No me gusta que me digan "feliz día" por decir, porque toca, porque lo dice todo el mundo. No me gusta tener que leer día sí y día también en el diario que a una niña le han violado, golpeado o asesinado porque sí. No me gusta tener una licencia de maternidad, con perdón, de mierda, de 90 días (en Argentina). En 90 días recién te cae la ficha de que eres madre y empiezas a conocer a tu hijo.
No me gusta saber que hay profesiones en la que las mujeres ganan menos por el mismo trabajo o que no pueden ser jefas "porque te vas a quedar embarazada". No me gusta tener que oír "¿te está por venir, no?", ni "así es la vida", ni "ajo y agua" cuando todo menosprecia a un género.
Hace menos de un año, cuando leía o escuchaba cosas referentes a la conciliación entendía que era un problema, pero no comprendía bien del todo su envergadura. Y ahora soy parte de ese problema.
Tuve un embarazo de libro que me dejó trabajar hasta 4 días antes que naciera mi hijo, tuve la suerte de poder estar con él 8 meses (sin sueldo) y verlo y disfrutarlo como si no hubiera otra cosa en el mundo. En ese tiempo me di cuenta de que me gusta demasiado mi trabajo, que quiero mucho a mi hijo pero que también quiero trabajar de lo mío.
Volví a la oficina como quien vuelve al colegio después de un verano sin freno. Y desde el mejor escenario posible, con un marido con el que repartimos todo al 50% (por no decir al 70-30), un jefe inmejorable que ya no reclama perfección en lo que hago y me pide que esté tranquila, unos padres que se han pasado mes y medio en Argentina para que volviera tranquila, unos compañeros que me ayudan hasta donde no deberían y una jornada reducida un par de horas, tengo que decir que la conciliación no existe.
No existe porque un cliente pide cosas a cualquier hora sin pensar que quizá estás bañando a tu hijo. Si es que saben que tienes hijos. No existe porque hay reuniones a las 18 horas. No existe cuando piden propuestas con un margen de cuatro días. No existe porque, al menos yo, tengo una cabeza y dos manitas.
No existe cuando tienes que hacer un Excel para ver si llegas a coger un par de meses más sin goce de sueldo después de parir, cuando tu marido tiene 48 horas de baja por paternidad o cuando en el hospital no le miran a él a la cara ni para ver si está escuchando cómo cuidar al niño.
Tampoco existe cuando en la guardería dan por hecho que puedes estar en el periodo de adaptación cuatro semanas, una media de cuatro horas por día jugando y cantando "hasta que se vaya acostumbrando". No existe cuando piden que lleven marcado hasta el chupete de un día para otro o cuando una te mira con mala cara cuando haces una pregunta en la reunión de padres que se supone ya deberías saber.
No existe cuando otras mujeres dicen "qué pena" cuando cuento que mi hijo va a ir a la guardería con 9 meses o cuando declaras abiertamente que te encantaría ir al gimnasio por una vez en tu vida pero no te dan las horas del día. No existe cuando te vas de casa con culpa, llegas a casa agotada y no te da la cabeza ni para hacer "cinco lobitos".
Fui niña y adolescente, soy adulta, trabajadora y ahora madre. Y ahora entiendo porque mi madre nos obliga a ir a votar, nos obliga a coger toda la baja maternal hasta el último día y todo lo que podamos de más, nos anima a que hagamos lo que creamos que podemos llegar a hacer en nuestra vida o nos cuida a sus nietos para que vayamos a la peluquería, al cine o a darnos un masaje.
Y lo que más pena del mundo me da es que deseaba con todas mis fuerzas que Juan fuera niño porque inconscientemente me da miedo traer una niña a este mundo. Quizá si a otro pero no a este con toda esta retahíla de inconvenientes.
Espero que podamos lograr los cambios pronto. Lo suficientemente pronto como para que desee traer a este mundo un par de mellizas, o dos. Mientras tanto, seguiremos haciendo malabares para no caernos y luchar porque lo que mi abuela, mi madre o mis tías consiguieron y lo que nosotras queremos alcanzar.
Porque hoy es un día para saber que estamos todas metidas en el mismo barco, solo que para que navegue por el mar correcto ni una sola de nosotras puede hacerse la pirata y boicotearlo. Estamos todas dentro.










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