
Los chinos en Buenos Aires son especiales. No son chinos como lo de España. Tienen su barrio chino, y aunque algunos sí que tienen un negocio en el que venden de todo como en España, el clásico todo a 100 donde friki de mí compraba paquetes de cartas con dibujos y olores, aquí los chinos lo que tienen son supermercados de barrio.
Esos súper que en Logroño identificabas con el símbolo naranja de Udaco o cómo leches se llamará, o que no tenían ni nombre propio, se llamaban como el dueño “lo de Juan”, “ lo de Evedio” (¡quién se puede llamar Evedio hoy en día?), aquí en Buenos Aires también existen cada dos, como mucho tres, cuadras. Pero aquí lo llevan chinos, y los nombres son del estilo “Jardín de Pekín”, “Sol naciente” o simbolacos raros que puede poner vacaborrachaenelojodeltigre que ninguno de los que ahí compramos vamos a entender jamás.
Y todos esos chinos, o por lo menos los cinco que hay alrededor de mi casa y la oficina, tienen cosas en común, independientemente de que unos estén más limpios que otros, más ordenados o desprolijos, o la china o chino hable mejor o peor español argentino que otros porquel final lo que importa son cuatro frases: “Glacias”, “No tenés bil-lete más pequenio”, “¿Has traido envalse de cerveza?” y “No tenemos”.
En común está el puñetero famoso gato dorado que mueve el brazo para delante y para atrás todo el santo rato que aún no sé qué significa.
Además todos tienen una especie de balleta o trapo húmedo en la caja en la que el que esté de cajero se humedece los dedos para: o bien abrirte la bolsa o bien contarte bien el dinero que te devuelve, que a mí no me puede dar más asco ese trapo que vete tú a saber dónde leches ha estado o cuántos billetes ha contado la china con esa humedad.
Todo chino que se precio cuenta en su plantilla con un latino de cualquier nacionalidad que habla perfecto español para la zona de verdulería y fruta. Porque los kilos y los nombres de las frutas y verduras no entran en las cinco frases que todo chino o china debe saber para desempeñar su laburo en la capital.
Y, sin dejar de lado la raíz china del vendotodoloquepuedoenelmenorespacioposible, en todos los chinos hay una estantería en la que pueden encontrar desde una percha, hasta un tapón universal de bañera, pasando por un candelabro o un plástico para cubrir las esquinas de las mesas para que tu hijo tocatodo no se rompa la cabeza con ellas.
Y de esta forma los chinos tienen todo lo que alguna vez necesitas comprar y terminan siendo parte de mi vida porteña. Pero sobre todo la gente, y yo, compramos en ellos porque además de simpáticos siempre, siempre, siempre, están abiertos cuando los necesitas. Y eso nunca se pagará con dinero.

