Vivir en Argentina con la mente en las noticias de Madrid y viajando cada dos por tres a Montevideo es una experiencia económica altamente recomendable.
Desayuno todos los días con el Telediario de las tres de la tarde de España y día sí, y día también, me zampo una galleta María (estas son universales) viendo a algún gremio manifestándose (hoy los farmacéuticos catalanes), alguna empresa cerrándose (ayer Canal Nou en Valencia) o a algún miembro del Gobierno o la Unión Europea intentándome convencer de que estamos en la puñetera "senda de la recuperación y el crecimiento" (ya me diréis dónde está la senda porque yo no tengo pase para caminar por ella),
Horas más tarde suelo almorzar leyendo por encima La Nación. Y entre los goles o no goles de Messi, los pronósticos del tamaño del granizo que va a caer por la tarde, la bronca de algún político con otro o con la Presidenta (por lo menos a ésta le han dado tregua este mes que sigue convaleciente de una operación) y mucho faranduleo que todavía no identifico bien quién es quién, siempre tengo la noticia sobre el valor del dólar, del oficial, del paralelo, del blue, del green y de las cuevas de la calle Florida.
Y ceno viendo Los Simpsons que me hacen mucho más feliz, para qué vamos a engañarnos.
Mientras en España el problema nacional y europeo es que el desempleo pasa el 26% (tengo mi opinión al respecto sobre este número, pero ese es otro tema), aquí el mismo número es el de la inflación. De cara a la galería (la galería es el FMI) es del 10%, pero ya os puedo asegurar yo que es más cercano al 26%.
No tengo ni idea de economía, ni de política económica ni de TAE, Euribor, IBI, o fondo social, pero tengo idea de lo que vale un yogur, el papel higiénico y un gintonic. Lo que en mayo de 2010 cuando llegué por primera vez costaba 3,15 pesos argentinos, costaba en febrero de 2013 4,90 pesos y a día de hoy 5,95. Ni idea de economía, pero todavía restar sé.
Como la inflación no es suficiente aliciente para la vida también tenemos cepo cambiario que prohibe (sí, prohibe) cambiar pesos argentinos a dólares o a euros. Así que te obligan a cambiarlo de forma "paralela" al precio del dólar blue en alguna cueva de la calle Florida (muy atractivas ellas) a un precio que un día es de 8, por la tarde sube a 9 y a los dos días llega a 12. Emoción al asunto le dan, eso seguro. Y también tengo mi comparativa trianual. La primera vez que cambié euros en mayo de 2010 lo hice a 4,75, en febrero de este año a 7,50 y hoy lo podría hacer a 12,2. Nos va el riesgo en esta tierra.
Para salir un poco de la vida de los precios de Yupi y restricciones al viajero me subo en un buque con el nombre del Papa y llego a la suiza latinoamericana, Uruguay, donde acaban de legalizar la marihuana y la van a vender en las farmacia receta en mano. Son felices ellos con su mate y su viento helador, su tranquilidad y sus vacas de oro. Ahora, yo voy al supermercado y me quiero pegar un tiro si las balas no fueran tan caras. Lo que en Argentina vale 30 pesos argentinos, en Montevideo vale 60 pesos argentinos al cambio, y al cambio oficial, al que se supone que es, lo que en España vale un euro en Montevideo vale casi 4.
Así que mi lista de productos de lujo varía en función del país. En España es un "lujo" el paquete de gulas, el Actimel y un chuletón; en Buenos Aires lo es el yogur, una triste pechuga de pollo y la Nutella, y en Montevideo lo es hasta ir en autobús.
Sigo sin saber de economía, pero siguen sin salirme las cuentas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario