lunes, 6 de octubre de 2014

El tío Titín


Yo era de fútbol. De toda la vida yo tenía carné del Logroñés y los domingos iba a Las Gaunas no a la Adarraga. Pero en verano de 2005 me tocó hacer un viaje a Ezcaray con Eduardo Gómez y Nafarrate al volante a ver un partido de pelota y aquello me gustó más de lo que pensaba. Había ruido, se fumaban puros, la gente apostaba, te daban gin tonics (cuando no estabas trabajando), era de una duración asimilable y era una de las 10 personas menores de 25 años de género femenino que ahí estaba. Y desde entonces siempre que había hueco y oportunidad en la tribuna o en prensa intentaba ir a la pelota.

En el curso de 2007-08 tocó aquello de identificar en diarios españoles "noticias de seguimiento" como parte de la asignatura "Edición de diarios y revistas". Es decir, escoger una noticia que trajera cola para ver cómo evolucionaba el contenido a medida que avanzaba la cosa en un medio cualquiera. Y yo, que soy poco amiga de los sucesos y procesos judiciales, elegí seguir la cobertura de la final del Torneo de Cuarto y Medio de pelota de diciembre de 2007 en el diario La Rioja. Un deporte que para los que no eran de País Vasco, Navarra o La Rioja, era inexistente. Y desde entonces, sin conocerlo, Titín III se convirtió en mi preferido.

A partir de esa clase pase a ser "la de Titín" y él "el tío Titín".

Fue el tío Titín III, el que por medio de Luis Guinea, por aquel entonces mi profesor de Proyectos y el que cubría la pelota en Diario de Navarra, me firmó una foto deseándome suerte ante mi inminente mudanza a Estados Unidos en 2009. Tuve esa foto colgada en mi habitación hasta 2011 que volví a España. Pero yo no le conocía.

Fue el tío Titín el que me ha hecho sudar y gritar las veces que he tenido oportunidad (pocas, para ser exactos) en un frontón lleno de gente, joven y veterana, con más presencia femenina que en 2005 sin tener ni la más mínima idea de qué estaba bien y qué estaba mal hecho. Pero lo seguía sin conocer en persona.

Sin embargo, de la noche a la mañana, fue el tío Titín quien de repente se convirtió en inseparable de mi padre por motivos político-laborales y un buen día, sin comerlo pero si beberlo (era el Chupinazo), me vi subida en el coche del tío Titín y su mujer, quienes tuvieron la decencia de dejarme en la puerta de mi casa para que reposara mis copichuelas de más y dejara de decir chorradas.

Y ayer el tío Titín, al que ya conozco como dios manda, se despidió de los frontones no sé si con más pena que alegría pero con mucha emoción. Porque durante los útlimos 22 años, Augusto Ibáñez Sacristán, de Tricio, ha conseguido que la Pelota sea algo más que un deporte "de vascos". Ha llenado frontones como nadie lo había logrado y está creando una escuela que augura un gran futuro, al menos riojano, en este deporte.

Aquel torneo de Cuarto y Medio de 2007 lo ganó. Y ayer, el tío Titín, nos volvió a ganar a todos en su despedida.

Ahora solo queda desearle un buen descanso. Y suerte.

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