
lunes 31 de mayo de 2010
(no) Ama de casa

viernes 28 de mayo de 2010
Avergonzada
martes 25 de mayo de 2010
Jet porteña

domingo 23 de mayo de 2010
De mudanza (X parte)

viernes 21 de mayo de 2010
Abu, feliz cumple

jueves 20 de mayo de 2010
Trueque

sábado 15 de mayo de 2010
De primeras

lunes 10 de mayo de 2010
Arrancamos

Esta visto que lo mío no son los viajes en avión. Ni en autobús, ni en tren, ni en nada. Pero yo me empeño en que algún día será el día del viaje ideal y sigo viajando, no me voy a quedar en casa.
Ayer sabía que me esperaba un día largo, de conexión en Orlando y en Sao Paolo hasta llegar a Buenos Aires, donde no me pienso mover en unos meses. Pero no sabía que desde el minuto cero se me iban a complicar las cosas.
Una no sabe restringir equipaje, voy aprendiendo, pero aún así me iba con tres maletas, dos de ellas con sobrepeso. Y el señor de United que tan simpático era él me dijo que me pasaba todo pero por 400 dólares. Así que le miré con cara de odio, miré al bueno de Martín, que otra vez me había llevado hasta Dulles, y empecé a sacar cosas de la maleta número 2, y a despedirme de la maleta número 3 que algún día alguien me traerá hasta Argentina (hasta el momento estaré sin zapatos, bufandas y bolsos).
Tampoco se cae el mundo, pero tuve que sacar mi almohada, y mi almohada es algo sagrado, es con la que he dormido los últimos 24 años y, aunque se merece una entrada a parte, y la tendrá, ayer le tuve que decir hasta pronto. Y ya estoy nerviosa por saber cómo dormiré esta noche.
Tras los lloros oportunos de despedida con Martín, por irme, por el acojone que llevaba y por mi almohada, subí con todo mi equipaje de mano, casi tanto como el facturado. Y el vuelo a Orlando fue como un viaje en la Estellesa, cortito, intenso y medio cómodo.
Y llegué a Orlando donde yo siempre he soñado ir, pero a Disneylandia, y cosas de la vida he ido, pero no salí del aeropuerto. Un aeropuerto que parecía el propio parque. Shuttles de conexión cual Star Wars, palmeras de plástico, fuentes inmensas, sillas y sofás de paja con almohadones de flores... Muy a lo Bahía Príncipe resort de vacaciones pero sin Anne Igartiburu.
Fui hacia la puerta 19 como marcaba mi tarjeta de embarque, y para cuando llegué (media hora más tarde) me di cuenta de que el 19 era el asiento y la puerta era la 82, y la puerta 82 estaba ahí, en la concha de la lora, en el otro extremo del aeropuerto vía túnel galáctico. Así que yo, mi blanco nuclear, mi vestuario primaveral (único en un aeropuerto donde reinaba el moreno negruzco, el tirante, la chancla, y los regalos de Mickey y sus amigos) llegamos a la 82 a tiempo.
Y entonces empecé a llorar, porque me pesaba el equipaje de mano, porque me temblaban las piernas, porque en la fila de seguridad me hicieron sacar mi maleta llena de productos electrónicos para la nueva oficina y dos imbéciles se habían reído de mí, y porque en la fila de embarque solo había niños y más niños que seguían con el subidón de varios días en Disneylandia y me iban a dar el viajecito, y habían ido a Disney antes que yo y les cuatriplicaba la edad.
Pero subí, mandé unos mensajitos a mis amigos de DC, lloré un poquito más cual mona, el azafato me vino a preguntar si todo ok, y me dormí. Entonces empezaron a repartir cosas. Un neceser con tapones, calcetines y un peine (yo no me he peinado en los últimos seis años), una toallita húmeda caliente que no sabía si era para las manos, la cara o el ala, porque ahí cada cual la usaba para alguna de esas partes o para todas, y caramelos asquerosos (les voy a poner en contacto a los de la TAM con caramelos Solano).
Y como el reloj lo tenía en el bolso no sé cuánto dormí pero si solo vi una película, sólo desayuné (y la azafata me tiro un zumo por toda la manga- será el destino, porque hace mil año a mi padre en Aviaco, la cual ha desaparecido, yendo a Mallorca le pasó lo mismo y nos llenaron de regalos, pero ayer me tuve que conformar con una toallita de esas que no sabía para qué servía) y no recuerdo haber estado despierta, significa que dormí mucho, y eso es bueno. Aunque sigo muerta y sin tobillos.
Volando, literal y figuradamente, llegué a Brasil a las 5.30 de la mañana, y hasta haber pasado el control de seguridad para la conexión donde volví a hacer todo el ritual de abrigo, joyitas, aparatos electrónicos y arco de metales, me di cuenta de que eran las 6.30, pero aún así tenía dos horas para esperar a mi vuelo de Buenos Aires. Mientras saqué mi súper Mac, como la más pija del lugar, para empezar a escribir esta entrada, quité todas las pelusas rojas de la manta de TAM que se habían quedado en mi americana manchada de zumo, me pinté un poco el ojillo y volví a despegar.
Y llegué a Buenos Aires tras otro vuelo dormida. Y entonces entendí aquello de “en Buenos Aires los colectivos son viejos”. Porque el autobús que me llevaba del avión a la terminal podía ser tranquilamente del año 3, o del 4, estoy dudando, pero llegué pronto y para mi sorpresa en la aduana no había nada de nada de fila, y no me preguntaron nada de nada de nada, me sellaron, buen día y a por las maletas, que por segunda vez en la historia salieron las primeras. Y yo, mi careto, mis maletas y mis no piernas, cruzamos la puerta de salida donde estaba mi nuevo jefe al que reconocí no sé por qué. Y me trajo a la oficina. Ya tengo mi sitio, ya configuré internet. Y ya he visto muchas cosas que van a dar que hablar.
Pero estoy RE contenta.
Arrancamos.
domingo 9 de mayo de 2010
Rara

martes 4 de mayo de 2010
De viaje otra vez
La gente en la fila de embarque normalmente va contenta. O amargada según se mire. Los que sonríen es más que probable que vayan de vacaciones. Y los serios que vayan de trabajo. Y yo ayer era una infedinida de la vida porque estaba triste por irme (y más tras las despedidas en casa, con las chicas en Antena3 y de Cris en Barajas) pero contenta porque volvía a casa. Sensación rara.Pero en cuestión de minutos me volví de las amargadas. Iberia, esa gran compañía de aerolíneas española, decidió que un avión entero debía esperar a tres pelados que venían de Milán en un vuelo retrasado, así que salimos una hora tarde. (A mí nunca me esperan...).
Y yo para entonces había recorrido medio avión. Llegué a mi asiento en la fila de cuatro y había una madre con dos niñas. ¡Error! Me gustarán los niños y todo lo que queráis, pero viajar con uno al lado es como que te metan un dedo en el ojo y más cuando el vuelo no es nocturno. Así que miré con cara de miedo a la azafata y me dijo que el vuelo no iba lleno, que luego me cambiaba. Me cambié al del al lado y vino un gordo a reclamarme su sitio, me cambié al de detrás sentándome encima de la manta y explotando la bolsa (con lo que los de detrás se empezaron a partir el culo de mí) y para cuando había montado el circo me doy cuenta de que son tres asientos pero fijos, no se pueden mover. Así que le pregunté a mi amiga de Iberia y me dijo "fila 12, tres para ti", como si hablara en clave. Así que a la 12 me fui antes de que se me adelantara nadie.
Me senté, decidí leer y ver una peli para no dormirme, pero cuando sacaron la televisión para poner la primera película, mi tele estaba rota, así que tenía que ponerme como un palo para ver la de delante. Decidí que a la mierda la peli y me dormí con los ronquidos de la vieja de al lado de fondo. Entrañable.
El resto del viaje fue bien, pero cuando viajas al extranjero eres como un conejo para los de inmigración. Y ayer llegué a la fila de no-ciudadanos y no había apenas gente, ¡pero es que tampoco había policías! Así que había un agente para una fila que calculo llegaría a los 300 inmigrantes en cuestión de cinco minutos.
Espere, me cagué en la policia gringa, en el que organiza la fila, en la americana típica que ponía orden, en la música de Disneylandia que ponen en la megafonía, en el video explicativo de lo bonito que es América y en todo lo cagable.
Pero pasé con el policía más majo del mundo al que le conté mi vida y por qué entraba otra vez a Estados Unidos, el me contó la suya, me sacó una foto, me dijo que si era modelo (en otra ocasión me hubiera hecho gracias, ayer ni puñetera que llevaba una hora esperando) y fui a por mi maleta queno estaba ocn las que venían de Madrid. Cundió el pánico durante 10 minutos y al final, ahí tirada en una esquina, vi mi maletita gris (si supieran los horteras lo que hay dentro me la hubieran quitado, no tirado en un córner...).
Salí, corrí porque no tenía a nadie esperando y sino me deprimía, contrate el shuttle, esperé otro rato largo y cuando salí a la calle me dí cuenta de que estaba en DC, pero me pregunté si era agosto o mayo, porque había una humedad y un calor dignos del verano.
Y tras 3 horas llegué a mi casa. Cogí comida en mi china, me la comí y al menos tenía regalito de cumpleaños inesperado.
Welcome again. Pero en 6 días volveré a decir bye-bye...