Allá por el 2008 cuando yo solo tenía en mente pirarme a EEUU a aprender inglés de una santa vez en mi cerebro había un run-run constante llamado "tesis doctoral" que por momentos me inclinaba a seguir en Pamplona por otros 4 o 5 años. No me duró mucho la cosa pero varios de mi clase tomaron ese camino de la vida de horas y horas de biblioteca hasta convertirse en doctores.
Y ahora mismo, en este preciso momento, a 10.356,52 kilómetros de aquí por ruta aérea, 14 horas y 25 minutos en avión según Google, uno de ellos está defendiendo una tesis que en parte considero mía. En una parte muy pequeña, pero una parte.
El museo como institución social: el proceso de comunicación como herramienta para la reconstrucción de las comunidades (la criatura, en la foto) es algo más que una tesis. Son 5 años de mucho trabajo, doy fe, el primer año fui testigo presente de ello; muchos libros leídos, muchas entrevistas hechas, muchos viajes realizados, mucho estrés, muchas ganas, muchos gintonics a medias, muchas juergas sin darse y mucho todo. Es un proyecto en el que mi amigo David, que ahora mismo está en un atril estrenando zapatos de Prada porque la ocasión lo merece, ha estado metido con todo lo bueno, malo y regulero que ello conlleva.
Los primeros meses me daba envidia. Tan culto, tan estudioso, tan entretenido él en una mesa de 1 metro por 1 metro en el Edificio de Bibliotecas al que solo tenían acceso los sabios. Después dejó de dármela cuando puse océano de por medio y aquello parecía interminable. Pero desde hace unos cuantos meses he vuelto a querer ocupar su lugar porque ver un libro de más de 500 páginas con tu nombre y con algo que has creado tú hasta la última coma es un subidón.
Tal es la hazaña que desde que ponga un zapato de Prada fuera de esa sala hasta el domingo, hay en la agenda comidas, pinchos, fiestas, cenas y visitas a bodegas planeadas para todos los que, de una u otra forma, hemos estado a su vera estos cinco años en los que, a rachas, David se nos volvió monotemático (con cariño y amor) y hemos querido que esa tesis se acabara por el bien de su salud mental y de la nuestra.
Doctor Cordón, enhorabuena. Aplazamos las celebraciones hasta el próximo diciembre. La ocasión lo merece y tu esfuerzo sobrehumano (mentalmente hablando) en algunas ocasiones, también.
Doctor Cordón, enhorabuena. Aplazamos las celebraciones hasta el próximo diciembre. La ocasión lo merece y tu esfuerzo sobrehumano (mentalmente hablando) en algunas ocasiones, también.

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