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lunes 28 de diciembre de 2009

Mirando atrás...

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Hay años que a uno le cambian la vida, y sin pensarlo mucho 2009 ha sido el mío. Atrás quedó el 2004 cuando empecé la Universidad o el 1995 cuando hice la primera comunión. 2009 y yo estamos unidos hasta que algún año me pase algo que supere a éste, y el listón está bastante alto...

Empecé el año con esos nervios de me voy en nada, aprovecha que te piras y último mes en Pamplona con mi primer trabajo. Además La Estellesa se reformaba, Obama subía al trono que más tarde se convertiría en edificio vecino, tenía una de esas experiencias entrañables que te hacen madurar con mi nevera y me mudé por octava vez en mi vida.

La cuesta de enero fue inexistente porque yo era la primera vez que cobraba en condiciones y además le había podido comprar un estupendo regalo a mi padre para su despacho (que meses después dejó de ser despacho). Ya antes de pasarme nada me di cuenta de que me estaba haciendo mayor, celebré otro puñetero San Valentín entre un halo de romanticismo y otro de odio, y la tecnología me concedía el privilegio de poder disfrutar durante un mes de uno de los mejores inventos del año, y toda la música del mundo mundial junta (cuando me fui a USA quería morirme sin tenerlo). Y ahí, sin comerlo ni beberlo, llegó el día 27 y mi partida. Tras la mejor fiesta de despedida que podía imaginar y darme cuenta de que en el fondo hay gente que me quiere demasiado, tres maletas y un sentimiento de curiosidad a ver qué iba a pasar cruzaron el charco. Pero nada en mi cabeza parecido a lo que en realidad he vivido...

Marzo fue el primero en Washington. Normalmente la gente lo pasa mal el primer mes. Yo era la reina de Saba. Estaba con gente que ya conocía, vivía en el hotelazo en el centro, visitaba todo gratis, clases en George Washington University, primeros grandes amigos, fiesta, seminarios... Y todo me sorprendía: la ropa, la ciudad, la gente. Aunque no olvidaba las cosas de aquí, ni a los de aquí, entre los que menos a mi padre que me sorprendió con la decisión de dejar de trabajar.

Pero como todo lo bueno se acaba comenzó de verdad la aventurita de vivir en un nuevo país sin tener nada. Aunque no sé si la cosa fue a mejor. Dos de las personas más importantes del año me instalaron en su sofá por unos días (al final cuatro meses) y me hacían la vida más fácil, original y divertida. Mientras, yo, entre la novedad y la inactividad del momento, me volvía idiota y cumplí los 23 en New York acompañada de los patrocinadores oficiales de mi vida que vinieron de visita (la primera de unas cuantas).

Llegó mayo con las flores y con la partida de mis viejos. Eso, más algún que otro cambio, trajeron el bajón esperado (que parecía nunca llegar) de vivir en otro sitio y no encontrar tan fácilmente el camino correcto. Pero el mundo andaba pendiente de una gripe que se expandía sin avisar y a mí no me quedó otra que espabilar un poquito. Instalada en la habitación de él de aquí cerca mientras estaba fuera, me introduje en la cultura argentina como si fuera aquello el mismo Buenos Aires, comencé mis trámites para ser un poco legal en el país más rico del mundo, seguía alucinando con las cosas y la gente, y volví a España de papeleo tras tres meses de mi partida. Regresé a DC en unos días. Renovada, con ganas de todo y de nada, y un poco triste viendo que la Navidad quedaba a ocho hojas del calendario y no me había podido despedir en condiciones de todo el mundo. Pero esta ciudad se había convertido demasiado rápido en mi ciudad, ya conocía de memoria el metro y las calles, así que sabía que iba para largo.

Tras un viaje un poco complicado y una llegada un poco triste, llegó junio y el calor. Yo, a contracorriente, empecé a hacer algo de provecho y arranqué la rutina de ir a clase y trabajar un poco. Aunque tampoco sin forzar, que había que disfrutar del sol (aunque no hacía falta tanto) y de la lluvia que quiso desesperarme durante días en Crystal City mientras me perdía San Bernabé, tenía el tercer intento frustrado de mudanza a una casa por mi cuenta, saqué mis primeros exámenes y recibía a la enana que no quería perderse mi vida por allí.

El verano lejos de la playa (y una pisicina en mi "propia" casa) avisaba que iba a ser diferente a los anteriores. Con una compu pegada a mis dedos prácticamente la mayor parte del día podía mantenerme en megacontacto con quién quería, mi enganche a Facebook creció desmesuradamente y mi mecanografía mejoraba a pasos agigantados. Celebré el 4 de julio en vez de San Fermín y tuve un resto de mes un poco complicado. Quería moverme y no podía, quería escribir y podía menos y, como desde hace años, pasé la tercera semana de julio recordando cosas buenas y malas. Aunque esta vez tenía a muchísima más gente para olvidarlo, seguir disfrutando y viviendo experiencias que pasaran a la historia de mi vida, y de este blog, que no dejaré de contar aunque pasen mil años (aunque solo sea por lo mal que lo pasé y lo que me reí después).

Tras mi primer seminario en GWU, el Real Madrid, Paul McCartney y Dave Matthews Band en DC, pasé calor todo agosto, seguía con mis clases, mi compu, mis cosas y mi gente. Algunos en la distancia recordándome todo lo bueno que tiene España, y otros en directo, como Ignacio que pasó unos días por DC a ponerme un poco la cabeza en orden, a darme de comer y beber, y a pasar la semana de más calor del año conmigo. Todo seguido como el pasodoble, por fin, me mudé a otra casa, con otros tres roommates, en DC y alejada del lujoso Crystal City que quedará para siempre en mi recuerdo. Ahora tocaba zona chunga. Pero cambié piscina y gym por televisión de plasma, metro en la puerta y habitación propia.

El otoño no llegaba, ni llegó, y el verano se iba a prolongar hasta bien entrado octubre. Septiembre fue el volver a empezar de siempre. Nueva casa, curso avanzado en el college, nuevo camino a clase, nuevas idas de olla, mismas preocupaciones y sentimientos. Al mismo tiempo nueva gente y nuevo deporte en mi vida (para ver, lo de practicar no ha encontrado sitio en 2009). Igual que no encontró sitio San Mateo, y me lo perdí, y lo tuve que celebrar con unos gin tonics que buenamente pude imitar a los que ponía cuando trabajaba en el bar.

La actualidad me sacó de mis casillas un par de veces entre las hijas góticas de mi presidente, el fracaso de Madrid 2016 y el Nobel a Obama. Pero mi final de septiembre fue mucho más complicado que todo eso y pasé la peor semana del año (probablemente de los últimos años) y estuve de que no varios días. Pero se me pasó. Entre espontáneos anónimos que me arrancaron una sonrisa, los que estaban conmigo sin moverse que me arrancaron varias (y un pedo monumental) y otro de los momentos estelares de mi año con realeza incluida, volví a estar feliz en DC, demasiado integrada, y agringada, que llegué a celebrar y defender Halloween disfrazada y mandarle un videito ñoño a mi hermana por su cumpleaños.

Noviembre. El fresquito se dignó a aparecer, hubo cambio de armarios y felicité desde lejos el cumple de mi otra hermana y de mi hermano, pero no tuve la comidorra oficial del domingo de ninguno de los tres. En vez de hermanos desde septiembre tenía tres hijas con las que me río, aprendo y me voy de expedición por el edificio en busca del amor. Más vivencias en el metro, más quemaduras en la lengua gracias a Starbucks y más Facebook iban llenando mi tiempo hasta el día D: mi TOEFL en el que juré en chino, hebreo y arameo tras haber estudiado durante semanas. Pero ahogué penas en mi primer Thanksgiving y ya hice un avance de este post, agradeciendo a todos los importantes de mi vida todo lo que tengo que agradecerles.

Y así pasé la última hoja del calendario que tan lejos veía por mayo y volví a casa (como buenamente pude). Diciembre, ese mes raro en el que comencé a echar la vista atrás poco a poco hasta hoy. Y vi todo lo que acabo de escribir. Vi que este año no lo puedo cambiar por nada del mundo aunque me haya hecho mayor sin darme cuenta, por fuera y por dentro, aunque haya tenido momentos en los que quería tirar todo a la mierda y en los que no he sabido qué hacer o por dónde salir. Pero continué, y continuo, con mi propósito incial, con mi ampliación de culturas (sin perder la mía propia) y escribiendo en este blog, que como una persona más se ha convertido en un sitio donde, a pesar de la distancia, estoy cerca de todos los que me leéis, con los que comparto lo que me pasa, pienso o siento y, por lo visto en los últimos días, a un par de vosotros os gusta. Y a mí que os guste me gusta aún más.

Así ha sido mi 2009: nuevo, largo e inolvidable. Espero que alguno tengáis un 2010 parecido, yo ya he tenido el mío así que no puedo pedir mucho más. Pasado mañana lo comparto en imágenes pero desde ya GRACIAS por haber estado de una forma o de otra conmigo en estos doce meses, porque si hubiera estado sola probablemente este post hubiera sido de tres líneas.

Feliz 2010.

miércoles 23 de diciembre de 2009

¡¿Qué pasa!?


¿Es la semana de la alegría y los regalitos?

Por si fuera poco estar en la lista de los 30 blogs a seguir en 2010 de José Luis Orihuela ahora veo que estoy nominada a Mejor Espacio Personal de los Premios Web riojanos 2009.

Yo así con esta presión ¡no puedo trabajar!

Mil gracias al que me haya nominado...

Justo, ¡enhorabuena que vuelves a estarlo también!

martes 22 de diciembre de 2009

A nuestra manera



Hace una semana que puse pie de nuevo en territorio español. Y no es que lleve dos años en la guerra o en el desierto, pero al volver de Washington tras diez meses muchas cosas o se me habían olvidado o me he bienacostumbrado en las americas.

Lo primero el ruido en los sitios, generalmente cafeterías y restaurantes. ¿Por qué (POR QUÉ) los españoles gritamos tanto? El otro día mientras desayunaba me enteré de dos divorcios y de un embarazo de las amigas de las de la mesa de al lado, y sin poner demasiada atención. "PUES LAURA ESTÁ EMBARAZADA, QUÉ LOCURA CON LOS TIEMPOS QUE CORREN...". Al mismo tiempo que molían café, sonaba un móvil y un niño gritaba para arriba y para abajo. Yo no puede más y les dediqué a todos un ssssssshhhhhhhhhhhh que me salió del alma.

Dos, los baños. El grifo del lavabo solo con un mando. Que quieres agua fría para la derecha, que quieres caliente para la izquierda, que quieres templada juegas al equilibrio en el centro (generalmente porque, por ejemplo, en mi casa es justo al revés). La cisterna se activa presionando un botón o subiéndolo, nada de palanquitas del año de la guerra en el lateral. La ducha no está incrustada en la pared, puedo moverla. Y, el tema escatológico, la cantidad de agua que hay en el inodoro es inversamente proporcional a la que hay en el océano, con lo cual no hay peligro de que nada salpique.

La Coca cola sabe diferente, sobre todo la de lata, pero en un par de días ya me supo normal, y hay Kas Limón para beber un Ginkas como dios manda, con mucho hielo (no picado y hasta arriba), con limoncito exprimido y con limón, no tónica, ni Nordic, ni soda, ni sucedáneos baratos.

Hay hora del aperitivo sin prisas (sobre todo si estás de vacaciones), la gente se saluda por la calle con un ¡Hasta luego! y en el ascensor se habla del frío polar ártico que sumerge al país desde hace una semana.

Los pasos de cebra están bien pintados, la gente no circula por la derecha, va por medio y mitad, y para entrar o salir de un sitio se sigue la norma de "tonto el último", nada de una fila ordenada y lógica de dejar salir para luego poder entrar mejor.

Se puede fumar en todos los santos lados. Esta me puso de mala leche desde el primer día cuando llegué a casa y olía que parecía un puñetero cenicero andante (por lo que me han contando en enero esto se va a terminar, pero lo mismo me dijeron hace cinco años y no cumplió la ley ni el Gobierno). Y además no hay refree en los sitios, una coca me dura ahora menos que el cantar de un vizcaíno.

Pero a pesar de todo España me encanta. No sé cuánto tiempo voy a estar fuera pero antes o después volveré. Y así no podré echar de menos el jamón, ni el pan, ni la calle.

Porque tenemos una manera muy nuestra de saborear la vida. Y que bien sabe que te quieran. (Ya me lo dicen los de Campofrío en su anuncio con el que no me he podido sentir más identificada).

lunes 21 de diciembre de 2009

¡Premio!


Hoy al abrir la compu y mis mails, mis redes y mis periódicos tenía premio...

Un mail de Samu para avisarme, un status de Facebook para corroborar y un lista en el blog de José Luis Orihuela, 30 Blogs a seguir en 2010

Pues nada, que me ha incluido... Y como desde que estoy fuera y trabajo en algo de digital me he dado cuenta de que Orihuela es ser demasiado conocido y leído me ha entrado miedo: a ver quién sigue escribiendo tanta tontería-chorrada-pelotudez junta... (pero él mismo me ha dicho que siga en mi línea...)

Y aunque estoy sin apenas dormir, helada de frío y viendo llover, estoy más contenta que unas castañuelas. José Luis, mil gracias. Me guardo los agradecimientos de mi premio para fin de año. ;)

jueves 17 de diciembre de 2009

De vuelta


He vuelto a casa.

El viaje fue de estos días entrañables de mi vida. Alquilé un Shuttle (unas furgonetas azules que son como taxis compartidos) para ir al aeropuerto tranquila, sin volverme loca con el bus, el equipaje y los horarios, y facturé sin problemas de peso (de las maletas, que si me hubieran pesado a mí sería otro cantar). Sin mucha espera.

La verdad es que me gusta el aeropuerto. No sé, para mí hasta hace poco viajar en avión era algo raro e inusual de gente de negocios o de artistas. Así que de vez en cuando me da un aire de flipada del universo y me siento la reina del mundo con mi compu, mi sombrerito (que me dio el viaje, por cierto) y mi pasaporte español que lo enseño con un orgullo que parezco facha.

Y ya ni me molesta el control de seguridad. Me quito todo lo que me indican, lo pongo todo en las cajitas, paso el arco, sonrío, me vuelvo a poner todo y a caminar en las cintas transportadoras cual mercancía hasta llegar a mi puerta de embarque.

Tuve que esperar un par de horas porque fue todo muy rápido así que abrí el ordenador y un archivo que solo abro cuando estoy de viaje. Un documento que empecé en mi primer vuelo a DC en el que escribí las cosas que tenía que hacer y cuatro ideas más, que completé en mayo con 10 miniobjetivos, y que el lunes repasé a ver qué había conseguido y qué no. Y... ni tan mal, 8 de 10. Bien, Inés, bien.

Me tomé una Coca, observé al personal (pero esto para otro post) y embarqué. Ventanilla, mucho sueño y 7 horas y 20 minutos por delante para, esencialmente, roncar. Tras tres horas de comida, ponte bien y estate quieta, y un par de capítulos de 30Rock, me dormí.

Pero todo era ilusorio, unos 30 minutos después, mientras estaba soñando con la playa (desfase estacional lo podremos llamar) una turbulencia de estas que te los pone de corbata me aguó la fiesta. Y así las dos siguientes horas en las que primero estuve tranquila, segundo, comencé a ponerme algo nerviosa, y tercero, y tras media hora que parecía aquello el Dragon Kan, me acojoné. Y como yo, el de mi lado y el de más allá, porque ahí nadie decía nada, pero seguro que más de uno ha visto Lost y estaba ya pensando qué íbamos a hacer hasta que nos rescataran del accidente y, mientras el comandante pedía paciencia al pasaje por la megafonía, me di cuenta en el mapita que estábamos encima del puñetero océano así que no había oportunidad de vida isleña. Entonces solo me quedaba jugar con mi pantallita, porque estaba con un capítulo de los Simpson y pensé que era triste morir viendo los Simpson, así que busqué algo más cool mientras ese avión subía y bajaba sin parar.

Pero paró, me dieron un zumito, y sin volver a dormir y apenas darme cuenta, estaba en Londres. Primera escala, viaje movidito y primer lío: tardaron en desembarcarnos una hora así que tenía que correr, y mucho, si quería llegar en menos de 50 minutos a otra terminal para el vuelo a Madrid.

Cargo la compu, el bolso y el sombrerito y echo a correr. Se me cae el sombrero, subo al bus de cambio de terminar, se me rompe la cinta del maletín del ordenador, lo cojo con la mano, llego a la terminal, se me cae el sombrerito otra vez, corro más, pienso que llego, doblo la esquina y ahí, sin avisar, un control de seguridad en el que podría haber 500 personas sin ningún tipo de prisa. Premio, ahí te quedas.

La verdad es que pensé en colarme pero eran demasiadas explicaciones a demasiada gente y yo no podía ni respirar de la carrerita. Pensé en hacerme la coja para ir por minusválidos pero no iba a colar. Pensé que ya fue, me espero y si llego bien y si no también, algún día antes de Navidad yo llegaría a Logroño. Así que, resultado: la nena perdió su vuelo a Madrid, y por tanto, su siguiente vuelo a Pamplona. Gran llegada a Europa.

Pero eso era lo de menos. Una amable señorita de Iberia que no hablaba español (con la de españoles bilingües que hay en el paro tienen que poner a esta tía) me cambió los billetes y me tocaba esperar cuatro horas en Londres, sin teléfonos, sin internet, muerta de sueño y sin monedas para llamar desde la cabina y como esto es Europa aquí eso no se puede pagar con Visa (y ni un comentario de "haber sacado del cajero" ¡qué no funcionaba!). Así que me senté, me tranquilicé, calculé que después en Madrid tenía otras 6 horas de espera hasta embarcar en el siguiente a Pamplona y me dije: "Paciencia, Inés, que va para largo".

Y así fue. Conseguí una compu para avisar que no llegaba a los que sabían que estaba de viaje, nadie conectado, esperé, se conecto David, le mandó un mensajito a mi padre para avisarle, puse un post en el wall de Facebook de Marta, mi hermana lo vio, se enteró de que estaba de viaje, nadie la contestaba ni contaba nada, cundió el pánico en España porque no me localizaban y yo mientras, me estaba comprando West Wing la serie completa para darme un premio por paciente y educada y buscaba mi sombrerito que me lo había dejado en un banco (lo encontré).

Dormí todo el viaje a Madrid, conocí a chico que vive en LA que tenemos varios amigos comunes, y me quedé en Barajas. Paseé T4 arriba, T4 abajo para intentar deshinchar mis tobillos que los tenía como un elefante, intenté sacar dinero, no pude, di otra vuelta, ya saqué dinero, me comí un bocatita de jamón, con una coca-cola fría con hielos de verdad y limón (y fui feliz durante 5 minutos), pedí un móvil para llamar a mi padre, me dormí un par de horas, me desperté y me fui a Zara (y me compré unos zapatos). De camino a mi puerta me encontré con la que fue mi tutora en la Universidad y luego mi jefa en el Máster, aluciné, hablé diez minutos sin parar después de todo el día callada y cansada de oírme pensar tantas cosas, y me fui a Pamplona.

Niebla, media hora de viaje, mis maletas probablemente en la China, a mí ya me daba igual todo, pero llegué.

Y ahí estaba yo, en Noain, después de 10 meses de haberme ido. Empezó a nevar, sonreí a pesar de todo, salieron mis maletas por la cinta y, además, me estaba esperando David con una sonrisa de oreja a oreja. 24 horas después de haber salido de DC había llegado a casa, muerta, pero ahí estaba. Y lo mejor estaba por llegar...

Welcome.

lunes 14 de diciembre de 2009

Obsesión inglesa

Hace un par de semanas me paso una cosa un poco fea. Tenía una fiesta de cumpleaños y compromiso de unos amigos. Era a las 5.30pm pero, como el resto de mis amigos, trabajo hasta las 7 así que llegué un poco tarde. Pero los demás llegaron aún más tarde con lo que tuve que estar sola hora y media en la fiesta donde no conocía a nadie.

ESto normalmente no me ha importado en la vida lo más mínimo. Pillo copa y hablo con la pared si hace falta pero nadie hablaba el idioma de Cervantes. Yo pensé, "ya Inés, así no puedes seguir, llevas diez meses aquí haciendo el canelo, hablas y punto". Así que eso hice, hablé con una tipa y bien, otra y también, yo más feliz que una perdiz. Pero la tarcera quería joder un poquito y sólo con decirle "nice to meet you" ya me estaba preguntando que de dónde era por mi acento. (Perra, a saber como pronuncia ella mi apellido- que aquí los gringos lo de la doble erre no se lo enseñaron en fonética).

Y bueno una hace lo que puede, yo no pregunto de donde es a un gringo cuando medio habla español, doy por hecho que no es de Albacete pero al menos lo intenta y le digo lo bien que lo hace... Y no sé, fue una situación un poco fea a la par que frustrante pero bueno, que en eso estamos.

El caso es que desde que vine aquí he vivido con un poquitín de miedo a todo. No es miedo, no sé muy bien qué es ni cómo explicarlo. Cualquier sitio donde tengo que ir sola, bien sea el súper, pedir algo a alguien o hablar con cualquiera, tengo que pensar un rato antes cómo diría X cosa en inglés.

La verdad es que lo del idioma se ha convertido en una obsesión, porque he aprendido pero la verguenza no me la ha quitado nadie todavía. Y aunque cada vez menos, esto me sigue pasando. Si tengo que hablar con mi roomate, tengo que pensarlo un rato antes cómo decírselo y pensar en posibles preguntas que me haga; cuando voy con mis niñas, idem, al pedir en un bar...

Pero es parte del proceso. Y así como las veces que he hablado un montón en clase o con alguien y me ha entendido soy la persona más feliz del universo, cuando me pasa algo como en la fiestecita me siento retardada.

Ahora estoy pensando en la próxima semana, en mi viaje a España y cómo avisar cuando llegue a Madrid antes de embarcar a Pamplona. Me he dado cuenta de que no tengo mi móvil español. Tengo la tarjeta, pero no el aparato. Y he pensado, "bueno, una cabina". Pero entonces me he percatado de que no tengo euros y en España lo de la Visa para llamar como que no. Y plan Z, bueno pido el móvil a alguien. Y automáticamente he empezado a pensar: "Sorry, can you...". ¡Coño que en España se habla español de España!: "Me lo deja, ¿por favor?".

¡Incluso le puedo contar mi vida resumida en cinco minutos y por qué no tengo aparato al que me lo prestre!

Es algo raro, no sé si bueno o malo, pero raro. Aunque ni tan mal que me pase así pienso un poco en el idioma gringo este que me trae de cabeza desde hace unos meses, que no está de más...

domingo 13 de diciembre de 2009

Queda escrito


Lo que tiene de escribir un blog es que tienes que mantenerlo. Digo, yo lo empecé como una tontería, os hizo gracia a la mayoría y entre ji ji ja ja fui escribiendo hasta llevar casi dos años y tener un grupito de fieles lectores. Para mí es como una tarea semanal, más o menos, algo que tengo el cabeza sin necesidad de apuntarlo, con sus meses en los que no dejo de tener cosas que contar y con otros en los que es un verdadero esfuerzo escribir algo mínimamente coherente. Como hoy.

Porque escribir para mí es mucho más fácil que hablar (sí, como si no hablase nunca...) pero al mismo tiempo que me sirve para ordenar ideas, contaros cosas o que os riáis un rato, es algo que depende de mi estado de ánimo. Prueba, este úlitmo año.

Los días que estaba híper contenta (la mayoría), que me pasaban cosas y que no quería que os las perdieráis escribía un post larguito (de esos que Justo no quiere) sin pestañear ni tener que pensar mucho. Y vosotros me lo compensabáis con algún comentario público o privado.

Los dias que no he estado tan contenta preferí dar el aviso de que en un tiempo volvía. Mejor esto que escribir uno de mis post ñoños, que también los ha habido allá por el comienzo del otoño.

Y el post de hoy, así poquito a poquito ha sido un post mediano, donde no he dicho nada interesante ni gracioso pero me ha servido para actualizar y dejar contentos a los que si tardo más de cinco días me dicen algo. Porque como he dejado claro aquí varias veces, en Facebook y en persona, la época navideña la detesto por varias razones que pasaré a detallar durante las próximas semanas y entonces ahora mismo estoy en el estado en el que no me sale nada aceptable.

Este años voy a darle una oportunidad a diciembre, porque quiero saber si el volver a casa después de diez meses me cambia algo la percepción de la época. (Aunque lo dudo).

Entonces... ya os lo escribiré.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Older

Diciembre. Ese mes que tiene 31 días pero por alguna extraña razón para mí siempre es como si tuviera 15 (los otros 15 son fiesta). Y este 2009 (que telita) es el mes que llevo esperando desde verano: vuelvo a casa por Navidad, como El Almendro, ¡ja!

Y como todos los diciembres miro hacia atrás a ver a qué me he dedicado el resto del año. Y, obvio, este año se lleva la palma... No voy a hacer balance, ni voy a contar todo lo que hice, hago o dejé de hacer (eso será el 30 de diciembre como acostumbro que un mes me da para mucho).

Pero viendo fotos desde que estoy aquí me he dado cuenta de una cosa muy rara, y no me gusta nada de nada de nada: me hice mayor, y no sé en qué momento... Y paradojas de la vida este año todo el mundo me llama Inesita... La prueba en imágenes, que sobran las palabras...

De las primeras salidas por DC...


La última...

(Flor, Vir y Ioni no se hicieron mayores, me lo dejaron todo a mí...)

martes 1 de diciembre de 2009

Diferentes pero iguales II


Hoy he enviado el original Diferentes pero iguales a otra amiga argentina que anda por DC y al releerlo me he dado cuenta de que no sólo entiendo el españolargento desde mayo, sino que ahora lo tengo adquirido. Vamos que hablo más argentino que español sin apenas darme cuenta (lo del inglés lo dejo para otro post) y para que dentro de unas semanas no me estéis cargando (tocándo las bolas) todo el rato, os voy avisando y os doy el índice para que me entendáis al hablar.

De repente no es raro oírme decir "Che, se me ha roto la compu" (ordenador), "ahora te la bancás" (te aguantas) o "¿me bancas un minuto?" (esperas), "solo piensas en garchar" (folleteo), "está a dos cuadras" (manzanas) o "uuuueeee, qué zarpado" (flipante).

"Obvio" es parte de mi léxico (pero ésta tras un par de años en clase con Luis ya la traía aprendidísima), "este pibe es un boludo" (este tío es gilipollas), y ya no llevo sudadera, llevo "buzo" ni hablo por el móvil "hablo por el celu" o cell.

Por la misma algunas veces se me escapa "¿tienes plata?" (dinero), "me chupa un huevo" (nuestro educado "me la pela"), "por las dudas" (por si a caso...), "vamos en subte" (metro) o "es re buena onda" (el RE es como muy, buena onda nuestro majete, es decir, es súper majo).

También me ha dado tiempo a aprender nuevas palabras. La hucha del cerdito para guardar dinero para ellos es alcancía (tanto aquí como allí suelen estar vacías), la acera de la calle es vereda, las faldas son polleras y las braguitas bombachas. Los preservativos son forros, y los días de fiesta son días feriados. No tienes frigorífico, tienen heladera.

Las chicas (minas) no son guapas, son lindas y si lo son mucho relindas, y suelen llevar tacos, no tacones. Las 8 de la mañana no es hora punta, es hora pico; y bolígrafo es birome. Nunca dicen "lo pasamos bien" es "la pasamos bien". Mala leche no es malo, es mala suerte. No tienen mesillas, tienen mesitas de luz, los papeles no se tiran a la papelera, sino al tacho de basura y no guardan la ropa en un armario, lo hacen en un placar.

Si están de pie están parados; y si están parados están desempleados. Un lío es un quilombo, y una disco o bar, un boliche. Y los españoles somos gallegos, y somos para ellos como para nosotros los de Lepe, protagonistas de los peores chistes del planeta. Sus padres son viejos y las madres "ma".

Y cuando no saben qué palabra decir, o están en un contexto en el que se sobreentiende de qué palabra no quieren hacer uso, usan el vocablo "coso", me explico, si estás buscando sitio para aparcar (estacionar) el coche y dices "aquí hay un coso", coso es parking o sitio, ellos se entienden a la perfección.

Pero al margen de las palabras lo que más me gusta es comerme un alfajor de chocolate negro (si no quedan, blanco, que tampoco le hago ascos) con un tecito, hacer bordes de empanadas, y seguir probando los diferentes productos Havanna, como los havannets (no sé si se escribe así) y las galletitas de limón, hasta decidir con cuál me quedaría toda la vida.

Así que después de ocho meses desde aquel post en el que me descojonaba de risa de cómo hablaban tengo que retractarme y aceptar que soy una más en el dialecto, salvo que Maradona me parece un imbécil, sigo pensando que el vino de Rioja es mejor que el de Mendoza y nunca he estado allí... Aunque no creo que pueda tardar mucho...