viernes, 11 de mayo de 2018

Y aquí sigo de pie, 8 años después


Hoy hace 8 años que puse un pie en Argentina. Ocho. Yo que me vine cargada de maletas para un año y medio de fiesta y trabajar para la campaña de Macri 2011 y Macri ahora es Presidente. Y yo he cambiado de trabajo tres veces, de casa otras tres, me he casado con un uruguayo y, para terminar con redoble de tambores, voy a tener un hijo argentino dentro de seis semanas. Macri un poroto a mi lado en Casa Rosada.

Solo me queda ir al psicólogo y sacarme el pasaporte para hacer todo lo que hace ocho años dije, juré y perjuré que no iba a hacer: vivir aquí más allá de 2011, tener DNI argentino (hasta 2032), traer a un ser humano a este mundo con nacionalidad argentina y no decir "coger" ni cuando vuelvo a Logroño. 

Compré mi primer champú Pantene en supermercado Disco a 34 pesos el mismo día que llegué. Ahora lo compro a 100 en COTO que me pilla más cerca y tengo 20% de descuento con Banco Ciudad el primer fin de semana del mes.

Cambié los pocos dólares que traje en efectivo a 3,78 pesos la primera semana. Con eso viví (bien vivida - y sobre todo bien comida y bebida) casi todo el mes. Hace cuatro días cambié la mitad del sueldo de mayo a 22,3 pesos porque hay riesgo de que se vaya a 25 en cuestión de días.

Empecé a engordar hasta el punto de no retorno gracias a las panaderías. Con sus facturas, con sus fosforitos, con sus sándwiches de miga, con sus tortas, con su pan, con su todo. Lo dejé, pero vinieron las cervecerías artesanales a complicarlo todo un poco más.

Viví años de salir los miércoles, los jueves, los viernes, los sábados. Gracias a dios ahora vivo para dormir los miércoles, los jueves, los viernes y con más fuerza los sábados.

Vi a España ganar su Mundial. Fui al Obelisco y grite como si no hubiera un mañana. Y me pregunto si podré ir con mis padres el 15 de julio a hacer lo mismo (por lo mismo).

He vivido parte del kirchnerismo y del macrismo. Y bueno, aquí seguimos.

Viví durante muchos años al límite, cual Robinson Crusoe en su isla llena de trampas, sin OSDE (el seguro médico). Hace dos días recibí una carta de OSDE que sintiéndolo mucho no tenía la cobertura al día y de poco se me sale el corazón y el niño por la boca (todos tranquilos, fue un error).

Sigo sin entender por qué hay la inflación que hay, por qué no hay un H&M en esta ciudad, por qué los taxistas se quejan de todo, por qué "quédate tranquilo" es lo peor que alguien me puede decir en cualquier circunstancia, por qué hay que ofertar en Mercado Libre para que te pasen una mísera dirección que puedes encontrar tranquilamente en Google con un par de luces que tengas prendidas, por qué hay que normalizar todo tan rápido si algunas cosas no son buenas, por qué tantas cosas...

Pero aquí sigo. Con una tripa que no es normal, una habitación de bebé al otro lado de la pared a medio poner, un número de kilos de más que está más próximo a la inflación del país que a los parámetros recomendados; una nueva casa, un ya no tan nuevo trabajo y una persona que duerme conmigo a mi izquierda desde casi el principio y que me acompaña día a día para hacer que esto sea, dure lo que vaya a durar que yo ya no me atrevo a hacer cronogramas inútiles, una etapa de mi existencia que va a ser difícil de olvidar.

Porque aquí he cambiado de trabajo tres veces, de casa otras tres y me he casado con un uruguayo. Pero sobre todo quiero que no olvidéis que voy a tener un hijo argentino dentro de seis semanas. 42 días. Y aquí sigo de pie.

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