viernes, 17 de diciembre de 2010

Reencuentro




Por lo visto viajar es lo mío para escribiros... Ayer llegué a Washington otra vez. No estaba nerviosa como otras veces, no me había hecho la idea de que tenía que viajar ni tenía sensación de Navidad con el súper verano porteño de 30 grados a la sombra y un Papa Noel colgando en medio de Santa Fe. Pero me tocaba y, como no, con incidentes varios.

Salí con mi "jefe" con el tiempo justo para llegar si las condiciones del tráfico fueran normales. Pero como en Buenos Aires nada es normal, 100 estúpidos decidieron hacer un piquete en mitad de 9 de Julio y hacer que recorrer algo que habitualmente tel lleva 9 minutos, te llevara 1 hora y pico. Así que en el aeropuerto me tocó correr, y bastante, pero una dulce argentina me mando a cagar cuando le pedí colarme en la fila de inmigraciones porque el la pantallita ponía claramente "embarcando", pero ella, tan amable y dulce, me dijo que no. Luego no me pregunten por qué odio al 90% de las argentinas.

Salí de inmigración y tenía a un amable argentino (a ellos les adoro) esperándome para llevarme corriendo a la puerta que estaba ahí, en la loma del pedo, en el quinto pino o far far away, cada uno que escoja la suya. Y llegué a tiempo. No si antes pedirles 3 minutos pra comprar unas cajas de alfajores y havannets para mi señora madre y Martín en el dutty de al lado; como era hombre, por su puesto, me dejó.

Sao Paolo era mi escala de seis horas, donde trabajé un poco, vi una serie, comí algo y para cuando quise darme cuenta ya era hora de pintarme un poquito y embarcar. Avión a full, incómodo de pelotas, pasillo casi en salida de emergencias y a mi lado el artista de la noche: brasilero de 20 años camino a DC para seis meses de intercambio. Hablaba bastante bien español, conocía Ibiza y Madrid (no creo que por los museos) y sin ton ni son y en menos de 30 minutos me dijo que si le daba un beso. Vienen directos las nuevas generaciones por lo visto. Le dije que ni en pedo y me plantó un beso en la mejilla, el de al lado se meaba, yo también y me dormí.

Además de la incomodidad un bebé, con apenas un año, decidió que ahí mandaba ella, y que íbamos a dormir cuando a ella le apeteciera, así que cada hora y media ella lloraba y lloraba sin parar hasta que nos despertaba a todos, la mirábamos con cara de asesinos y se volvía a dormir. Los niños y los piquetes porteños vemos que son los que van a dominar el mundo; ellos van a decidir cuándo hacemos lo que tenemos que hacer y cuándo ellos le salga de las pelotitas.

Dormí bastante más y para cuando me desperté, estaba en mi querido DC, con -7 grados en el exterior, de noche, y por una vez en la vida, sin apenas fila en inmigración donde ya no hay que rellenar ni el papelito verde (estos gringos se me están ablandando... o lo tienen todo informatizado, no sé), con la musiquita de "welcome to the US" con la sinfonía de Disneylandia de fondo, y mis maletas en la cinta venga a dar vueltas.

Y salí a la calle y parecía como si no me hubiera ido. Banderas gringas, mucho ambiente de Navidad, un frío del carajo, gente más grande y ancha que yo, Starbucks, un ambulancia y mil coches de policía, coches grandes y nuevos. Y Martín en su 4x4 donde empecé a boludear y decir idioteces como hace 7 meses cuando me dejó en el mismo sitio, solo que sin lloros, sin la almohada y con seis meses más detrás con cosas para contarle.

Y empezó a nevar, bastante, porque todos sabemos que llevo una nube de precipitaciones encima de mi cabezota. Pero me daba igual, porque es diciembre, es invierno, es Navidad, y me gusta tanto esta ciudad que todo me parece bien. A fin de cuentas fue mi casa mucho tiempo.

Welcome back.

5 comentarios:

María Marta dijo...

ayyy, Inesita... Yo creo que viajar, NO es lo tuyo..., siempre hay niños que lloran... vecinos que te quieren besar...
Con respecto al viaje a Ezeiza, qué ganas de decirte... "yo te lo dije", pero no, no te lo diré... porque cada uno tiene que tener su experiencia en la vida...
Y me alegro, que hayas llegado a un lugar donde tenés un "White Xmas", como dice la canción... y haga frío, y Papa Noeles en la nieve...aunque te mueras!!!
Un beso... y sigue con tus comentarios...

unlogronesenmadryn.blogspot.com dijo...

Muchos se rien de que me guste estar en los aeropuertos con bastante antelación, creo que no debo de estar tan equivocado. Lo tuyo debe de ser masoquismo puro y duro, llevas todo el año quejándote de que llevas dos inviernos seguidos y cuando llega el calor, te vas al frio de nuevo, un saludo y pasala bien.

María Marta dijo...

Hola Pegaso!!! Yo pienso igual que vos... a mí me gusta estar al menos 3 horas antes en el aeropuerto...
Unos días antes habíamos llevado a Cris a Ezeiza, y afortunadamente habíamos salido con muchísimo tiempo... porque nos pescó un piquete... y por tardamos dos horas en llegar...
Pero, claro... a Inés, la llevaban, entonces muchas veces no se puede pretender mucho... (yo no podía llevarla!!!)
Y con respecto a que es masoquista, también estoy con vos!!! frío, frío, frío.... calor, frío, frío, frío... pero por pura elección de ella...
Nosotros, al menos en mi caso, nietos de inmigrantes... comíamos la misma comida ( y aún seguimos) como si estuviéramos a -7, en diciembre, y con 35º de temperatura... (y yo soy la que cocino a la pavita y el jamón, todo al horno, durante horas...!!!)
Pero lo mismo que Inés: "sarna con gusto no pica"..
Inés, igual te quiero!!!
(Este google, no me acepta mi identidad... )

Inés Royo Oyaga dijo...

MM, Me lo dijiste, yo sé, pero bueno, me va la marcha...

Pegaso, soy blanco fácil, siempre toca algo....

Mañana rumbo a España, el martes os cuento!!
besos

María Marta dijo...

Buen regreso a casa, Inesita!!!
Y, cuando te vayas de DC, si tenés ganas de llorar, llorá (famoso dicho de Moria Casán!!!!)
Besossssssssssssssss