

Hace 22 años un 15 de julio mis padres pusieron aquí los pies con tres hijas (de 9 y 8 años y 3 meses) y desde entonces 22 veces han repetido la misma acción con niñas cada vez más grandes, un niño más y miles de maletas, cubos y palas, patines, tablas de surf, bicicletas, trajes de neopreno, palos de golf... según la moda que tocaba cada año. En mi casa el ciclo se convierte desde aquel día en Navidad-Semana Santa-San Bernabé-NOJA-San Mateo y Navidad.
Y así ha sido desde que yo nací y seguirá siendo, por el momento. Veintidós años en un mismo hotel en el que no había ni microondas, ni lavadora, ni tostadora para el desayuno. Donde noches y noches, hasta que tuvimos edad de salir más lejos, nos hemos entretenido jugando con las chapas al tour de francia o en los columpios que se resumían a un neumético viejo que año tras año dábamos de sí para que fuera más blandito y en el que el jefe era el que saltaba más lejos desde arriba (yo nunca lo fui). Donde el premio por comerte todo era un frigopie de postre o una bolsa de chucherías en la tienda de la esquina.
Un mismo pueblo que ha pasado de tener caminos de barro con vacas a estar urbanizado hasta la bandera, de puestos de mercadillo a tiendas con alarma antirobo y de no saber nadie colocarlo en el mapa a venir medio Logroño con apartamento incluido.
Y aquí ha sido donde aprendí a andar ante la sorpresa de todos, a nadar bien o andar en bicicleta mejor, donde me puse mi primer bikini, donde me cogí mi primera borrachera (bastante tarde pero recuperé el tiempo perdido pronto), donde tenía amigas, y tengo, con las que me escribía cartas y no mails, y donde he compartido mi vacaciones con la misma gente de siempre en la que lo único que cambia es la edad, las arrugas, la barriguita y el curso que se estudia (habitaciones, mesa, comida, sitio de la playa, estanco... es todo lo mismo) y el paso del tiempo hace que los que antes eran mayores ahora sean padres, los que eran niños estemos todo el día buscando una botella de agua para la resaca y los que eran bebés empiezan a salir por la noche y a contarte que tienen novio...
Un sitio sin más, Noja que hace que con 30, 20 o 40 años la gente quiera venir de vacaciones con sus padres en vez de con los amigos. Será porque solo les vemos a la hora de la comida y la cena, pero aquí estamos todos. Un año más. Y sumando.
Y así ha sido desde que yo nací y seguirá siendo, por el momento. Veintidós años en un mismo hotel en el que no había ni microondas, ni lavadora, ni tostadora para el desayuno. Donde noches y noches, hasta que tuvimos edad de salir más lejos, nos hemos entretenido jugando con las chapas al tour de francia o en los columpios que se resumían a un neumético viejo que año tras año dábamos de sí para que fuera más blandito y en el que el jefe era el que saltaba más lejos desde arriba (yo nunca lo fui). Donde el premio por comerte todo era un frigopie de postre o una bolsa de chucherías en la tienda de la esquina.
Un mismo pueblo que ha pasado de tener caminos de barro con vacas a estar urbanizado hasta la bandera, de puestos de mercadillo a tiendas con alarma antirobo y de no saber nadie colocarlo en el mapa a venir medio Logroño con apartamento incluido.
Y aquí ha sido donde aprendí a andar ante la sorpresa de todos, a nadar bien o andar en bicicleta mejor, donde me puse mi primer bikini, donde me cogí mi primera borrachera (bastante tarde pero recuperé el tiempo perdido pronto), donde tenía amigas, y tengo, con las que me escribía cartas y no mails, y donde he compartido mi vacaciones con la misma gente de siempre en la que lo único que cambia es la edad, las arrugas, la barriguita y el curso que se estudia (habitaciones, mesa, comida, sitio de la playa, estanco... es todo lo mismo) y el paso del tiempo hace que los que antes eran mayores ahora sean padres, los que eran niños estemos todo el día buscando una botella de agua para la resaca y los que eran bebés empiezan a salir por la noche y a contarte que tienen novio...
Un sitio sin más, Noja que hace que con 30, 20 o 40 años la gente quiera venir de vacaciones con sus padres en vez de con los amigos. Será porque solo les vemos a la hora de la comida y la cena, pero aquí estamos todos. Un año más. Y sumando.
2 comentarios:
Yo con mis padres no me fui de vacaciones nunca...
Te lo pasas mal, eh amiga???. Antes de sus veranos en Noja, cuando la chiquilla iba en el carrito pasaban las vacaciones en Salou y allí jugaba yo con sus hermanas...
Justo por qué no sorprendes a tus papis y te los llevas un finde??.
MUAK, MUAK
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