Tras un estreno estelar con el Télefono del Lector y las rutas teatralizadas (con solo cinco días a las espaldas) hubo dos grandes acontecimientos en la redacción: 1. Mi primera cagada y 2. Una cena a la que fui invitada y, por su puesto, acudí sin defraudar a nadie.
La primera metedura de pata fue gracias a esa sección denominada Zoco que no lee ni mi padre, en la que hay que meter los 2 o 4 acontecimientos y charlas que se dan en Logroño y Comunidad durante ese día. Yo prefiero el Teléfono que por lo menos me río haciéndolo. El 28 de diciembre de 2005 había en la capital dos estupendos conciertos de coros diferentes, uno en Santa Teresita y otro actuaba en, quiero recordar, Palacio. Uno y otro a la misma hora, 20 horas. Por cuestiones no sé de qué en el acontecimiento destacado confundí el coro con la iglesia y los cambié, los puse al revés... Un error comprensible si no fuera porque un compañero nuestro su mujer cantaba o conocía a alguien o algo por el estilo; el caso es que tuve mi primera bronquita (la jefa se portó demasiado bien conmigo) y, aunque no se notó, para mí en ese momento ese error (que ahora es chorrada) era motivo de despido por lo menos.
Pero todo se me pasó en la cena. No sé porqué pero las cenas son vitales para la vida de los trabajadores, se demuestra mucho en una cena (esto lo dejo para mañana). Esa era de Local pero estaba la mitad de Deportes. Era la nueva, el monito de feria para vacilar un poco por la cagada del día anterior, para preguntarme qué dónde estudiaba, qué hacía, blablabla... e inexplicablemente a todo el mundo le interesaba una cosa: mi edad. Que digo yo que algunos les hubiera gustado no saberla porque se sintieron mayores al ver que podía ser su hija, otros no tanto porque sólo podían llegar a ser mi hermano mayor, pero el caso es que 1986 les sonaba a enanez. Cuando me fui de los últimos y al día siguiente no tenía ojeras vieron que la edad de verdad importa...
Entre una cosa y otra conocí a CRISTINA. La morenita que subía y bajaba a diario siete veces por la redacción, tenía el grandioso privilegio de contar con la conversación de Diego y se partía de todo. Poco tardé en aliarme con ella, y el comité de festejos creció hasta puntos insospechados. Además me da su galleta del café en el Monterrey, me lleva en el TT, me avisa de los cotarros a los que no me invitaría ni dios porque soy la becaria (y aún cuando sea la directora seguiré siendo la becaria...) y muchas cosas más. Hoy me ha amenazado porque no la nombré el otro día, y aunque le pensaba dedicar un post entero, visto el tono del mensaje he creido conveniente adelantarlo.
Por su puesto, como el resto, compañera indispensable de cenas.
4 comentarios:
Así la morenita sube alguna vez a redacción eh??? y tengo el privilegio de "cosita"... (aunque ya no me quiere, ja, ja).
Espero los comentarios de las salidas con Marta (el trío de la muerte).
Muak
Inés, ¿cómo puede ser que una tiarrona como una jirafa de grande se acojone por lo que pueda decir una morenita bajita que sólo se preocupa de su Toto?
gracias por desvelar en mi blog lo de la jirafa!!! perro!!! porque ya no es lo que pueda hacer, es aguantarla día tras día recordándome que no la nombre!!!! jajaja, cris es broma!
Cómo no me voy a preocupar de Totó si es el pivón de los perros!!!. Inesita aunque "no es de la casa" sabe que Cristinita es pequeñita pero matona...
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