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domingo 31 de enero de 2010

Weather Channel dice...



Siempre he sido del norte de España. He vivido en Logroño y en Pamplona, ciudades más bien pequeñas, con calidad de vida alta y un clima tocapelotas en cuanto a lluvia y frío según qué meses del año. Pero una se acostumbra a vivir con el dicho "¿No te gusta que tiempo hace? Espera cinco minutos que cambia" y llevar en el bolso gafas de sol, guantes y paragüas porque nunca se sabe qué puedes encontrarte de camino a clase o a trabajar.

Y ahora, al otro lado del charco, vivo en Washington DC. Que hasta ahora se había portado demasiado bien conmigo. El invierno tardó en llegar. De hecho casi en noviembre desayuné al sol un domingo en una terraza. El megatormetón de nieve que no caía desde hacía décadas fue la semana después de irme a casa por Navidad, me lo perdí, no lo vi, y yo no me pude alegrar más porque podría haber pasado la Nochebuena en yanquilandia. Y desde que he vuelto ha hecho frío pero no menos de lo que siempre he visto.

Hasta ayer. Mi padre ya me avisó el martes "el jueves va una buena..." pero como no suelo confiar en los hombres del tiempo, tampoco le dí importancia. Y así me fue. El viernes cuando saqué el brazo para apagar el despertador pensé "mierda de frío hace en esta casa". Me preparé para ir a trabajar, me vestí, abrigué y al salir de mi casa un airecito me arrancó la nariz de cuajo. "¡Joder!". Pero era tarde para subirme a cambiar y de mi casa al metro, del metro al Press Club, me congelé. E hice varios descubrimientos por el camino.

Primero, que el iPod mucha tecnología, mucha tecnología, pero con guantes no funciona la ruletita así que como lo tenía medio bajito y quitarse los guantes es todo un tema, no pude subir el volumen. Segundo, igual de complicado es pasar las hojas de un libro con guantes, todo un reto, pero ya le cogí el truquito. Tercero, la gente con el frío pierde la vergüenza aún más si cabe y se calza lo primero que ve: un gorro rosa, guantes morados, bufanda naranja y a la calle. Cuarto, Weather Channel aquí funciona. Si dice que mañana va a hacer -10ºC, va a hacerlos: en España Roberto Brasero y Mario Picazo serán muy majos y muy guapos, respectivamente, pero lo de acertar, más bien poco...

Y hoy he vuelto a sacar el brazo para apagar mi despertador, he sentido menos frío y he dicho "hoy mejor". Hasta que he descorrido la cortina y me he encontrado todo nevado, pero nevado como un día de emergencia y bloqueo en España. Así que me he llenado de ropa, mi abrigoedredón y un gorrito de pelo que mi querida hermana Ana me regaló la Navidad pasada y nunca me puse (si me pongo eso en España me miraría todo el mundo, pero esto es América) y me he ido más feliz que una perdiz. Y he seguido con mis reflexiones.

Hoy he desistido de los guantes. Porque prefiero pasar las hojas del libro, subir el volumen del iPod, hacer fotos, cerrar la puerta de casa y llevar las manos en los bolsillos, que no hacer nada y llevar guantes (total serán monísimos pero el airecito entra por las costuras y yo me congelo las manos igual -recordadme que me compre unos Trisunlate, feos pero efectivos). Además del gorrito he usado unas orejeras que me compré aquí que se ponen debajo del pelo, no se ven, abrigan y yo voy en la gloria (pero no sabía que mis miniorejas eran esenciales y entonces el pelo no lo me lo puedo poner detrás de la oreja y a la hora de leer, un incordio también).

Y al salir, ver que la gente podía conducir bien a pesar de todo, que todo el mundo llevaba botas de nieve, agua o zapatillas especiales, y gorros (feos, pero gorros) y que no cundía el pánico por nada, me he dado cuenta que estaba en otro país. Donde los aviones salen a pesar de la nieve, el metro funciona y hasta está calentito, las tiendas no cierran y no hay más o menos accidentes que de normal. Además de sentirme dentro de las típicas tormentas de nieve que tanto les gustan sacar a los de informativos de Antena 3, en plan "tormenta de nieve increíble en Washington DC...", pero esto es otro tema.

Así que a ver si vamos aprendiendo en España y no pasa lo que pasó la primera semana del año, que luego nos llaman cazurros y nos quejamos, pero es que nos caen cuatro copos y nos bloqueamos. Aunque igual tienen la culpa Brasero y Picazo, que lo dijeron y nadie les hizo ni puñetero caso. Así que para otra Weather Channel.

martes 26 de enero de 2010

Bla,bla, bla,blablabla, bla...


Hablo mucho. Y no lo digo porque haya metido la pata, haya dicho algo mal o porque llevo un par de horas sin callar. Lo digo porque es así, es la pura realidad de mi vida, hablo mucho y muy rápido, y hay veces que me doy cuenta y digo "ya me callo" pero según me estoy callando ya tengo otras tres cosas que decir y entonces no puedo.

Y es algo que ha empezado a preocuparme porque imagino que puedo llegar a aburrir al personal más de lo que pensaba, como a veces me aburro a mí misma incluso cuando llevo sola horas callada y no dejo de pensar (que lo de dejar la mente en blanco no me enseñaron de pequeña, así que estoy siempre pensando aunque sean gilipolleces) y lo mejor es que me duerma.

Y así, pensando en todo lo que hablo, me di cuenta de que hablo de todo, de todos, (y podría hacerlo mucho más porque la mitad de las cosas no las cuento). Amigos, sois más que conocidos por DC. Pero no hablo de lo que de verdad tendría que hablar a veces, de mí y de lo que me pasa. Así que puedo estar días y días sin decir nada a nadie y sin aparentar estar un poco o un mucho depre. Y esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Y este post está siendo escrito sin ordenar, es decir, al ritmo que lo voy pensando, por eso es un caos, como mi cabeza a veces. Y no, creo que de momento no estoy tarada, aunque llevo buen camino.

Pero todo era para deciros que cuando hable mucho me lo digáis, o me déis un bofetón directamente (que por cierto, confesión, no sé decir directamente ni perfecto ni exacto, la "c" de las "ct" me la paso por donde quiero y eso es algo que no me había dado cuenta hasta que llegué aquí; igual que la "d" de final de palabra digo "z"- escúcheseme Daviz, perdiz o Madriz).

Y dicho esto me callo. Aunque obviamente podría serguir un ratito más hablando sobre el hablar. Pero creo que no procede.

lunes 25 de enero de 2010

Operación lavadora


Hace ya un año desde, creo, una de las experiencias más desagradables de mi vida con mi operación nevera. Y como una al año no hace daño, hoy me ha tocado otra operación, pero cambiamos de electrodoméstico: lavadora.

Desde que llegué hace semana y media mi casa es un caos. Llegué y había unos agujeros en mi baño y en el salón, mis roomates me avisaron de que iban a pintar y descubrimos que de mi baño el agua filtraba y había una humedad en el living. Lo que nos faltaba, pero había que arreglar todo.

El sábado pasado un negro con un taladro estaba en mi rellanito a las 9am sin avisar y yo no salí de mi cuarto hasta que se piró a la 1pm. Resultó que estaba tapando los agujeros.

El lunes el mismo señor a las 8am (se ve que es madrugador), sin avisar de nuevo, trajo todos los artilugios para pintar el living del color que yo tenía que decidir ahí mismo porque iba a comprarlo a la tienda (el mismo, señor, son las 8, no me haga decidir el color de mi casa). Y ahí estuvo conmigo un par de días.

Y la última fue ayer cuando me iba a duchar para ir donde las niñas y cuando abrí la puerta dle baño me encontré a Luis, el ecuatoriano que normalmente nos arregla las cosas, que, sin avisar tampoco, estaba quitando mi inodoro porque el problema de la humedad viene de ahí. "¡Ah, genial! Ya me ducho con usted dentro, no pasa nada...".

Y como esto por lo visto no era suficiente para esta semana, hoy que se presentaba como un día tranquilo de hacer cosas y peli, se transformó en otra cosa.

Cuando ya por fin he decidido lavar ropa, he metido la ropa negra en mi megalavadorasecadora-lavoysecotodoenunahora y me he subido a seguir escribiendo. Carlos mi roomate que, cómo no, estaba viendo football, de repente ha visto como la lavadora no quería lavar y todo el agua estaba saliéndose por la cocina. Me ha subido a avisar pero justo estaba hablando por teléfono con Cristina (ayer cumplió 30 y me olvidé) y para cuando he bajado lo he visto venir desde lejos porque el sofá estaba vacio. Hay lío... Y he visto bien, que llevaba las gafas, como mi cocina era un pantano, y a Carlos con toallas por los suelos escurriéndolas en el patio. Y yo no me lo podía creer.

Porque además, apunte, en este país no hay fregonas normalmente, pero no sé por qué extraña razón tenemos una y hasta que no la he visto quería suicidarme.

Así que hemos recogido todo y llamado a mi casero al que le ha entrado el pánico y al rato nos ha traido cuatro ventiladores para que el parqué no se levantara (histérico, cuando le dijimos que teníamos rota la calefacción tardo un par de semanas en ayudarnos). Entonces, yo, mi ropa negra en la secadora, la blanca sin lavar, y (con perdón) mi mala ostia, hemos decidido subir a hacer otra cosa y cuando he llegado mi compu había fallecido.

Y entonces ahí sí que sí quería morirme pero de verdad. Pero antes de eso tenía que intentar resucitarla. Al rato ya lo he conseguido, he vuelto un poco a la normalidad y he seguido haciendo cosas. Pero hay más.

Cuando me he ido a secar el pelo el secador estaba out también (¿tengo una maldición con los electrodomésticos?), aunque al rato, cuando ya estaba congelada con el pelo calado, ha vuelto a funcionar.

Y además me he quedado sin peli.

Con lo cual lo que era un domingo tranquilo, productivo y de relax, se ha convertido en un domingo metida en casa, rodeada de aparatos estropeados y, encima, (perdón otra vez) de mala ostia.

Vamos, un domingo de estos entrañables de la vida.

Me voy a la cama que, por si fuera poco, mañana es lunes.

(Esta vez no hay fotos, no estaba de humor)

viernes 22 de enero de 2010

Perdón a la industria pero...


Hoy he estado leyendo el blog de un tipo interesante. Es un británico que se ha propuesto no leer periódicos durante todo 2010, a ver qué pasa. Lo tenéis aquí (al tipo y al experimento). Y aunque solo lleva tres semanas sin leer ni un sólo titular, ya ha visto lo positivo y lo negativo del asunto.

Lo positivo es que no está leyendo cotilleo ya que eso sólo lo leía cuando lo tenía frente a sus ojos en papel, y en internet (donde sí puede leer diarios) no los linkea. Y además lo que ahorre en todo el año se lo dará a un estudiante de periodismo para pagar la universidad. Bien.

Lo negativo. Echa de menos los anuncios en papel, la calidad de las fotos en papel y le es casi imposible evitar leer prensa en el metro cuando todo el mundo que le rodea lleva un periódico en la mano aunque solo sea para luego tirarlo porque se lo han dado en la puerta.

Entonces yo, que me engancho fácil, le voy a seguir este año a ver qué pasa. Pero luego pensando me he dado cuenta de que el experimento está bien, pero yo no estoy muy lejos de ello porque desde que vivo aquí no he comprado un periódico en papel ni un día, salvo cuando vivía con el de aquí cerca que estábamos suscritos al The Washington Post.

Y no sé si preocuparme. Por esto de que estudié Periodismo y no por ser la fácil, digo...

Siempre he leído el periódico, me da igual La Rioja, El País o el Marca, sobre todo los cuatro años que trabajé en el periódico que me leía a mí misma además de todos los que comprábamos en la redacción, locales y/o nacionales casi todos los días. Pero ahora ya no. Ahora leo en internet y tras ver al tipo este con su experimento no sé si pensar que me estoy perdiendo el cincuenta por ciento de la información del mundo o que es una cuestión de costumbres.

Porque me leo un par, como mucho tres, periódicos online al día y eso supone, además de un desembolso de tiempo (y tal y como están las cosas pronto lo seráN de dinero también), una selección de lo que quiero leer. Así que en mi lectura diaria solo entra nacional-internacional-deportes y si hay algo interesante en portada gente-economía-ocio. Pero tampoco leía algunas secciones en papel aunque las tuviera delante, es cuestión de prioridades y de economizar tu tiempo de atención (que no suele ser demás de 20 minutos).

Tampoco leo todas las noticias enteras porque eso me llevaría a levantarme a las 7am para llegar a las 10 al trabajo, pero tampoco leía las noticias completas en la versión de papel.

No me sale comprar un periódico a una máquina expendedora en la puerta del metro, perdón. Creo que el quiosco es parte de la magia de leer diarios (igual que mi abuelo tuviera uno tiene algo que ver con eso, puede ser). Con lo que no estoy dando ni un dólar a la industria del periodismo (mi industria).

Y ahora me siento mal. Por todo lo anterior y por no haberme dado cuenta de esto antes. Pero es que las circunstancias (y que El País aquí vale una pasta) me han acostumbrado a leer en la pantalla. Y sí, sé qué no es lo mismo, pero me he acostumbrado, perdón otra vez.

Y después de escribir esto me siento aún peor. Porque yo negaba de lo online en clase, no me creía eso de que en 2043 el papel desaparecerá (ni me lo creo), pero como todo el mundo haga como yo va a ser en 2023... y la verdad es que no he echado de menos el tema del periódico en papel a diario nunca.

Bueno sí, algún domingo desayunando en una terraza. Porque leer un periódico en una terraza al sol mientras desayunas sin resaca creo que es uno de los mejores momentos de la vida.

¡Y yo por digitalizada me lo estoy perdiendo!

lunes 18 de enero de 2010

Control, control


Parece que esto se va a convertir en un blog de viajes, pero no es mi intención. Sólo que viajar en avión últimamente es como irse al Sáhara sin agua, una odisea, que puede ser divertida o tocarte las pelotas, y a mí al principio me parecío lo primero, pero ya en New York pasó a ser la segunda...

Tres días antes de irme, y ver que seguía nevando sin parar, me entró la morriña. Un mes en casa da para mucho y las ganas de volver a Washington, donde me contaban hacía un frío de morirse, eran más bien nulas. Pero tenía que irme. Y me fui, claro.

El miércoles tenía que estar a las 9am en Barajas para facturar, y para evitar sustos me fui el día anterior a Madrid. Como Renfe tiene a Logroño como si fuera Teruel (señores de Renfe, la gente de Logroño también viaja por la tarde) sólo me quedaba ir en autobús. Y yo, desde que he pasado media carrera subida en La Estellesa, odio el bus: el olor, su incomodidad, al chófer, al de al lado y al dueño de la compañía. Así que, entre la despedida ñoña que le dediqué a mis padres, que hacía frío y que tenía cuatro horas hasta Madrid, me dediqué a llorar cual magdalena hasta bien pasado Burgos, y el resto durmiendo un poco y recibiendo algunas llamadas que me levantaron el ánimo bastante.

En Madrid pasé la noche con Marta. Y entre ella, Laura, Carmen, María e Iñigo, hicieron que se me olvidara que me iba y la pena que traía. Mil gracias por el madrugón chicas, a la vuelta os pago el haberme llevado a Barajas y haber hecho la cola conmigo.

Porque aunque me habían avisado de que la cosa iba para largo por los controles, aquello no era ni medio normal. Llegué con dos horas de antelación y en el mostrador había una fila de unas cien personas. Como estaba acompañada no me preocupé, me reía con las chicas y poco a poco iba llegando mi turno. Pero a unos cinco metros de llegar una azafata de tierra amargada con un lazo azul marino de seda más grande que mi cabeza a lo señorita de El Corte Inglés, quería empezar a joderme un poquito la mañana y me dijo que con mi pasaporte lleno de pegatinas de maletas en la última pagina no viajaba. Yo la miré en plan "muy graciosa señora, deje de vacilar", me miró seria, vi que iba en serio y despegué las pegatinas de mis últimos diez viajes, incluido Cuba, con mucho cuidado porque "si usted rompe el pasaporte si que no puede viajar, es un documento de identidad que no puede ser alterado". (¡Me cago en su padre, señora!).

Con mi pasaporte sin alterar, mi I20 de visa de estudiante y un humor que no sé de dónde saqué, pasé el primer cuestionario. ¿Quién le ha hecho el equipaje?, ¿dónde ha estado con sus maletas antes de llegar aquí?, ¿qué lleva en la maleta?, ¿ha abierto la maleta en el aeropuerto?, ¿todo lo que lleva es suyo? ¡Anda a cagar vieja! ¿Te crees que si llevara jamón o una bomba te lo iba a decir a ti antes de despegar? Como contesté a todo que yo, conmigo, ropa, no, y mío, me dejó pasar. Y ya sin salir de España primer desembolso, 50 dólares por mi segunda maleta. Que pesaba lo que tenía que pesar pero ahora por un segundo bulto se paga. No quiero comentar.

Y ya sí me tocó quedarme sola. Me dieron abrazos y besos las chicas, a mí se me empezaba a saltar la lágrima tonta y mientras me iba hacia el control, giré la cabeza por última vez y seguí caminando mientras pensaba que antes o después iba a estar otra vez de fiesta con ellas, así que me contuve.

Para cuando ya estaba sonriendo, primer control. Fuera zapatillas (anduve lista y no me puse botas, que sino eso hubiera sido un espectáculo), fuera portátil de su funda, mochila, bolso, cinturón, abrigo y primer arquito. No pito. Continuamos. Cinco pasos. Control de aduana. Pasaporte, mirada a la foto, mirada a mi persona, cara de extrañeza del agente (es lo que tiene tener una foto de cuando tenía 18 años tras un día de fiesta, que no parezco yo; por eso creo que lo de la foto es una chorrada, poca gente se parece a su foto del pasaporte). Buen viaje, señorita. "Eso espero", pensé. Y seguí caminando hasta mi puerta.

Pero no, había otro control sorpresa. Registro del equipaje de mano y cacheo... Que aquí otra petición: "Señores de Barajas, estamos en el siglo XXI, el número de señoras-señoritas que viajamos en un poquito inferior al de señores-señoritos, por favor, no pongan a cachear a 6 hombres y 3 mujeres porque la fila de mujeres de repente es como la del baño de una discoteca mientras los hombres pasan sin esperar. Gracias".

Y aunque yo dije que me daba igual que me cacheara un hombre porque no llegaba al embarque, no me dejaron, y subí la cabeza y vi que estaba hablando a la señora del lazo de seda amargada, entendí la negativa y me puse a esperar (esa vieja me seguía, solo me faltaba encontrármela en inmigración en USA...). Me sobaron de arriba abajo, de abajo arriba, y pasé al registro. Mi mochila de mano es como el baúl de los recuerdos, ahí entra todo lo que me voy dejando de última hora. Intenté hablar un poco en plan "anda que no te tienes que reír con lo que lleva la gente...". Pero me tocó una tipa que estaba un poco descontenta con el sistema y me empezó a decir que esto era una vergüenza, un atentado contra la intimidad de los pasajeros, que podía llevar una bomba si quisiera porque con el registro que me estaba haciendo no iba a ver nada y que el libro que llevaba estaba muy bueno (Un arco iris en la noche). ¡Joder!, pensé.

Y embarqué. Nueve horas para dormir, esta vez sí, hasta New York.

Welcome to United States. Control de inmigración. Yo, mi pasaporte sin alterar, mi visa, mi sueño y mi I20 pasando la aduana. Inglés más olvidado que mi quinto apellido. ¿Hasta cuándo se queda?, ¿nombre de su centro de estudios?, ¿dirección?, ¿qué estudia?... Y cuando el tipo que hablaba español mejor que yo vio que no me enteraba de nada empezó a hablarme en mi idioma y ya le dije: "Como ves mínimo hasta mayo, que aún me queda por aprender". Se rio (menos mal), huellas, foto, sello y al registro de maletas.

Como ya conté una vez, en el momento de la cinta del equipaje es mejor que nadie me hable hasta que tenga las dos conmigo. Una salió la primera, en la vida me había pasado. La segunda tardó mucho. Salió el equipaje de todo el mundo, las cajas de un equipo de rescate que iba a Haiti, las cajas de los perros, y ya en la última tanda mi maleta roja. Escáner de las dos ¿Lleva usted comida?, ¿cerdo?, ¿bebida?, ¿algún elemento extraño? ¡Señoraaaaaaaaaaa, deje de joder que me he venido sin jamón por su culpa! ¡Lo más de contrabando que llevo son diez cremas del Mercadona!

Vuelvo a facturar mis maletas y voy hacía mi puerta. CONTROL. ¡Ya! ¡Me aburro! Un millón de personas, me meto en la fila de First Class que va más rápido, a mitad me arrepiento porque seguro que me montan un pollo, me voy a Economy Class, espero, espero, espero y otra vez: zapatillas fuera, bolso, cinturón, laptop fuera, abrigo, mochila, y por petición del segurata, bufanda fuera. No pito. No sigo, cacheo aleatorio. Viene la negra tremenda, me soba, me vuelve a sobar. Me voy, y me voy vistiendo por el camino hasta mi puerta, llego a la 107, Barcelona -hombre, me quiero ir a España, pero no tan pronto- , miro la pantalla, cambio de puerta a la 81, (en la concha de la lora la puerta 81) y llego 30 minutos antes del embarque, me como un yogur con cereales y me siento a esperar. 60 minutos después estaba llegando a DC. Y tuve recibimiento sorpresa que hizo que no empezara a llorar de la depre y no cogiera otro vuelo a España. Gracias.

Welcome back.

viernes 15 de enero de 2010

Se acabó


Lo malo de lo bueno es que se acaba. Y a mí se me acabaron las vacaciones de Navidad, un mes en casa después de diez fuera. La cosa no empezó muy bien con un viaje un poco malo, pero mereció la pena después de ver lo que me venía encima...

Nada más aterrizar di la sorpresa de que estaba en Pamplona a mi hermano y a Susana. Él alucinó, yo flipe y hasta me dio un beso cuando me vio y nos tomamos un copazo (mi hermano es de los que da un beso el día de Nochevieja después de las uvas y, según le pille, el día del cumpleaños, de ahí que fuera raro...).

La llegada a mi casa fue extraña. Algunos sabían que llegaba, otro no, pero yo estaba híper contenta por ver a mis padres, a mis hermanas, y al resto. Aunqueor primera vez en mi vida me sentí rara en mi habitación, en mi baño, en el salón (aunque se me pasó en unos días) y me preocupé un poquito.

Desde ese momento una ola de frío siberiano y la nieve se instalaron en Logroño (debo de llevar el imán del frío donde ya sabéis, porque sino no entiendo o me mintieron cuando me decían que hasta en Pamplona salío el Sol algún día de diciembre...). Y el jet lag quiso volverme un poco loca así que antes de que esto sucediera decidí que para estar en casa sin dormir mejor estar de copas aunque fuera lunes. Y así fue.

Durante las últimas cuatro semanas me he dedicado a comer como una verdadera vaca y estar con gente. Lo de comer ha sido algo exagerado. Me daba igual verdura que cordero, postres que pinchos. Ya no queda nada de la rara de Inés que comía pollo y pasta sin tomate. Ahora me como las sobras y, lo peor, repito y como muy rápido. Por esto algún miembro de mi familia, que tanto me quieren, me ha insistido sutilmente durante estos días que me cosa la boca o que me dedique a la lechuga antes de que me ponga como una vaca y me arrepienta.

La parte líquida la omito porque me da hasta vergüenza hablar de ello. Pero he bebido muchas copas, muchas más de las que puedo imaginar. Así que no quiero hacer recuento de litros ni de dinero empleado en ellas. Aunque en DC no bebo tanto, era un mes a cambio de otros diez sin apenas haber catado el Bombay, aún no llaméis a anónimos.

Y lo más importate, la gente. Volver a ver a mis amigas, a la gente de mi calle, a la gente del colegio, a los conocidos que siempre me dan algo de conversación, a las personas que siempre me encuentro en los bares, en la calle Laurel, los del Berceo,... Y volver a los sitios de siempre, donde me conocen, donde estaban extrañados de no verme en tanto tiempo y muchos no sabían ni dónde estaba, donde aunque vaya sola siempre hay alguien y te lo pasas bien, al bar donde me han dejado volver a ponerme tras la barra, al periódico, al restaurante...

Y ver que aunque yo me he perdido un año de todo aquello las cosas siguen en su sitio, apenas hay cambios, y no se han olvidado de mí. Así que aunque con pena, me he vuelto mucho más tranquila. Porque aquí estoy también muy bien y sé que no todo el mundo tiene la oportunidad. Aquí tengo amigos que nunca hubiera podido conocer si no me hubiera quedado a vivir en DC y, aunque antes o después me tendré que ir y despedir, son los que ahora están conmigo y a los que también echaba de menos.

Así que gracias a los que habéis estado en España más o menos tiempo conmigo y me habéis hecho pasar una Navidad demasiado buena. En unos meses repetimos e intentaré llevarme a los de aquí para que así estemos todos. Y entonces seré la más feliz del universo.

Feliz vuelta a la normalidad para todos.

viernes 8 de enero de 2010

Rebajas, sales, clearance...


Ayer empezaron en España las rebajas. Normalmente no soy una loca porque me compro lo que quiero cuando me da la gana pero como este año he estado un rato rata les dije a los Reyes que me esperaba al día 7 para conseguir las cuatro cosas que quería bastante más baratas. Y lo hice (hicimos) en equipo, con organización y previsión.

Para mi suerte vivo en el imperio Inditex. Enfrente de mi casa está Zara, Zara Home y Oysho, un poquito más arriba Pull&Bear y Bershka y debajo Massimo Dutti Kids, Woman y Men. Es como vivir en Arteixo pero sin trabajar en el imperio, así que lo de bajar a las rebajas es literal, es bajar y cruzar, cero esfuerzo. De hecho de pequeña cuando me aburría con los deberes me bajaba un rato a ver qué había, pero esto es algo para comentar otro día.

El martes por la mañana fui con mi madre y Cris a comprar unos regalos a Zara, y de paso a ver dónde nos habían puesto las cosas que queríamos (hay que andar rápida y saber lo que se quiere, talla y color). Me chivaron por la tarde que habían cambiado las cosas de sitio así que cuando volví a casa después de la cabalgata de Reyes volví a entrar a situar mis cositas (de tarada, lo sé, pero de paso me quedo un rato con las dependientas que no me pueden querer más).

Ayer abrieron a las 9.30, pero yo tenía un sueño que me moría y la buena de mi madre bajo puntualmente a la caza de las botas que quería la niña y los pantalones. Y yo con la raya de la sábana aún en el careto fui a bajar pero al abrir la cartera primer shock del año: me faltaba mi Visa con la Mona Lisa y mi DNI. Que te falte la Visa y el DNI a cinco minutos de irte de rebajas es como que te falte el pasaporte en la fila de facturación, una cagada enorme que apenas tiene solución.

Busqué en todos los bolsos, bolsitos, bolsillos y carteras posibles, no estaba. Entrañable, ¿qué hacemos? Solución rápida: American Express y Pasaporte que es lo mismo pero más cool. Bien, Inés, te he visto muy rápida.

Al rato bajé para supervisar y ver si se podía coger algo más mientras mi madre ya se había dado ocho vueltas a la tiendita. A esas alturas Cris estaba en el Zara del centro comercial con su madre, teléfono en mano por si necesitaba algo. Yo le compré las botas que ella necesitaba (número 36, yo llevaba el 36 el año de mi Comunión, que un poco más y me tengo que comprar zapatos de novia) así que en menos de una hora ya teníamos todo hecho.

Pero quedaban un par de tiendas más. Y mi madre que para estas alturas de la vida pasa de ir detrás de mí porque ya no le hago tanto caso, es más lista que yo, así que mientras yo buscaba ropa interior con mi hermana ella se puso estratégicamente en la fila para pagar, que llegaba a la puerta. Nosotras comprábamos y se lo íbamos dando. Gracias mamá, podría seguir ahí si no es por ti.

Una vez terminada la expedición tenía que encontrar mi Visa. Y recordé la última compra en una joyería el lunes en el centro comercial. Cris dejó a su madre en casa, yo a la mía también y fuimos en busca de la Mona Lisa. Fui a probar suerte pensando que era imposible que hubiera sido tan gilipollas de haberme dejado el DNI y la Visa en el mostrador después de hacer una compra y ya había investigado dónde llamar para anularla sin volver loco a mi padre.

Pero sí, se puede ser tan gilipollas. Había conseguido mis cosas en Zara pero ahí estaba desde el lunes esperando a que la dueña se diera cuenta de que no llevaba identificación... y no tenía su visa... Una prueba más para darme cuenta de que necesito volver a la normalidad, porque tantas vacaciones me vuelven retardada.

lunes 4 de enero de 2010

Arrancando los motores


Saltamos año, y década. Pero yo la arranco hoy, día 4.

A mí los dos primeros días del año siempre me pasan sin pena ni gloria, como si no existieran. El día 1 es un día incomprendido en el que como mucho comes y duermes, el 2 no mucho más y ya el 3 empiezas a ver que la vida sigue y no se puede estar en estado perpétuo de subnormalidad toda la vida, pero como este año ha sido domingo, el 2010 ha empezado hoy.

Y es tiempo de propósitos y buenas voluntades para todo el mundo. A pesar del frío y de haber engordado en los últimos días 4 kilos por las comidas, la gente está de buen rollo, compra regalos para Reyes, te dice Feliz Año hasta no sé qué día y aprovechan los últimos días de vacaciones antes de la cuesta (este año precipicio) de enero y la vuelta a la normalidad.

Yo este año ni me he puesto a proponerme nada porque nunca lo cumplo. Como no fumo no puedo proponerme dejar de fumar, como no bebo, tampoco puedo dejar la bebida ( ;) ). Aunque tendría que hacer otras mil cosas.

Sí, podría proponerme adelgazar un poco o hacer algo de ejercicio que llevo de sedentarismo unos años. Pero siendo francos, ¿para qué? En Washington DC según me informan Nacho y Martín estamos a -10 grados. Si de normal me da pereza ponerme el chándal (el que no tengo, por cierto) es una tontería que me proponga hacerlo ahora. Aunque podría. Me lo pienso.

Sí,podría olvidarme de hablar español completamente y empezar a pensar en inglés que ya es hora. Lo intentaré, pero no quiero ser el mono de feria de todo el mundo en DC. Así que proponerlo es tontería. Los que estéis pensando en aprender inglés vía CCC y Aprende inglés con 1000 palabras os ahorro la matrícula, no lo hagáis, lo vais a dejar en menos de un mes.

Sí, podría mejorar mi carácter, pero es algo que creo di por perdido hace años. Voy a seguir gritando, voy a seguir enfadándome por chorradas y voy a seguir siendo como soy que así me hizo mi madre y hay cosas que a estas alturas de la vida son complicadas de quitar. Pero aquí voy a ser solidaria: ¿qué queréis que haga? Según qué, me lo pienso también.

Sí podría aprender a cocinar, hablar menos y más despacio, escribir más y mejor, leer mucho más, no olvidarme de la suerte que tengo, cuidar a los amigos, pensar más las cosas y/o aprovechar más el tiempo.

Pero me parece una chorrada proponérmelo solo los días 4 de cada año para que se me olvide el 10. Así que no voy a hacer lista de propósitos de inicio de año. Voy a hacerla de inicio de cada día. Pero para las 12 de la mañana se me olvida, así que incluir en vuestras listas un próposito "Recordar a Inés que tiene que cumplir su lista diaria". Que lo cumpla o no queda en vuestras manos, luego no quiero quejas.