Tras unos días medio encerrada en casa (sólo medio porque tras cuatro años de carrera los exámenes no son motivo de encierre, sino de días sin clase) y tardes enteras revisando carpetas, fotos viejas, canciones (muy útil el ordenador cuando tienes más cosas que hacer que no te apetecen...) he encontrado varias columnas que escribí para la Universidad a principio de este curso. Una (la que presento a continuación) me ha vuelto a hacer pensar lo mismo: no conocemos el lenguaje y no lo utilizamos bien —yo la primera que a veces hablo un poco malamente...—.
"¿Qué es eso de por hache o por be?". Esta cuestión nos planteó mi compañera de clase —inglesa, del Londres más puro y oscuro— un día que contaba cómo aprendió a hablar español hasta parecer autóctona del propio San Millán de la Cogolla (cuna del castellano) o de Castilla (donde se dice que hablan con mayor corrección). Sin embargo, nadie supo la respuesta.
De la misma forma no encontramos modo de explicarle de dónde viene "entrar al trapo", "más liado que la pata de un romano" o "como Pedro por su casa", que siempre le habían llamado la atención y hecho bastante gracia. Pero la lista no nos la cerró ahí. "A ojo de buen cubero", "que tendrá que ver el tocino con la velocidad" o "estar en la Luna de Valencia" completaban las expresiones más propias del repertorio español-castellano —cada uno que llame al idioma como quiera— que compartimos, al menos, los cuarenta millones de habitantes de este santo país.
Oraciones que usamos con más o menos frecuencia y sabemos en qué contextos emplearlas porque conocemos su significado, pero que si pensamos unos segundos no les encontramos sentido. ¿Qué tienen en común la letra ‘hache’ y la ‘be’ que pueden justificar tantas cosas?; ¿quién era Pedro para estar siempre en confianza en cualquier lugar?; ¿tan lejos está la Luna de Valencia en relación a otro sitios?; ¿entrar al trapo de quién?, ¿de un torero?
Como la curiosidad de los presentes estaba más que despierta ante tanta incógnita buscamos las soluciones en Internet; grandioso invento imprescindible en nuestras vidas desde hace cinco años. Y, en segundos, ¡voilá!, algunas de las expresiones más oídas en las conversaciones (generalmente de gente mayor porque las creadas actualmente por jóvenes son algo más groseras; véase "ser la os…", "eres la po...", "me lo paso por el forro de los coj...") tienen tradición, protagonistas y motivos para usarse.
Aunque las páginas creadas para explicar todo esto no sé si tendrán gran fundamento (foros para los aplicados que eligen España como destino de su Erasmus, una de ellas) para justificar que "las patas de un romano estaban liadas porque se sentaban con las piernas cruzadas", me pregunto si no es más fácil pensar que se dice por los lazos de las sandalias. El caso es que seguiría explicando otras pero es que algunas ni en el ciberespacio me lo explican.
Bendita riqueza verbal, (que cada vez está más en desuso). ¡A ver si alguien me puede resolver dudas!
"¿Qué es eso de por hache o por be?". Esta cuestión nos planteó mi compañera de clase —inglesa, del Londres más puro y oscuro— un día que contaba cómo aprendió a hablar español hasta parecer autóctona del propio San Millán de la Cogolla (cuna del castellano) o de Castilla (donde se dice que hablan con mayor corrección). Sin embargo, nadie supo la respuesta.
De la misma forma no encontramos modo de explicarle de dónde viene "entrar al trapo", "más liado que la pata de un romano" o "como Pedro por su casa", que siempre le habían llamado la atención y hecho bastante gracia. Pero la lista no nos la cerró ahí. "A ojo de buen cubero", "que tendrá que ver el tocino con la velocidad" o "estar en la Luna de Valencia" completaban las expresiones más propias del repertorio español-castellano —cada uno que llame al idioma como quiera— que compartimos, al menos, los cuarenta millones de habitantes de este santo país.
Oraciones que usamos con más o menos frecuencia y sabemos en qué contextos emplearlas porque conocemos su significado, pero que si pensamos unos segundos no les encontramos sentido. ¿Qué tienen en común la letra ‘hache’ y la ‘be’ que pueden justificar tantas cosas?; ¿quién era Pedro para estar siempre en confianza en cualquier lugar?; ¿tan lejos está la Luna de Valencia en relación a otro sitios?; ¿entrar al trapo de quién?, ¿de un torero?
Como la curiosidad de los presentes estaba más que despierta ante tanta incógnita buscamos las soluciones en Internet; grandioso invento imprescindible en nuestras vidas desde hace cinco años. Y, en segundos, ¡voilá!, algunas de las expresiones más oídas en las conversaciones (generalmente de gente mayor porque las creadas actualmente por jóvenes son algo más groseras; véase "ser la os…", "eres la po...", "me lo paso por el forro de los coj...") tienen tradición, protagonistas y motivos para usarse.
Aunque las páginas creadas para explicar todo esto no sé si tendrán gran fundamento (foros para los aplicados que eligen España como destino de su Erasmus, una de ellas) para justificar que "las patas de un romano estaban liadas porque se sentaban con las piernas cruzadas", me pregunto si no es más fácil pensar que se dice por los lazos de las sandalias. El caso es que seguiría explicando otras pero es que algunas ni en el ciberespacio me lo explican.
Bendita riqueza verbal, (que cada vez está más en desuso). ¡A ver si alguien me puede resolver dudas!
3 comentarios:
Ha sido un placer postearte, hablando de vocablos raros...
El caso es que no se si me he apuntao a la cena, pero como buen indio, allí que voy...
See you tomorow...
¿Riqueza verbal? Coloca a un argentino en medio de una redacción riojana y ahí vas a tener riqueza verbal... Y si encima le das unas copas a ese argentino ya ni te cuento.
Yo, con vuestro permiso, mañana hago la del humo. Si no, la parienta (que linda palabrita), me las corta. Y esoooooo con la riqueza verbal
la riqueza verbal la demuestra más de uno a partir de las 4 de la mañana pero claro si hacemos la del humo.....
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