Páginas

martes 31 de agosto de 2010

Don Juanes


Aunque todo el mundo me subió las expectativas de este gran país hasta el cielo y me alimentaron mis ilusiones de que según abriera la boca me iba a ligar a medio Buenos Aires, aquí una, o está siendo muy exigente o tiene el gusto exquisito, pero no se está cumpliendo nada. Y tampoco es que tenga una especial prisa (y algunos se alegran, como mi padre), pero mientras tanto me tengo que bancar a unos cuantos que sobre todo demuestran una técnica más que avanzada en el campo del ligoteo.

Chicos, lápiz y papel, van las mejores hasta ahora:

- "Yo te doy un beso y si no te gusta me lo devuelves".
- "Tené cuidado porque con este calor las flores se marchitan".
- "¿Cómo no están en una publicidad en Santa Fe con lo linda que sos?"
- "¿Vos te maquillás o sos así?"
- "Voy a hacer una excepción y voy a bailar con alguien más alta que yo".
- "¿En España hay fábricas de minas tan lindas o sólo sos vos?"
- "Si me decís que sos soltera me voy contigo".
- "Lo bueno de ser argentino es que, si quiero, antes de que acabe la noche te doy un beso".
- "Bombón, si todas son como vos me voy para España mañana"

Igual no son para tanto pero acostumbrada a los españoles "eso es un cuerpo y no la Guardia Civil" o "por la sombra que los bombones al sol se derriten"... cualquier cosita es más creativa...

lunes 30 de agosto de 2010

La madre que...


... me dio el ser, hoy cumple años. No sé si le molesta que diga cuántos, pero me da igual porque lo voy a decir igual, 55. Entonces que ahora no la veo a diario por causas evidentes y sólo la veo a través de la camarita firmaría en un papel que a los 55 quiero estar así.

Tras muchos aguantando a mi padre, y un poquitos menos soportándonos a cada uno de nosotros cuatro, nos sigue bancando como el primer día. Nos levantaba para ir al colegio, para ir a los partidos, para ir a misa cuando nos tocó hacer la comunión y a las 4 d ela mañana cuando estábamos malos para darnos la pastillita.

Nos ha automedicado toda su vida con la siguiente teoría: si te duele de cadera para arriba, "estás enfriado, tómate un Ilvico"; si te duele de la cadera para abajo "estás creciendo, tómate un Ilvico" (mamá, si tienes acciones en Ilvico y te estás haciendo rica dínoslo ya y, por cierto, todos dejamos de crecer hace unos 5 años). Y hoy que la he llamado mientras desayunaba y estoy con gripazo sin que me dijera nada le he diccho "mamá, me estoy tomando un Ilvico" y me ha dicho "tómate dos que con uno no hacemos nada y ya te voy a llevar una caja cuando vaya"...

Al margen de la vena farmacológica y a diferencia de otras madres, mi madre es bastante canchera. Me la llevé de "profesora" en el viaje de fin de colegio 10 días a Italia, y se lo pasó mejor que yo; se hacía todos los años la marcha del colegio, y seguramente es lo que menos le apetecía del mundo; me llevaba y traía a la piscina aun sabiendo que no tenía ningún futuro como nadadora, y siempre me decía "tranquila, que ya se recuperará si sale mal" cuando tenía ataques de agobio en el colegio o en la universidad.

Me dice "a dónde vas con ese pelo" cuando lo tengo como las gitanas, me aconseja, me aguanta y me cuenta cualquier cotilleo digno de ser comentado. Probablemente Zara y Massimo Dutti es donde más horas hemos pasado juntas mirando y remirando cosas, comprando la mitad y convenciéndome de que todo ya lo tenía cuando ese mes nos habíamos pasado con la Affinity y luego había que oír a mi padre.

Así que por todo esto y mucho más que ya escribí en su día (porque es canchera, pero es hinchabolas como el resto de las madres) la echo bastante de menos, como a todos. Pero en dos semanas la tengo por aquí con la cajita de Ilvicos.

¡Feliz cumpleaños vieja!

martes 24 de agosto de 2010

Perra


Hoy me han llamado en el camino a la oficina perra, así, sin anestesia, sin nadie avisarme en plan "Ey, Inés, te van a insultar en 5 segundos". Y ahí va yo con mi camiseta nueva (incluida etiqueta que he arrancado por el camino), mi ipod y mis gafas de sol (ya que en Buenos Aires está llegando la primavera) cuando en Ayacucho con Juncal he oído hacia mi persona que un imbécil ha sacado su lado más italiano del mundo y me ha dicho perra desde el coche, con todas las letritas.

Y yo entre la confusión, la música y el sol solo me ha dado tiempo a seguir andando... Flipando. Hipótesis presentadas por amigos y conocidos a los que les ha llegado la noticia vía Twitter:

- Perra en argentino no es lo mismo que en español. Descartada, he corroborado en la oficina que perra aquí y allí es lo mismo, perra de perra, malo, malo.

- Haya sido utilizado como una expresión de asombro ante tanta belleza... Descartada, Buenos Aires y las medias lunas están pasando factura en mi cuerpo serrano.

- Era un imbécil y no se dirigía a mí. No sé porque probablemente no lo vuelva a ver en mi vida. y espero que así sea porque sino le voy a contestar aquello de "Como tu madre, gilipollas".

Pero hasta el momento me he quedado con el perra... Perra, de perra...

jueves 19 de agosto de 2010

Evolución


Esto de ser la expatriada, de ver a todo el mundo negro a través de la camarita y yo seguir blanca como la leche (o blanca teta, que por aquí son más gráficos en los dichos), además de ser, a veces, una putada, requiere de cambios en mi persona. Y yo que junto con el cambio de país, de trabajo y de edad, también me puse a vivir sola e intentar independizarme de mis santos padres (seguimos en el intento), también voy cambiando. Tres cosas a destacar en este mundo de locos del hemisferio sur.

1. Me he vuelto una rata. Quedaron atrás los despilfarros, los taxis, las visitas a Zara, las cenas y las copas. Ahora camino, no hay ropa, colectivo baratito, ceno en casa y hemos vuelto al socorrido botellón (bajo techo, eso sí, que casa sí que tengo). Lo que para los de Europa es 1 para mí es 5, y como aquí aunque tengas 2000 pesos en realidad es como tener la nada, hay que mirar hasta el último céntimo del pantalón (ayer me agaché a por 10, no digo más). Ahora entiendo aquello de "¿te piensas que soy el Banco de España?" o el más gráfico "¿tú te crees que yo cago dinero?" o el de mi padre "gastas como si tuvieras o fuera tuyo" (ahora que es mío lo padezco).

2. No me banco más a mi vecina de abajo. Esto siempre era problemas de mis padres y ahora es mío. Tras hincharme las bolas hace dos semanas con que le caía agua en la cocina (ya le expliqué por activa y por pasiva que yo no uso la cocina, que era imposible que fuera de la mía, pero es insistente la vieja), el plomero (fontanero) abrió toda la pared, me desmontó toda la cocina y descubrimos tras 4 días de obrita que la cosa era de la del cuarto. Yo se lo dije a Humberto, al plomero y a la del primero, pero ahí nadie me hacía ni puto caso. Desde esta mañana quiere dejarme sin baño porque dice que se le ha caído el techo del suyo. Mala suerte, sin cocina vivo, sin bañera, no.

3. De repente toco perros. Para quién esté perdido durante 24 años y 3 meses he odiado a los perros, a los grandes, a los pequeños, a los conocidos y a los por conocer. El pelo, sus paseos, la correa y a los dueños. Me he cambiado de acera miles de veces, no he ido a casa de amigos porque tenían perros, he insultado y denominado "puto chucho" al sibarita Totó de Cristina. Y ahora, tras años de asco y miedo, por cuestión de supervivencia y dejar mi perfil pijotero de lado, acarició a los perros. También porque los perros creo que son los únicos seres del género masculino que me dan bola en este país. Aún así no me quedo con todos, sólo con los grandes limpios y de gente conocida. No vamos a pasarnos.

Solo me falta dejar de beber Cocacola light, dejar el chocolate y odiar dormir. Entonces os llamo y me venís a buscar con urgencia.

jueves 12 de agosto de 2010

Sí y no

Cosas que me gustan de Buenos Aires:

- Que todo el mundo te salude en el ascensor (da igual de dónde y cuándo, todos saludan).
- Hay quioscos donde venden el TELVA.
- Pasar por una panadería y que huela bien.
- El delivery de todo, de periódico, de helado, de alcohol... (no lo uso mucho pero está bueno saber que está ahí).
- Havanna y toda su gama de productos.
- El cine en versión original.
- Los besos. Me acostumbré. Sorry...
- Pasar por el Teatro Colón casi todos los días.
- Pharmacity. Pensé que no iba a haber vida después del CVS.
- Los taxistas y los porteros simpáticos.
- Que haya algo que hacer todos los días por la noche (otra cosa es el presupuesto).
- El dulce de leche y todos los dulces.
- El acento de algunos.
- Decir "¡Qué hijo de puta!" sin que se caiga el mundo (es un equivalente a mamón).
- Puerto Madero.
- Pasar por los sitios que mis amigos argentinos llevaban explicándome año y medio en DC.


Cosas que no me gustan de Buenos Aires:

- Ver a gente dormir en un cartón en la puerta de una tienda de colchones.
- Los soretes de perro (en español de España, con perdón, las cagadas de perro) en mitad de la acera.
- Que me imiten como hablo (Nota: Lo hacéis mal, muy mal, cada vez peor...).
- Los chistes de gallegos sin sentido.
- Los pesos, parece que eres rica y en realidad no tienes nada.
- No poder pagar las cosas por internet o transferencia.
- El metro a las 6 de la tarde (que por suerte no tengo que coger).
- A todos los conductores de cualquier tipo de vehículo de la ciudad que cualquier día me van a atropellar (desde las bicicletas al tranvía).
- El Disco a partir de las 8 de la tarde.
- Las canciones de Cristián Castro.
- Los cartoneros debajo de mi barrio recogiendo el cartón para venderlo.
- El chamuyo (comedura de oreja para España) de los chicos a partir de las 2am.
- Las argentinas histéricas y flacas.
- La lentitud de los camarer@s y cajer@s.

lunes 9 de agosto de 2010

Historia de un taxi


Hay dos gremios en Buenos Aires que a mí me tienen loca, los taxistas (llamados por el público general tacheros) y los porteros. Y si bien los segundos a mí me alegran el camino al trabajo diciéndome lo linda y hermosa que soy (blablablabla -reyes del chamuyo) y el mío (famoso Humberto) me saca de más de un apuro, los que no dejan de sorprenderme son los primeros. Los taxistas.

En el fondo un taxista en Buenos Aires (o al menos los que me tocan a mí) los podemos catalogar en los que no te dan ni bola, te saludan amablemente y te desean suerte al bajarte, y los que te cuentan su vida porque todos, todos, pero todos, o son descendientes de españoles o han ido alguna vez a España. Así que cada vez que veo un cartel rojo que pone libre (aún no sé por qué mierda es rojo y no verde, como la lógica del universo y del resto de los países manda) estoy deseando que me toque alguno del segundo grupo, para entretenerme.

Y como aunque viva en el centro esto es Buenos Aires, lo que significa megaciudad (recordemos que el barrio de Belgrano es como Logroño entero) los fines de semana la nena vuelve a casa en taxi a altas horas de la madrugada, y ayer mi hermana, dos amigas y yo, otorgamos el premio y ovación cerrada a nuestro taxista, porque lo que nos contó si era verdad, era para meterlo en la cárcel, y si era mentira, era para publicarle un libro.

Tras salir de ver a La loca de mierda (esta me da para varios post, otro día) en el teatro cogimos (si CO-GI-MOS, no quiero hablar porteño) un taxi hasta mi casa y por el camino el tachero nos contó, atención que va todo de golpe: que había vivido en Marbella y limpiaba los baños de unos nigerianos obreros con un líquido verde porque aquello no corría muy bien, que vivió en Badalona con dos lesbianas colombianas con las que entre las dos no formaban una mujer ni en pedo, con un ruso que conducía tanques y tenía una mafia de construcción por lo visto enorme, y con un marroquí que no me acuerdo bien que dijo que era pero la historia acababa con que el susodicho tachero se había traído una tableta de chocolate en el champú (y no precisamente de Milka) que le duró entre cero y nada con lo que deduzco que el marroquí le ayudó a conseguirla; amante de los ángeles de la Sagrada Familia y testigo de una Nochevieja borracho en la plaza de Cataluña donde cientos de ingleses comenzaron a tiras botellas y romperlas mientras el pensaba que estaban matándose y que él probablemente fuera víctima. Pero los hijos de puta de los gallegos no le dimos los papeles porque era español de tercera generación.

Todo esto ambientado en un taxi con los asientos plastificados "para los que vomitan", mientras fumaba un pitillo, con la radio a tope y a las 3 de la mañana de un sábado porteño. En resumen: acojonante.

Por tocar un poco las pelotas: hombre, somos gallegos, los gitanos de Europa y estamos en crisis, regalamos pasaportes como churros a hijos y nietos de españoles, incluso hay Comunidades, como la mía, que pagan viajes a éstos para que conozcan la tierra de sus antepasados, pero de ahí a dar también el librito europeo a los de tercera y cuarta generación que no saben ni dónde está Madrid... creo que va un trecho...

martes 3 de agosto de 2010

Ritmo de vida


Muchos me han llamado ansiosa, otros histérica, pero ninguno de los ellos me ha logrado ofender porque lo que soy es alguien que vive a un ritmo normal (quizá un poco acelerado, pero normal). Y, por su puesto, ese ritmo no es el argentino (o el latino, no sé, no puedo comparar).

La gente en Argentina es muyyyyyyyyyy leeeeeennnnnnntttttttttaaaaaaa, sobre todo aquellos que trabajan en cajas (desde Zara al Disco, pasando por McDonalds o la farmacia) y en restaurantes y cafeterías. Lo que en España supone 10 minutos - 1min para entrar, 1 para pedir, 5 para que te sirvan un café y pagarlo al mismo tiempo y 3 para tomártelo e irte- aquí suponen 34: 5 para que te atiendan, 15 de preparación, 11 para pedir y recibir la vuelta y el cambio, y los mismos 3 para tomártelo e irte. Y yo me desespero (y mi hermana también y está de vacaciones).

No puedo entender por qué trabajan cuatro y tres miran, sólo una hace cafés y mientras las que sirven esperan en fila a que vayan saliendo los suyos. Que visto el panorama me pasé al té, se supone que es más fácil, pero tampoco, y visto el fracaso del té y del café me pasé al zumo (con el correspondiente cago de risa cuando digo zzzzumo y no jugo) y ahí si que son más rápidos (que aquí también se van las vitaminas rápido, esto es igual en cualquier parte) pero aún así son muyyyyyyyy lennnnnnntttttttooooooossssssssss, y a mí me pone de mal humor por tres cosas:

1. Porque no tengo toda la vida para tomar un puto café, té o zzzzzumo

2. Porque en una fila en la que te empieza a hablar el de detrás, con el que no tienes ninguna de hablar, no te queda otra que hacerlo porque eso no avanza,

y 3. Porque luego tengo que aguantar que en España no se trabaja.

Que quede claro que no es así. Sólo que en el tiempo que nosotros trabajamos, echamos la siesta y tenemos un mes de vacaciones, aquí sólo les da para una de las tres cosas, o para media (y no quiero saber cómo van por el Caribe...).

Feliz día


Como le ha tocado llevarme al aeropuerto millones de veces, aguantar todas mis quejas el día de la gran nevada en DC (y quince amagos de rotura de pierna), darme de comer pavo en mi único Thanksgiving gringo, traerme una caja de havannets cuando eran un privilegio, llamarme conchuda cuando me merecía, escuchar mis puteos hacia las amargadas negras chóferes de buses y cajeras de comida rápida (perdón por el comentario racista, pero es que sólo eran las de color), oírme hablar inglés como los indios, sacar de paseo a la tía y a la prima, llevarme a pagar el alquiler a la concha de la lora, guardar mi almohada hasta que logramos que pasase la frontera, hacerme reír y llorar el día que me fui, no llamarme gorda nunca, buscarme un marido para conseguir la Green Card, apreciar el jamón como nadie, explicarme lo inexplicable, contarme lo incontable y animarme un poquitín a venirme a su país, sólo me queda desearle un feliz día de cumpleaños.

Y aunque no pueda ir a comer al peruano una vez más para celebrarlo, le taladraré la cabeza vía chat para que no se olvide de dónde estoy (y vía blog, y vía Facebook y vía área si tuviera guita...).

FELIZ CUMPLEAÑOS, MARTÍN.