Páginas

viernes 25 de septiembre de 2009

¡A la mierda la crisis!

No se si en las últimas dos semanas en España se ha solucionado la crisis que hace que medio país esté con el agua al cuello para pagar las hipotecas, para comprar el pan y para salir de fiesta. Porque por lo que he podido leer los últimos dias es muchísimo más importante discutir por qué han venido las niñas de nuestro Presidente a Estados Unidos.

Bien, he leído de todo en los periódicos, en Facebook los del PP ponen verdes a las niñas, los del PSOE no se pronuncian, en Twitter casi pasa desapercibido que se cayó gmail una par de horas ayer y hay gente que ha pixelado la foto, otros que no... De todo. Y después de leer algo así como "Qué horror, me da pánico si estás son las hijas de nuestro presidente" (by anónimo facha), se me ha calentado la boca y como no lo puedo llamar que es una pasta, el blog es gratis aún.

Las niñas bastante tienen con lo que tienen. Son adolescentes e hijas del presidente de España en un momento un tanto crítico. Si fuera poco tener que soportar las cosas de la pubertad, granos, lios con chicos, instituto y demás, ellas tienen que aguantar vaciles, oír cosas horribles de su padre todos los días, y vivir en una fortaleza llamada Moncloa. Que con ocho años genial porque tienes jardín para hacer el canelo, pero con quince a ver a dónde te escapas...

Las niñas para una vez que abren la boca y piden venir a Estados Unidos para conocer a Obama (las niñas podemos ver que no son idiotas, yo lo pediría en cada viaje que hiciera su padre) se arma la del 2 de mayo para ver quién le paga el viaje a las niñas, el hotel y la hamburguesa que seguramente se comerán en el McDonals de 5th Avenue. Y entonces yo digo, con perdón, ¿qué ostias más dará?

El padre viene en su avión, el avion viene de todas formas, la gasolina es la misma, ¿qué mas da que vayan dos más ahi montadas? Que yo sepa llevamos pagándole las vacaciones al Rey y toda la tropa desde 1978.

Que las niñas han salido góticas, pues bien por ellas. Si fueran en faldita, con lazos enormes, pintadas como una puerta y en tacones me preguntaria si de verdad dentro de cuatro años votarán al partido de su padre. Son adolescentes, les gusta el negro y las botas, ¡qué se pongan lo que les dé la gana! Mientras no vayan en bolas que hagan lo que quieran. A ver a quién de los que critica no le molestaba ponerse el traje cuando no quería, o un vestido cuando prefería el chándal.

Ellas no han elegido a su padre, ni han elegido que le diera por la política y mucho menos eligieron que el populacho lo eligieramos como presidente. De hecho ahora no sé si más que una suerte es una cruz para las niñas, porque telita... Así que creo que ambas, rubia y morena, morena y rubia, tienen que ponerse lo que les dé la gana. Porque en el fondo no se está discutiendo cosas como los derechos de imagen de los menores, o quién costea el viajecito. Se está discutiendo una cuestión mucho más superficial que eso: el vestuario de las niñas. Y eso ya sí que sí (y lo digo yo, que ya sabéis que una de las cosas por las que vivo es por, y para la ropa) me parece ya de cachondeo.

Sobre todo con la que está cayendo. Porque para los que no se acuerdan mientras insultan y critican a Alba y Laura, en España hay crisis. Y de las gordas. Y por lo visto estamos a años luz de salir de ella. Pero que si el debate del Estado de la Nación va a ir sobre vestuario me vuelvo mañana mismo, asi que si eso me avisáis.

viernes 18 de septiembre de 2009

¡Viva!

Yo con el escudo de Logroño en la fuente de al lado de mi casa (eran las 7am, no pidáis más...)

El otro día me preguntaron aquí qué es San Mateo, y la verdad es que no lo supe explicar muy bien, que voy a decir ¿los San Fermines de Logroño? Para mí es bastante más que eso.

12 am. 20 de septiembre de cualquier año (menos de este que no sé por qué). Chupinazo. Cohete. Huevos hasta en las ventanas del Ayuntamiento y pañuelo (¡verde del Berceo!) al cuello. Arranca la fiesta. Así veintidós veces en mi vida. Y la 23 no va ser. Primeros sanmateos fuera de casa, primeros que no voy a estar ni un día. Primeros que me he dado cuenta de que no me puede gustar más esta semana (estoy en DC, tampoco voy a llorar...).

Siete días de fiesta, toros, Makoki, Laurel, gastar más dinero del que tienes, barracas y chamizos. Siete días en el que hay un ambiente especial por la calle, se oyen peñas desde por la mañana, se hace degustación de todo lo cocinable de la gastronomía riojana, y todo el mundo se saluda y se dice Felices Fiestas (ni que fuera Navidad). Hay buen rollo en los toros, buen rollo en la terraza del periódico en El Espolón, buen rollo en la estación de autobuses con la gente que viene de visita (buen rollo general salvo en los bares que no cabe un alfiler y hace muchísimo calor).

Siete días en el que dependiendo de la edad se vive de una forma o de otra. El vermú con mis padres, barracas o teatro, chamizo, salir, chamizo y a casa a las 3 de cuando tenía 14-15 años, se convirtió en levantarme cuando el vermú estaba en el último bar de la Laurel, comida, toros, siesta, cena, salir a la 1 y volver después de las vaquillas y si se daba alguna de las primeras degustaciones (o sea, 11, de ahí que no vermú). Y luego llegó mi "reforma" cuando me puse a trabajar en el periódico. Entonces era: toros a las 12, escribir una página, terracita hasta las 3, siesta, más toros desde la barrera, escribir la otra página, siestecilla, cena y salir (cuando no era ir a trabajar en condiciones un poco desastrosas por culpa de gente de otras secciones que no trabajaban por las mañanas).

Pero siempre, lloviera o luciera sol eran y son días de varias cosas. De intimar con los que alquilabas chamizo y no los conocías de nada, solo te juntaste a ellos para pagar menos alquiler y para dividir entre más la multa del ruido que todos los años caía . De salir hasta reventar siete días seguidos, de empujar sin que el de al lado te mire mal, de salir en zapatillas y llevarlas a casa negras como el carbón, de cantar Makoki hasta encontrar la lentilla que no encuentra y... de beber el kalimotxo que el resto del año no te entra ni con embudo como si fuera Bombay.

Es semana de cenas con los del trabajo y con tus amigos, de chuletadas y de muchos vermús y "vueltas" por la calle Laurel porque las tiendas, los bancos y casi todo el mundo sale de currar a la 1am. Días de chinos vendiendo cualquier aparato luminoso que haga ruido en cada esquina de la ciudad. En las que no hay chinos hay latinos vendiendo los míticos globos de helio a 5 euros (¡por cierto, nunca me he comprado uno!). Y en mi caso, días de no poder hablar o de hablar afónica.

Algún día que otro es día de ir a los toros con mi padre y enterarme de la mitad porque la otra media de la corrida te la pasas intentando ver a alguien conocido en el tendido de enfrente (salvo si torea uno de los hermano Rivera o el Juli) o en el ambigú pidiendo una copa pero como no andes rápido te quedas sin ver el siguiente toro. Y sino días de ir a la feria a los hippies a comprar pulseras y pendientes por 2 euros que no te vas a poner ni de coña el resto del año.

Pues eso, siete días de muchas cosas: de alegría, de buen vino, de amistad y de todo.
Así con que, con todo el dolor de mi corazón desde el otro lado del gran Atlántico, ¡Viva San Mateo!

martes 15 de septiembre de 2009

Como gorilas


No sé qué tiene el deporte pero da igual el país dónde se esté, todos los hombres o la mayoría, lo adoran. Y aquí no son menos. Y en mi casa que vivo con tres no iba a tener la fortuna de tocarme las excepciones así que viernes, sábado, domingo, lunes y algún jueves en mi tele se ve football (no confundirse con nuestro fútbol que eso aquí es soccer, aquí el football es ¡rugby!- o algos imilar después de recibir varias puntualizacíones).

Me imagino una España con cuatro días a la semana con Liga y puedo ver tres cosas: más mujeres yendo de compras cuatro días a la semana, más hombres gordos por la cerveza, pizza o sándwich que normalmente acompañan un partido, y más retrasos en el trabajo porque “el partido ayer acabo tarde”. Aunque habría más hombres con mejores amigos y más copas, pero no sé si nos compensa…

Pero aquí entre la liga universitaria, la primera, equipos de la costa Oeste, de la Este y de la Luna, hay partidos cuatro días, durante cuatro horas cada uno (es lo que tiene la diferencia horaria entre las costas, que para cuando acaba uno en el Este empieza otro en el Oeste). Así que son una media de 16 horas a la semana (lo mínimo es ver uno por día) viendo a veintidós orangutanes intentando llevar una pelota con forma de huevo lo más lejos posible mientras el bandoorangután contrario te puede dar hasta en el carné de identidad para que no pases las líneas que marcan las yardas. Esto es el resumen, que junto con un par de reglas más sobre posiciones y penales es más que suficiente para enterarse de algo.

Y yo que estoy de nueva en esta casa le estoy poniendo empeño y ganas por la integración con los machos. Pero no entiendo muchas cosas de este juego. Para empezar por qué el balón tiene forma ovalada y lo siguen llamando balón. Yo creo que algo que no se puede botar no se puede llamar balón, en todo caso es un huevo y punto. Tampoco entiendo por qué hay tíos que se están sus 14-18 primeros años de vida convirtiéndose en un gorila para dedicarse luego a chocar y placar a los del equipo contrario. Esto no lo sé seguro pero calculo que la media es medir entre 1.80 y 2.20 y pesar lo mismo en kilos, unos 180-200 kilos y todo fibra.
Mucho menos cabe en mi cabeza que 80.000 personas aguanten cuatro horas en el estadio viendo esto. Pero después de ir al baloncesto y al béisbol en este país me he dado cuenta de que no es tan difícil. Ir a un estadio a ver soccer, football o ballet significa tres cosas: gritar, disfrutar de los descansos con el marcador y beber y comer como si la vida fuera en ello y nunca más fueras a salir de ese recinto (todo por el módico precio de 9 dólares cada perrito, y unos 10 cada cerveza y 7 la Coca por si vas con niños, eso sí, de litro mínimo).

Luego, no hay banquillo, los reservas gritan y corren y se mueven como si estuvieran en la misma cancha y los entrenadores no gritan ni levantan los brazos como Camacho (por cierto, ¿Camacho sabrá que desde el Mundial cuando alguien suda mucho se le dice Camacho?) tienen unos sofisticados micrófonos y auriculares para dar instrucciones (hay 80.000 gritando como locos, lo veo comprensible).

Tampoco hay un árbitro para que la afición se cague en su madre cuando lo hace mal. Hay varios, y no van de negro con lo cual nuestros cánticos “hoy vas de negro, mañana tu familia” no nos sirven. Y uno, que será el jefe, tiene un micro para que diga las decisiones que se oyen por la megafonía del estadio (o sea, que Rocky –para los que no sois de Logroño, el tipo que dice por el altavoz los cambios y los goles- en USA no tiene nada que hacer).

También raro mi tema preferido: el atuendo. Las camisetas y los pantalones piratas son mallas, bien pegaditos para marcar cada uno de los más de 200 músculos que hay en un cuerpo humano y tres cuartas partes de la población no sabemos ni que existen. Zapatillas con tacos pero como deportivas, y protectores para todo. Para la cabeza, para el tórax, para los dientes, para los muslos. Vamos que salvo la espinilla todo queda más o menos protegido. ¡Ah! ¡ Lo mejor! Se maquillan unas estupendas líneas negras bajo los ojos para no sé para qué aún porque me parece una pregunta un poco femenina para mis maestros.

Y aquí no hay goles para celebrar, aquí se celebran jugadas. Y no se quitan la camiseta y les sacan tarjeta amarilla por exhibicionista (necesitarían dos horas para hacerlo). Aquí las celebraciones son, con perdón, pero es así, a ostia limpia. Si lo haces bien los de tu equipo te pegan en el casco un bofetón, o te dan en el brazo un puñetazo, o saltan contigo y chocas pechito u hombro (recuerdo, 150 kilos de fibra). Yo no sé si preferiría no hacer nada bien para no recibir, nunca lo sabré…

Por lo tanto creo que ya sé por qué no tiene el rugby éxito en España. Primero porque si ya de por sí somos brutos el hecho de que nos dejen pegar legalmente al contrario supondría tener un banquillo de 45 personas para que mientras unos se recuperan de las roturas otros jueguen (si nos ponemos a dar, damos hasta romper, a medias nada). Segundo, no somos pacientes, estar venga a parar el juego y vuelta a ponerse en posición hace que los partidos sean eternos y no aguantaríamos (además de que no dan alcohol ni se puede fumar en los estadios, así que más de la mitad estarían fuera echando un piti). Y tercero porque aquí no se puede gritar “A por ellos” porque ellos solitos ya van.

Así que mientras busco de qué equipo me hago hasta el momento es lo que hay en mi salón cuatro días a la semana: tres tíos viendo rugby, bebiendo cerveza si es sábado o domingo, y gritando como locos ”Let’s go” cada dos minutos.

Conclusión, que, salvando las distancias, una se siente como en casa.

viernes 11 de septiembre de 2009

They'll never forget


Hace ocho años el día antes a empezar 4º de ESO estaba en el sofá del salón de mi casa viendo a Matías Prats cuando vi que las Torres Gemelas se estaban quemando. Y la media hora vi como un avión se estrellaba contra la segunda. Y al poco vi que se caía una y luego otra, y yo no entendía como Matías no gritaba y mantenía la calma.

Ese día no entendía muy bien qué pasaba pero estuve horas delante de la televisión con mi madre y cada pocos minutos se me ponía la piel de gallina: polvo, gente que se tiraba por la ventana, cada vez una estimación de muertos mayor... Y desde ese día todo lo relacionado con el 11S me empaña los ojos.

Y esto me ha sucedido cada 11S cuando se recordaban una y otra vez las imágines, en la Universidad cuando he tenido que estudiar la cobertura informativa o el impacto internacional del ataque y lo que suponía para los americanos y la historia mundial. Y, mucho más, cada una de las cuatro veces que he visitado Nueva York este último año cuando me acercaba al enorme solar que esas torres dejaron y ves que ahí no se ha levantado apenas un piso en donde había 410 metros.

Todo el mundo recordamos dónde estábamos, con quién y qué hacíamos ese día a las 3 de la tarde en España. Pero por suerte o desgracia apenas habrá gente que recuerde el número de víctimas exacto, de dónde procedían los aviones que se estrellaron contra las torres o que no solo fue un atentado en New York contra el World Trade Center, sino que hubo uno contra el Pentagono otro cerca de Pittsburg y previstos tenían otros contra el Capitolio y la residencia de verano del Presidente.

Hoy después de ocho años voy a pasar el 11 de septiembre en Estados Unidos. Y aquí no se han olvidado de nada. De nada. Desde el lunes en muchos edificios de oficinas y en apartamentos hay banderas de USA colgadas, actos en recuerdos a las víctimas y en los colegios no están permitiendo que los jóvenes, que eran niños o ni habían nacido cuando todo sucedió, olviden, porque tienen un libro para ello.

Y durante esta semana cada vez que he mirado hacia arriba y he visto esas banderas me acordaba de mi sofá, de mi tele, de Matías y de la gente saltando por la ventana o corriendo por Manhattan. Y aunque han pasado 8 años y ahora entiendo todo no puedo evitar que se me siga poniendo la carne de gallina. O empañando los ojos. Y hoy en Washington creo que me va a ser difícil evitarlo.

jueves 10 de septiembre de 2009

Una semana...

Tengo una amiga que tiene un problema. Y el problema es que desde América empieza a oler a vino, a chuletillas, a huevosketchupgaseosachampan y podrido del primer día, a toros, a zurracapote y kalimotxo, a calor de los bares y se oye de fondo a Makoki y a las peñas, las castañuelas, y, además, le está empezando a picar el cuello porque tiene su pañuelo (verde del Berceo) en España y no se lo va a poder poner.

Pero ya le he dicho que no se preocupe, que es sólo un año sin estar y que por uno no pasa nada.

Pero me ha dicho que aunque ya lo sabe, lo está empezando a echar de menos una semana antes de empezar, que no lo puede evitar...

San Mateo es San Mateo.

martes 8 de septiembre de 2009

Spanglish de España


Tras seis meses en este nuevo continente me he dado cuenta de muchas cosas, pero principalmente de dos: que como en España no se vive en ningún sitio, y como en España no se habla peor inglés en ningún sitio. Porque tendremos toros, paella, siesta, horario partido, fiesta y sangría. Pero hablamos inglés como nos sale de donde nos sale. De muy abajo...

Yo era feliz diciendo guifi, al WI-FI, i-ce-bergggg al iceberg (léase "aisberg" éste último) y Giorgetown a Georgetown (de hecho esto lo sigo diciendo mal porque es tannnnn complicado de cambiar...). Pero he llegado aquí y, por si fuera poca mi verguenza a la hora de hablar inglés, tengo a grandes amigos que se cagan de risa cada vez que digo como se dicen las cosas en España.

Y ya no solo decimos mal lo que queremos decir en inglés para ser más interesantes. Es que traducimos todo como nos sale de las narices. Lo que para mí es Bola de Dragón con Goku y compañía para el resto de la humanidad es Dragon Ball, lo que para nosotros es Sexo en Nueva Yorkkkkk para el resto del planeta es Sex in the City, y coño, Sonrisas y Lágrimas es The Sound of Music. Aaaaaaahhhhhhhhh!!!!! En la Península vivimos en un mundo aparte ¿o qué? Yo me siento engañada ahora mismo.

Igual que por ver las series y las películas dobladas al castellano no tenemos ni idea de cómo son las voces de los actores en realidad, y la verdad es que después de acostumbrarme, se pierde la mitad de la gracia ver las cosas traducidas... (Imaginaros a Torrente traducido al inglés, ¿qué diría? o a Penélope en Volver... ¡Un desastre!).

La verdad es que era feliz diciendo las cosas como se dicen en España, porque me limitaba a leer y poner un poco de acentillo. E intento explicar que somos así, orgullosos (y vagos) por naturaleza y si algo quiere entrar en nuestro preciado diccionario de la RAE que lo haga a la española, si no, ¡fuera! También intento explicar aquí que no sólo dicen las cosas mal quienes no hablan inglés, sino que hasta el que es bilingue tiene que decirlo mal, porque si no pueden pasar dos cosas:

1. Que no le entiendan, como le pasó a un amigo mío en Barajas cuando preguntó por el Wuafai y no por el guifi, que le dijeron que no había...
2. Que se convierta en el más pedante y lerdo de una reunión por hacerse el listo y pronunciar las palabras bien.

Y bien por tradición, por lerdos o porque tenemos un arraigo con el español muy fuerte, el caso es que hables como hables inglés siempre te vas a encontrar con alguien que te salte "Where are you from?" por el acento (a mí, por su puesto, todos los santos días, pero es lo que hay...).

Así que voy a comentaros que hay sólo tres palabras que decimos bien en inglés. iPod (leído "aipod" - aunque aquí mis latinos pensaban que deciamos iiiipozzz tal cual- de hecho hay gente que lo hace, yo lo he oído en Pamplona), sandwich (cuando se trata de comer somos capaces de hablar chino, aunque ya he dejado claro que donde esté un emparedado que se quite un sandwich) y Gintonic (no necesita explicación).

Porque Coca cola es "Couq", Coca Cola Light es "daiet couq" y Gatorade es "gaytore". White Label (l-a-b-e-l) es "wuait leibo", iceberg es "aisberg", Nueva York es "niu york" y, muy importante, porque aquí como te chocas con cien personas al día es una de las más empleadas y por la que siempre dejamos ver el español que llevamos dentro, sorry (lo siento) no se dice sorrrrrrrrry, se dice "sory".

Así que al resto de la humanidad decirles sorryyyy pero es que en el coelgio nos han enseñado English-English de Gran Bretaña, de ahí las confusiones... No por tarugos.

sábado 5 de septiembre de 2009

Cositas varias



Cosas que he pensado en el día de hoy y sin haber bebido ni consumido nada raro.

Las chicas que ven mal de cerca y no llevan lentillas, ¿cómo se pintan la raya del ojo o se dan el rimel?, ¿a boleo?, ¿no se meten el lápiz en el ojo?

¿Por qué el 90% de las veces que busco las gafas de ver o sol las llevo encima, bien puestas, bien en la cabeza o en el escote enganchadas?

¿Por qué la gente lee en el baño? Si hay que concentrarse hay que hacerlo en una sola cosa, no en la lectura...

¿Cuántas veces al año emiten Pretty Woman en TVE o Telecinco?

Si en un coche ahora caben solo tres en la parte trasera, ¿mis padres nos querían matar cuando nos metían a los cuatro atrás para ir de vacaciones? (Y lo más importante, ¿cómo cabíamos?).

¿Cuándo hay que sacar la ropa de invierno: cuándo empieza el cole (aquí en USA, ¿ya?), cuándo empieza el frío o cuándo deja de salir el sol?

¿Por qué en las cajas de rotuladores Carioca hay 36 colores, 27 de ellos que nunca se usarán, si sería mucho más económico poner una caja de menos con el rojo, amarilla, naranja, rosa, azul, verde, marrón y negro repetidos?

¿Por qué las chicas decimos "no" cuando queremos decir "sí", y decimos "tal vez" o "bueno" cuándo queremos decir "no"? Siempre lo había leído pero nunca me lo había parado a pensar. Voy a empezar a decirlo cada cosa lo que es...

¿Quién ha decidido que este invierno se llevan las botas extraaltas, una flaca a la que sin problemas le va a subir la bota extralarga hasta mitad del muslo?. ¿por qué no ha consultado con las que tenemos el muslo gordo y la pierna larga y las botas extralargas probablemente no pasen mucho más de la rodilla?

¿Por qué cuando se habla por Skipe con la cámarita encendida todo el mundo se mira a él mismo para ver cómo sale y apenas al que está hablando? (esto lo he consultado con varios no solo lo hago yo...).

¿Quién tradujo el título de la película The Sound Of Music al español y le puso Sonrisas y Lágrimas? ¿ y Mejor imposible a As Good As It Gets ? Seguro que alguien que no ha hecho el TOEFL...

¿Por qué el carrito del súper siempre se va hacia la derecha y los mangos de las cestitas tienen siempre roto el plástico que evita que te claves en el antebrazo el mango - y por tanto siempre te lo clavas?

¿Cómo se forman las pelusas de polvo de debajo de la cama, van las partículas de polvo y se agrupan y se convierten en una especie de algodón?

¿Por qué os habéis preguntado alguna de las anteriores alguna vez y nunca lo habéis comentado con nadie?

Creo que no tengo más dudas hoy...

viernes 4 de septiembre de 2009

8 minutos


Siempre me ha gustado ir en metro. En Logoño y Pamplona por motivos obvios no se necesita, de hecho con el bus sobra y basta. Pero siempre en Madrid o en Barcelona me gustaba ir en metro. Y aquí el metro para mí es como una pierna, porque si no lo tomase en ir a clase tardaría más de una hora andando y en ir a tomar algo por lo menos media, así que con la parada del metro en la puerta de casa estoy feliz.

Y el Metro de DC es un sitio concurrido donde pasan cosas y hay gente. Y si siempre lo tomas a la misma hora, te montas en el mismo vagón más o menos y haces el mismo trayecto, estas cosas se repiten.

Y en mi vagón de la línea verde a las 8.22 de lunes a jueves, siempre hay dos enfermeras con unos uniformes lilas que van leyendo el Express muy atentas, un tío que trabaja en la OEA (lo sé por su tarjeta que cuelga del cuello - aquí en DC quién no tiene una tarjeta de esas no es nadie, yo no tengo...) que se está leyendo Crimen y Castigo y cada día le quedan menos páginas, una chica de unos 16 con un uniforme de colegio privado gris (raro que sea de cole privado y vaya en metro...) y una rubia que viste bastante bien y siempre lleva tres bolsos (calculo el normal, el de los zapatos, porque ella va en chanclas, y el de la comida, pero ni idea). Estos son los que he podido identificar hasta el momento en mi primera semana tomando este metro.

Pero no solo en el metro se repiten cosas. Cuando llego a Rosslyn (primera parada en Virginia donde hay bastante movimiento desde el punto del día) están los de siempre. El que reparte el Express, un mendigo que me ve cada día tropezarme con la misma baldosa y se descojona, una señora en silla de ruedas que espera el ascensor, una pelirroja que va con el café de Starbucks corriendo al metro, una china que debe tener alergia al sol y siempre va con un paraguas que lo cierra en la sombra (donde me cruzo con ella siempre) y varios pilotos con sus correspondientes uniformes yendo a trabajar al edificio de Boeing que está al lado de mi clase.

Y todo esto si pierdo el de las 8.22 y tomo el de las 8.30 cambia. Y en lugar de enfermeras tengo a dos estudiantes, varios turistas y poco más porque solo me ha pasado dos días y no me ha dado tiempo a fijarme. Pero cuando llego a Rosslyn ya no está el del Express porque se le han terminado los periódicos, ni la de la silla de ruedas esperando el ascensor, ni la pelirroja que corre, ni los pilotos. Y para un día que iba más atenta (me había queado 8 minutos más en la cama, suficiente para ir más despierta) y no me tropiezo con la baldosa de siempre, el mendigo no estaba para verlo.

Pero sí que está la china, con su paraguas bien abierto porque me la he encontrado más arriba que de lo normal y ahí no hay sombra. Ella también se ha quedado 8 minutos más en la cama y va tarde, por eso además de ir con el paraguas va corriendo. Pero yo ni me inmuto, sigo andando a mi paso normal, porque si está la china eso es que no llego tarde. Pero sí que llego tarde, 8 minutos por los que ha cambiado mi primera media hora del día.