Uno de los sitios donde he pasado más horas después de mi casa y del colegio es en La Isla, el Berceo, la piscina o como cada cual quiera llamarlo. Primaveras, veranos, otoños, inviernos, jugando, con la bicicleta, entrenando, siendo más chico que chica, pegándome con alguno, viendo fútbol... Y siempre con la misma gente.
Unos de los más queridos por todos eran Los Canarios. Fueron muchos años los que llevaban el bar y siempre estaban por ahí, siempre riendo y con una palabra agradable para cualquiera. Me acuerdo que cuando era pequeña pensaban que eran de Canarias y por eso les llamabamos así, de hecho nunca supe, así de primeras, cuáles son sus verdaderos nombres. Pero no me importa, mi preferida era La Canaria.
Ella era una de esas personas que desde que tengo uso de razón era físicamente igual. Con la cara arrugadita, pelirroja con el pelo corto, generalmente siempre comiendo algo y siempre (da igual que pesara 100 que 200 kilos) cuando me veía pasar por la mesa donde jugaba al parchís o a las cartas con sus hermanas me gritaba: "¡Aiba, la Inés, pero que guapa estás!, ¡Pa' ti es la vida maja!".
Y así todos los días. Cuando era pequeña porque era pequeña, cuando era mayor porque estudiaba fuera y al verme algunos domingos se moría, y cuando se enteró que cruzaba el charco no lo podía creer.
La última vez que la vi fue el mayo pasado, y la vi malita, pero el que estaba malito era su marido y creí que era por él.
La semana pasada una amiga de visita en DC justo me habló de ella, y me dijo que estaba muy malita, pero de verdad. Y yo pensé "la veo en un par de semanas sí o sí".
Pero no la voy a poder ver. Ayer llamé a mis padres y hablando un poco de todo mi padre me dijo, así, sin anestesia, que La Canaria se había muerto. Y yo seguí hablando de lo demás, pero cuando colgué me quedé triste, pensando en cada vez que pasaba por aquella mesa de al lado de la piscina y recibía un grito. Y ahora ya no lo voy a recibir nunca más.
Pero bueno, seguro que por dónde esté hay parchís, y comida, y alguna Inés a la que gritar algo. Porque seguro que María Nieves Ajamil (que así se llamaba verdaderamente La Canaria, y yo me entero hoy) no deja de sonreir.
1 comentario:
Muy bonito Inés
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