Querido señor Rajoy:
Probablemente esta carta no sólo deba ir dirigida a usted, sino a todos los que estuvieron antes en su silla, pero como el que está al mando ahora mismo es usted, le pido me disculpe y me permita desahogarme.
Quería contarle que en el último mes he quedado con cuatro compañeros de facultad. Cuatro de los que allá por mayo de 2008 cuando nos dieron un diploma, nos la veíamos venir de lleno. No sólo decidimos ir a la Universidad, sino que para más inri decidimos estudiar Periodismo, una profesión que, con o sin problemas económicos, tiene poca fama de estar bien remunerada. Además, por si no estábamos contentos con todo lo anterior, convencimos a nuestros padres que nos dejaran hacerlo a pesar de su negativa, y les volvimos a convencer para hacerlo en la Universidad de Navarra que es la mejor y podía amortiguar en cierta medida aquello de "tiene pocas salidas laborales". Ya nos ocupamos luego durante los cuatro años que tardamos en hacerla de repetir una y otra vez en las comidas familiares aquello de "no te preocupes papá, que en unos años cuando sea millonaria te lo recompenso".
Y aquí estamos después de unos años. Cuatro concretamente. En mi caso, desde que puse el pie en la vida real, he vivido en tres países diferentes, en cuatro casas diferentes, cada vez más lejos de mi familia y ejerciendo profesiones lícitas que no me enseñaron en la facultad (véase cuidar a tres niñas que las sigo queriendo con locura). Pero todo era por amortiguar aquello de "tiene pocas salidas laborales" y "qué importante es saber inglés para esta profesión", a la que cada mes que pasaba se sumaba con más fuerza "esta crisis va a peor y no tiene salida".
Entonces usted me dirá "haber estudiado Medicina y seguro las cosas hubieran ido mejor si lo que quería usted es ser millonaria", pero no todo es cuestión de dinero. En las últimas charlas con mi compañeros apenas se roza el tema salario que, todo sea dicho de paso, en vez de ir hacia arriba va hacia abajo y sigue sumando números a la cuenta eterna que nuestros padres han tenido que volver a abrir. Lo que he visto, y siento, es que no estamos contentos. Estamos frustrados al ver que cuanto más se trabaja, mejor preparado se está y más empeño le pones a vivir de lo que te gusta (en nuestro caso de escribir discursos a políticos como usted, hacer crónicas de un partido de fútbol o un reportaje sobre cualquier asunto en la televisión) peor están las cosas. Pero claro, como tenemos un salario (con tres cifras o con cuatro, eso no importa) tampoco podemos quejarnos, porque es lo que hay "y no podemos gastar lo que no tenemos" como ayer se encargó de repetirme 14 veces en su entrevista como si fuera un loro.
Efectivamente, no podemos gastar lo que no tenemos porque no hemos estudiado una ingeniería para fabricar una máquina que nos dé billetes de cincuenta todas las mañanas. Pero digo yo que ya que hemos estudiado una carrera, la hemos sacado, nos hemos separado de los nuestros para ser mejores y tenemos un cierto talento para poder desempeñar nuestro trabajo, por lo menos (ya que la parte económica no veo que sea posible) tenemos cierto derecho a sentirnos bien y contentos, apretarnos el cinturón porque es lo que toca como todos pero sin pasar penurias y salir a la calle con una sonrisa de oreja a oreja a pesar de la que está cayendo porque hacemos lo que nos gusta hacer y quisimos hacer.
Estamos al tanto de la actualidad económica y de la política (gajes del oficio) como para comprender que subir el IVA, el IRPF y quitar la paga de Navidad a los funcionarios no es una decisión que usted tome fumándose un puro con Luis y Cristóbal. O eso espero. Pero le pido que, al menos, intente hacer algo, decida todo lo rápido que pueda y dé la cara y nos diga qué leches va a pasar de aquí unos meses. Vivir algo justo no es bonito, pero vivir con la incertidumbre de no saber si en diciembre compraremos el turrón en pesetas, le aseguro que es peor. Sabemos lo que tenemos encima, no somos bobos, sabemos que durante los últimos 10 años todos, usted, mis compañeros y yo, nos lo hemos pasado bien con la ley del mínimo esfuerzo. Pero si quiere que le ayudemos, nos sigamos apretando el cinturón y estemos felices con menos, tiene que empezar a confiar en nosotros y no ser un muro de contención que sólo suelta prenda cuando los periódicos ya han dicho lo que usted nos tenía que decir tres días antes desde su silla con lágrimas en los ojos, serio o con ojeras. Como tenga que hacerlo, que a estas alturas de la vida la imagen es lo de menos.
No sé qué plan tiene de aquí a doce meses vista. Pero yo le puedo asegurar que cuando dentro de unos años en España no haya nadie nacido entre 1983 y 1990, no será porque no queremos estar aquí o porque estábamos hartos de ganar tanto dinero. Será porque, como yo hice en su momento, a muchos no les queda otro remedio que hacer maletas y decir adiós en Barajas a padres, hermanos, abuelos y animales de compañía, para estar en otro lugar "mejor" a primera vista. Porque como en España no se vive en ningún sitio.
Perdón de nuevo esta intromisión sin motivo, pero desde el jueves que fui a Barajas a despedir a mi novio, ahora tengo mucho más tiempo en soledad para escribir estas cosas. Que probablemente no sirvan para nada, pero al menos me quito el peso de no haberlo intentado y le pido de forma directa que, por mucho que duela y tenga que bajarse los pantalones, necesitamos que haga algo, pero de verdad. Es algo que todos los españoles necesitamos.
Atentamente,
INES
1 comentario:
Tienes toda la razon Ines, pero creo que como en los ultimos 8 meses, la respuesta es "silencio".- Sinceramente creo que seria mas positivo explicar claamente las consecuencias de las posibles alternativas y, preguntar y acatar via referendum la decision de los ciudadanos.- Pero eso no es precisamente lo que conviene a los intereses personales y partidistas.
Se nos ha olvidado lo que es el bien general.
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