas, no tienen campana en la cocina, así que olorcito durante un rato y humo durante media hora, ni tienen un inodoro con menos de 20 litros de agua de base (este es un tema un tanto escatológico que no quiero tratar).

11. Nadie, salvo que sea latino o español, saluda en el ascensor. Y a mí me aprece bien porque hablar del tiempo es lo que más podía odiar cuando estaba es España, pero una cosa es no establecer una conversación y otra es ser un maleducado y no dar los buenos días!

Y la última y no por eso la menos importante... No encontraré un bar abierto después de las 2.30 de la mañana. Así que los fines de semana a casita con el recado...

lunes 20 de julio de 2009

Más amigos


Tengo un amigo que sigue pensando que tengo una hermana que se llama Alba y es de Burgos. Tengo una amiga a la que cada dos pasos le duelen los pies y hay que parar. Tengo una amiga que aún no se ha enterado de que no estoy en España y me ha invitado a ir a su casa. Tengo un amigo que se quiere casar conmigo. Y otro que no me dice más que gorda.

Tengo una amiga de cada madre y padre, con cosas diferentes que les hacen especiales. Tengo un amigo que sabe hasta mi color preferido y otro que controla cualquier programa de ordenador con solo mirarlo cinco minutos por encima. Tengo un amigo tonto, y una amiga brillante. Tengo un amigo futbolista y otra actriz. Y menos astronauta y burrólogo, creo que tengo un amigo para cada profesión (sí, astrofísica también la tengo).

Tengo amigos que me llevan 7 años ocultando quién me arruinó mi fiesta de 17 cumpleaños y otros que cuentan a los cuatro vientos todo lo que les confío. Tengo una amiga que solo habla de lo guapa y flaca que está, y otra que sale en la tele. También tengo un amigo que desde me conoce no me ha llamado en su vida Inés. Y otro que cotillea mi Facebook y mi Tuenti todos los días para no olvidarse de mí.

Tengo un amigo que cada día me recuerda lo lerda que soy, y otra que me agarra el brazo y aprieta solo para joderme un poco. Tengo un amigo para chatear casi a diario y hablar como si estuviera en casa. Tengo una amiga cortita, y otra pedante, pero son así, yo las elegí. Tengo un amigo que nunca dejará de sonreír, y otro que da igual que esté todo perfecto que nunca dejará de quejarse por todo.

Tengo un amigo envidioso, y otro insoportable cuando pierde su equipo de fútbol. Tengo una amiga modelo que odio, pero a ella le tocó el cuerpazo en el reparto. Tengo un amigo al que le gusta ir de compras y amigas que no se compran una camiseta ni en rebajas. Y tengo una amiga que habla cinco idiomas y toca el piano, el violín y la flauta.

Tengo amigos que siempre se hacen los lelos y nunca ponen bote, otros que pagan siempre, y otros que en su vida han sabido lo que es invitar. Tengo amigas que bailan bien, y otras que regular. Tengo una amiga que siempre me entiende, y otra que no habla ni español.

Tengo amigos, colegas, conocidos, mejores amigos, y simples caras familiares. Pero ya que en el cueva de al lado y en mi casa, hoy se celebra el día del amigo, un abrazo gigante para cada uno de vosotros desde el otro lado del charco porque aunque esté lejos, no me olvido de ninguno.

martes 14 de julio de 2009

Mi mejor amigo

Siempre he tenido buenos amigos. Cada uno en su categoría: para salir, para hablar más serio, para ir al cine, para hablar sin parar, para ir de viaje, para hacer el canelo...

Y también tenía un mejor amigo, que no amiga, con quien hablaba todas las noches, lloviera o tronara, un par de horas por el Messenger (que entonces Movistar no regalaba horas gratis y yo era de tarjeta prepago), al que le contaba quién me gustaba o dejaba de gustar, cosas de clase, mis líos, todo. Y él a mí lo mismo.

Es por él por el que yo soy defensora de la posibilidad de la amistad chico-chica sin necesidad de más, porque lo tuve y éramos solo amigos. Que ya era bastante.

Pasamos no mucho tiempo juntos porque en el colegio lo de salir entre semana no se llevaba por aquel entonces y si no estábamos en clase él estaba en el baloncesto y yo en la piscina entrenando. Pero en verano pasamos mil horas en la piscina, muchos San Lorenzos en Ezcaray, noches en el Culebrón y cafés en el Café Madrid. Hubo buenos momentos y también uno muy malo cuando se murió su hermana con 17 años en un accidente de coche. Pero los pasamos.

Incluso nos comprometimos. Un capítulo de Friends todos se emparejan y si en x edad no estaban casados, ellos se casaban entre amigos. Y nosotros así hicimos: si para los 30 ninguno de los dos estaba casado, nos íbamos a vivir juntos.

Pero me quedé viuda antes de pasar por el altar. Y esta semana, el día 16 de julio, hace cinco años. Y han pasado cinco años y cada día quizá ya no, pero no pasa una semana en la que por una cosa o por otra yo me acuerde de él. Por alguna de nuestras chorradas, por una canción, por una foto o porque sí.

Y ahora que hace cinco años no dejo de pensar en lo que ha cambiado todo y lo que él se ha perdido. Me mudé a Pamplona, terminé la carrera, mis primeros años en el periódico, mi gran debut en la televisión, mi primer trabajo con un sueldo digno, mi aventura americana.

Nunca pensé que en una hora se pudiera odiar tanto al que esté por ahí arriba, al destino o al conductor del camión bajo el que se metió en un viaje de Ezcaray a Logroño. Era viernes y yo había quedado con él para presentarle a mi nuevo novio (que por su puesto no le iba a gustar, como nunca le gustó ninguno). Pero no me llamó para decirme que no iba a venir. Me llamaron para decirme que no iba a venir nunca más.

No fui al entierro, ni al funeral, no veo las fotos que fueron portada de La Rioja aquel fin de semana de 2004, ni he hablado con su madre en todo este tiempo porque no puedo. Pero él sigue en mis contactos del messenger, en mi agenda de teléfono, y lo más importante, en mi cabeza.

Así que Celso no sé dónde estás, y quizá un post no vaya a arreglar nada de lo que aquel fin de semana de julio no hice. Quizá estás enfadado conmigo por no ir a despedirte. Pero para mí no te has ido muy lejos, sólo a otro sitio donde, cuando llegué yo, y si sigo soltera, podremos terminar nuestra promesa.

martes 7 de julio de 2009

Crisis existencial


Estoy en crisis. Y no de crisis económica (aunque ahora que lo estoy poniendo me estoy dando cuenta de que económica también). Pero me refiero a una crisis que me preocupa más y no sé ni como llamarla: estoy muy poco inspirada para escribir. Como habéis comprobado el blog va cuesta abajo sin frenos, no tenéis muchas noticias mías vía mail y llevo sin escribir unos días porque, o se me está olvidando, o tengo la cabeza en otra cosa.

Así que mientras se me pasa y le pongo remedio (el bando de los doctores y escritores si sabe de alguna pastillita para mejorarme que me escriba) vamos a recordar tiempos mejores. Necesito ayuda esta semana para elegir vuestra entrada preferida en mi blog. Cualquiera, pero aquí os pongo una selección de las mejores, las más visitadas y las más comentadas exceptuando cuando me fui a Cuba y entre varios os propusistéis pasar la barrera de los 50 comentarios (y os quedastéis en 53).

Diferentes pero iguales
Porque los argentinos dicen hablar español y lo que hablan es un sucedáneo, aunque en el fondo somos iguales hasta en la cultura televisiva.
Operación nevera I y Operación II
Esa gran vuelta a mi casa de Pamplona después de las vacaciones de Navidad para descubrir que se había ido la luz, y la nevera (heladera para el público argentino) y el congelador contaban con más cadáveres que en el depósito de un hospital. La segunda parte el reportaje fotográfico.
Móviles
Ese gran invento de la tecnología que tan gilipollas nos está volviendo a la mayoría.
Operación recojón
Cinco años en Pamplona dan para mucho pero, sobre todo, para darse cuenta de todas las cosas que se han hecho y de todo lo que se ha bebido en una casa.
Fichada
Esa gran fiesta de 17 cumpleaños en la que alguien (sigo sin saber quién) quiso tirar algo (ya ni me aucerdo entre la versión oficial y la real) y mojar a un viandante que me denunció. 300.51 euros de multa que mi santos padres pagaron en vez de gastárselos en mis primeros palos de golf.
¿Cómo titulamos?
Uno de estos tiernos. Mis comienzos en la redacción del periódico al lado de mi padre todos los domingos de invierno.
¡Grandmothers!
Recopilación de frases habituales de las abuelas como una raza que no tiene mucha pinta de cambiar.
Madre no hay más que una
Oraciones sentenciosas que una madre dice en el momento menos adecuado, de la forma más oportuna y que escuchas una y otra vez. Pero siempre la volverás a escuchar porque nadie le hace ni puñetero caso.
Y padre también
Los padres también tienen sus dichos y algunos son más que peligrosos...
Mejor quedarse en la cama
De las más exitosas ya que el mal ajeno os va mucho. Aquel 4 de marzo de 2008 en el que tuve un accidente, fue a urgencias, salí con collarín, me dolía hasta el meñique, no encontraba una farmacia, tiré el móvil a un charco... Uno de esos días para enmarcar.

Vuestro turno.

domingo 5 de julio de 2009

4th July VS San Fermín


Hoy he pasado mi primer 4th July in América. Ese día en el que por todos los rincones hay algo con la banderita americana: sevilletas, gorros, camisetas, pulseras, gafas, murales, tiras, sillas, escarapelas (palabro que me enseñó mi madre hace un tiempo y que nunca había tenido oportunidad de usar); fuegos artificiales increíbles, un desfile que supera al del Cherry Blossom, gente, más gente, más gente aún...

Contra todo pronóstico fui invitada a dos fiestas, una en mitad de la nada y otra en uno de los edificios con mejores vistas de DC. Como no podía elegir, primero una y luego otra, pero resultó que en mitad de la nada sin coche es difícil salir, así que me quedé sin la segunda, y sin fuegos.

Pero he tenido un 4th July muy cool. Mucha gente con la que practicar inglés, una casa increíble, barbacoa, comida y bebida para un regimiento, música y fuegos artificiales propios. Me lo he pasado bomba. Peeeeeeeeeeeeeeeeero, en días como hoy es cuando me doy cuenta que soy muy española, y que como en casa, las fiestas, en ningún sitio.

Nosotros una vez que nos ponemos de fiesta nos ponemos en condiciones. San Fermín, una semana, San Mateo, una semana, San Isidro, una semana, Feria de Abril, una semana, más dos semanas de Rocío, otra semana de recuperación (así son los andaluces ellos). Y aquí con un día les basta. Un día completo eso sí, que para las 10 de la mañana no queda ni un alma en casa, todos viendo el desfile de marras.

Así que no tienen chupinazo. No tienen momento de "¡Viva Estados Unidos!, ¡Viva América!" en el Mall, ni 100.000 personas tirándose mierda encima, ni charanga, ni pañuelico rojo, ni nada. Aquí cada uno a su bola, empieza cuando quiere, termina cuando le da la gana y todos tan contentos en el día de la patria y la independencia.

Tampoco saben lo que es la fiesta de día y de noche. Las barbacoas arrancan a las 4 de la tarde y terminan antes de las 3 (y eso porque es fiesta, que si no a la 1am pliegan el chiringuito), así que no saben lo que es salir con la mierdita del chupinazo encima, volver a casa, enfundarse de nuevo el uniforme de guerra y salir hasta que salga el sol y empiece el encierro.

No tienen bocadillos de lomo en mitad de la borrachera, ni kalimotxo en botella de plástico, ni baños públicos portátiles, ni bares a 50ºC con 200 personas sudadas bailando Makoki, ni calles llenas de gente que bebe lo que le echen, ni negros vendiendo unos gorros de flores fosforitas horribles (a ver qué es lo más vendido este año), ni moros vendiendo rosas plástico, ni chinos vendiendo cualquier producto luminoso y/o eléctrico cuanto más rídiculo mejor, ni guiris vendiendo de todo en la puerta de las barracas (que no feria).

Ellos felices con su desfile de dos horas a pleno sol, su feria de gastronomía en el Mall, su barbacoita en casa y cuatrocientos fuegos artificiales en el Mall (espectaculares, eso sí).

Así que, de momento, me quedo con lo español. Especialmente con esa gran fiesta llamada San Fermín que arranca mañana y me voy a perder por primera vez en cinco años. Pero no me quiero rendir tan pronto, así que, aunque Spain 1- USA 0 en mi partido, les voy a dar otras dos oportunidades a los gringos: Halloween y Acción de Gracias. Pero, visto lo visto, miedito.


Para los que estáis por allá... ¡Viva San Fermín! (nunca pensé que lo iba a echar tanto de menos).

jueves 2 de julio de 2009

Dependiente

Foto de Google

Soy dependiente. No del tabaco, que nunca he fumado; no del alcohol que nunca he... que aquí es caro digo; no de las máquinas tragaperras, que no hay, ni del bingo, que tampoco he visto. Lo soy de mi ordenador, compu, laptop, pc, pórtatil o como los ilustres lectores de este blog lo quieran llamar. Y entonces me he dado cuenta de que, actualmente, no puedo vivir sin internet más de cuatro días. Y no me gusta para nada la idea.

¿Pero cómo trabajabáis antes sin internet? Para mí la prehistoria es los trabajos con la Encarta famosa que no sé dónde ha quedado, porque desde que tengo uso de razón medianamente serio he tenido ordenador en casa. Al principio hacía unas invitaciones horrorosas para mi cumpleaños con un payaso a cuadraditos, jugaba a un juego que se llamaba Bobo, que realmente era para bobos, y jugaba a ser la cajera de Zara con el teclado. Pero con el tiempo se ha convertido en una prolongación de mis brazos.

Sin el mail no podría estar en contacto con medio mundo, con mis padres, con mis hermanos, con mis amigas, con la gente de aquí y de allí, para el trabajo, para decir que estoy viva... ¡Para todo! Sin Facebook o Tuenti no me enteraría de la mitad de lo que hacen mis amigos, de un cuarto de lo que hace mi hermano, no vería a mis primas crecer y echarse novio (y además poder verlo en foto), ni enterarme de quién lo ha dejado con quién y quién está en un país u otro.

Sin red no podría leer cuatro periódicos diferentes, ni ojear noticias de todas las partes del mundo, ni escuchar la radio española aunque no esté ahí, ni escuchar un sucedáneo malo de Spotify llamado Pandora que me alegra las jornadas. Tampoco podría ver a mis padres a través de Skype, y tendría unas facturas de teléfono de kilómetro porque tampoco hablaría.

De igual forma sería un desastre con el Bank of America porque no sabría hacer nada si no es por la banca online, y, ahora para mí vital, tardaría siglos en estudiar si en vez de tener Wordreference encendido tuviera que buscar cada palabra en el diccionario de papel. Por su puesto olvidarme de las charlas por messenger con quién sea para saber cómo están las cosas y mucho menos hacer la compra y que me la traigan a casa, comprarme libros o (esto sí que es parte de mi cerebro desde hace meses) buscar casa, college, una calle y comprar billetes de avión.

En definitiva que de 24 horas, 7 paso durmiendo, 5 en clase, 2 comiendo, 2 hablando y el resto... pues donde estoy ahora, delante de la pantallita luminosa que me está empezando a preocupar. Pero sin ella tampoco podría estar escribiendo en el blog... Así que me quedo con mi droga que como mucho lo único que puede hacer es aumentar las diotrías, porque aún no me he vuelto una enganchada. ¡Ni me voy a volver! Y si me vuelvo os enteraréis por mail, o por Facebook, o por Twitter, o por Tuenti... o por aquí mismo.