lunes, 28 de abril de 2014

28 el 28



Hoy 28 cumplo 28. 

Se dice pronto, pero seguro que mis padres tienen algo que decir al respecto. 28 años desde aquella madrugada de lunes que le di a mi madre porque a mí me apeteció nacer a las 3,30 de la mañana. 28 años desde que compraron una bañera azul y a los 5 meses les dijeron que no era niño, que era niña como las otras dos anteriores. 28 años desde que la casa se empezó a quedar pequeña y hubo que cambiarse a otra más grande. 

28 son 28. 

Los que hace 5 me decían "eres tan joven..." me lo siguen diciendo aunque no con la misma cara y con la boca un poco más pequeña. Los que cuando tenía 22 me veían mayor me siguen viendo así pero con más fuerza. Y, queramos o no, los 28 es una edad crítica en la que por mucho que quiera evitarlo las cosas no son como eran.

En mi armario ya no hay una pila de camisetas "para salir". Básicamente camisetas con escote en color negro, con brilli-brilli, lentejuelas, transparencias y dorados con sus correspondientes bolsos de mano y zapatos de tacón a juego. Ahora tengo como mucho cinco dignas de esa categoría. La pila sustituta es de ropa para el gimnasio que deriva en ropa para estar en casa. O para ambas cosas. Y los bolsos y zapatos han pasado a la categoría "para bodas de amigas del alma que no sé en qué momento me llamaron para decirme que se casan".

Cuando compro un billete de avión ya no me importa el precio, sino el tiempo y, en proporción inversa, el grado de hinchazón de mis tobillos. La primera vez que vine a Buenos Aires hace 5 años hice un Washington DC- Orlando (escala de 3 horas)- San Pablo (escala de 4 horas)- Buenos Aires que no pasó factura y me ahorró 500 dólares. Ahora una escala en Londres me amarga el viaje y prefiero pagar 200 euros de más por ir directa y en salida de emergencia. La salud lo primero. Ay, mamá...

Las conversaciones con gente algo mayor que yo han pasado de "¿qué tal las notas?, ¿cuánto te queda para licenciarte?" a "¿para cuándo la boda?" o, para los más modernos, "¿y el querubín pa' cuándo?". No sé en qué momento a la gente le ha dado porque ampliemos la familia cuando todavía no he conocido in person al último en llegar a casa. Tampoco sé cómo hacen esas preguntas gente que lleva con sus parejas 283 años y viven juntos desde hace 281. Cada uno que barra su parcelita, que bastante hay que trabajar para tener limpia la propia.

Según mis cálculos adolescentes hoy en día tenía que tener dos hijos, tener un coche, presentar el informativo en España y ser rica. No tengo ni proyecto de descendencia, no tengo el carné de conducir, escribo sin parar pero nadie me ve el careto y no soy pobre. Minipunto para Inés. Qué película vería aquel día yo para tener ese plan de vida mental que no va conmigo.

Hoy en día cuando llega el viernes por la noche sueño con mi sofá, el que está a mi izquierda a mi izquierda y mi manta de pelo. Oigo a los que pasan por debajo de casa con bolsas llenas de hielo, Fernet y Quilmes y solo de pensar en el día siguiente me duele la cabeza y me entra sueño de resaca. Con lo bien que sienta ir a cenar, tomarme un vinito y de ahí a la cama a soñar... (con un pedo monumental por apenas 150 pesos). Antes salía jueves, viernes y sábado. Y a veces iba a trabajar de empalmada con buena cara. Fueron tiempos mejores. O peores. No lo sé.

O esta noche hago una mini fiesta en casa y lo único que me preocupa es tener la casa limpia y recogida y que la comida esté buena. En mi fiesta de 20 lo único que me preocupaba es que hubiera un lugar grande y amplio donde poner los hielos para que duraran, que el congelador estuviese lleno de cerveza y que los vasos anchos estuvieron limpios para poner las copas como dios manda. (Tengo que comprar hielos, por cierto...).  Qué estrés de vida la mía...

28 son 28. 

Y a mí ya no sé si me están cayendo bien o mal porque no lo quiero ni pensar. El caso es que hoy me caen todos sin anestesia, como un jarro de agua fría encima de la cabeza a modo de "¡hellooooo, te estábamos esperando!". Porque nunca jamás de los jamases voy a cumplir 28 el día 28. Y yo les doy la bienvenida. Con emoción y optimismo. Si los 23, 24, 25, 26 y 27 me tenían preparadas estas cosas no van a ser menos los 28. Espero.

Bienvenidos a mi vida, queridos. Lo pasaremos bien.

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