
Hoy ha sido el cumpleaños de mi madre. En realidad en Argentina lo sigue siendo por media hora más, pero ojalá estuviera aquí para celebrarlo. Sólo he podido hablar con ella cinco minutos y mandarle un sms, según ella más que suficiente. Pero para mí ya no son suficientes estas cosas. Siempre he comentado lo bueno y lo malo de estar fuera, la experiencia, la gente, la nueva cultura… pero empiezo a sentir esa cosa dentro que me llama a volver más cerca de casa.
Hoy era uno de esos días en los que nada me compensaba tanto como poder estar allí. Estar con todos, con mi madre que era la homenajeada, verla hablar por teléfono sin parar y de poder ver su cara ante un regalo. Ir a comprar cosas o acompañarla a donde tuviera que ir, porque era su día.
Hoy era el día en el que quería estar en casa al lado de mi viejo. Que termino el domingo por la mañana en una ambulancia hecho paté porque una loquita iba con cinco veces más de las copichuelas permitidas y se lo habían llevado por delante, a él y a su ya no existente bicicleta. Le duele hasta el cerebelo, no se puede mover todavía. Pero me tengo que conformar con verle la cara por Skype y dar gracias a que solo tenga desde la lengua al tobillo unos hematomas del tamaño de la Península Ibérica, total podía haber sido peor, se podía haber roto algo o más.
Hoy era el día en el que hubiera querido estar con mi hermana María haciendo, o viéndola hacer, los quinientos mil emparedados que seguro ha hecho para celebrar en casa el cumpleaños de mi madre. Y el día en el que hubiera querido ver a mi hermana Ana, que creo sigue con el susto del domingo, para ayudarle, o verla desde el sofá, como recoge las cosas del salón a la cocina, de la cocina al salón.
Y hoy también era el día en el que hubiera querido llegar a Madrid con mi hermano Felipe. Para reclamar por las maletas que le han perdido, para cagarme en lo más barrido porque en una de ellas estaba el regalo de mi madre, para poder comerme un bocadillo de jamón serrano nada más aterrizar como él ha hecho y sobre todo, para poder decir que estaba de vuelta a casa y hubiera visto a todos los anteriormente nombrados.
Pero nada de esto se ha dado, porque hoy he estado de viaje durante todo el día, en un pueblo de la costa argentina yendo a ver a un candidato a intendente con el que trabajo. He visto la playa, he comido pescado y he estado con uno de los clientes que más me hace reír, y con los que me hacen ver lo bueno de este país y me hace sentir que vale todo para algo.
Ya habrá tiempos mejores. Y yo ahí estaré para verlo.
2 comentarios:
Ay pequeñaja!! NO te preocupes no te perdiste tanto. Mama sólo tuvo un regalo, así que la cara de sorpresa la puso cuando se dio cuenta de que no había más... Y además Felipe perdió también la cartera con la tarjeta de credito con la pagó las entradas para ver a la selección... Y la Anita trabajaba... Y yo hice muy poquitos emparedados...Y papa está mejor... De todos modos cuando vengas, seguro que te quieres ir otra vez, nunca estamos conformes con nada. Así que mucho ánimo y sigue disfrutando de los placeres del sur como que, en breve, os llegue el calorcito. Te quiero mucho. Besos
Royi, se está terminando el verano y aquí la cosa está mu malita laboralmente hablando. Entiendo tus ganas porque estar lejos es una putada, pero más lo es estar en casa sin hacer nada así que aprovecha que tu puedes!!!
un beso enorrrrrrrrme
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