
Si tu dieta ideal sería pan, chocolate y Cocacola (ligth) y vives en Argentina, la operación bikini se complica un poco. Y yo que estoy en plena fase de volver a poner todo en su sitio me he dado cuenta de lo aburrido, triste y soso que es comer sano.
Año y medio comiendo lo que me venía en gana en este invierno perpétuo en el que me embarqué hace un año, ha dejado salir cosas que no sabía ni que podían salir y han ocultado huesos que antes estaban en su sitio y ahora están perdidos (o hundidos) vaya a saber dónde...
Así que mientras la ensalada ha pasado a ser la base de mi insulsa alimentación (y los de mi alrededor siguen zampando lo que quieren sin tenerme un poco en consideración) me he dado cuenta de lo bueno que es todo lo malo. Dónde va a parar un Havannet de chocolate relleno de dulce de leche, una media luna de grasa y un buen bollo de pan al lado de una hoja de lechuga, un alfajor de arroz inflado que parece comida de pájaro y un tecito con edulcorante... No lo sé, el caso es que los primeros engordan mucho y los segundos no, y a mí me gustan mucho los primeros, y los segundos son como una tortura china.
Es triste, muy, pero más triste es ver un short donde no sabes en qué momento de tu vida cupiste y aquello se abrochaba sin problemas, la ropa de verano que deja ver lo mejor de cada uno en su total naturalidad y mucho más los bikinis, que ahí sí que no hay escapatoria...
Todo por una primavera-verano en paz, que está llegando y yo aún ni me lo creo.



