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viernes 28 de agosto de 2009

Mmmmmmmm



Ahora que todo el mundo está volviendo al trabajo tras las vacaciones mi bandeja de entrada del mail ha vuelto a estar completa, pero esta semana un mail se ha llevado el premio. Uno de mi tía Pitu con varias fotos como las de arriba adjuntas para que no me olvide de su comida. Y no lo hago, lo juro.

Aquí no se come como en España, y los méxicanos dirán que no se come como en México y los chinos que el arroz de aquí está soso; cada uno con lo suyo. Pero aunque tampoco me alimento de los clásicos hamburguesas, mantequilla de cachuete y ketchup (me sigue sin gustar), aquí la gente come muy diferente. Y están gordos porque comen, nada de metabolismo distinto.

Los americanos son los reyes de las salsas. Nada comen simplemente cocinado, todo lleva un acompañamiento. Salsas de tomate, picantes o sin picar, siropes de cualquier sabor, mantecas, pimientas, quesos en sus mil variedades, vinagres y derivados de aceite (el de oliva para ellos es el más raro...). De hecho en los restaurantes debajo de la comida suele haber una larga lista de salsas para elegir cuál quieres.

Tampoco saben beber agua o beben muy poca. Cocacola, Snapple, zumos desde naranja a uva pasando por mango y frutas tropicales, bebidas energéticas, cafés de litro y medio (el tamaño de un café pequeño en cualquier cafetería equivale a dos y medio de los cafés que tomamos en España), batidos, Sprite, té negro, rojo, azul, amarillo y verde...

Comen a todas horas. Tienen un horario distinto al nuestro. Desayunan, comen entre las 12 y la 1, cenan a las 6 y no saben lo que es una almuerzo a las 11 ni una merienda a las 6.30. Pero a pesar de eso y que en teoría se van más ligeritos a la cama, comen a todas horas. Por eso hay millones de cosas en bolsitas individuales: galletitas, barritas, granolas, fruta partida en vasos, frutos secos, patatas...

Además todo lo tienen a lo grande. En un súper normal hay yogures de litro, mantequillas de medio kilo, galones de helado, leche en garrafas, latas por docenas, espinacas tamaño familiar, patatas tamaño extra... Y entonces la pregunta es, ¿cómo es su Punto Cash? Pues aquí se llama Costco y yo estuve una vez hace un mes. Entonces ahí los huevos van de 24 en 24, las Nutellas de dos en dos, los zumos de 32 en 32, y un paquete de papel higiénico es como una casa de muñecas a tamaño natural, impresionante.

Y como con esto no es suficiente, no conocen el jamón serrano y comen proscuito, cocinan con aceite vegetal o mantequilla, nada de aceite de oliva, sus barras de pan duran 4 días blandas (pero en el plastiquito juran que es sin conservantes) y la panceta tiene aún más grasa y la convierten en bacon. Y aunque tener tienen de todo en el súper (aunque muy muy muy muy caro todo) no comen en casa apenas. Así que el McDonalds, Subway, Cosí, Chop't, Domino's Pizza, Potbelly y derivados de comida para llevar de todas la nacionalidad existentes hasta llegar a quinientos diferentes, están siempre llenos de gente.

Así que por todo esto hay muchos gordos y gordas, que no rellenitas o rellenitos. Aquí son gordos de verdad, de los que no pueden andar sin ayuda de un bastón o una motito, de los que ocupan dos asientos en el metro.

Y aunque coma mejor que ellos y la ensalada sea la base de mi alimentación ya me he echado p'al cuerpo algún que otro kilito que desaparecerá antes de volver a casa. Pero en cuanto vuelva los recuperaré, porque pienso estar todas las navidades comiendo pan, jamón, chorizo y bebiendo agua del grifo. Para los de Logroño, de la canilla.

martes 25 de agosto de 2009

Gente


Esta semana ha empezado una nueva vidorra en DC. Hace ya seis meses que llegué aquí y tras cinco usurpando sitio en el living, el domingo abandoné a mis argentinos preferidos y me he cambiado de casa. Ahora he ganado una habitación bastante grande, un armario, hablar más inglés y tres nuevos amigos (a ver si me aguantan...) pero he perdido charlas en argentino, sobremesas y comodidad.

También esta semana he tenido otra visita. Nacho, Ignacio, Pichi o como le llame cada uno, después de recorrerse UUUUUUtah (dicho "iuta" con la u bien marcadita), Los Ángeles y Las Vegas, se digno a venir a verme. Como sólo estuvo tres días le tuve que hacer la ruta express de DC: memorials, cementerio, Iwo Yima, waterfront, Jaleo, basesall, Georgetown, Whitehouse y Capitolio. Reirnos nos hemos reído, ahora, no sé si se lo ha pasado bien porque no lo saqué de fiesta y no sé si se quedó muy conforme con esto. Pero mil gracias por el béisbol, por la gorrita, por llevarme a comer jamón y por hacerme cuatro días la más feliz del universo.

Hoy he abierto Tuenti y me he encontrado etiquetada en una foto. El escenario de Rocky Disco Show en Navarrete (creo) que mis queridas amigas hicieron este fin de semana. Y todo porque el año pasado me pasé las fiestas de Lardero mandando sms a Rocky con qué canción quería que pusiera sin que él supiera quién escribía... Es lo que tiene beber kalimotxo en los pueblos que una no sabe lo que hace.

Y entre estudiar, la mudanza y visitas no he tenido mucho tiempo para hablar con los que estáis por España. Así que el post ñoño de este mes es para reconocer que echo mucho mucho mucho mucho, pero mucho, de menos la gente de España y que necesito mucho mucho mucho mucho a la gente de aquí. Mucho más de lo que imaginé antes de venirme y mucho más después de haber estado en España en mayo.

Por años sin contar mis cosas y sin ser especialmente cariñosa con el resto me gané el apodo de la dama de hierro, y ahora mismo creo que me lo podiáis ir quitando... Necesito hablar con mis casa, con mis hermanos, con el dibujo animado, con la gente de la universidad, con alguna de mis amigas... Da igual que sea un simple mail de me acuerdo de ti, una foto, o un mensajito. Hace que no piense que por allí os habéis olvidado de mí.

Y aquí, ahora que empiezo de cero, más de lo mismo. Necesito un abrazo, un pellizco en el brazo o un manotazo, pero algo.

Así que ahora la dama blandita muere por unos dias en casa, por San Mateo y por todo lo que hay ahí, pero como no se puede creo que la solución es que en menos de quince días alguien me anuncie una visita para este otoño, que prometo ruta larga con salida nocturna incluída (y que traiga jamón que se me ha terminado). Y a los de aquí... más visitas a mi nueva casa.

Porque necesito gente. Y un poco triste que me haya tenido que ir tan lejos para darme cuenta. Pero nunca es tarde...

lunes 17 de agosto de 2009

Asi es Facebook...

Desde hace año y medio tengo mi perfil en Facebook. Lo cree porque cuatro personas puntuales con las que quería mantener el contacto estaban ahí dentro y lo miraban con más frecuencia que el mail. Al principio fue como un desierto, sentía que estaba engañando a Tuenti por cambiarme de red, así que solo la foto de perfil, algún comentario en el wall de uno de esos cuatro y poco más.

Pero poco a poco la cosa fue creciendo. En 18 meses, cuatro amigos se convirtieron en más de 600 (y juro en este mi santo blog que el otro día hice limpieza de amigos y a los que tengo los conozco salvo a una decena por cuestiones de trabajo, noconozco es igual a ignorar, de momento), una foto en otras seiscientas, y una media de 15 personas en el chat sea la hora que sea (con sus momentos pico cuando en España es de noche -que para mí son las 5 de la tarde y tengo mil cosas que hacer- que entonces rondamos las 40 personas conectadas).

Y me encanta. Y creo que el hecho de que mis padres (ambos dos y el correspondiente repaso ultrarápido a las fotitos que mis tres hermanos y yo teníamos antes de aceptarles de amigos), mis tíos, amigos de mis padres y gente que su mayor contacto con un PC era el mail y el Word, tengan un perfil, es síntoma de que algo gusta o, al menos, para algo sirve.

Me encanta poder ver qué ha hecho mi amiga el finde por sus fotos, ver quién ha estado de vacaciones, poder felicitar a alguien por su cumple y el reencontrarme con gente del colegio que llevaba sin ver unos años y encima organizar una cena con un simple evento.

Me hace una tremenda ilusión un mensaje en el Inbox (mis amigos de la Buena Prensa me dejan uno diario así que cuando solo hay 1 ya no hay posibilidad de que sea alguna sorpresa...), un mensajito de que alguien se acuerda de mí en el wall o un simple (normalmente crítico, pero eso es la envidia) comentario en mis fotos.

Felicito a todo ser que cumpla años aunque sea con un simple "Feliz Cumple" y cotilleo, cuando no tengo otra cosa mejor que hacer, perfiles ajenos. Pero ahora mismo le pago un billete a Washington a quién me mande un mail y me reconozca que no lo ha hecho alguna vez en su vida.

Me enganché (mejor dicho, piqué con el resto) como una mona al Publishstar (un juego de publicidad y marcas), al Word Challenged (de creación de palabras) y a Who has the biggest brain? (de lógica y diferentes pruebas). Y también me desenganché y desistí cuando en el top ten estaban los diez amigos que más tiempo libre tienen del universo.

Pero de la misma forma que Facebook me encanta hay cosas que odio. Odio el típico/a X que cada cinco minutos que le cambia el humor lo pone en su status para tener mil comentarios de ánimo, en el caso de estar triste, y de preguntas, si el tema es que está contecto (un poquito de privacidad...).

No soporto la mierda de las Galletas de la Suerte, maldita la hora en la que alguien lo creó. Abierta una abiertas todas, ¿quién coño se cree que un test puede adivinar el futuro? (y ojo que hoy he visto lo que viene para la temporada de vuelta al cole, El trébol de la suerte). Odié en su momento cuando todo Facebook se dedicó a elegir sus cinco libros favoritos, sus cinco películas favoritas, cinco personas a las que matarías, tus cinco países... (aquí me incluyo, que yo lo hice como una pringada). No aguanto el ¿En qué ciudad deberías vivir? o ¿Cuán riojana eres? (evidentemente si las preguntas tienen que ver con la Laurel todos somos riojanos de pura cepa, que pregunten sobre estilo arquitectónico de La Redonda y a ver quien pasa de riojano de adopción...).

Pero si hay que exterminar algo (junto con las galletas, que esas las tengo las primeras en el ránking desde hace un par de meses) es: A qué edad vas a casarte y Qué actriz de Hollywood eres.

Por una extraña razón con algunas de estas aplicaciones me parto de risa: Qué calle de Pamplona
eres, Qué pincho de la Laurel eres (ahora mismo sería cualquiera con lo que los echo de menos), Qué clase de periodista eres o, este es el mejor, Qué profesor de fcom unav eres (yo lo hice y soy Jorge Latorre, que me llevo fenomenal con él... pero en común tenemos que somos riojanos y poquito más -si supiera lo que lloré con su asignatura...).

Y ya lo mejor son los grupos. Hay grupos de todo. Recomiendo "Máster en Comunicación Política y Corporativa" y "Amigos del Restaurante Buenos Aires" (vamos a hacer un poquito de publicidad a la family...). Pero esta es una selección de mis preferidos. "Odio las galletas de la suerte" (no soy creadora ni miembra, tampoco le vamos a dar autobombo a las puñeteras galletitas), "Yo también dejé caer algo en un sms y luego puse je,je", "Por las señoras que llevan bolsas de plástico en la cabeza cuando llueve", "Por la mente prodigiosa del camarero del Bar Aragón que se acuerda todo lo que pide sin apuntar una mesa de veinte" o "Los Reyes no son los papás".

Así que creo que soy fan de Facebook. Prohibiría, por si no ha quedado claro todavía, el test de las Galletas de la Suerte, y daría un premio a la persona que más grupos tontos hace. Igual que despediría al tipo que creo el sistema que te anuncia amigos en común en plan "Universidad de Navarra y tú asististéis a la Universidad de Navarra, hazte su amiga". Pero por lo demás me parece más útil que otra cosa si se sabe usar y en su justa medida, como todo.

Probablemente alguien no entienda este post porque no todo el mundo tiene Facebook y estará pensando que soy imbécil y que menuda tontería y pñerdida de tiempo de sitio. Pero tengo otro peor que no lo dejé en su día y este sí que es digno de estudio por el Ministerio de la Juventud: Tuenti. Pero esto lo dejo para otro día que me están hablando por el chat de Facebook que alguien en España ya se está levantando.

sábado 15 de agosto de 2009

Alone...


Siempre he tenido un problema con la soledad. No puedo ver a alguien comiendo solo en un restaurante, ni puedo esperar tomando algo sola hasta que lleguen mis amigas, y me da una pena tremenda ver a alguien solo en el cine.

Que una vez contando esto en un bar de Pamplona porque había un tipo solo cenando, mi amiga Fiona me dijo: "Te da pena y quiza es un tío de negocios, que está aquí de paso, está forrado y no le queda otra que comer solo pero dentro de dos días estará con su mujer y sus hijos". Puede ser, pero ahí estaba solo y a mí me daban ganas de sentarme con él.

Y sé que hay gente que va sola al cine para desconectar, porque quizá lo necesitan y antes de discutir con alguien prefieren sentarse dos horas a tranquilizarse, o porque sí, porque les gusta. Pero a mí me da pena.

Y (mamá y papá, no me llaméis corriendo tras leer esto porque es pasajero) estos últimos días, aunque aquí hay mucha gente, yo me he sentido un poco sola. Y si ya tengo problemas con la soledad del resto, la mía me mata.

He vuelto a estar enferma desde el miércoles. Así que la cama se ha convertido en mi mejor amiga. Y en los últimos siete días, como todo agosto que se precie, los más cercanos se han ido. Unos para volver en unas semanas, otros para no volver porque estaban de paso, y otros no se han ido pero han llegado refuerzos con lo cual me olvido de ellos. Todo en la misma semana en la que a mí lo que me hacia falta es cualquiera cerca dándome conversación para no dormir 16 horas seguidas.

Entonces tras una como esta, es cuando me doy cuenta de que no estoy hecha para estar sola. Que iré mucho a mi bola y a mi ritmo, y bien merecido tuve el apodo de República Independiente de mi casa en mi habitación de Pamplona. Pero el caso es que al mismo tiempo necesito a la gente cerca, que no encima y pesadita, tampoco vamos a pasarnos...

Así que, amigos, aunque esté lejos de la mayoría, me acuerdo muchísimo de vosotros y también me he alegrado al escribir esto, sobre todo porque me he dado cuenta de que nunca he tenido la oportunidad de comer o cenar sola en un restaurante (aquí sí, pero antes no como que sola), ni de ir al cine sin nadie. Pero supongo que de vez en cuando tampoco es malo sentirse así, para valorar más lo que se tiene.

martes 11 de agosto de 2009

Sin eventos



La misma semana que me puse enferma estaba ayudando en un seminario en la Facultad (Graduated School of Political Management) donde tuve la suerte de desembarcar cuando llegué con los del Máster de Navarra. Era mi segundo seminario, primero ayudando y a mitad de camino les dejé tirados; pero fueron causas mayores...

El mismo sábado tenía un concierto. Paul McCartney. Siempre he sido bastante paleta en el tema música. Es decir, en mi casa se ha escuchado de todo y bastante, de hecho el radiocasette (con CD pero viejo, viejo) es parte del mobiliario del baño como lo son las toallas. Y de todo: desde Nino Bravo y Ana Belén y Victor Manuel con mis padres, Alejandro Sanz y Hombres G con mis hermanas, y Coldplay y The Killers con mi hermano. Y yo soy una indefinida de la vida.

Pero... tuve la suerte de ver a Paul en directo, en Washington, y verlo de cerca. Entonces también me di cuenta que ser de una ciudad pequeña favorece que sea una lelamusical, porque a Logroño vienen las bandas españolas y punto y pelota. En la vida pisará La Ribera Paul McCarntney ni Madona. Pero este es otro tema.

Me gustó, mucho, aunque tampoco lo disfruté del todo porque estaba medio mala aún. Muchas canciones me hicieron recordar a mis padres y otras a mil cosas más, pero el viejo está en plena forma como en sus mejores tiempos.

Para solucionar mi subnormalidad con el arte musical el sábado fui a otro, en Virginia. Dave Matthews Band. A estos hasta pisar USA ni los conocía, pero en casa los escuchan bastante y a mí hasta me gustan. Me lo pasé bien, ya estaba del todo recuperada y pude hacer más el mono, y ahora solo canturreo una canción desde el sábado.

Y en este, al margen de la banda, vi lo que es la vida gringa por excelencia. Los americanos no van a un concierto solo. Ellos van a las 3 de la tarde con el coche, abren el capó y de ahí sacan de todo: mesa, hornillo, comida para un regimiento, bebida a tope, juegos para no aburrirse, hamacas... Y así hasta la hora del concierto, que más que ir a un estadio o un pabellón parece que vas a un camping con artistas invitados. Así son ellos.

Y como no hay dos sin tres, ayer regresé al mismo estadio en el que vi a Paul McCartney para ver al Real Madrid. Al margen de que el estadio está a tomar viento y que ayer fue el día de más calor de todo el verano (con el correspondiente agobio que eso supone) y las cuatro maris que fuimos a ver a las estrellas estábamos sentadas en lo más alto de la más alta torre, me sentí como en casa.

Lo cierto es que más de la mitad del estadio iba de blanco y era de El Salvador. Pero también había mucho español, y oír gritar Olé! a cada pase que daban me hizo sentir como todos los domingos desde que tengo uso de razón. Luego iba a comprar algo y no había ambigú, había una cadena de comida rápida y volvía a poner los pies en dónde estoy, pero me lo pasé bien.

Así que creo que lo mío eran los deportes (verlos, digo) y no la música. Pero voy aprendiendo, como el inglés, poco a poco.