
Yo rondaba los 5 ó 6 años y no sé si científicamente es viable tener recuerdos de esa edad, pero yo hay uno que tengo grabado y no se me olvida.
Todos los jueves a las 21.30 (cuando el telediario duraba lo que tenía que durar, no como una película) empezaba
Farmacia de Guardia. Y desde que sonoba el tin-tiritin-titirititinnnnnnnnnn hasta 30 minutos después (cuando las teleseries duraban lo que tenían que durar, media hora, no como una serie de anuncios) y aparecían los créditos del final con un fondo de estrellas amarillas, no me movía del sofá (y yo acto seguido me iba a la cama, cuando yo dormía lo que tenía que dormir, unas diez horas...).
Y así durante años.
Con mi madre y mis hermanas vimos a Guille, Piraña y Marmota (calavera, calavera, calavera.... bbrfffffrffff), aparecer a Fany, a Romerales confundirse con el sentido de la puerta y a Maria de la Encarnación decirle "para adentro Romerales", a Leocadio vender cupones, a Chencho salir con todas las auxiliares de la botica, a Catalina la vidente (con acento argetino pero era del mismisimo Logroño, -gracias por recordar Cris) leer el futuro en una bola de cristal a Begoña, a Mariquilla pesarse en la báscula que para ella siempre estaba rota, a Sandra como "chica" del club de alterne "La gata con botas", a Quique y a su novia María (Adanéz), a Eva venir de Canarias con su marido Marcelo que tocaba la guitarra, a Adolfo ligarse a cualquiera, a doña Rosa maltratar a su marido Ricardo, a doña Paquita con sus recetas del doctor, a Lourdes liarse con Carlos del profesor de su hijo...
Y todo en una farmacia en la que había productos de verdad, cremas Vichy en la estantería de la derecha, papillas Puleva al lado de la puerta, caramelos Ricola en el mostrador, un cartel más grande que yo de Vicks VapoRub en la pared... (y no era llamado
product placement, ni distraía la atención del espectador de la trama). Y detrás de las cortinas granates había una botica con mil medicamentos, un mesa redonda con cuatro sillas, un sofá, una cocina, un baño, un teléfono viejo negro (más adelante se convirtió en un inalámbrico gigante blanco) al lado de un portarretratos con una foto de Adolfo, Guille y Quique abrazados, y un cuartito con una cama tirando a pequeña.
Mil y una situación, mil y un personajes que, hasta el más secundario, los tengo en mi memoria (primero porque tengo buena memoria, segundo porque cuando el bueno de mi padre puso Vía Digital en sus comienzos había un canal que los repetía y mi hermano y yo los volvimos a ver, de eso no hace más de diez años).
Y semana tras semana, año tras año, te reías, llorabas, tenías tus personajes favoritos, los que no lo eran tanto, iban abriendo cosas alrededor (La gata con botas, el bar donde trabaja Chencho, un McDonalds...), entraban y salían cientos de personas por esa puerta y sonaba el quitamiedos y, a la vez, millones de espectadores entraban cada jueves noche en la botica; a ver qué pasaba.
Millones, porque el último capitulo lo vieron 13.850.000 personas en sus casas solo superados en la historia de la televisión en España por la final de Operación Triunfo de 2002 (esto da una linda imagen de cómo somos en España...).
Y probablemente millones lo vuelvan a ver este miércoles en Antena 3.
Porque la Farmacia de Lourdes Cano
vuelve a estar de guardia.
Y gracias a internet también volveré a entrar. Aunque sin mi madre y mis hermanas y con diecisiete años más.