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martes 20 de abril de 2010

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Estar en pleno cambio de todo y que toque en medio mitad cumplir dos docenas no estaba en mis planes. Pero hoy me acabo de levantar (después de, por fin, dormir más de 5 horas seguidas) con un año más encima.

Tampoco estaba en mis planes aparcar la cabeza en diez días en Buenos Aires, ni llorar como una mona cuando he recibido los tres primeros mensajes, ni las primeras llamadas (una de lejos y grupal), ni el mail que me han escrito las niñas desde Washington para cuando me despertara... Será la edad.

De repente me he dado cuenta de que ya no soy tan pequeña, aunque algunos no me lo vayan a decir nunca; que estoy pasando el cumple en casa como cuando iba al colegio pero hoy no me he despertado para ponerme el uniforme... Y que parte de las felicitaciones las voy a recibir por Facebook y mail... (los tiempos cambian...).

Y por la misma me he dado cuenta de que no puedo pedir nada más. Sólo disfrutarlos y disfrutaros a los de aquí, a los de allí y a los de allá

Y dar las gracias por todo. Gracias. Thanks. Grasias.

Volvemos a empezar.

Emotonitos


Hace varios años que chateo y tengo móvil. Tantos como diez. Así que durante la última década he sido víctima y beneficiaria de las nuevas tecnologías. He gastado dinerales en teléfono (nunca haré sumas), horas en Messenger, Inforchat, Facebook y ahora Twitter, he logrado teclear a una gran velocidad y a reducir las palabras hasta límites insospechados. Y por todo esto, y tras mucho tiempo usando el ordenador, quiero dedicar el post tecnológico de este mes a esos grandes desconocidos que son los emoticonos.

En principio son minicaras amarillas que ríen, lloran, guiñan e incluso vomitan. Las puedes teclear sabiéndote los códigos o las puedes pinchar. Da igual en un mail, en un sms, en Messenger o en Skype. Están en todos los lados, con diferentes formas y colores y cada vez más dinámicos. Y su uso puede ser el principio de un tonteo o el principio de una gran bronca. Véase estracto de conversación:

Individuo A: "Me voy a la cama. Me aburres".
Individua B: "Gracias por lo que me toca. Que te den".

(Todas las letras en su sitio, en la vida real podría ser: "Thks xlo qm tok. qt dn", pero vamos a hacer esto legible...). Como se puede ver una despedida de chat borde, directa y antipática. Pero ¿qué pasa si en realidad los escribientes querían decir esto?:

A:"Me voy a la cama. |-) Me aburres ;P".
B: "Gracias por lo que me toca ;) . Que te den. ]:)".

La cosa cambia, y mucho.

Porque el chateo a mí ahora mismo me arregla la vida, y me la entretiene. Me sirve para estar en contacto con los de ahí, con los de aquí, y probablemente, de vez en cuando, hable con gente a la que nunca hubiera llamado por teléfono. Pero también está dando, a mí, y creo a todos, ciertos problemas de comunicación.

A través de una pantalla no ves la cara de la persona con la que hablas, no oyes el tono serio o sarcástico con el que te dice una frase o te manda a paseo, no tienes una conversación fluida salvo que ambos sepan teclear a velocidad considerable... Y no será la primera ni la última vez que se discute por chat por cualquiera de estos problemas.

Con lo fácil que es solucionarlo.

Usen emoticonos. Pero bien usados, por favor. ;)

lunes 19 de abril de 2010

La nube


A mí que un volcán con nombre impronunciable de repente se rebote y suelte un poquito de todo lo que tiene por ahí dentro, la verdad es que me parece lo más natural del mundo. Nosotros echamos mierdita a la tierra y por algún lado tiene que salir si es redonda...

Pero de ahí, a que media Europa esté encarcelada donde te haya pillado, ya eso... me toca las pelotas. Que todo bien si de repente te vas tres días a Londres y te quedas dos semanas por la jetilla, tienes veintitantos y ningún hijo al que cuidar.

Pero si tienes ochenta y tantos y necesitas tus pastillas, si tienes cuarenta y tantos y tienes a tus hijos con la abuela, si tienes los que tengas pero la aerolínea a saber cuándo te paga el hotel y cuando tienes otro vuelo... pues eso ya amarga a cualquiera.

Así que desde este humilde lugar ánimo a todo ser que está donde esté sin saber cuándo va a salir de ese lugar porque me imagino que será una putada por muchas vacaciones largas que te estén dando. Y para los bobos que están pagando 4.000 pavos por ir en taxi a Alemania desde Madrid decirles que si no se puede no se puede, y no creo que se vaya a terminar el mundo por llegar una semana tarde dónde sea visto lo visto. Si les sobra que me lo den.

Ahora bien, por el bien de Iberia, de mi humor, y de los que me rodean esperemos que la nubecita de marras no me cambie el viaje a España y llegue a Barajas como está previsto. Porque sino ya puedo empezar a nadar desde hoy para no tener problemas con el Departamento de Inmigración gringo.

viernes 16 de abril de 2010

La Canaria

Uno de los sitios donde he pasado más horas después de mi casa y del colegio es en La Isla, el Berceo, la piscina o como cada cual quiera llamarlo. Primaveras, veranos, otoños, inviernos, jugando, con la bicicleta, entrenando, siendo más chico que chica, pegándome con alguno, viendo fútbol... Y siempre con la misma gente.

Unos de los más queridos por todos eran Los Canarios. Fueron muchos años los que llevaban el bar y siempre estaban por ahí, siempre riendo y con una palabra agradable para cualquiera. Me acuerdo que cuando era pequeña pensaban que eran de Canarias y por eso les llamabamos así, de hecho nunca supe, así de primeras, cuáles son sus verdaderos nombres. Pero no me importa, mi preferida era La Canaria.

Ella era una de esas personas que desde que tengo uso de razón era físicamente igual. Con la cara arrugadita, pelirroja con el pelo corto, generalmente siempre comiendo algo y siempre (da igual que pesara 100 que 200 kilos) cuando me veía pasar por la mesa donde jugaba al parchís o a las cartas con sus hermanas me gritaba: "¡Aiba, la Inés, pero que guapa estás!, ¡Pa' ti es la vida maja!".

Y así todos los días. Cuando era pequeña porque era pequeña, cuando era mayor porque estudiaba fuera y al verme algunos domingos se moría, y cuando se enteró que cruzaba el charco no lo podía creer.

La última vez que la vi fue el mayo pasado, y la vi malita, pero el que estaba malito era su marido y creí que era por él.

La semana pasada una amiga de visita en DC justo me habló de ella, y me dijo que estaba muy malita, pero de verdad. Y yo pensé "la veo en un par de semanas sí o sí".

Pero no la voy a poder ver. Ayer llamé a mis padres y hablando un poco de todo mi padre me dijo, así, sin anestesia, que La Canaria se había muerto. Y yo seguí hablando de lo demás, pero cuando colgué me quedé triste, pensando en cada vez que pasaba por aquella mesa de al lado de la piscina y recibía un grito. Y ahora ya no lo voy a recibir nunca más.

Pero bueno, seguro que por dónde esté hay parchís, y comida, y alguna Inés a la que gritar algo. Porque seguro que María Nieves Ajamil (que así se llamaba verdaderamente La Canaria, y yo me entero hoy) no deja de sonreir.

domingo 11 de abril de 2010

Cambio de aires

Han pasado demasiadas cosas en las dos últimas semanas y yo no se ahora mismo por donde empezar. Además he tenido mucho tiempo para pensar muchas cosas, entre ellas futuros post de estos que suelo escribir, pero me reservo los temas para otro momento. Por un día voy a ser un poco más seria.

Muchas veces las cosas te vienen sin que las busques, en el momento más inesperado. Por eso es recomendable no llevar un agujero en el calcetín o descuidar la depilación, nunca sabes cuándo te vas a romper una pierna... Y a mí hace tres semanas en uno de los Congresos de la Universidad me presentaron a mucha gente y entre ellos a mis futuros jefes.

De la forma más tonta mi acento español y un "yo voy donde me den trabajo" en una cena de lo más informal me cambiaron los planes de futuro a corto plazo.

Washington DC ha sido para mí un cambio bastante grande, he conocido a mis mejores amigos, a gente que no hubiera conocido sin estar aquí, he aprendido inglés (menos de lo que hubiera debido, no vamos a engañar a nadie), he aprendido a echar de menos a mi familia y mis amigos, mi casa y la comida, he vivido en una ciudad que me encanta, con gente rara rara raraaaaaaaa y me lo he pasado bien.

Pero entre cuestiones legales y económicas toca marcharse el próximo mes.

Es momento de la conquista de Latinoamerica. Así que a partir de mayo (probablemente mediados) yo y mis bártulos, el blog y todo lo que va conmigo nos trasladamos a Buenos Aires.

Tengo 23 años, no tengo ni hijos, ni hipoteca, ni coche, así que voy a aprovechar. Si va bien, eso que me llevo, si va mal, me vuelvo, pero... ¡que me quiten lo bailao!

Tanto comer alfajores, vivir con porteños, hablar como ellos y ver Duro de Almorzar tenía que tener un final feliz. Dentro de un mes haré todo esto en directo.

Aún no me lo creo.