
Últimamente sufro de estrés. Que ya sabemos todos que estoy perdiendo el pelo y voy a dejar de lloriquear con eso, pero el tema es que ya estoy llegando un poco demasiado lejos. Situémonos: Ezeiza es el aeropuerto de los vuelos internacionales de Buenos Aires, que queda a unos 40 minutos del centro en un día sin mucho tráfico; Aeroparque es el aeropuerto de los vuelos internos, a Uruguay y Brasil o Chile como muy lejos, está a 15 minutos de mi casa. Procedo a contar la última de la que escribe...
Esta semana la visita le tocaba a aquella rubia enanita que conocí el día que hice el examen de admisión en la Universidad y que desde ese día, hasta ahora, fuimos apodadas "el punto y la i", porque no contentas con estudiar en la misma clase, vivimos juntas. Y como ya llevaba un año sin verme le dio la vena de venir a verme y a sus padres les pareció tan buena idea que se vinieron con ella. Así que el sábado por la mañana, a las 5 de la mañana, me dispuse a ir a Ezeiza a buscar a la familia Corta (ni una risa con el apellido que es mi mejor amiga) con todo el amor del mundo.
Raúl, el chófer de la familia Royo en Buenos Aires desde aquella vez que llevó a mi hermana María y ella le contó nuestra vida en verso, me vino a buscar y me llevó. Esperamos un ratito (porque nunca nunca nunca salen los primeros a aquellas personas que vayas a buscar) y nos llevó corriendo a Aeroparque para coger el vuelo rumbo a Iguazú y visitar las cataratas. Raúl y Javier se hicieron amigos (por eso es mi chófer preferido) y las ladies raja que te raja sin parar hablamos hasta de Belén Esteban en el asiento de atrás. Todo en hora y con tiempo hasta de desayunar. Pero no.
Al llegar a Aeroparque (tras 40 minutos desde el otro) el sabio padre Corta (todos los padres son sabios) me dijo la de "Oye, Inés, no será en otro aeropuerto, ¿no? porque en la pantalla no hay ningún vuelo a Iguazú". Y yo toda argenta le dije "tranqui, yo de la pantalla ya ni me fio, voy a preguntar que así se llega a Roma". Y según me alejaba a buscar a alguien que me dijera qué pasaba, miré los billetes, los volví a mirar y vi que efectivamente la sabiduría paterna se confirmaba: ¡Nuestro vuelo salía del aeropuerto de donde veníamos!
Y yo según volvía iba pensando cómo leches les iba a decir a tres seres que quería mucho y no veía desde hacía años, que llevaban 14 horas montados en un vuelo de Aerolíneas Argentinas para venir a ver el país y verme a mí, que me había confundido de aeropuerto. Pero como tampoco tenía mucho tiempo se lo dije y en menos de 3 minutos estaba montada en otro taxi con un gordo enorme diciéndole que tenía 40 minutos exactos para llevarnos a Ezeiza de nuevo.
Yo solo quería morirme, Susana sólo me miraba y me decía no pasa nada, el padre de Susana se hacía de nuevo amigo del nuevo taxista mientras me decía "Inés, tú tranquila, lo que el dinero y el tiempo puede solucionar no es un problema grave" (ponedle acento vasco que es mucho más familiar y da mas confianza) y yo veía por el rabillo del ojo a la madre Corta que en ese momento creo que me hubiera dado un bofetón que hubiera llegado directa a Iguazú sin pasar por ningún aeropuerto. Y volamos, volamos hasta el punto de que en medio de la autopista el gordo tuvo que parar para cerrar bien el capo porque se iba levantando.
Corrimos mucho, y mientras yo pagaba, el resto facturaba, y en ese momento, ahí sin comerlo ni beberlo, salió la argentina que llevo dentro y he ido perfeccionando en el último año. El gordo no se daba cuenta de la importancia del momento, y me quiso timar cobrándome 250 pesos por la carrera (no cambiéis a euros que sino no vais a ver la importancia del asunto). Y yo toda digna, le miré, me remangué y le dije "pss... vamos a ver, antes por irme a buscar a casa, venir y llevarme al centro me ha cobrado mi chófer, Raúl, 165 pesos, ¿no me estarás intentando timar, no? Porque habló raro, flaco, pero llevo aquí ya 12 meses y algo, algo... para bien o para mal... he aprendido. Así que como mucho te doy 200 porque, entre otras cosas, no llevo más". Y al minuto me dijo: "Bueno, dale, 200 y en paz". Así que le di 180, facturamos y corrimos más para llegar a la puerta de embarque.
Yo siempre veo a gente correr en el aeropuerto y pienso "qué pringados, mira que es difícil llegar tan justo como para correr como si no hubiera un mañana" y que nunca me vería corriendo como la escena de toda la familia del de Solo en casa corriendo como locos porque no llegan. Pues bien, el sábado a las 9 de la mañana había tenido más acción que en el último mes junto y me convertí en la mayor pringada del universo de los aeropuertos, de Aeroparque, de Ezeiza y del mundo entero y seguí corroborando que yo y un aeropuerto es juerga asegurada.
Las cataratas impresionantes.
7 comentarios:
jajajajaja, joder Inés... y unas vacaciones para despejarte, colega??? Porque lo normal es que eso le hubiera pasado a cualquiera menos a ti!!!!!
cuídate!!!
un beso enorme
jajajajajajajajajajajaja, yo soy papá Corta y te parto la cara por boba!!!!
beso
B
Menos mal que no perdieron el vuelo a las Cataratas, por que si no, la famiia Corta hacia cola para cagarte a patadas.
Saludos
No sé que os hace tanta gracias wapitas de cara, yo quiero seguir muriendome lentamente....
Cartmillo, antes le pido el avión a Cristina que quedarme sin cataratas!!!!!
besossss
INES
jajajaa que suerte que pudieron llegar a tiempo y no perder el vuelo a cataratas, sino papa mama y toda la familia Corta te iban a matarr...y que bueno que pudieron conocer las cataratas, y toda la zona de iguazu que es hermosa
jajajaa que suerte que pudieron llegar a tiempo y no perder el vuelo a cataratas, sino papa mama y toda la familia Corta te iban a matarr...y que bueno que pudieron conocer las cataratas, y toda la zona de iguazu que es hermosa
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