miércoles, 14 de agosto de 2013

Siete cosas que juré no iba a hacer cuando fuera madre y ya las hago sin serlo


Mi madre, la que ya presenté y nombré aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y el que tuvo mucho éxito, aquí, es muy madre. Y como buena madre tienen sus cosas de madre. Esas cosas de madre que yo cada vez que se daban juraba y perjuraba que no haría nunca cuando fuera madre. Pero ya las hago sin serlo.  
Las paso a enumerar:

1. Meter un paquete de pañuelos en la mochila, sobre todo antes de un viaje o excursión. Mi madre de toda la vida del señor se podía olvidar de meterte el bocadillo del recreo o las notas firmadas, pero nunca dejaba de meter en la mochila, el bolso o donde hiciera falta, un paquete de pañuelo "por si a caso".  Hace unas semanas el que duerme a mi izquierda se fue a un congreso a Madrid y antes de irse al aeropuerto le puse en la mochila un paquete de pañuelos "por las dudas". Cuando cerró la puerta no sabía si darme cabezazos contra la pared o pegarme un tiro.

2. Desmquillarme con algodón y desmaquillante, no con toallitas. Las toallitas son lo más cómodo del mundo mundial, pero según mi madre "son para emergencias, porque no limpian del todo", afirmación que en los últimos años me ha entrado por un oído y me ha salido por el otro. Ahora, a 14.000 km de distancia (salvo copas de más) el ritual es algodón y crema. El día que lo compré con conocimiento de causa y siendo consciente de lo que estaba haciendo puse los ojos en blanco y pagué.

3. Poner papel de aluminio o un film al embutido empezado. Mi madre pone un precinto a todo, creo que en el frigo de mi casa hay cosas con papel Albal que no están empezadas pero ellas las tapa "porque todo se pone malo y se seca". Yo abría el pavo, agarraba un par de lonchas y tal cual se guardaba. Seis meses en Buenos Aires y ya he comprado dos rollos de cada cosa. El embutido se pone seco, confirmado.

4. Ni un par de zapatos sin bolsita para zapatos en la maleta. En mi casa hay más bolsas para zapatos que zapatos, no sé muy bien si se reproducen o mi madre le pide a las de Bimba&Lola bolsas cada vez que va. Ya no hago una maleta sin que cada par de zapatos vaya en su bolsita de zapatos. Y he de decir que queda todo más ordenado y los zapatos cuidados. (¡Matenme!)

5. Echar más comida en el plato aunque me digan "no". En mi casa no se tira nada y cuando queda poco de algo (6 filetes para mi madre es poco) siempre viene con la sartén todavía ardiendo hasta tu oreja y te echa algo porque "chica, para dos que quedan no los vamos a dejar ahí" (¡quedan 6!). Cuando cocino (vamos progresando) lo hago para ochenta, y como sólo somos dos yo echo hasta que no cabe más en el plato y cuando queda un poco (pero de verdad) sigo echando porque "no vamos a dejarlo ahí para dos que quedan". 

6. Multiplico el suavizante de la lavadora con agua. Cuando mi madre echaba agua al suavizante de la ropa y yo la veía siempre pensaba que qué le costará comprar otro si va día sí y día también al supermercado, o mandarnos a alguno al If (una especie de Farmacity) que son 25 metros. Pero ahora lo entiendo todo, el suavizante cunde mucho más de lo que dice el frasco yo llevo con un culín desde hace 3 semanas y la ropa igual de bien...

Y por último y por ello el más importante:

7. Tómate dos. Ya lo conté en su día pero mi madre, enfermera de toda la vida, si te dolía de cintura para arriba era porque estabas estudiando y tensa, si te dolía de cintura para abajo era porque estabas creciendo. Con 20 años se crecía también. Solución para todo: tómate dos Ilvicos que son buenos para todo. Con la llegada del "invierno" a Buenos Aires empezamos con los resfriados y el otro día dije "tómate dos que te harán bien" y según dije "bien" me dispuse a tirarme por el balcón.

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