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miércoles 30 de junio de 2010

My bosses

¡Che! ¡Atención todos! Una cosita que todavía no había comentado por aquí: que sepáis que tengo los mejores jefes del mundo en Argentina. Pero los mejores con diferencia abismal sobre los segundos, que no sé quiénes son.

Nada más. Y nada tiene que ver con que hayan empezado a leer el blog, es la pura realidad de la vida.

lunes 28 de junio de 2010

Fútboltarad@s


Hoy lo hice por primera vez. (Mentes sucias dejad de pensar en eso). Hoy me convertí por unas horas al argentinismo. Y grité los goles de Argentina como un porteño más y me recontracague cada vez que pegaban al pobre pulguita Messi. Y con todo el conocimiento de causa puedo decir: que los argentinos y argentinas son unos tarados con el fútbol.

Como aunque ya me sé el himno, tampoco es que me emocione mucho escucharlo (todavía), llegué tarde a casa de Lali, una amiga, más cuatro amigas más, para ver el partido. Chicas, mate, pantalla de plasma y risas. Era mi primer partido solo con mujeres (todos los demás los he visto en la oficina y ahí abunda la masculinidad donde no me dejan abrir la boca ni hacer comentarios) así que cambié los comentarios estadísticos y semiprofesionales sobre la historia, obra, gracia y milagros de la selección albiceleste, por los comentarios sexuales, decorativos e hipotéticos de las mujeres.

En vez de "el 12 de mayo de 1675 Argentina ganó a México por 3-0 con goles de éste, ése y áquel", "según la historia nos enfrentaremos a Alemania por 134 vez, donde sólo 34 hemos perdido por más de un gol marcado entre el minuto 64 y el 78".... he tenido "yo a este le daba todo" (pipita Higuain, buff), "mirá lo que es esa espalda" (Jonás Gutiérrez, buff, buff), "la resistencia de este indio tiene que ser..." (Romero el arquero, buff buff buffff).

Pero al margen de qué tipo de comentarios se escuche, aquí la cuestión de fútbol no es masculina, es universal. Todos y todas ven el partido, y si no te interesa no lo ves, pero acompañas al resto a verlo. Y las calles a la hora del partido están desiertas, los quioscos cierran un poco la verja, en los bares no te dan ni la cuenta si el partido está en marcha. Todo el mundo está en casas o cafeterías, viendo Telefé a volumen algo elevado (yo por la calle podía seguir el partido mientras andaba sin necesidad de radio) y cuando marcan un gol, como si de un coro se tratara, toda la ciudad grita, celebra y lo canta como si estuvieran en la cancha (video demostrativo a continuación).

Y cuando oyes a toda una ciudad gritar gol por un equipo que de momento solo les da alegrías, entiendes porqué Maradona es argentino, porqué Messi aunque esté en España, es argentino, y por qué 40 millones de personas están atentas a un equipo que viste de azul y blanco. Porque son muy grosos, grosísimos. Pero después de hoy creo que han llegado a eso gracias a la afición, la hinchada o como lo llamen. Aquí son de verdad el número 12 del equipo: ríen, cantan y lloran como los que le dan a la bola. Y se deprimen más.

Pero aunque les admiro, me emociona verles y por el bien de no vivir en una ciudad fantasma prefiero que ganen todo lo que puedan salvo que se crucen con los míos, me he dado cuenta que esto de la selección no se elige, te toca, y por mucho que yo quiera maquillarme de azul y blanco, a quién de verdad le tengo toda la fe del universo y con quiénes espero gritar y hacer los comentarios que me salgan de ahí abajo el martes, es con los que van de rojos y amarillo, con España. Aunque mis gritos no se van a oír tanto como los de los argentinos.

video

jueves 24 de junio de 2010

Kisses, kisses


En Argentina se lleva esto de los besos. No es que yo sea la mujer más cariñosa del universo, que lo de Dama de Hierro me lo gané por algo con el paso de los años, pero es verdad que desde hace un año a esta parte (no hay más que irse de casa y empezar a echar de menos y tener amigos que son casihermanos) me he vuelto, al menos, un poco más cariñosa. Y para vivir en Buenos Aires esto es vital.

Aquí los besos no se cotizan al alza como los de mi hermano Felipe, que te da dos besos al año: uno el día de Nochevieja, y otro el día de tu cumpleaños (yo he aumentado esta cifra tantas veces como viajes haga a España, así que este año ya me he llevado tres). Aquí se besa a la gente que tienes cerca todos los días, todos, al llegar y al irse. Así que todas las mañanas hay un beso para cada uno de los de mi oficina cuando llego y cada vez que llega alguien, otro. Mismo ritual para cuando nos vamos.

Para mí es raro. Si tuviera que haber besado a cada uno de los de la redacción o de la universidad hubiera tenido que ir a trabajar dos horas antes. Pero cuando estás lejos de casa, no tienes roommates, ni novio, besar a la gente con la que más horas pasas al día lo veo hasta recomendable, aunque sea un gesto automático.

Pero además del besuqueo mañanero al que ya me he acostumbrado (y mucho más cariñoso dar uno que dos, que yo no sé de dónde nos sacamos lo de los dos besos) lo que más me sorprende de aquí son dos cosas: que se besen entre los hombres y que los niños repartan besos como en España reparten patadas.

Que dos tipos (os, no as) de 17 años se saluden con un beso, que dos socios se saluden con un beso, que un ministro dé un beso al que llega a una reunión, en España sería motivo de: homosexualidad, mariconería y/o es un familiar. No hay más, así somos y así seguiremos, pensando que el apretón de manos, el abrazopalmadita y el choque de hombrito o pecho es mucho más varonil.

Que un niño en España que apenas te conoce te dé un beso por voluntad propia sin que su madre, padre, abuela y demás familia casi le amenace con la muerte si no lo hace, es poco probable. Que un niño argentino que apenas te conoce te dé un beso y si le pareces óptima, un abrazo de oso para acompañarlo, es casi seguro. Y yo he podido comprobarlo este fin de semana en varias ocasiones con niños de diferentes edades y procedencias.

Así que con esto de los besos los argentinos suman en la clasificación. Y mucho. Aunque de momento me tenga que conformar con los de los niños...

miércoles 23 de junio de 2010

De padres

Todos presumimos de padres. Los míos son los mejores, obviamente, siento que al resto no os hayan tocado ellos, pero mis hermanos y yo hemos tenido esa suerte... Aunque lo que sí son todos los padres son multifacéticos (palabro que llevaba sin usar ni oír años, pero ahora me viene demasiado bien...): son padres, trabajan, deportistas algunos, madres 24 horas al día 7 días a la semana, amigos, protectores, tocapelotas, gritones, exigentes, preocupados...

Sin embargo lo que no todo el mundo tiene es un padre modelo. Pero modelo en el sentido literal de la palabra. Y como aquí el domingo fue el día del padre (si sigo cambiándome de país voy a desearle feliz día del padre ocho fechas diferentes) post un poco atrasado de regalo en el que él es el verdadero protagonista. Sin palabras. ¡Feliz día del padre, viejo!

jueves 17 de junio de 2010

I miss...


Cosas que echo de menos de Washington DC:

- El metro limpio donde siempre hay sitio para sentarse y leer.

- El relleno gratis de la Cocacola cuantas veces me venga en gana en cualquier sitio de comida rápida o no rápida.

- Las hamburguesas de Five Guys con sus patatas de cada día un Estado, y los cacahuetes mientras esperas.

- La secadora, de ahí al armario, sin planchar.

- Parar y bajar a algún sitio para comer y tomar un café.

- Poder pagar con tarjeta el bus y no tener que ir dependiendo de llevar 1.20 pesos.

- Salir del trabajo y de repente levantar la cabeza y ver la Casablanca.

- Poder putear en alto sin que nadie me entienda.

- Mensajes de texto gratis.

- Llamadas gratis a los de mi misma compañía.

- Poder comprar en Abercrombie en la pestaña de Clearance.

- Amazon.

- Salir de tiendas y siempre encontrar algún artículo por menos de 10 dólares bastante decente.

- Ver gente más gorda que yo para no deprimirme.

- Los ascensores con puertas que se abren solas.

- Mi plasma gigante y el On Demand de la televisión para ver lo que quiero, cuándo me da la gana.

- La Signature salad no cheese de Cosí.

- A un par de pelotudos por ahí sueltos...

miércoles 16 de junio de 2010

El subte del amor


Ya conocéis mi afición por el metro (si no repasa esto y esto). Y aunque en Buenos Aires no lo tengo que tomar (que no coger...) y mi nivel de lectura ha decrecido considerablemente, desde el jueves voy a volver a tener que tomar el, aquí, subte. No son muchas paradas, ni es ahora punta (gracias a dios porque sino me muero) pero no me disgusta para nada la idea aunque el subte porteño es más bien feucho e incómodo.

Porque siempre en las horas y horas que pasaba en el metro en Washington, y los ratitos que voy a pasar en el de Buenos Aires supongo que será igual, imaginaba cosas de los que estaban alrededor y me cruzaba alguna miradita con el guapo del vagón y jugaba eso de a ver quién aguanta más, que tal y como son los gringos la gallega solía ganar salvo que me entrara la risa y entonces perdía.

Así que desde hace unos días pienso en cómo va a ser mi regreso a mi transporte público preferido. Y me he dado cuenta de que, tanto en el metro como por la calle, me cruzó con gente más que agradable a la vista y siempre con alguno cruzo mirada. Y entonces cuando pasa me quedo pensando que para qué coño me cruzaré mirada si por mucho que me la devuelva salvo que vaya repartiendo tarjetas al primero que me mire las posibilidades de que lo vuelva a ver son nulas. Pero así es la vida. O no.

Porque ese gran invento de la Humanidad al que soy adicta desde que lo conozco llamado internet, que tantos problemas me ha solucionado en la vida, también me va a solucionar esto. No sé quién ha sido el lumbreras que se ha inventado la paginita pero ahora el ciudadano de a pie mondo y lirondo, como yo, como tú y como el de más allá, puede escribir su estación de entrada, la de salida y la hora a la que suele montarse en el metro/subte/subway o underground y... ¡tachánnnn! aparecen todos los que están en esa línea, en ese recorrido a esa hora... (y son igual de frikis que tú y se han molestado en hacerlo).

Por el momento sólo lo hay de 65 ciudades de 35 países, lentos pero seguros. Así que enamoradizos subterráneos welcome to http://www.submate.com/

Ahora a las 11 tomarán el subte los más feos del mundo, eso seguro...

lunes 14 de junio de 2010

Mi Caperucita


Cuando tenía 4 años alguna de las dos sabias de mis hermanas, y todo apunta a que fue María, me enseñaron un chiste. Que yo creo que lo entendí cuando cumplí 13, pero como había una palabrota y todo el mundo se partía de risa cuando la niña lo contaba, pues yo lo contaba sin parar en todos los sitios que me lo pedían, menos en el colegio, claro está. Ahí va:

Va Caperucita cantando y saltando por el bosque hacia casa de su abuelita, laralaralito, laralararito. Y se encuentra al lobo:
-"¿A dónde vas Caperucita?", pregunta el lobo educado.
- "¡A lavarme el coño al río!", responde Caperucita.
- "¡Joder cómo ha cambiado este cuento!".

Y no hay más. Yo no sabía el significado, ni por qué tanta gracia, pero me lo había aprendido igual que me aprendí de memoria el libro de Teo en el zoo con 2 años y era algo que me salía automático.

Hoy, veinte años después, he leído una columna de mi escritor preferido, Arturo Pérez-Reverte sobre cómo están cambiando los tiempos y cómo viene la juventud. Y entonces me he dado cuenta de que nada tiene que ver ahora con cuando yo contaba aquel chiste.

Mis padres no fueron a la cárcel por dejarme decir una palabrota al mes, ni mis hermanas fueron internadas en un centro de menores, ni yo he salido una delincuente común a punto de entrar en prisión. Simplemente las cosas eran como eran, los cuentos eran machistas, los niños éramos imbéciles y a la primera de cambio nos pegaban un bofetón o, en el peor de los casos, una colleja (yo la verdad es que no recibí ninguna nunca, salvo un bofetón de mi madre que me dio por error cuando quería matar un bichito y, como probablemente iba sin gafas, confundió el bichito con mi careto, o pensó que el bichito estaba en mi careto y mejor matarlo que dejarle huir, y me dio con ganas). Pero somos normales (cada uno con lo suyo, obviamente).

No amenazábamos a nuestros padres con denunciarles, ni se nos ocurría mandarles a la mierda, una mirada nos bastaba para callarnos y hacíamos lo que nos mandaban a la primera o segunda, porque no había una tercera.

Y que yo sepa, somos todos normales y bastante educaditos. Probablemente no tan educados como el lobo de mi chiste, pero sí como la digna de mi caperucita. Que decía palabrotas, pero no dejaba de ser una niña contenta que iba a ver a su abuelita.

viernes 11 de junio de 2010

Miedito...


Mi relación con el fútbol ya la conocéis. Mucho fútbol en mi vida, semanal,días y días en el Berceo, con mi padre, para ver a cualquier categoría, y más adelante como trabajo... Así que por obligación o porque sí, me gusta, me banco un partido sin problemas, y sé lo que es un fuera de juego (aunque no tenga gran idea...).

Así que hoy que empieza el Mundial no es que esté histérica como parte del mundo, sobre todo, masculino, pero sí estoy con ganas de ver qué pasa este mes, de vivirlo en un país donde mueren por el fútbol (de momento hemos trasladado la oficina a la sala de reuniones donde están las televisiones), y de esperar algo más de mi selección que siempre promete pero luego nos deshinchamos... y este año le tengo toda la fe del mundo.

Este mes, perdón por quién no quiera, tocará hablar de fútbol y lo que mueve en Argentina y en cualquier lado. Siempre de mi perspectiva, en la que no entran análisis de juego ni nada por el estilo, claro está. Para eso ya tengo a mis amigos del Diván del fútbol que saben 100 veces más y lo explican mejor.

Rezad todo lo que sepáis para que no se dé una semifinal España-Argentina, porque entonces voy a tener que desaparecer del mapa... (o espero que los uruguayos me hagan un huequito al otro lado del río..).

domingo 6 de junio de 2010

El parque de los boludos con onda


Aunque aquí ahora empieza el equivalente a nuestro diciembre del hemisferio norte, por cambio climático, porque es más suave o porque sí, no hace tanto frío como esperaba, cosa que me alegra. Y ayer lucía un sol digno de primavera que, salvo porque se hace de noche pronto, hubiera sido aceptable en pleno mayo (del norte). Así que un amigo me sacó de paseo y me llevó a los lagos de Palermo, una especie de Central Park porteño bastante bonito, agradable y con mucha gente. Pero ayer parecía el parque de los boludos. Eso sí, con onda.

Allí había cientos de personas, los tranquilos en el césped (aquí pasto) tomando mate o charlando, otros patinando, en bicicleta o en skate, gente leyendo, otros dándose el lote sutil o salvajemente... Un parque heterogéneo, con sol, laguitos y mucho verde. Un parque con onda.

Pero el escenario empezó a complicarse. Mientras hablaba sin parar, en mi línea... pero llevaba un día en casa sin salir y calladita salvo las llamadas de mis padres así que tenía cuerda para rato, vi a unos niños jugar en la orillita del lago con un palo. ¡Qué entretenidos ellos!, palito al agua, toco un poco el agüita, me mojo la manita... así un rato largo. Que mi madre en ese caso hubiera dicho "¡ay ese niño!, que se va a caer al agua..." o si hubiéramos sido nosotros nos hubiera gritado dos y tres veces "ten cuidado" (menos una vez que no nos vieron a mi primo y a mí y él acabó metido en la fuente por una moneda de 200).Pero como no estaba mi madre y los padres estaban a la suya, el niño de repente se cayó al agua, y porque una de las de otro grupo cerca le agarró del brazo, que sino el padre iba detrás a buscarlo. Lloros por un rato, bastante largo. Agradecimientos del padre a la Pamela Anderson baywatch de Palermo. Hace calor che, pero no para pegarse un bañito en el lago.

Me dio pena el crío, pero la verdad que cuando vi que respiraba me entró la risa, y me sentía mal por reírme, pero es que aquí los pelotudos son los padres que están pendientes del crío, no ellos que no saben el agüita cual profundidad tiene. El caso es que el niño se cayó y caló, y se acabó la tarde de parque para la familia unida.

Para cuando estaba ya dejando de analizar al niñopez vi volar algunos billetes del puestecito de choripanes que estaba detrás de nosotros al lago también. ¡Ni que fuera un imán de niños y dinero el lago! Pero ahí volaron un par billetes de 10 pesos. Yo no vi de cuanto eran, pero llego a ver que son de 100 pesos y visto que el niñopez no se había muerto de intoxicación me pensaba en tirarme a por ellos, pero por 10 no hago el cuadro. Así que me entró de nuevo la risa floja al ver que el del puesto también se reía. Después de todo mucho más no podía hacer (y vi que sí, eran de 10 porque si fueran de 100 se estaría cagando en toda la familia del que puso el charco ahí en medio).

Visto que la cosa se ponía calentita decidí echar un vistazo al parque y de repente me encontre a un tipo en una cuerda elástica atada de un árbol a otro haciendo equilibrismo no sé cómo, vi una pegatina en el cubo de basura para combatir hemorroides sin sufrir (www.hemorro.com, con lo que me he reído no les voy a cobrar comisión), varias patinando que por poquito besan el suelo y un par pescando en el laguito de marras que visto el color del agua como mucho podían pescar dos billetes de 10 pesos y, en el mejor de los casos, un niñopez.

Pero el parque estaba lleno, de gente haciendo cualquier cosa, de gente de buen rollo disfrutando del sol, de gente mayor, mediana y niños (y niñospez). Gente disfrutando de lo que tienen, del invierno, de la ciudad, de la familia y de los amigos. Vamos, que de gente con buena onda y de buena onda.

Y aunque algún boludito también andaba por ahí suelto me pareció un sitio genial. En Central Park es todo tan ordenado que es hasta aburrido (recuerdo o comento que hay hasta semáforos para los que están haciendo footing, patinando o en bici). Pero aquí puedes ver a la gente tal y como es. Con onda, boludos o niñospez.

sábado 5 de junio de 2010

Pasado


Ayer volví a tener 10 años por un momento. Uno de mis compañeros de oficina que vive a la vuelta de la esquina me invitó a cenar, yo ponía la cerveza. Así que cuando llegó la hora fui a uno de los cuatrocientos súper de barrio-chinos que hay en mi manzana para comprar un par de botellas de cerveza. Y aquí, para mi suerte, sigue existiendo las cosas de 1 litro y de vidrio, que saben mucho más buenas. Elegí, fui a pagar, y el chico me dijo "uy, pero vos tenés que pagar el vidrio o elegir otras que no son retornables". Y yo retrocedí en el tiempo...

Y me vi con el uniforme del colegio, con el polo blanco la mitad por fuera, con una media subida y otra a medias, con los cuellos para arriba, los zapatos a medio abrochar y el pelo aún húmedo de la piscina, yendo de una carrera entre problema y problema de química (por hacerle un favor a mi señor padre), a Juan, el tendero de Vara de Rey (el súper de mi barrio), con dos botellas de vidrio de La Casera para que me las cambiara por dos llenas y a darle, creo que eran, 250 pesetas.

Porque lo del vidrio retornable que aquí sigue existiendo con tanta normalidad, para mí eran cosas del pasado, exactamente de mediados de los 90. Y pensándolo bien probablemente sea mucho más ecológico, pero también un coñazo (para eso están los contenedores que pienso reclamar a Macri antes de irme de aquí).

Igual que reconozco que me he quedado más de dos días esperando a que las puertas de mi ascensor se abrieran, cuando son de las que o la abro yo o me puedo quedar allí la eternidad, o alucinando al ver un pueblo costero argentino que se considera top y para mí fue más bien un parque con casas de madera aunque tuvieran una tienda Havanna...

Pero Argentina es así. Y por eso es un país especial. Aunque tiene cosas que yo llevaba sin ver o hacer desde hace quince años y otras ni siquiera existen, ni las plantean poner, a la par tienen la mejor televisión por cable del mundo, la mejor comida del mundo junto con la española, y la gente que más dulce (aunque puteando todo el tiempo) habla del mundo.

Y yo estoy encantada de volver atrás en el tiempo pero sin uniforme.

miércoles 2 de junio de 2010

No residente


Ayer estuve en España, dentro de mi barrio. El Consulado de tu país fuera de tu país es como entrar al país, hay Policía Nacional de la nuestra, algunos no dicen ché, ni buen día (aunque la mayoría sí) y como todo consulado que se precie, hay que esperar (incluido el gringo que aquí son igual que todos).

Y ayer se me ocurrió la brillante idea de ir a ver si me podían hacer algo para no vagar por las calles de Buenos Aires con mi pasaporte que más que un pasaporte parece un libreto lleno de papeles, grapas y un par de visados. Y en vez de eso, me raptaron.

Primero hice fila una media hora para que me explicaran que lo mejor es que aplique a la residencia temporaria para que me den un DNI argentino porque ahí no me podían dar uno español, luego la tipa me convenció de que mientras todo se gestiona y por si devuelven mi DNI perdido (ilusa de la vida la tipa) mejor me registraba como no residente. Y me dispuse a ello. Me dieron un numerito, el 58, vi la pantalla, iban por el 50, así que mucho no podían tardar y le dije que sí.

Pero el 58 no llegaba nunca. 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57… así uno cada 2-3 minutos. Pero cuando llego el 57 dieron las 11 de la mañana y ¿qué hace cualquier funcionario españolargentino a las 11 de la mañana sea el país que sea, esté donde esté? Tomar su cafecito de las 11 de la mañana. Y ahí en vez de seis ventanillas la cosa se redujo a dos y en una había una familia entera tramitando sus papeles. Lo que se traducía en tiempo perdido porque ya me leí Público de arriba abajo dos veces, no tenía Internet y lo peor, no tenía móvil para avisar en la oficina que llegaba tarde ni para pelotudear un rato porque antes de raptarme a mí en el control de seguridad raptaron mi teléfono.

Sin embargo, ayer estaba de buen humor, y para mi suerte tenía un bolígrafo, birome, lapicera o como cada cual quiera llamarlo, lo que viene a ser un Bic azul de toda la vida. Y entonces era la reina del consulado y todo el mundo me lo pedía y me trataban con amor, “¿Me los prestás?”, “Gracias”, “no por nada…”, “¿sos española?”. Y de un par de tíos bastante buenorros pero ambos dos acompañados por sus señoras o madres, o novias, con lo cual nada que hacer.

A y media, después del cafecito y las media lunas, calculo, me llamaron, me preguntaron el nombre de mis santos padres, mi código postal de aquí, que no me lo sé, el de allí, que se me había olvidado. Y cuando me iba la amable señorita me quitó el pasaporte, le puso otro sellito por si tuviera pocos y me dice “esperá un ratito y te devuelven por la ventanilla 11 el pasaporte firmado”. ¿Perdón?

Para los que no estén familiarizados, un ratito en boca de un argentin@ es muuuuuuucho tiempo, tanto como más de 20 minutos seguro. Ejemplo, “te llamo en un ratito” o en su defecto “te llamo en 5”, significa nunca hay llamadita. Y un ratito en el consulado ayer fueron 55 minutos de ratito en el que nadie me pidió el Bic, no me dejaron coger el teléfono y me dieron mi pasaporte con un sellito de mierda en el que dice que ahora estoy aquí, que eso ya lo sabíamos todos sin perder 3 horas de mi tiempo.