Hoy es el principio del fin de una década.
La década en la que me convertí en Periodista, me fui con tres maletones para tres meses que se han convertido en 6 años y en medio he cruzado el charco 26 veces con otras 10 maletas diferentes. La década en la que no sé qué día decidí cortarme flequillo, apuntarme a sevillanas e irme a vivir a Buenos Aires sin pensar mucho lo que eso suponía.
Ha sido la década de hacerse mayor, de dormir con alguien serio a mi izquierda, de ser tía, amiga, empleada y roommate. La década en la que he compartido casa con 4 chicas, con 2 argentinos, con 3 chicos, en la soledad absoluta de las soledades en un estudio de soltera, en pareja y con 36 personas; en cinco ciudades, tres países diferentes, tres monedas y, podemos decir, tres idiomas (el argentino me costó un rato).
Han sido 10 años en los que he aprendido nuevas tecnologías, en los que han aparecido en mi vida las redes sociales, el Whats App, el iPhone, Gmail, Spotify y la TDT. La década en la que he bailado con la misma intensidad Bailando de Enrique Iglesias, Aserejé de Las Ketchup y Obsesión de Aventura (y tú también solo que cuesta reconocerlo, pero así es la vida) mientras me he bebido alguna que otra ginebra con limón.
10 años en los que me han puesto gafas (y las he cambiado en tres ocasiones, la última hace 4 días), he cambiado de talla de pantalón del orden de 4 veces y me he apuntado y desapuntado del gimnasio otras cuatro. He pasado de ver la tele doblada a subtitulada (os lo recomiendo enormemente), de no peinarme a de vez en cuando hacerlo y de no maquillarme a no salir de casa sin rimel.
El tiempo en el que he firmado artículos en un periódico, hecho un programa de televisión para niños, puesto copas en un bar, cuidado tres niñas como tres soles, pasado el micrófono en congresos llenos de gente, encuestado a media Argentina, ayudado a una docena de candidatos en sus campañas y escrito cientos de informes, posts y tuits que ni si quiera sabéis que son míos.
La década en la que he sido estudiante, becaria, interna, trabajadora regulera, por cuenta ajena y autónoma. He tenido 3 DNI y 4 pasaportes diferentes. Ganas de comerme el mundo, de pararlo y bajarme y de cambiarlo con mis dos manitas.
Me han invitado a 18 bodas, tengo amigos con hijos y algunos ya van al colegio, hablan de cremas y tónicos y yo sigo sin carné de conducir. 10 años en los que me han llamado Jirafa, la Royo, Galle, Gaita, Gallega, Ine y Ché. Todo menos Inés. Y en la que he pasado a compartir cumpleaños con mi suegra y mi cuañada (sí, las tres, el mismo día, a mí me eligió antes de saberlo).
He conocido gente rarita, rara y muy rara. Cada uno ya sabe en cual de las tres categorías se encuentra. He visto cosas que jamás pensé que fuera a ver. He comido alimentos que en mi vida pensé que iba a poder ingerir (terminando por la comida pho, que encima está buena) y he temido por mi existencia en una avión en medio del Atlántico camino a Londres y en un barco camino a Uruguay en medio del Río de la Plata. He aprendido de asuntos que no sabía ni que existían. Y hablado de otros que para mí son los más simples y para otros son un mundo por descubrir.
En los últimos 10 años he intentado disfruta de la vida como mis padres me enseñaron. Lo he pasado muy bien, bien y, de vez en cuando, algún que otro día, mal, pero de eso ni me acuerdo.
Me ha dado tiempo a visitar Cuba, París, Berlín, Montevideo, Nueva York o Sao Paolo. He descubierto que los detalles más simples son los que importan, que la familia y los amigos son lo más importante que se tiene y a los segundos se les puede elegir (a los primeros también os hubiera elegido). Que la vida es complicada, solo que yo estoy pasando por ella con una mezcla de suerte, ayuda y esfuerzo.
Y aún con todo esto y más, todavía me queda un año para terminarla.
El año en el que romperemos los moldes.
A por ella.
GO!

No hay comentarios:
Publicar un comentario