miércoles, 23 de octubre de 2013

La necesaria delicadeza


Desde hace un tiempo quiero entrar en un tema al que no sabía muy bien como entrar. Pero como está entrando todo el mundo con cero delicadeza, yo también lo voy a hacer, aunque espero que con más de  lo segundo, ante todo. 

Una de las cosas que se potencia en el extranjero, en mi caso, es la necesidad/ganas de ver TVE en su canal Internacional. El número 75 de mi televisión es el canal más visto en esta santa casa al otro lado del océano. Vemos el Telediario, vemos Isabel, suele caer alguna película o algún Un país para comérselo y nosotros nos sentimos como más cerca de casa aunque sin jamón. Llámennos idiotas. Me da exactamente igual.

Hace como mes y medio, en una tarde de desgana y parón cerebral, puse la televisión y saltó el 75. Vi en torno a las 6 de la tarde en Buenos Aires a una andaluza rubia, muy mona ella, dando gritos, saltos de alegría y lanzando besos sin parar. Y yo en lo primero que me fijé es en que iba en bailarinas y no en tacones y presentí que ese no era un programa normal.

El programa en cuestión se llama Entre todos, y en resumen, es un programa donde familias o gente con necesidades (que en España hoy en día no son casos aislados precisamente) cuentan su problema o problemas y la gente llama y les ayuda con dinero, con trabajo, con una casa, con comida o con lo que le dé la real gana y el bolsillo le permita. Por lo visto es un programa que ya existía en Canal Sur (el de Andalucía, para los extranjeros lectores) y que presentaba la misma rubia en planos, Toñi Moreno, pero desde verano se emite en TVE, el canal público de España.

Ese día vi el programa media hora y vi como a una niña que de pequeña se había tragado una pila le daban un humificador para no ahogarse por las noches y dinero para que la familia saliera adelante. 

El día 25 de septiembre, en plenos sanmateos, a la salida de la pelota (un deporte del norte de España, que contaré otro día) en el autobús de vuelta a casa con mi madre y mi tía, la segunda en discordia me dijo: "Esta familia de aquí detrás salió el otro día en Entre todos y, además de dinero y comida, un señor les dio 200 euros para que los niños pudieran venir a la feria porque el más pequeño que tenía 4 años no había estado nunca". Y el padre de la criatura nos oyó y nos contó su experiencia con el programa.

En las últimas semanas el programa ha recibido cientos de denuncias y de críticas por ser "amarillo", "indigno", "mostrar las penurias de la gente", "insensible", etc. Un grupo de trabajadores sociales ha escrito un comunicado en el que explican las razones éticas y de dignidad por las que este programa no hace más bien que mal y a los críticos famosos de las radios y diarios del país se les ha llenado la boca con la palabra "amarillismo". 

Y a mí, que ni soy del club de fans de Toñi Moreno, ni mucho menos de TVE, sobre todo lo último, me jode. Porque estos críticos no vieron la sonrisa de un niño exhausto por haber pasado una tarde entera en la feria pudiéndose montar en lo que le diera la gana por primera vez en su vida sin preocuparse por si sus padres tienen en el bolsillo 1 euro para darle.

Entiendo que es un programa peligroso con el que se ponen en juego muchos sentimientos, entiendo que hay mucha gente que necesita muchas cosas y no darían las horas de televisión de España ni del mundo para que todo el mundo tenga una vida digna, entiendo que a la televisión pública hay que criticarla porque sí tal y cómo está el patio, entiendo que más valdría hacer algo desde arriba que sacar las penurias de los de abajo... Lo entiendo, lo comprendo, a veces lo comparto.

Pero yo hablé con ese padre y vi a ese niño medio desmayado por un cúmulo de cansancio y de nervios, he visto un par de días más algunas partes del programa y se me ha escapado alguna que otra lagrimilla de emoción al ver como a gente que lo pasa mal les dan una segunda oportunidad y he visto en apenas un par de horas, si llega, la delicadeza con la que la rubia en planos trata a las familias, a los que llaman y a los que están en plató gritando como posesos "¡Llamada!" cuando ella grita con más euforia si cabe "¿Qué tengo?".

No sé muy bien qué pensar ni en qué lado ponerme. Pero de momento me quedo con la sonrisa del niño de Logroño que fue a la feria por primera vez, tiene comida y ropa desde ese día y material escolar para ir al colegio junto con sus dos hermanos mayores. 

¿Es amarillismo? Puede ser, pero yo hasta el momento prefiero este amarillismo al rosa reinante en mi país, que eso sí que me parece indigno y criticable. Pero sobre todo, ya que vamos con colores, me parece que tienes que ver tu futuro muy negro para tener que llegar al punto de airear tus problemas económicos y familiares en televisión, pedir porque no puedes sacar a tu familia adelante o porque te ha tocado ser el paciente de una enfermedad rara, comiéndote el orgullo y, en muchos casos, la vergüenza. A eso ninguno de los críticos se ha referido en sus monólogos. 

Con más delicadeza, por favor.

No hay comentarios: