
Hoy hace siete años que se casó mi hermana. Pero como la costumbre no hace más que celebrar los aniversarios en años múltiplos de cinco este post no va para ella (además sigo esperando a que me haga tía desde ese día...).
Hoy hace 35 años que se casaron mis padres. Que yo sólo he vivido 25 de esos, pero entonces me doy cuenta lo que supone todo este tiempo para cada uno de ellos.
Supone para mi padre treinta y cinco años de aguantar el orden obsesivo de mi madre, que te eche siempre un poquito más de lo que quieres en el plato o te haga repetir a pesar de que estés para explotar, intentar sacarle una foto sin que salga con los ojos cerrados, oírle hablar de ropa sin parar, ver que compra también asiduamente ;), vivir que una enfermera pase de ti ante cualquier queja referente a un dolor mínimo (tiene cosas más importantes que ver en el hospital...), que siempre te dé la misma pastilla para todo y oírle gritar en el coche cuando ve que la agujita pasa los 150 kilómetros por hora como una posesa.
Pero también significa ver a alguien a tu lado siempre impecable vestida de arriba abajo sin importar la hora, siempre sonriendo aunque los momentos no sean de risa (aunque solo sea para quitarle hierro al asunto), escucharla decir "Va, chico, que es una tontería" a pesar de que estemos ante un marrón bastante marrón, o defendernos a sus hijitos, especialmente al pequeño, ante la autoridad paternal, a fuego y espada aunque sea la causa indefendible.
Y para mi madre estos años ha supuesto ver como un hombre podía cambiar radicalmente de humor ante un resultado de un equipo de fútbol, como a un ser le pueden doler tres partes del cuero distintas a la vez y todas temerariamente graves, que no le dejen apenas hablar por Skype con la que está lejos, en este caso yo misma, oír la cantinela de "para ya un poquito con la tarjeta de crédito" ante cualquier compra vital o no, tener que controlar la cantidad de sal vertida sobre una comida para evitar sustos cardiacos, y haber tenido que esperar hasta la década de los noventa que a un padre le dé por compartir territorio en el salón para ver series familiares y no fútbol.
Y para mi madre estos años ha supuesto ver como un hombre podía cambiar radicalmente de humor ante un resultado de un equipo de fútbol, como a un ser le pueden doler tres partes del cuero distintas a la vez y todas temerariamente graves, que no le dejen apenas hablar por Skype con la que está lejos, en este caso yo misma, oír la cantinela de "para ya un poquito con la tarjeta de crédito" ante cualquier compra vital o no, tener que controlar la cantidad de sal vertida sobre una comida para evitar sustos cardiacos, y haber tenido que esperar hasta la década de los noventa que a un padre le dé por compartir territorio en el salón para ver series familiares y no fútbol.
Pero ella también ha podido disfrutar de comidas y cenas exquisitas los últimos años, chistes y vaciladas a diario, un conductor de lujo cuando había que ir a Oviedo, compañero de viajes nacionales e internacionales, una sonrisa donde menos te la esperas que la va a haber y un "no te preocupes, ya veremos..." cuando parece que todo es gris.
Así que padres amados que me dieron el ser y patrocinan mi vida, feliz aniversario. Si habéis llegado hasta los 35 ya estamos planeando la celebración de los 40, el resto es... pan comido.
Os quiero mucho.
2 comentarios:
Qué majos... y que sean muchos más.
Felicitaciones a ambos, por muchas cosas, pero especialmente, por la paciencia...
Besos desde el otro lado del charco!
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