miércoles, 25 de noviembre de 2015

De Fcom al cielo



Llego un poco tarde. Pero es lo que tiene la diferencia horaria que para cuando una se levanta ya está todo dicho, escrito, tuiteado.

Hace un par de meses, en medio de una de esas tardes tontas que se echan en Twitter en busca de un chiste, una noticia que valga la pena o una foto irónica me di cuenta de que hacía tiempo que ninguna de las tres cosas las encontraba porque Paco había dejado de tuitear. Le escribí un mensaje para ver si estaba todo bien, pensé en su mujer, en que quizá había pasado algo. Y ahí quedó.

Un par de semanas después recibí otro mensaje de Javier Marrodán para pedirme mi email. Ilusa de mi, y flipada también, pensé que quizá quería saber algo de Argentina (como si no hubiera medios de comunicación y gente sabia en el mundo) pero recibí un mail con muy malas noticias. Y el protagonista era Paco. La consigna era que estaba pachucho pero que estaba leyendo correos y mensajes, sin responderlos, aunque "los agradece y sigue con el mismo humor de siempre". Así que me puse a la tarea y le mandé uno de los correos más largos de la historia de mi Gmail.

Le contaba que me casaba. Que para su tranquilidad, y la de mi padre, no era con un porteño, esos que odiaba (con cariño) tanto. Que estaba en un momento de indecisión periodística. Que no sabía muy bien qué iba a ser de mi vida y donde íbamos a asentar el culo. Que en Navidad, si se podía, me encantaría irle a ver.

Pero no me ha dado tiempo y tengo un nudo dentro desde que me he despertado que no me lo voy a quitar tan fácil.

No me olvido de nada. De esos cigarros que yo nunca fumé mientras él sí lo hacía e íbamos Fcom para arriba y para abajo; de esa risa contagiosa que nos echaba a Susana y a mí cuando le decíamos alguna gilipollez con la que nos lo decía todo (que si éramos bobas pero sin palabras), de la tarde que me dijo "Royo, eres grande, pero vete ya de Argentina, che", del mes y medio que estuvo riéndose de mí cuando volví de las vacaciones de Navidad a Pamplona, se había ido la luz y se me había podrido todo el frigorífico (detalles aquí) y de nuestra licenciatura en la que tuvimos el privilegio de tenerlo sentado entre las dos.

Yo sé que por esas aulas han pasado miles de alumnos y para todos era alguien especial. Pero para mí ese algo especial se convirtió en cariño tras el año que trabajé en la Universidad. Porque en Paco no sólo encontré alguien que me escuchaba, que me enseñaba y que nos soportaba. Encontré a una persona que me entendía y que con una frase, un tuit, te daba el empujoncito necesario para hacer lo que tuvieras que hacer y de la forma correcta.

Espero que por dónde esté haya una gran Fcom para caminar arriba y abajo. Y un cenicero para sus pitis. Quizá cuando lo vuelva a ver me fume uno. Por todo.

Mientras tanto, GRACIAS por todo, Paco.

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