El día que te vi por primera vez eras una foto. En blanco y negro y algo borrosa. Era verano en España e invierno en Argentina. Eras un punto insignificante de una ecografía. Pero de insignificante tenías nada.
Durante 9 meses me imaginé tu cara, tu color de piel, si ibas a ser alto, delgado, gordo o cabezón como somos en esta santa familia. Hice un ránking con mis 10 nombres favoritos y se los pasé a mi hermana. Hice un tablero en Pinterest (secreto) con cosas de niños. Miraba webs con cunas y cambiadores, fui a Ikea a comprar parte de tu cuarto y cuando entraba en www.zara.com a ver qué veía empecé a echar vistazos a la pestaña de "niños y bebés".
Dos días antes de nacer escuchaste la conversación más larga de la historia de Skype entre dos miembros de la familia. Hablamos de ti, de lo que esperábamos, de las ganas que teníamos de que llegaras, de Ocho apellidos vascos, de la vida y de cómo nos iba a cambiar en menos de tres semanas.
También hicimos apuestas. Yo aposté por el 25. Pero nadie por el 19.
Un día del padre en el que pensábamos que con una botella de Moët&Chandon íbamos a ser los más hijos más originales del mundo decidiste venir a este mundo. Gracias. Llegaste antes de lo previsto mientras yo hacía largos sin parar en la piscina del gimnasio y me enteré tarde. Lloré mucho. Más al verte. Y esa noche me bebí una botella de vino con el que duerme a mi izquierda. Por ti. Por todo.
Los tres primeros meses vi vía foto o vídeo cada movimiento, mueca o gesto que hacías. Y moría por estar ahí. Un tarde con hipo eran 3 vídeos. Una medio sonrisa 5. Tu primera carcajada dura 5 minutos y una canción. Tus primeras frutas 6.
El día que te conocí después de 24 horas de viaje te me hiciste el vergonzoso. Normal. Era una extraña. Pero en menos de un mes conseguí decenas de sonrisas, siestas acompañada y caricias. El último día antes de irme dimos el paso del coche a la silla. Un gran paso para tu edad.
Hasta Navidad esos pasos se convirtieron en gigantes. Pasaste de ser un bebé a un "adolescente". Te salieron dientes. Te sentabas solo. Empezaste la guardería. Estuviste ingresado unos días. Te disfrazaron de calabaza para Halloween. Comiste limón y lo tenemos grabado. Comenzaste a poner el baño perdido de agua desde tu bañera verde. Y un día de la nada comenzaste a emitir un sonido similar a "mamá".
Volví para verte dar los primeros pasos agarrado. Me lloraste cada vez que cruzaba el umbral de una tienda de ropa. Vimos los primeros Reyes juntos. Te dormiste mientras te daba la cena. Compramos tu primer correpasillos-camión. Y en la familia se recuperó el espíritu navideño, años atrás perdido.
Hoy hace un año que intento jugar a ser la mejor tía del mundo. La tía Inés que el 85% del tiempo está tras una pantalla. Pero esto de juego tiene poco. Sin embargo, desde hace un año es mi juego preferido. Y tú mi ficha de la suerte.
Hoy hace un año que intento jugar a ser la mejor tía del mundo. La tía Inés que el 85% del tiempo está tras una pantalla. Pero esto de juego tiene poco. Sin embargo, desde hace un año es mi juego preferido. Y tú mi ficha de la suerte.
Muy feliz cumpleaños, Miguel.

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