Circula por mi muro de Facebook un link a un post/video/lista o no sé qué es en donde explican las 35 diferencias entre salir a los 20 y a los 30 (para los interesados dejo el link). Y, por su puesto, me he negado y niego a darle al click y reconfirmar que estoy más cerca de los 30 que de los 20. Soy de Letras, pero no imbécil.
Solo sé que de las tres últimas conversaciones que he tenido por Skype con alguien que no sea miembro de mi unidad familiar, dos me han enseñado un anillo de compromiso y me han gritado la fecha en la que tengo que viajar a España el año que viene y, ojo al dato, en la otra me han enseñado una ecografía de un ser humano todavía sin sexo determinado de 10 semanas. Pánico en el túnel.
Esto hace que ya no decida mis viajes por fiestas (Navidad, San Mateo, cumpleaños...) sino por bodas, nacimientos, bautizos y despedidas de soltera. No quiero hacer cuentas que soy de Letras.
Sé también que esas camisetas "para salir" negras con brill-brilli, que a mí una lentejuela me vuelve loca, llevan colgadas en el armario una temporada superior a seis meses e inferior a 4 años. No es que no salga, es que ya no me da "vestirme para salir". Ni la cabeza, ni las ganas. Veo los tacones (en sus fundas debajo de la cama) y me empieza a hormiguear la planta de los pies. Paso.
Hace un tiempito tenía una lista de bares y discotecas que explorar y ahora en mi lista hay 5 cafeterías-pastelerías para tomar el té (esto es muy argento), 7 sitios para comer un buen brunch y otros tantos con las mejores copas (tragos para el público local).
En mi lista de tareas semanales está la de ir a la verdulería-frutería porque quiero, no por obligación. A comprar verdura. ¡Y fruta! No hace tanto mi visita semanal era al McDonalds. Quizá esto segundo es causa y efecto de lo anterior, el caso es que no voy (más allá de la inflación que hace que un McMenú en Argentina me salga a precio de jamón jabugo).
Reconozco también que en más de una ocasión reciente me he visto diciendo "es que los jóvenes de hoy en día" y he querido que un agujero se abriera bajo mis pies en la geosfera (palabro) llevándome hasta donde la tierra quema. Malditos adolescentes rebeldes del barrio.
Afortunadamente, ahora puedo comprar algo de más de 50 euros sin pensar que eso afectará a la cantidad de alimentos ingeridos los 7 días siguientes. No todo va a ser malo.
Sin embargo, prefiero gastarme esos 50 euros en una cena como dios manda con el que duerme a mi izquierda que en un jersey de lana de la China de Zara o en copas. ¡Qué me pasa!
Confirmo que he deseado con todas mis fuerzas que lloviera un sábado y un domingo para tener una excusa para no salir de casa y solo dormir y no hacer nada. Los sábados son los nuevos domingos. Y los domingos siguen siendo los viejos domingos.
Y hace unos días, fue a comprarme desmaquillante (no en toallitas) y decidí que ya era hora de incorporar al pack nocturno un tónico. ¿Para qué? Eso pregúntaselo a mi madre.
Con esto me vale. No son 35, son unas cuantas menos.
Pero más que suficientes.

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