Esta de moda correr. El running es correr,
que parece que ya nada lo podemos decir en español. Y cuando algo se
pone de moda, además de que la gente cae como moscas, las marcas
aprovechan y o bien suben el precio de los productos relacionados que ya
vendían o los crean. Así que ahora Oysho, H&M y Mango exponen
en sus paredes colecciones de GYM-WEAR, o lo que es lo mismo, ropa para el gimnasio, a un precio medio entre las marcas de deporte históricas y el Decathlon.
Con la parte estética solucionada sin dejarse el bolsillo en el intento el paso posterior es la voluntad de salir a correr,
reconocer que esta cosa lleva tiempo y ver si en algún momento corazón,
piernas y brazos se alían para que puedas participar en una carrera de
5, 10 o 21 kilómetros (5K, 10K o 21K en la jerga running). En el caso de
Buenos Aires organizadas por empresas que no tienen nada que ver, o más
bien todo lo contrario, con los hábitos saludables que conlleva el
deporte, es decir, McDonalds y Banco Ciudad.
También he leído últimamente mucho sobre la gente que corre, a Laura Ferrero (que no me la imaginaba corriendo) o al Buen Vividor (que me lo imaginaba menos). Así que yo no voy a ser menos.
A mí no me gusta correr. No es que no me gusta, es que lo odio. Desde pequeña cuando corro se me empieza a secar la garganta y empiezo a sentir como mis pulmones van cayendo poco a poco, me siento resecos hasta los bronquios y siento que mi corazón puede llegar a estallar. Lo mío era el agua, qué le vamos a hacer. Hay gente que no se hace un largo y yo mehago hacía 50 en hora y pico cada tarde como si fuera Ariel en La Sirenita. Cada uno lo suyo.
A mí no me gusta correr. No es que no me gusta, es que lo odio. Desde pequeña cuando corro se me empieza a secar la garganta y empiezo a sentir como mis pulmones van cayendo poco a poco, me siento resecos hasta los bronquios y siento que mi corazón puede llegar a estallar. Lo mío era el agua, qué le vamos a hacer. Hay gente que no se hace un largo y yo me
Pero aún así, cual mosca, he caído, y ahora intento superar ese trauma running-infantil que llevo arrastrando tanto tiempo.
El
atuendo es fruto de buenos ratos en Oysho y en H&M buscando
rebajas, pero voy tan mona que de ahí me podría ir a cenar con el que
duerme a mi izquierda sin problemas. El pelo es algo que no creo pueda
solucionar en mi, espero, larga vida porque tengo tanto que la coleta
empieza en lo alto y en el metro 100 está ya en el hombro. Y lo de
correr... pues es algo que dos meses después de arrancar no logró
alcanzar.
Tengo tablas para principiantes, tablas para gente que ha nadado y ha hecho ciclismo y quiere pasarse el puñetero running,
tengo la tabla de deportista nivel 1 que los de la organización del 5K
de McDonalds te regalaba para que entrenaras previamente a su carrera.
Tengo el blog de Cristina Mitre en favoritos porque yo la leo y me
siento Chema Martínez y mis rodillas empiezan a girar. Pero dos meses después (con lesión de casi dos semanas en medio) no he llegado a 5K. Ni estoy cerca.
Y la verdad es que me preocupa entre cero y nada
porque decidí empezar a correr para demostrarme a mí misma que podría
hacer algo más que caminar o nadar. Ni siento felicidad sobre la cinta,
ni me siento una gacela, ni llego a la velocidad crucero en la que lo
mismo da 8 que 80 porque el cuerpo automáticamente corre sin pensar en
otra cosa.
Yo me subo a esa cinta, pongo el 9 y los minutos son días y los segundos horas, el capítulo en bucle de CSI de
la televisión del gimnasio parece rodado a cámara lenta, empiezo a
sudar cual pollo en el pincho dando vueltas, siento como se mueven todos
los músculos de mi cuerpo desde cuello a tobillo, la de al lado siempre
corre más que yo aunque luego no levanta ni 5 kilos en las pesas y por
mucho que piense en que algún pueda hacer una carrera y mostraros
orgullosa mi foto con dorsal en Instagram, que el que duerme a mi
izquierda confía en que ese momento llegue pronto y que una tarde más
ahí subida me va a permitir tomarme cuatro facturas (mediaslunas,
curasanes o cómo lo llaméis) el domingo sin sentirme una foca marina en
el acuarium, a mí se me sigue secando la garganta, los pulmones, los
bronquios y hasta las venas que noto como llega la sangre a un corazón a
punto de estallar.
En definitiva, odio correr
por mucho que sea la actividad física del momento. Y ya no me creo a
toda esa gente que no ha corrido nunca y hace medias maratones. Se puede
correr o no se puede. Y yo de momento estoy en el segundo grupo.
A ver cuándo ponemos de moda nadar que es el deporte más completo según los expertos. Y ahí hablamos.

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