Mi señor padre y Chus del Río, todavía hay estudios para saber cómo cabían ahí los dos.
Hoy es el día de la radio. Yo no tenía ni idea. Me he enterado en el puerto de Colonia (Uruguay) cuando he abierto Twitter y me he encontrado una foto de Herrera, García, Gabilondo y Del Olmo. Y ahora estoy escuchando el programa que cuatro de las voces más míticas de la radio de España han compartido esta mañana con Carlos Herrera y me he dado cuenta de que mi historia con la radio es corta pero intensa.
Para mí la sintonía de "Carrusel Deportivo" y la publicidad de puritos Reig es símbolo de domingos, de noche a las cinco de la tarde, volviendo a casa de algún pueblo en el que me había congelado viendo al Berceo en Regional Preferente, generalmente, o de Tercera, en tiempos mejores.
Julia Otero me acompañó en el viaje Logroño-Noja todos los 15 de julio de mi existencia (antes no se tardaba hora y media, se tardaba el doble). Gabilondo era el fondo de vez en cuando de mis duchas hasta que se fue a la televisión y Herrera adornaba mis mañana en la oficina en la que sin abrir Twitter me enteraba de lo que me tenía que enterar. Y de paso me echaba unas risas.
Hice radio en la Facultad. Unas prácticas en segundo de Periodismo en las que lo que parecía tan fácil como hablar delante de un micrófono y contar algo en 30 segundos, bien fuera una noticia o el tiempo, se convirtió en algo realmente complicado. Lo de respirar y hacer las pausas bien lo dejamos al margen. Y lo de saber cuántos tonos tiene la señal horaria para el examen teórico, también (son seis, por cierto; respuesta aquí).
Luego llegó el fatídico día en septiembre de 2007 en el que me llamaron para entrevistar a Miguel Bosé por teléfono en los estudios de Punto Radio cuando yo estaba tan a gusto en el periódico. Pero tras 40 minutos al habla con Papito salí llorando. Otros día contamos los motivos.
Luego llegó el fatídico día en septiembre de 2007 en el que me llamaron para entrevistar a Miguel Bosé por teléfono en los estudios de Punto Radio cuando yo estaba tan a gusto en el periódico. Pero tras 40 minutos al habla con Papito salí llorando. Otros día contamos los motivos.
Y tuvieron que pasar 8 años para superarlo y volver todos los lunes de 2015 a Radio Palermo para hacer un programa destinado a la colectividad coreana en Buenos Aires. Programa en el que se suponía que iba a salir bilingüe y no aprendí ni a decir "hola" en coreano.
Pero mis mejores recuerdos en la radio no han sido míos, sino en la retaguardia. Me acuerdo de un partido del Logroñés en Las Gaunas viejas en primavera que me dio un ataque de alergia al polen y mi padre me tuvo que meter a la cabina con él para que no se me salieran los ojos de las órbitas. O de la tarde que me invitaron a la tertulia de los lunes para que contara cómo se vive el fútbol en Argentina y estuve en la publicidad del programa todo el año.
Porque la virtud de disfrutar y hacer bien la radio se la quedó otro miembro de la familia. Mi padre. A día de hoy como parte de la tertulia de las 15 horas de los lunes en Onda Cero con Julio Carpintero y antes de que yo viniera a este mundo como comentarista deportivo para Cadena SER. Y él es quién escucha la radio todos los días mientras duerme, mientras está en el gimnasio, cuando va en el coche, en la bici o mientras se afeita.
Él es quien se recorría España entera radiando los partidos del Logroñés cuando para ir a Canarias para el partido del domingo había que salir de casa el jueves (o al menos eso es lo que le decía a mi madre), el que tenía unos cascos en casa del tamaño de su cabeza y el que te dice la alineación del Logroñés-Binéfar de Segunda B de la segunda vuelta de la temporada 1982-83.
Y sobre todo es la voz que pudo decir y radiar para medio Logroño esto una tarde de 1987:
La radio y todo lo que hay detrás es alucinante. Escucharla es un placer. Y hacerla supongo que también.

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