jueves, 2 de julio de 2009
Dependiente
Soy dependiente. No del tabaco, que nunca he fumado; no del alcohol que nunca he... que aquí es caro digo; no de las máquinas tragaperras, que no hay, ni del bingo, que tampoco he visto. Lo soy de mi ordenador, compu, laptop, pc, pórtatil o como los ilustres lectores de este blog lo quieran llamar. Y entonces me he dado cuenta de que, actualmente, no puedo vivir sin internet más de cuatro días. Y no me gusta para nada la idea.
¿Pero cómo trabajabáis antes sin internet? Para mí la prehistoria es los trabajos con la Encarta famosa que no sé dónde ha quedado, porque desde que tengo uso de razón medianamente serio he tenido ordenador en casa. Al principio hacía unas invitaciones horrorosas para mi cumpleaños con un payaso a cuadraditos, jugaba a un juego que se llamaba Bobo, que realmente era para bobos, y jugaba a ser la cajera de Zara con el teclado. Pero con el tiempo se ha convertido en una prolongación de mis brazos.
Sin el mail no podría estar en contacto con medio mundo, con mis padres, con mis hermanos, con mis amigas, con la gente de aquí y de allí, para el trabajo, para decir que estoy viva... ¡Para todo! Sin Facebook o Tuenti no me enteraría de la mitad de lo que hacen mis amigos, de un cuarto de lo que hace mi hermano, no vería a mis primas crecer y echarse novio (y además poder verlo en foto), ni enterarme de quién lo ha dejado con quién y quién está en un país u otro.
Sin red no podría leer cuatro periódicos diferentes, ni ojear noticias de todas las partes del mundo, ni escuchar la radio española aunque no esté ahí, ni escuchar un sucedáneo malo de Spotify llamado Pandora que me alegra las jornadas. Tampoco podría ver a mis padres a través de Skype, y tendría unas facturas de teléfono de kilómetro porque tampoco hablaría.
De igual forma sería un desastre con el Bank of America porque no sabría hacer nada si no es por la banca online, y, ahora para mí vital, tardaría siglos en estudiar si en vez de tener Wordreference encendido tuviera que buscar cada palabra en el diccionario de papel. Por su puesto olvidarme de las charlas por messenger con quién sea para saber cómo están las cosas y mucho menos hacer la compra y que me la traigan a casa, comprarme libros o (esto sí que es parte de mi cerebro desde hace meses) buscar casa, college, una calle y comprar billetes de avión.
En definitiva que de 24 horas, 7 paso durmiendo, 5 en clase, 2 comiendo, 2 hablando y el resto... pues donde estoy ahora, delante de la pantallita luminosa que me está empezando a preocupar. Pero sin ella tampoco podría estar escribiendo en el blog... Así que me quedo con mi droga que como mucho lo único que puede hacer es aumentar las diotrías, porque aún no me he vuelto una enganchada. ¡Ni me voy a volver! Y si me vuelvo os enteraréis por mail, o por Facebook, o por Twitter, o por Tuenti... o por aquí mismo.
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5 comentarios:
¿Jugabas a ser dependienta de Zara? Joder... lo tuyo es grave... En realidad yo no sé cómo voy a sobrevivir en mis vacaciones de tres semanas por los Balcanes sin internet. El grado de adicción que tengo es serio, así que no eres la única. Si algún día nos declaran enfermos, siempre podremos echar las culpas a Salaverría y su obsesión por los cibermedios.
Entonces mejor no hablamos del Spectrum y del Amstrad.
Quién pillara uno de esos ahora; creo que ni en la exposición de los 120 años del peri están.
Somos un@s yonkies...
David, suerte en tu período de desintoxicación... Avellana, tengo el Spectrum con juegos en casa de mis padres (jaja)...
MUAK
Mi abuela de 90 años, Totita, dice que no necesita internet. De hecho, se resiste a aprender porque, afirma, le quedarían muy pocas horas del día libre y no saldría a la calle como hace ahora. Ella es responsable de un aula de cultura, viaja en autobús y va al cione todos los miércoles (es el día a mitad de precio). Cada vez que envío fotos de Martina, camina 2 cuadras (200 metros) hasta la casa de mi otra abuela, Lely (que también tiene 90), para ver las fotos en la compu de la otra vieja. Es un espectáculo. Besos
Y yo, tengo 60, y no podría concebir la vida sin internet... Totita, mi madre, de la cual escribe Martín, no utiliza internet, pero sí lo hace a través mío: que le diga las películas que dan por el cable (pues en la revista aparecen con letra demasiado pequeña), que busque la ley del Servicio Doméstico, para que averigüe algo, que le consiga el teléfono y dirección de una amiga que vive en otra Provincia...
Conclusión: Yo soy adicta, tú eres adicto, nosotros somos adictos!!!
Cariñossssssss!!!
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