lunes, 30 de septiembre de 2013

El mío no

Hay un momento en la vida de toda novia que antes o después hay que pasar: conocer a tus suegros. Y yo a los míos los conocí en noviembre de 2011 en Montevideo antes de poner tierra y océano de por medio. Para mi suegra era la que se llevaba a su hijo otra vez a España así que tenía que currármelo mucho para caerle en gracia... Como yo no podía perder el tiempo porque solo tenía 5 días puse toda la carne en el asador con mi suegro, Enrique. 

A los 10 minutos de entrar a su casa ya me habían dicho 5 veces "mi vida" o "amor" (estos uruguayos son muy cariñosos) y yo que estaba un poco nerviosa por caerles bien vi allá a lo lejos en la estanteria del salón un libro de Pérez Reverte así que sabía que iba a haber tema de conversación (como si me faltara) y el que fuera el dueño iba a ser mi aliado, que ya sabía que era Enrique porque se lo recomendé yo al que duerme a mi izquierda para que lo comprara en Navidad.

 Y ahí empezó todo, entre contar cosas de España, hablar del libro y, lo más importante, de fútbol (Enrique se sabía las alineaciones del Uruguay del 50 como si fueran las de hoy) sabía que ya tenía al suegro en el bolsillo, (aunque me temo que en la mitad de todo lo que le dije seguía esperando los subtítulos porque no me entendía ni un cuarto).

Él se ha ocupado desde entonces en que en cada una de mis visitas hubiera Coca Cola para parar un tren, desayunara bizcochos de la panadería recién comprados cuando me despertaba 5 horas después que él o conociera un poco más de la familia y de Montevideo contándome batallas, cuando le dábamos oportunidad de hablar entre tanta cotorra, escasas las veces.

Este fin de semana se ha marchado mi aliado y yo estoy muy lejos para poder despedirlo pero como si estuviera allí no se me va a olvidar nunca su timidez, sus escasas palabras, su delicadeza para tener las pastillas de jabón perfectamente alineadas en el baño o el sobre de mayonesa con un platito debajo en la heladera para que no manche y su risa cuando le contaba manías de su hijo que reconocía suyas también.

Hay suegros pesados, metetes, intensos y, en riojano, muy cansos. Pero el mío no

He tenido esa suerte y ahora esta pena. 

Enrique, muchas gracias por todo durante estos 2 años. Ahora te toca descansar, que bien merecido lo tienes. De todo lo demás ya nos ocupamos el resto. Y yo te mando muchos besos. Con respeto, como los que me mandabas tú cada vez que hablabas con tu hijo por teléfono.

4 comentarios:

Unknown dijo...

Inesilla, es un placer, una emoción , una satisfacción ver como vas creciendo y como vas ocupando tu sitio en este mundo de adultos, tan individualista y cada vez con menos valores

Unknown dijo...

De unknown nada dei nada. Soy Paloma Vermenouze , fan absoluta de esta bloggera.

KiKE dijo...

Sin palabras.. Sos hermosa! Gracias.
Èl te adoraba.. Y si, los unio Arturo..su ultimo autor favorito q le hiciste disfrutar.. Le encantaba tu acento..aunque te entendiera la mitad, sentia q viajaba al escucharte.. Verlos charlar era un show y ver como lo hacias reir con tus ocurrencias era todavia mejor.. Siempre habra bizcochitos para vos..
Gracias! TQM!

bto dijo...

Me ha gustado mucho las palabras salidas del corazón que has dedicado a tus queridos suegros. La emoción me ha embargado tanto que he llevado mis pensamientos a los que ahora no tengo: Los padres de mi mujer y los míos. Cuando libres en la mente los recuerdo vagan y nos hablan de los padecimientos del alma, hay algo que no puedo por mucho que lo intento, la irreal presencia de mis padres muertos. Por eso ahora que repaso mi vida, decirles que les seguiré queriendo como cuando era un niño. Gracias por la dedicatoria a tus queridos suegros que aunque no hemos conocido el Sr. Enrique tú manera de hablar de él me ha hecho cogerle cariño. Saludos al que duerme a tú izquierda. Pilar y José A.