viernes, 18 de julio de 2014

Aniversarios jóvenes

Hoy hace 10 años que perdí a un amigo. El que entonces era mi mejor amigo si con 18 años se puede saber qué es eso. En realidad fue el 16 de julio, pero era viernes, así que para mí siempre es viernes.

Conté su historia, o lo que era nuestra historia, hace 5. Y sin leerla de nuevo me acuerdo cada una de las líneas que escribí, de nuestra promesa de "arrejuntarnos" a los 30 si estábamos solos, de las charlas por Messenger (que ya ha desaparecido) todas las noches para contarme nada o todo, no había término medio. Y de que ese viernes de 2004 habíamos quedado para presentarle a mi nuevo novio (que no es el que duerme a mi izquierda ahora) y ya sabíamos lo poco que le iba a gustar. En realidad aunque le llevara a Beckham le iba a gustar ninguno. Me quería soltera hasta los 30, lo sé.

Hace 10 años tomé muchas decisiones de las que me arrepentí mucho tiempo pero es lo que me salió, o me atreví, no lo sé. Han pasado 10 años y mentiría si dijera que hay un recuerdo diario porque han cambiado muchas cosas. Ha cambiado mi alrededor, mis circunstancias, he cambiado yo. Pero 10 años no son suficientes para que me me olvide de nada. Una canción de Melendi, que por aquel entonces lo conocía él y su madre y tocaba en el Isla Club, me trae a la memoria muchos recuerdos. Un artículo en MSN que es lo que queda de Messenger también. Un número en mi agenda que no está borrado me dice todo. Recuerdos bonitos, jóvenes, tontos, quizá demasiado escasos. 

Hace 10 años nadie tenía un móvil con cámara de fotos, ni si quiera a alguien se le ocurría llevar una cámara en el bolso (yo creo que no llevaba ni bolso) si no era que estaba en un viaje o acontecimiento familiar. Así que no tenemos fotos. Ni una ni media. Tenía varias pero los ordenadores de mesa pasaron a mejor vida en mi casa y yo no sabía qué era eso de una copia de seguridad. Por eso esta entrada va sin foto.

Pero gracias a dios, ante la ausencia de talento deportivo, musical o cinematográfico, yo tengo memoria suficiente para acordarme de cosas que no sé para qué me acuerdo y cuando pasan los años entiendo el motivo. Sé qué ropa llevábamos en agosto de 2003 en Ezcaray, cuando nos sacamos una foto que no sé quién tendrá. Sé cuál era su mochila del colegio y su letra de gato. Me acuerdo del careto diciéndome una y otra vez "Inés, es que no entiendes nada". Se me hacía el mayor porque era universitario...

Y ahora me he hecho mayor yo. Pero de verdad. Y no hay cosa de la que más me alegre que de que pueda seguir recordándolo como entonces. Porque hay cosas que nunca se olvidan. Ni se olvidarán.

Aniversarios jóvenes, amigo.

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