lunes, 10 de mayo de 2010

Arrancamos

Esta visto que lo mío no son los viajes en avión. Ni en autobús, ni en tren, ni en nada. Pero yo me empeño en que algún día será el día del viaje ideal y sigo viajando, no me voy a quedar en casa.

Ayer sabía que me esperaba un día largo, de conexión en Orlando y en Sao Paolo hasta llegar a Buenos Aires, donde no me pienso mover en unos meses. Pero no sabía que desde el minuto cero se me iban a complicar las cosas.

Una no sabe restringir equipaje, voy aprendiendo, pero aún así me iba con tres maletas, dos de ellas con sobrepeso. Y el señor de United que tan simpático era él me dijo que me pasaba todo pero por 400 dólares. Así que le miré con cara de odio, miré al bueno de Martín, que otra vez me había llevado hasta Dulles, y empecé a sacar cosas de la maleta número 2, y a despedirme de la maleta número 3 que algún día alguien me traerá hasta Argentina (hasta el momento estaré sin zapatos, bufandas y bolsos).

Tampoco se cae el mundo, pero tuve que sacar mi almohada, y mi almohada es algo sagrado, es con la que he dormido los últimos 24 años y, aunque se merece una entrada a parte, y la tendrá, ayer le tuve que decir hasta pronto. Y ya estoy nerviosa por saber cómo dormiré esta noche.

Tras los lloros oportunos de despedida con Martín, por irme, por el acojone que llevaba y por mi almohada, subí con todo mi equipaje de mano, casi tanto como el facturado. Y el vuelo a Orlando fue como un viaje en la Estellesa, cortito, intenso y medio cómodo.

Y llegué a Orlando donde yo siempre he soñado ir, pero a Disneylandia, y cosas de la vida he ido, pero no salí del aeropuerto. Un aeropuerto que parecía el propio parque. Shuttles de conexión cual Star Wars, palmeras de plástico, fuentes inmensas, sillas y sofás de paja con almohadones de flores... Muy a lo Bahía Príncipe resort de vacaciones pero sin Anne Igartiburu.

Fui hacia la puerta 19 como marcaba mi tarjeta de embarque, y para cuando llegué (media hora más tarde) me di cuenta de que el 19 era el asiento y la puerta era la 82, y la puerta 82 estaba ahí, en la concha de la lora, en el otro extremo del aeropuerto vía túnel galáctico. Así que yo, mi blanco nuclear, mi vestuario primaveral (único en un aeropuerto donde reinaba el moreno negruzco, el tirante, la chancla, y los regalos de Mickey y sus amigos) llegamos a la 82 a tiempo.

Y entonces empecé a llorar, porque me pesaba el equipaje de mano, porque me temblaban las piernas, porque en la fila de seguridad me hicieron sacar mi maleta llena de productos electrónicos para la nueva oficina y dos imbéciles se habían reído de mí, y porque en la fila de embarque solo había niños y más niños que seguían con el subidón de varios días en Disneylandia y me iban a dar el viajecito, y habían ido a Disney antes que yo y les cuatriplicaba la edad.

Pero subí, mandé unos mensajitos a mis amigos de DC, lloré un poquito más cual mona, el azafato me vino a preguntar si todo ok, y me dormí. Entonces empezaron a repartir cosas. Un neceser con tapones, calcetines y un peine (yo no me he peinado en los últimos seis años), una toallita húmeda caliente que no sabía si era para las manos, la cara o el ala, porque ahí cada cual la usaba para alguna de esas partes o para todas, y caramelos asquerosos (les voy a poner en contacto a los de la TAM con caramelos Solano).

Y como el reloj lo tenía en el bolso no sé cuánto dormí pero si solo vi una película, sólo desayuné (y la azafata me tiro un zumo por toda la manga- será el destino, porque hace mil año a mi padre en Aviaco, la cual ha desaparecido, yendo a Mallorca le pasó lo mismo y nos llenaron de regalos, pero ayer me tuve que conformar con una toallita de esas que no sabía para qué servía) y no recuerdo haber estado despierta, significa que dormí mucho, y eso es bueno. Aunque sigo muerta y sin tobillos.

Volando, literal y figuradamente, llegué a Brasil a las 5.30 de la mañana, y hasta haber pasado el control de seguridad para la conexión donde volví a hacer todo el ritual de abrigo, joyitas, aparatos electrónicos y arco de metales, me di cuenta de que eran las 6.30, pero aún así tenía dos horas para esperar a mi vuelo de Buenos Aires. Mientras saqué mi súper Mac, como la más pija del lugar, para empezar a escribir esta entrada, quité todas las pelusas rojas de la manta de TAM que se habían quedado en mi americana manchada de zumo, me pinté un poco el ojillo y volví a despegar.

Y llegué a Buenos Aires tras otro vuelo dormida. Y entonces entendí aquello de “en Buenos Aires los colectivos son viejos”. Porque el autobús que me llevaba del avión a la terminal podía ser tranquilamente del año 3, o del 4, estoy dudando, pero llegué pronto y para mi sorpresa en la aduana no había nada de nada de fila, y no me preguntaron nada de nada de nada, me sellaron, buen día y a por las maletas, que por segunda vez en la historia salieron las primeras. Y yo, mi careto, mis maletas y mis no piernas, cruzamos la puerta de salida donde estaba mi nuevo jefe al que reconocí no sé por qué. Y me trajo a la oficina. Ya tengo mi sitio, ya configuré internet. Y ya he visto muchas cosas que van a dar que hablar.

Pero estoy RE contenta.

Arrancamos.

10 comentarios:

B dijo...

Te imagino con todos los bártulos y medio llorando por el aeropuerto y me entra una ternura...
Besos linda. Irá todo re bien!

laleydelmal dijo...

joer que intensidad de vida maja. qué aburrida es la mía!

Un beso!

CRIS dijo...

START... Estás requete tarada mujer sin tobillos... MUAK

justo rodríguez dijo...

Suerte..., no he leído el post, pero suerte. Beso.

Anónimo dijo...

ines espero k te vaya bien.prima disfruta en buenos aires como disfrutas en e restaurante de la pitu besos.

César dijo...

Royito,
Nada de llorar. Anda que te vas a acojonar tú por llegar a Argentina. Tu puedes con eso y con más.

Martín Schmitt dijo...

Inés, nuestros caminos se cruzan. Tú cuida de los míos que yo haré lo mismo por aquí. Por cierto, mañana le digo a Justo que lea el post porque vale la pena. Sos una genia. Besos

María Marta dijo...

Claro que tenés que llorar Inés, si solo tenés dos docenas de años, y te estás recorriendo el mundo sola... (a partir de ahora, en "argentino" te voy a escribir).
Pero ante nada Bienvenida a mi país... no a mi ciudad, porque vivo en las afueras, pero soy porteña....
Me podrías explicar porqué viajaste de Dulles (Va) a Orlando y de allí a Buenos Aires, vía San Pablo????? Hay vuelos directos desde DC, tal vez haciendo escala en Miami, a Buenos Aires????
Viajar es maravilloso, pero los vuelos no siempre lo son... Ahora pareciera que siempre te están dando el desayuno...
En Buenos Aires, los colectivos, son viejos... es verdad... y no le llegan ni a los talones a los autobuses de Logroño... Y también que aquí, la pasarás de p... madre, pero esto... es el tercer mundo, y no el primero... Esto, TIENES que entenderlo, para así lograr ser muy feliz!!!
Espero ansiosa que cuentes tus experiencias porteñas!
Besos,

Luisgui dijo...

¿Por qué no escribís un libro de viajes? Molan, siempre pasa algo, se pierde algo, hay un contratiempo, un despiste... Muy grande.

Mucha suerte, un beso enoooooooooooooooooorme

Inés Royo Oyaga dijo...

Blanca, tal cual, a veces creo que mejor si nos grabaran en video....

Rachel, nada, tú ahí tranquilita que mucho mejor a veces...

Cris, los tobillos volvieron tarde, llegué a pensar que me habían engordado y seguía echando culpa a los viajes.

Justo, sabía que no lo ibas a leer, pero gracias

Prima, a ver si encuentro algo parecido al Buenos Aires nuestro...

César, yo no quería llorar, pero es que se me juntó todo, lo de menos eran los argentinos y el país en sí...

Martín, ya conocí a tu vieja, y de momento me la quedo yo como mía, solo prestada, te lo juro.

MM, es verdad que siempre te la pasas de desayuno o de snack! un quilombo de narices... hablamos.

Luis, me lo pienso, pero no sé quién va a leerlo...

besos a todos