Hoy en realidad tocaría un post sobre lo que me gusta leer, lo que me he leído y el shock que tengo desde hace dos años por haber conocido a Pérez-Reverte. Pero no. Desde que llegué hace 9 días es la primera vez que me sale escribir algo sobre lo que he hecho estos tres meses en Washington DC y cómo lo estoy procesando. Que me está costando.
Muchos me esperaban en España expectantes para que les llenará la cabeza de líos y cosas graciosas que me hayan pasado. Y hay tantas que en realidad no sé ni por dónde empezar aunque nos faltó "la frutilla/guinda de la torta" que en nuestro imaginario común era que nos detuvieran en el Parque de los Memorials por bañarnos en la Reflecting Pool (la piscina en la que Jenny corre cual posesa en Forrest Gump) y que la directora del programa nos tuviera que sacar de la cárcel. Pero la piscina estaba en obras. Y nosotros ya tenemos una edad...
Sin embargo, pensándolo bien ha habido muchas guindas/frutillas. Demasiadas como para olvidarlas a pesar de que ahora mismo tenga la sensación de que haya pasado un año y medio desde que me fui y que en vez de tres meses fueron tres años.
He aprendido muchas cosas, muchas. No he estado haciendo un programa de Física Cuántica porque ahora mismo no me acuerdo ni de la ley de la gravedad pero he vivido con 36 personas de Latinoamérica y España 83 días, 24 horas, 7 días a la semana. Tengo mis dudas de si Einstein hubiera descubierto la teoría de la relatividad si hubiera vivido esta experiencia. Serias dudas. Pero yo no aspiro a ser Einstein, dejó el listón muy alto. Me quedo con lo bailado. Y lo conocido.
Empecé nada más llegar quedando de imbécil porque no sabía encender la ducha. Fue mi primer contacto con un coreano-argentino que se ha convertido en mi pie derecho (todos tuvieron el mismo problema, pero de eso me enteré más tarde). Y acabé a punto de perder el avión de vuelta por quedarme hablando sin respirar con una española que no sé dónde ha estado los 28 años anteriores de mi vida.
Y en medio ha habido de todo. Muchas clases interesantes, alguna que otra aburrida, confusiones con el idioma (con el español, que cada uno hablaba uno diferente, ya lo del inglés es otro cantar). Ha habido momentos serios y alguno que otro triste pero sobre todo mucha risa. Muchas galletas ingeridas, muchas cervezas incorporadas al torrente sanguíneo. Lecciones de vida de gente que tiene más experiencia que yo, que lo ha pasado mal o que por vivir en el país en el que vive tiene una visión diferente de las cosas. Lecciones propias de galletas de la fortuna o de refrán coreano.
En este tiempo he descubierto que somos muy distintos pero que al final todos sentimos las mismas cosas aunque con diferente intensidad. Y que todavía quedan rencores históricos y los españoles tenemos la culpa de todos los males del mundo, por ladrones y asesinos. He vivido en directo todo aquello de lo que me reía cuando veía Gran Hermano y no podía entender como la gente lloraba después de 15 días de convivencia. Yo hubiera llorado el día 5 si alguien se hubiera ido. También he bailado canciones que juré nunca mis oídos iban a sufrir, he sido el despertador humano de una venezolana y he encontrado a una persona que le gusta más la ginebra que a mî. He reconocido que Chile es un gran país y asegurado que Colombia está a un paso de serlo.
He descubierto que tengo más cosas dentro de las que pensaba. Que una sonrisa diaria puede alegrar el día a, al menos, una persona y que medir lo que mido no es tan normal en la región. Tampoco hablar tan fuerte. Me he dado cuenta de que Argentina no es tan malo como yo pienso, ni tan bueno como los argentinos creen; que existen todavía personas que creen en serio en el de allá arriba y otras que tienen un amor por su patria que para mí lo quisiera. Y sobre todo que, por suerte o por desgracia, siempre he sido muy feliz y me han ido las cosas rodadas en mayor o menor grado.
Y todo esto, un 1% de lo que viene ahora mismo a mi cabeza que desde el 20 de enero gira a 40.000 por hora, en solo tres meses.
83 días de mi vida que me está costando mucho asimilar y que me van a llevar un tiempo. Pero que seguro van a significar mucho más que unos cuantos años.

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