Todos los países son diferentes. Si bien llevo quejándome de lo sucia, fría y gris que ha sido Buenos Aires en mi ya medio año aquí, no se puede comparar con lo que me da y apenas digo: un trabajo que me encanta, experiencias que no sé si en otro lado podía vivir, gente que está ahí sin saber que son muy importantes para mí y un verano por comenzar que espero desde hace tiempo. Pero lo bueno parece que cuesta más decirlo.
Ayer, día del censo que tanto critiqué, me desperté con la noticia de que Néstor Kirchner se había muerto de un infarto. Me latió fuerte el corazón. No por kirchnerista, ni militante, ni por pena, que creo que no sé bien ni qué significa todo esto todavía, sino porque encendí la televisión y vi un país que además de paralizado porque tocaba recuento, estaba paralizado porque se había ido un "importante" para ellos.
Desde la mañana cartas, banderas, mensajes en internet y en la Casa Rosada se amontonaban, la ciudad se llenaba de carteles con un "Fuerza Cristina" y una foto del matrimonio abrazado, mucha gente se iba echando a la calle a medida que los colectivos y el subte se ponían en marcha y todo por decir adiós a un tipo que para la mitad del país es casi un mártir que les sacó de la crisis (CRISIS con todas las letritas, no la que hay en España) y les devolvió la vida allá por 2003, y para otro tanto un hijo de puta "que está bien donde está" porque más que dársela se la quitó (lo he oído, lo he leído).
Y yo, de vuelta, no tengo ni idea ni opinión, me limito a observar y ver qué va a pasar, como mucho intento pensar en alto y que los que sepan me corrijan. Pero sobre todo pienso que la forma de vivir política en Argentina, para bien o para mal, se aleja tanto de la nuestra que me asusta. ¿Por cuántos políticos un español viajaría a Madrid para hacer 8 horas de fila para velar un cadáver por 25 segundos? Por muy pocos, incluso ahora mismo me quedan dudas de si lo haríamos por el Rey visto el descojono que tenemos últimamente con la Corona vía minifilm televisivo y Twitter.
Y si bien Argentina no tiene muchas cosas que en Europa tenemos, empezando por un Rey decimonónico, tiene un pueblo que vive la política exagerada o racionalmente, cada uno lo suyo, por convicción o por tradición, y cuando "el padre" se muere y toda la familia queda sola y no se sabe qué va a pasar con esa familia y los que no lo son directamente pero les afecta (y suman hasta 44 millones), me pregunto si vivir así la política merece la pena o es mejor no apegarse tanto a unos colores y velar por lo que convenga en cada momento, en cada lugar.
Pero eso sería ser chaquetero. O traidor, que suena peor.
Así que a ver qué hacemos. Pero tanto los que lo viven a flor de piel, hacen cola para velar a "su padre" y animan a su viuda con gritos de fuerza, como los cambiantes que no se apegan a un bando, critican según les convenga y no velarían ni al fundador del partido (acabo de ver que se ha muerto Marcelino Camacho), estamos igual de perdidos. Con o sin crisis económica, pero perdidos sin saber muy bien qué va a pasar de aquí a un mes.
Y entonces es cuando todos necesitaríamos unas clases de fundamentos de la política. Y un bañito de humildad. Para estar a lo que hay que estar: a crear países que valgan para algo donde la gente viva bien y feliz y a votar a quién haga eso. Pero alguien tiene que hacerlo. Y el resto votarlo. Ya iremos a velarlo a Madrid o donde haga falta. Pero eso va luego.
4 comentarios:
Gracias por la crónica, Inés. Vine buscándola, me hubiera decepcionado mucho si no la hubieras hecho.
No creo que el fenómeno Kirschner no se diera en España con unos pocos políticos. El día en que mueran Felipe González, Aznar o Pujol ¿no crees que habrá un fenómeno parecido al que narras? Ellos 3 supieron conectar bien con un sentimiento político profundo de parte del país, igual que supo hacer Néstor Kirschner con el peronismo, para bien y para mal.
Sí, puede ser que por González y Aznar se produzca algo parecido, y espero que por el pobre Suárez también...
besos y gracias!
En España no creo que pueda pasar algo ni parecido, como mucho, unicamente se me ocurre que cuando muera el Rey, pero políticos ninguno es capaz de mover ni en vida ni en su muerte algo parecido a lo que se ha vivido acá estos dias.
Clap clap clap clap
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