Páginas

lunes 31 de mayo de 2010

(no) Ama de casa


(No lo voy a cerrar... Sobre todo después de que mi padre me dijera "¿qué es eso de que dejas de escribir?" muy serio... y los que lo conocéis sabéis que es muy alto... así que no le voy a llevar la contraria).

Venir a Buenos Aires era un gran cambio de todo, pero quizá el hecho de empezar a vivir sola era, junto con el trabajo, uno de los mayores. Y sí, estoy contenta en mi apartamento, lo tengo recogido a pesar de que mi madre no da un duro por mí, y de momento no me ha dado tiempo a sentirme muy sola (tampoco es que esté mucho en casa). Peeeeeero, son un ama de casa pésima.

Primero, me tiré los cuatro primeros días sin saber encender la cocina. Señores, he vivido en Logroño, Pamplona y DC, lo que significa todo electrónico, vitrocerámica por inducción, no cerillas. Y aquí es todo lo contrario. Así que antes de saltar por los aires pregunté a gente de confianza con la que no morirme de la vergüenza al preguntar: "Che, ¿cómo mierdas se enciende la cocina?". Y la respuesta fue: "Abre la llave de gas, majita...".

Yo la abrí y ahí, sí, ya funcionamos. Pero no sé qué toqué pero se apagó el calefón. Recordemos, todo automático, agua caliente central, no fuego, no calentadores, no nada... Y meterle mano a ese calefón tirando a viejo que parecía una bomba atómica del siglo III, si que no. Así que... llamada de rigor a mi vecina, a la que educadamente me presenté, me ayudó y me dio el número de mi gran portero Humberto que bajó del décimo a arreglar el calefón a la niña a las 10 de la noche para que no se tuviera que duchar con agua fría al día siguiente. Un sol Humberto. Son muy importantes los vecinos, pero más lo son los porteros (y los de aquí van a tener su entrada propia porque hay tela...).

Así que aun con todo disponible, lo mío no es la cocina. Pasta, puré, ensalada, pollo, arroz y... en un alarde de originalidad y tiempo, hacemos unos raviolis, pero de ahí, no me saquéis. Y yo sé que es pésimo, que debería aprender, que no puedo ser así con 24 años, pero sí, así soy y no creo que cambie. Primero, porque aunque parte de mi familia se dedique a la hostelería (restaurante Buenos Aires, calle República Argentina 11, Logroño, perdón por la cuña publicitaria...) yo heredé la otra parte. Y no sé hacer casi nada, o mejor dicho, nada. Pero sobrevivo. Y segundo, porque no me gusta, y prefiero comer simple que tirarme ocho horas haciendo algo que luego tardo en comerme 10 minutos en el mejor de los casos. Es una cuestión de gustos, a mí me gusta la ropa y otros prefieren la cocina, yo no lo elegí...

Y aunque me gustaría decir que sé cocinar, que plancho de lujo y que soy una ama de casa perfecta, estaría mintiendo al personal, y eso si que no. Así que la verdad verdadera de la vida es que no sé cocinar, plancho muy lento (lo que plancho...) y soy un desastre en cuanto al hogar.
Perdón. Pero bueno tengo el armario ordenado por colores, los zapatos en fila, las camisetas con las camisetas, las chaquetas con las chaquetas, los cinturones y la ropa interior por conjuntos... Algo bueno tenía que tener (que pena que esto sea una inutilidad).

De hecho si alguien me explica como puedo encender el horno se lo agradecería porque no sé cómo se hace, los consultados vía Skype no pueden ayudarme sin verlo y ya la vecina y el portero me da vergüenza... Pero algún día voy a querer hacer una pizza, que eso sí que sé.

viernes 28 de mayo de 2010

Avergonzada

Hoy me he avergonzado del blog... Muchas chorradas juntas, cosas que no sé hasta qué punto debería escribir en internet, y menos cuando sale lo primero al googlear mi nombre, y público inesperado.

No me gusta que me lea la gente, esto era un jueguito con los del periódico y se nos está yendo de las manos... Me lo pienso este fin de semana...

martes 25 de mayo de 2010

Jet porteña



Ayer fui a la reapertura del Teatro Colón. Que para mí fue mi primer acto social en Buenos Aires, y empecé a lo grande, pero para los argentinos era algo más importante porque el teatro llevaba cerrado, por lo visto, desde 2006 y se abría el día antes del Bicentenario que celebramos estos días.

Así que tras dar el coñazo en la oficina a uno de mis jefes que tenía entrada durante toda la semana, al final, me llevó. Y yo, con mi vestidito y mi flor, fui al Colón. Y ví que aquí, como allí, en estos actos están siempre los mismos, la prensa es igual de pesada, los de CQC igual de tocapelotas, y la organización igual de mala en todo acto que se precie un poco importante con protocolo y más de 2.000 personas. Así que yo estaba encantada con estar dentro, cagándome de risa y viendo a ver a quién reconocía.

Y aunque estaba en lo más alto de la más alta torre yo estaba feliz. Llevo 15 días en Argentina, lo último que pensaba es que iba a ir a la reapertura del Colón, así que aunque hubiera estado en el hall estaba contenta. Pero al margen, reconocía a algunos.

Vamos a confesar que cuando el de aquí al lado nos dejó solas a Flor y a mí en Crystal City, Flor empezó la campaña de introducirme en la cultura argentina y me puso a ver Duro de Almorzar y TVR todas las noches mientras cenábamos (como ver Donde estás corazón y Sé lo que hicistéis). Así que empecé a conocer a Susana Gimenez, Mirtha Legrand, Marcelo Tinelli, Moria y derivados de farándula argentina. Y ayer ví a Susana y a Mirtha (estaba lejos, pero llevaban pieles y diamantes para que los de arriba también las viéramos).

Y en la parte de política solo pude reconocer a Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Pepe Mujica, presidente de Uruguay, Julio Cobos, vicepresidente, y a mis jefes, poco más que me queda mucho por estudiar. Pero según vi ayer, estaba la jet porteña al completo ahí metida (todos sentados muuuuuuuucho más abajo que yo).

Entonces después del análisis del lugar y la entrada, y aunque solo veía medio escenario, pude disfrutar de una parte del Lago de los cisnes y del último acto de La Boheme. Y descubrir que es verdad que la acústica del Colón es la mejor del mundo porque desde mi sitio oía hasta los pasos de las bailarinas. Todo esto después de escuchar a 2.490 personas cantando el himno de su país (cantado por todo ser que ahí estaba menos yo y otros cuantos gallegos que no nos lo sabíamos). Y mientras, pensé que estaría bien que los españoles tuviéramos un himno con letra más allá del nana nana, nananana na na na, na na na na naaaaa, na na na na na naaaa, que tan al unísono cantamos.

Vamos, que mi siguiente tarea es aprender el himno. Porque un poco más y me entran ganas de sacarme la ciudadanía. ¡Salud argentinos!

domingo 23 de mayo de 2010

De mudanza (X parte)


Junto con los viajes podemos incluir las mudanzas en la lista de cosas que siempre me traen alguna aventura, y yo no dejo de hacer ninguna de las dos cosas. Hoy me mudaba al que va a ser mi departamento en Buenos Aires los próximos meses. Es el departamento más lindo y pijo de todo Recoleta, ya lo mostraré. Y aunque en realidad solo tenía 4 maletas, un portatrajes y alguna bolsa con la ropa de estos días y cosas del baño, está siendo muyyyyy larga.

Como soy muy lista ayer perdí mi cartera con mi DNI, la poca guita que tenía, mi Visa y mi American Express (digo "mi" porque pone mi nombre, porque ser, ser, ambas son de mis santos padres). Así que aunque no ha cundido mucho el pánico porque estoy intentando hacer caso a mi nuevo jefe en su primer consejo nada más aterrizar "Inés, o te tomas las cosas con buen humor o Buenos Aires te come", me ha dolido en mi orgullo interior el hecho de que puede que me la hayan robado... Pero esto es otro tema.

Así que después de ir a firmar el contrato, darle el dinero a mi estupenda casera, coger las llaves y volver, he anulado las tarjetas y me he dispuesto a recoger todo bien para irme a mi casa. Pero, error, aunque es a cuatro cuadras tengo muchas cosas y sin guita no hay taxi, y sin taxi hay tres viajes de ir y venir de un departamento a otro hasta llevar la última loncha de queso de mi nevera. Y ha sido algo complejo.

Primero me he llevado dos maletas grandes con ropa, y he ido las cuatro cuadras con el bochorno del día de hoy, con las grandes aceras que tiene Buenos Aires, los gritos de los porteros que hoy trabajaban (para gritar andan muy listos pero para ayudar cero) y con mis manos rojas cero acostumbradas a lo que viene a ser trabajo manual que requiera más esfuerzo que escribir en el ordenador... Primer viaje completado, he puesto las cosas en su sitio (la mitad se ha quedado dentro de la maleta porque no tenía muchas perchas y sin guita no hay perchas tampoco...), he hecho la cama gigante que tengo y me he ido a por más.

Cuando he ido a hacer el segundo viaje para llevar mi bolsa famosa que se quedó en DC con bolsos, zapatos y algún libro, y la otra con lo del baño, Buenos Aires ha querido romper a llorar, y se ha puesto a llover todo lo que llevan anunciando 10 días que iba a llover, y me he quedado en mi primera casa encerrada hasta que nunca ha parado de llover (tres horas y media después).

Perome estaba empezando a hartar ademas se me ha ido la conexión a Internet gentileza de la cafetería de abajo, así que cuando más llovía he decidido irme con las maletitas las cuatro cuadras calándome, con las grandes aceras que tiene Buenos Aires (ahora mojadas y con 7 de cada 10 baldosas sueltas más charco-pantanos), los gritos (desde dentro del portal) de los porteros que hoy seguían trabajando (todavía no les apetecía ayudarme) y con mis manos rojas, hasta mi casa nueva. He puesto todo en su sitio, me he secado y he decidido que a la mierda la mudanza que ya no quería hacer más viajes por hoy.

Así que el resto ahí lo he dejado para otro día, porque aunque lo quería hacer todo hoy estoy de recorrer la calle Azcuénaga para arriba y para abajo hasta las bolas, y además la tipa del solarium de la esquina que me ha visto pasar 8 veces creo que va a llamar a la policía por si estoy traficando con algo.

Y además me he calado, que aunque no soy de azúcar tampoco soy imbécil, y si puedo ir mañana ¿para qué mojarme por dos?

viernes 21 de mayo de 2010

Abu, feliz cumple


Hoy sería el cumpleaños de mi abuela. Pero hace varios años que ya no celebramos como solíamos porque no está.

Y mi abuela, aunque era mi abuelo el que era la alegría de la huerta, con todo lo tocapelotas y quejosa que era, era la mejor abuela del mundo, junto con la que sí tengo, que no sé si podrá venir a verme a Argentina o no.

Ella cocinaba lo que queríamos cuando íbamos a comer, compraba los mejores postres cuando nos quedábamos a dormir con ella, siempre tenía chocolate, y no sé de dónde, siempre sacaba un billete de 1.000 pelas para nuestros gastos (cuáles serían mis gastos con 9 años...). Siempre me llevaba a la peluquería y se ponía contenta cuando terminaba un cuadro de pintura (más cuándo le regalé uno). Y me compró mi primer teléfono Alcatel One Touch Easy con antena, de 3 centímetros de grosor y verde fósforito con luces. Un éxito mi 14 cumpleaños.

Pero me acuerdo sobre todo porque aunque no nos lo decía mucho, o yo no me acuerdo, ella siempre estaba ahí cuando la íbamos a ver y le encantaba. Y aunque a veces nos quería matar si gritábamos, le encantaba que fuéramos a contarle, lo que sea, o a acompañarle a hacer la compra los días de verano.

Y aunque no suelo hablar mucho de ninguno de mis abuelos que no están, me acuerdo bastante de ellos, de muchas cosas que no se me van a olvidar tan fácil, porque los abuelos son como un padrehermano, te echa la bronca cuando lo mereces y te cubre delante de tus padres cuando te la van a echar. Unos jefes los abuelos. Y los míos más.

Así que hoy feliz cunpleaños para la Sacramento, aunque ahora no sé muy bien dónde está.

Y de regalo mi entrada número 200.

jueves 20 de mayo de 2010

Trueque


Lo que tiene vivir año y medio en la ciudad más limpia del universo es que ahora todo me parece sucio. Pero probablemente aunque viniera de Logroño a Buenos Aires me parecería igual de pringoso... Pero tiene su encanto, tampoco es un vertedero.

Años siendo una excelente viandante, cruzando con los semáforos en verde, cruzando con la seguridad de que alguien iba a parar y no tirando un papel al suelo, para que en diez días me haya tenido que acostumbrar a que haya soretes (lo que en español de España es, con perdón, mierda) de perro y a que, aunque yo ponga un pie en la carretera, ahí no para ni Blas. Vamos, que para 10 manzanas que tengo de casa a la oficina me juego la vida nueve veces...

Pero como debe ser algo cultural, y yo no he venido aquí a introducir ninguna otra cultura, como mucho a explicar qué se hace en España y Estados Unidos, no me voy a meter en la seguridad vial. Pero sí dar un par de recomendaciones de productos a importar del hemisferio norte.

Primero los contenedores de basura. Las bolsas de basura están en el puñetero suelo, en las esquinas, hasta que las recogen. ¡Qué Logroño los tiene hasta subterráneos! Y yo no había caído, pero la sabia de MM me dijo, ¡qué pasa cuando llueve! Pues que las bolsitas en zonas inundables flotan... El siguiente paso será traer los contenedores de colores para reciclar, pero prefiero que no reciclen y tengan al menos uno por calle.

Estaría bien también traer las copas. Copas de vaso de sidra o balón, y el Kas Limón (señores de Kas atiendan mis súplicas, empiecen a exportar, por favor...). Y luego, una pequeña demostración de lo barato (estamos en crisis) que es hacer hielos de limón y naranja, y cómo se sirve un copazo como dios manda. Si me va mal monto un bar, está claro.

El siguiente párrafo es sólo para el público femenino, yo aviso.
¿Puede alguien desde España llamar a Ausonia o Tampax para que exporten sus productos a la Argentina? Aquí los tampones con aplicador no han llegado, sólo hay los O.B. de toda la vida. Vamos a ver, están bien, pero digo yo que sería mejor intentar no urgar en la zona y empezar a usar los "modernos"... No vale decirme que use otra cosa, porque como con esto no tenemos suficiente, las compresas y salva slips (llamados toallitas- ¡¡¡¡Toallitas!!!! Dejá de joder, ché, toallitas son las de los niños....) son del grosor de un pañal (igual por eso lo llaman así...) y van en paquetes de ocho y de cuatro... ¡Se trata de higiene! La regla dura mínimo 3-4 días, que quieren ¿que se reciclen?

Al margen de todo, por el momento, estoy feliz. Y me gusta mucho mi nueva ciudad. Porque si ellos tienen que traerse un contenedor, una copa y tampax con aplicador, nosotros nos podríamos llevar los alfajores, la gente, la pasta, la pizza, las empanadas, los sándwiches de miga, Puerto Madero, las copas de su selección de fútbol, las series sin doblaje, Taringa, su acento, el tango y a Messi. ¡Ah, no! que a éste ya nos lo hemos llevado...

sábado 15 de mayo de 2010

De primeras


Ahí voy. No he tenido mucho tiempo ni tenía mucha información. Pero estas son mis primeras impresiones y nuevas costumbres-dichos-observaciones de mis primeros cuatro días en Buenos Aires.

Para empezar ya no digo "buenos días", aquí se dice "buen día". Si es día 14 se desea buen día 14, si es día 23, buen día 23, qué es eso de desear buenossss díassss, cuando el día se vive de uno en uno. Bueno, eso, que a partir de ahora "buen día" (estoy por descubrir qué dicen por las tardes y noches, no me ha tocado aún).

Y para cuando he dicho buen día tres veces al portero, al vigilante y al primero que pasa por la calle, me entra la depresión al cruzarme con cualquier chica. Es una verdadera mierda, pero son guapas y flacas las argentinas. Prototipo que se repite 8 de cada 10 que pasan. Pelo largo, pero no largo a lo "mira que largo tiene el pelo la nena", largo es largo de verdad, más de media espalda, y bien lacio, tirando a poco. Si lo llevan suelto muyyyyy estirado con una horquilla como mucho, si lo llevan recogido una coleta hecha el día 1 de enero de cada año y no quitada hasta Nochevieja, bien despeinaditas pero sin perder la buena onda. Conclusión, yo aquí tengo el pelo medio de largura y voy bien peinada (remito al post anterior, 6 años sin peinarme más que cuando me lavo el pelo...).

Además las muy zorras (perdón pero ya las odio), no se maquillan ni una gota, y son flacas. Que hoy he ido a hacerme la cobertura médica (eso para otro día) y cuando me han preguntado lo que pesaba ha cundido el pánico pero la chica me ha mirado y me ha dicho "Mira, tesoro, tú estarás más hermosa, pero vas a abrir la boca y te vas a llevar a todos, y ellas mientras tanto se pasan el día en el psicólogo". Queda dicho.

Para compensar mi depresión en esta ciudad se come bien. No me voy a meter en qué es bien, voy a lo básico. En esta gran ciudad hay un pan con el que lloro (recuérdese que la última barra que compre en Washington me duró 4 días "fresca" y ponía "sin conservantes"). Hay panaderías que huelen bien, con pastas, facturas, tartitas, pan, más pan, pan de miga... Y yo no puedo ser más feliz.

Por si con el pan no tengo suficiente aquí hay servicio a domicilio (llámese delivery) de todo. Pero todo, es todo. Empanadas, helado, pastas, comida normal, pollos, pizza, chino, periódicos, flores, alcohol, hielos... Y por haber hay hasta delivery de preservativos, que no quiero preguntar que se hace mientras el delivery llega. No me interesa.

Pero también hay cosas criticables. De nuevo, y es algo que me tiene impresionada, los autobuses (llamados colectivos) son muy, muy, muy, pero que muy viejos. Sin embargo son más listos que nosotros y tienen una guía, la Guía T, que buscas dos puntos en el mapa y te los conecta. Lo más útil del universo.

También por la misma las aceras están todas rotas (miedo me da el día que llueva), están llenas de basura y de súper regalitos de perro, y por si fuera poco molesto jugar al buscaminas de camino a la oficina, también tienes que mirar hacia arriba porque los quioscos de periódicos no están en plazas u aceras (veredas) anchas, están en todas partes y reducen el sitio a un cuarto de lo que es en verdad, descontando la caca del chucho, los coleccionables que aquí no son muchos, el que viene en contra y la baldosa rota.

Pero al margen de las aceras, las minas, el pelo, el delivery y todo, un punto y aparta en mi vida porteña ha sido el subte. Ese gran metro que cometí el error de tomar (que no coger) en hora punta a las 6 de la tarde. Un vagón que desprendía calor humano y animal en todos sus aromas cada vez que se abría la puerta y en el que como estés puesta en una puerta y tengas que salir por la otra estás jodida, porque muchas veces ni se puede. Ya no me gusta el metro.

Aunque me cagué de risa todo el viaje, porque yo respiraba, pero aunque son flacas y monas, son tirando a enanas, y mientras yo divisaba a los machos de todo el vagón y respiraba sin problemas, las minitas lindas se estabas poniendo blancas en busca de oxígeno que meter en esos mini pulmones.

Que engorden y así tienen más espacio. Habrá más...

lunes 10 de mayo de 2010

Arrancamos

Esta visto que lo mío no son los viajes en avión. Ni en autobús, ni en tren, ni en nada. Pero yo me empeño en que algún día será el día del viaje ideal y sigo viajando, no me voy a quedar en casa.

Ayer sabía que me esperaba un día largo, de conexión en Orlando y en Sao Paolo hasta llegar a Buenos Aires, donde no me pienso mover en unos meses. Pero no sabía que desde el minuto cero se me iban a complicar las cosas.

Una no sabe restringir equipaje, voy aprendiendo, pero aún así me iba con tres maletas, dos de ellas con sobrepeso. Y el señor de United que tan simpático era él me dijo que me pasaba todo pero por 400 dólares. Así que le miré con cara de odio, miré al bueno de Martín, que otra vez me había llevado hasta Dulles, y empecé a sacar cosas de la maleta número 2, y a despedirme de la maleta número 3 que algún día alguien me traerá hasta Argentina (hasta el momento estaré sin zapatos, bufandas y bolsos).

Tampoco se cae el mundo, pero tuve que sacar mi almohada, y mi almohada es algo sagrado, es con la que he dormido los últimos 24 años y, aunque se merece una entrada a parte, y la tendrá, ayer le tuve que decir hasta pronto. Y ya estoy nerviosa por saber cómo dormiré esta noche.

Tras los lloros oportunos de despedida con Martín, por irme, por el acojone que llevaba y por mi almohada, subí con todo mi equipaje de mano, casi tanto como el facturado. Y el vuelo a Orlando fue como un viaje en la Estellesa, cortito, intenso y medio cómodo.

Y llegué a Orlando donde yo siempre he soñado ir, pero a Disneylandia, y cosas de la vida he ido, pero no salí del aeropuerto. Un aeropuerto que parecía el propio parque. Shuttles de conexión cual Star Wars, palmeras de plástico, fuentes inmensas, sillas y sofás de paja con almohadones de flores... Muy a lo Bahía Príncipe resort de vacaciones pero sin Anne Igartiburu.

Fui hacia la puerta 19 como marcaba mi tarjeta de embarque, y para cuando llegué (media hora más tarde) me di cuenta de que el 19 era el asiento y la puerta era la 82, y la puerta 82 estaba ahí, en la concha de la lora, en el otro extremo del aeropuerto vía túnel galáctico. Así que yo, mi blanco nuclear, mi vestuario primaveral (único en un aeropuerto donde reinaba el moreno negruzco, el tirante, la chancla, y los regalos de Mickey y sus amigos) llegamos a la 82 a tiempo.

Y entonces empecé a llorar, porque me pesaba el equipaje de mano, porque me temblaban las piernas, porque en la fila de seguridad me hicieron sacar mi maleta llena de productos electrónicos para la nueva oficina y dos imbéciles se habían reído de mí, y porque en la fila de embarque solo había niños y más niños que seguían con el subidón de varios días en Disneylandia y me iban a dar el viajecito, y habían ido a Disney antes que yo y les cuatriplicaba la edad.

Pero subí, mandé unos mensajitos a mis amigos de DC, lloré un poquito más cual mona, el azafato me vino a preguntar si todo ok, y me dormí. Entonces empezaron a repartir cosas. Un neceser con tapones, calcetines y un peine (yo no me he peinado en los últimos seis años), una toallita húmeda caliente que no sabía si era para las manos, la cara o el ala, porque ahí cada cual la usaba para alguna de esas partes o para todas, y caramelos asquerosos (les voy a poner en contacto a los de la TAM con caramelos Solano).

Y como el reloj lo tenía en el bolso no sé cuánto dormí pero si solo vi una película, sólo desayuné (y la azafata me tiro un zumo por toda la manga- será el destino, porque hace mil año a mi padre en Aviaco, la cual ha desaparecido, yendo a Mallorca le pasó lo mismo y nos llenaron de regalos, pero ayer me tuve que conformar con una toallita de esas que no sabía para qué servía) y no recuerdo haber estado despierta, significa que dormí mucho, y eso es bueno. Aunque sigo muerta y sin tobillos.

Volando, literal y figuradamente, llegué a Brasil a las 5.30 de la mañana, y hasta haber pasado el control de seguridad para la conexión donde volví a hacer todo el ritual de abrigo, joyitas, aparatos electrónicos y arco de metales, me di cuenta de que eran las 6.30, pero aún así tenía dos horas para esperar a mi vuelo de Buenos Aires. Mientras saqué mi súper Mac, como la más pija del lugar, para empezar a escribir esta entrada, quité todas las pelusas rojas de la manta de TAM que se habían quedado en mi americana manchada de zumo, me pinté un poco el ojillo y volví a despegar.

Y llegué a Buenos Aires tras otro vuelo dormida. Y entonces entendí aquello de “en Buenos Aires los colectivos son viejos”. Porque el autobús que me llevaba del avión a la terminal podía ser tranquilamente del año 3, o del 4, estoy dudando, pero llegué pronto y para mi sorpresa en la aduana no había nada de nada de fila, y no me preguntaron nada de nada de nada, me sellaron, buen día y a por las maletas, que por segunda vez en la historia salieron las primeras. Y yo, mi careto, mis maletas y mis no piernas, cruzamos la puerta de salida donde estaba mi nuevo jefe al que reconocí no sé por qué. Y me trajo a la oficina. Ya tengo mi sitio, ya configuré internet. Y ya he visto muchas cosas que van a dar que hablar.

Pero estoy RE contenta.

Arrancamos.

domingo 9 de mayo de 2010

Rara

No me preguntéis por qué pero tengo una bolita en el estómago (o bolaza, que el tamaño es proporcional a la dueña) desde hace unos días que me hace estar torpe, lenta, distraida, CALLADA, y medio tristonga.

Pero en unos días vuelvo como siempre. Y entonces volveremos a empezar con las aventuritas.

El de agradecimientos también vendrá porque lo tengo que hacer bien, pero de momento el primero se lleva unas gracias gigantes por el fiestón-parrillada que me organizó ayer cuando tenía la cabeza en otra cosa. No sé es qué momento conocí a tanta gente y yo con un careto más bien pésimo... Al final le voy a echar de memos a él y a todos.

¡Buen viaje!


martes 4 de mayo de 2010

De viaje otra vez

La gente en la fila de embarque normalmente va contenta. O amargada según se mire. Los que sonríen es más que probable que vayan de vacaciones. Y los serios que vayan de trabajo. Y yo ayer era una infedinida de la vida porque estaba triste por irme (y más tras las despedidas en casa, con las chicas en Antena3 y de Cris en Barajas) pero contenta porque volvía a casa. Sensación rara.

Pero en cuestión de minutos me volví de las amargadas. Iberia, esa gran compañía de aerolíneas española, decidió que un avión entero debía esperar a tres pelados que venían de Milán en un vuelo retrasado, así que salimos una hora tarde. (A mí nunca me esperan...).

Y yo para entonces había recorrido medio avión. Llegué a mi asiento en la fila de cuatro y había una madre con dos niñas. ¡Error! Me gustarán los niños y todo lo que queráis, pero viajar con uno al lado es como que te metan un dedo en el ojo y más cuando el vuelo no es nocturno. Así que miré con cara de miedo a la azafata y me dijo que el vuelo no iba lleno, que luego me cambiaba. Me cambié al del al lado y vino un gordo a reclamarme su sitio, me cambié al de detrás sentándome encima de la manta y explotando la bolsa (con lo que los de detrás se empezaron a partir el culo de mí) y para cuando había montado el circo me doy cuenta de que son tres asientos pero fijos, no se pueden mover. Así que le pregunté a mi amiga de Iberia y me dijo "fila 12, tres para ti", como si hablara en clave. Así que a la 12 me fui antes de que se me adelantara nadie.

Me senté, decidí leer y ver una peli para no dormirme, pero cuando sacaron la televisión para poner la primera película, mi tele estaba rota, así que tenía que ponerme como un palo para ver la de delante. Decidí que a la mierda la peli y me dormí con los ronquidos de la vieja de al lado de fondo. Entrañable.

El resto del viaje fue bien, pero cuando viajas al extranjero eres como un conejo para los de inmigración. Y ayer llegué a la fila de no-ciudadanos y no había apenas gente, ¡pero es que tampoco había policías! Así que había un agente para una fila que calculo llegaría a los 300 inmigrantes en cuestión de cinco minutos.

Espere, me cagué en la policia gringa, en el que organiza la fila, en la americana típica que ponía orden, en la música de Disneylandia que ponen en la megafonía, en el video explicativo de lo bonito que es América y en todo lo cagable.

Pero pasé con el policía más majo del mundo al que le conté mi vida y por qué entraba otra vez a Estados Unidos, el me contó la suya, me sacó una foto, me dijo que si era modelo (en otra ocasión me hubiera hecho gracias, ayer ni puñetera que llevaba una hora esperando) y fui a por mi maleta queno estaba ocn las que venían de Madrid. Cundió el pánico durante 10 minutos y al final, ahí tirada en una esquina, vi mi maletita gris (si supieran los horteras lo que hay dentro me la hubieran quitado, no tirado en un córner...).

Salí, corrí porque no tenía a nadie esperando y sino me deprimía, contrate el shuttle, esperé otro rato largo y cuando salí a la calle me dí cuenta de que estaba en DC, pero me pregunté si era agosto o mayo, porque había una humedad y un calor dignos del verano.

Y tras 3 horas llegué a mi casa. Cogí comida en mi china, me la comí y al menos tenía regalito de cumpleaños inesperado.

Welcome again. Pero en 6 días volveré a decir bye-bye...