Este fin de semana he cumplido 5 años en Buenos Aires. Cinco años desde que puse un pie en el aeropuerto de Ezeiza allá por mayo de 2010, tras un viaje más que accidentado con paso por Orlando y con tres maletas como mi armario actual de grandes.
En estos cinco años (uno de ellos habitado en Madrid) he pasado de llegar a casa a las 7 de la mañana fresca como una lechuga a cenar con amigos que vomitan por empacho antes de la medianoche; de beber Fernet como cosaca a preferir una cerveza fría con el que está a mi izquierda; de putear en hebreo a todo el que intentaba atropellarme a saber esperar y cuándo cruzar. He perdido la vergüenza, la figura y un poco la inocencia. Pero son cinco años (cuatro, en realidad) que no cambio por nada.
He aquí lo que más odio y amo de Buenos Aires.
Odio:
1. Hacer fila. El deporte nacional de este gran país no es el fútbol ni bailar tango. Es hacer fila. En cualquier lado, a cualquier hora, para cualquier gestión. Banco a las 11 am de un lunes: fila. Compra semanal un miércoles a las 3 pm: fila. Restaurante escondido en lo más recóndito de San Telmo para cenar un viernes a las 11:30 pm: fila y doble turno.
2. Los zapatos con plataforma: nunca entenderé quién dicta la moda de zapatos en Argentina pero siempre es fea y cuando es bonita le añaden una plataforma de goma blanca de 5 centímetros y la vuelven fea.
3. Que nunca pase el 39 ramal 3 cuando lo necesito. Y lo peor, que pase siempre cuando al que estoy esperando es el 111.
4. El nudo mal hecho de las argentinas que les queda bien. Ellas se hacen un nudo en la cabeza con su pelo liso, extra largo y fino y ese nudo se queda ahí a su merced, con estilo, sin caerse, sin esfuerzo. Muerte al nudo estiloso argentino sin trabajo ni laca.
5. Ir al súper y que no haya algo por "estamos en falta". Después de vivir tres meses con una venezolana no me veo con autoridad para quejarme de esto pero lo tengo que decir. Aquí también hay cosas que por temporadas no hay. O hay muy pocas. Actualmente: tampones y algodones en disco para desmaquillar.
6. Las servilletas de las pizzerías que te cortan las comisuras de la boca. Son como papel de periódico fino en blanco. Ni limpian, ni absorben, ni nada. Puro adorno. Puro dolor.
7. "Quedáte tranquila, Ine, yo me ocupo". ¡HORROR! Si alguna vez en la vida un argentino/a os lo dice quedaos de todo menos tranquilos. Corroborado al 100 por 100. Lo niegan, pero este estudio se basa en la experiencia prolongada en el tiempo, en diferentes ámbitos y en diferentes circunstancias.
8. La impuntualidad. Los 10 minutos de cortesía españoles en Buenos Aires son 40 porque el bondi no pasaba, 10 porque se me ha metido el taco en una ranura de la vereda y otros 10 porque sí, porque así es la vida.
9. Las vueltas. A todo le dan 1.0283.283.383 millones de vueltas. A todo.
10. La trampa. Según se está firmando una ley, ya pulula por internet la trampa. Según se sube una gallega en un taxi y pronuncia la ese fuerte, lo que se recorre en 10 minutos se hace en 30. Taxistas de Buenos Aires: "Primero, dejad de subir la tarifa que ya sois un producto de lujo; segundo, dejad de pasearme, me sé la ciudad desde el mes tres".
Amo:
1. Los cafés con onda. Sillas de colores, pastelería indescriptible y aparca-bicis. Paradógico teniendo en cuenta que ni las sillas son cómodas, ni tomo café, ni tengo bici.
2. La comida. Toda ella. Entera. Desde la carne hasta la pizza. Desde las facturas hasta la tarta de calabaza. TO-DO. Ahora podéis entender muchas cosas sobre mi expansión hacia los lados.
3. El sol. Siempre sale, haga frío o haga calor. Justo hoy no. Pero de normal siempre sale y a mí me alegra el día.
4. Que se me escape la manito cuando digo algo. Tal que así: junten todos los dedos con las yemas hacia el techo y muevan el antebrazo hacia adelante y hacia atrás de forma constante. ¿Significados? Varios: ¿pero qué decís?, ¿pero qué te crees vos?
5. Decir "ni en pedo" (traducción exprés: "ni de coña", "ni de broma", "ni borracha", "ni en mis mejores sueños"). Me gusta como suena cuando lo digo. Luego me doy cuenta de que es muy feo. Pero ya lo he dicho.
6. El amor a la patria (durante el Mundial). Esos balcones, taxis, buses y autos repletos de banderas celestes y blancas no los cambio yo por nada. Para mí quisiera que la roja y amarilla no estuviera tan enfrascada en una cuestión histórica.
7. Los goles. Juegue River, Boca, Racing, la selección Argentina, o Huracán, un gol supone que se oiga un grito generalizado por el balcón, que hace eco, que te pone la piel de gallina, que te hace entender que aquí el fútbol es muy, pero que muy, muy, importante.
8. Los autobuses (de largo recorrido). Iberia quisiera para su primera clase los asientos cama de Condor Estrella camino a Mar del Plata. Los amo. Hace que viajar 11 horas sea un placer (sobre todo para mí que me duermo 10,5 horas).
9. "Gallega, ¿de qué parte? Mi abuelo era gallego". No importa que pasen 10 años siempre voy a ser gallega. Y siempre el abuelo de esa persona era gallego. Y esa persona tiene el pasaporte. Y vota a presidente. Y tú no porque no llegan las papeletas.
10. Levantar la cabeza y darme cuenta de que estoy aquí. En un mundo raro, en una ciudad que sale en todas las guías de viaje. En un sitio donde he conseguido sentirme casi, casi, casi, como en casa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario