miércoles, 27 de febrero de 2019

Irse para volver



Hoy hace 10 años que me monté en un avión en Noain, el aeropuerto de Pamplona, rumbo a Washington DC. Iba para tres meses, para aprender inglés. Han pasado 10 años y estoy en Argentina, con un marido uruguayo, un hijo argentino y sin el inglés. Y luego que la vida no nos sorprende.

Me fui cargada de ilusión, ropa y sin miedo. Y flaca. Tenía todo lo que necesitaba: un lugar donde dormir el primer mes, unas clases que dar, dinero para vivir gracias a los patrocinadores oficiales de mi vida y ganas. Tenía un mes para conseguir una casa, una academia, un trabajo. Pasó el mes y me conocí todos los bares, restaurantes y museos de DC. Pero ni rastro de la casa, la academia y el trabajo.

De repente pasaron los días y empecé a hacer eso que los yankis tanto pregonan: "networking". Y en tres semanas conseguí un sofá, un lugar donde estudiar que me daba la visa F1 y un trabajo de niñera. Ojo que cobraba de babysitter en Estados Unidos lo mismo que he cobrado hasta hace muy pero que muy poco de periodista. El mundo está muy mal repartido. Y en Argentina hay demasiada inflación.

Y a partir de ese momento, todo se fue dando. Por suerte, por estar sentada en la silla correcta o porque lo valgo. Pero de un trabajo salieron otros; de uno de ellos se dieron contactos; de esos contactos y una frase oportuna, un trabajo en Buenos Aires; del trabajo, un novio; de ese novio, un marido; del marido, un hijo y hasta hoy.

En estos diez años he pasado por todos los estados físicos, mentales y emocionales posibles. Me he reído sin parar, he llorado sin consuelo (especialmente cuando he estado enferma, contadas veces, por suerte), he conocido gente rara, que merece la pena, que no, que sigue a mi lado y otros que se han ido yendo.

En estos diez años he gastado todos y cada uno de mis días de vacaciones en volver a casa. Conozco aeropuertos como la palma de mi mano. Y así he podido pasar frío en mi verano, comer como si no hubiera un mañana, estar en todas las bodas y nacimientos que he podido, ver a los de siempre donde siempre.

En estos diez años he usado toda la tecnología y redes sociales disponibles para estar sin estar, para intentar mantener un contacto cada vez más complicado, para seguir al día de las cuestiones de España, para felicitar cada cumpleaños como si viviera a 5 kilómetros, para compartir mis alegrías (apenas mis penas). Para no desaparecer.

En estos diez años he descubierto que a las personas, sin importar su rango, hay que tratarlas con naturalidad. Que los presidentes de gobierno también comen con las manos, que la gente que sale en la televisión no es tan especial, que los influencers hacen un trabajo muy digno y que la consultoría es una casa de locos donde si trabajas bien todo sale bien.

En estos diez años he aprendido a valorar lo que hay en España que antes no veía, a conformarme con menos, a aspirar a más con mucho más esfuerzo. He aprendido a quejarme, a decir lo que está mal y lo que me parece bien, a trabajar en equipo y a dar más de lo que se espera. 

En estos diez años he leído cien mil reportajes sobre la "fuga de cerebros", la expatriación de los jóvenes y sus efectos. Experiencias de gente que echa la culpa a la crisis, al gobierno de turno o al cambio climático de la situación que nos ha tocado vivir. Pues yo doy, en parte, gracias porque me tocara y haya podido formar una familia con un miembro de cada país. 

En estos diez años he pasado de trabajar para salir, a trabajar para descansar. De gastar en bolsos a gastar en pañales. De ser caprichosa a valorar lo que cuestan las cosas. De gastarme todo a intentar y poder ahorrar. De ir a mi bola a preocuparme por cada cosa que le pasa a los que viven conmigo.

Mi padre el día que salí por la puerta hace diez años le dijo a mi madre "ésta no vuelve". Y yo respondí "tranquilos que sí". Aunque me estoy retrasando al mismo nivel que mi promesa de "no os preocupéis que yo voy a ser millonaria". Quizá debo pensar dos veces antes de prometer nada debido a mi historial.

Hace 10 años tenía 22 años. Todavía no he vuelto ni sé cuándo lo haré. El día que vuelva intentaré hacerlo siendo mejor persona y agradeciendo el haber podido vivir todo lo que me ha tocado vivir. Pero hay que irse para poder volver. 

2 comentarios:

Unknown dijo...

Sigues estando aquí.Y es fácil de comprobar:cada vez que vienes todo el mundo te habla como si no te hubieras ido.Puede que hasta te sorprenda y pienses "tíos,que hace seis meses que no os veo,expresad un poco más de emoción...".Es al contrario,eres una de los nuestros.No te has ido.Goodfellas.

Anónimo dijo...

Muy lindo! Un abrazote

Andres C.