sábado, 15 de mayo de 2010

De primeras


Ahí voy. No he tenido mucho tiempo ni tenía mucha información. Pero estas son mis primeras impresiones y nuevas costumbres-dichos-observaciones de mis primeros cuatro días en Buenos Aires.

Para empezar ya no digo "buenos días", aquí se dice "buen día". Si es día 14 se desea buen día 14, si es día 23, buen día 23, qué es eso de desear buenossss díassss, cuando el día se vive de uno en uno. Bueno, eso, que a partir de ahora "buen día" (estoy por descubrir qué dicen por las tardes y noches, no me ha tocado aún).

Y para cuando he dicho buen día tres veces al portero, al vigilante y al primero que pasa por la calle, me entra la depresión al cruzarme con cualquier chica. Es una verdadera mierda, pero son guapas y flacas las argentinas. Prototipo que se repite 8 de cada 10 que pasan. Pelo largo, pero no largo a lo "mira que largo tiene el pelo la nena", largo es largo de verdad, más de media espalda, y bien lacio, tirando a poco. Si lo llevan suelto muyyyyy estirado con una horquilla como mucho, si lo llevan recogido una coleta hecha el día 1 de enero de cada año y no quitada hasta Nochevieja, bien despeinaditas pero sin perder la buena onda. Conclusión, yo aquí tengo el pelo medio de largura y voy bien peinada (remito al post anterior, 6 años sin peinarme más que cuando me lavo el pelo...).

Además las muy zorras (perdón pero ya las odio), no se maquillan ni una gota, y son flacas. Que hoy he ido a hacerme la cobertura médica (eso para otro día) y cuando me han preguntado lo que pesaba ha cundido el pánico pero la chica me ha mirado y me ha dicho "Mira, tesoro, tú estarás más hermosa, pero vas a abrir la boca y te vas a llevar a todos, y ellas mientras tanto se pasan el día en el psicólogo". Queda dicho.

Para compensar mi depresión en esta ciudad se come bien. No me voy a meter en qué es bien, voy a lo básico. En esta gran ciudad hay un pan con el que lloro (recuérdese que la última barra que compre en Washington me duró 4 días "fresca" y ponía "sin conservantes"). Hay panaderías que huelen bien, con pastas, facturas, tartitas, pan, más pan, pan de miga... Y yo no puedo ser más feliz.

Por si con el pan no tengo suficiente aquí hay servicio a domicilio (llámese delivery) de todo. Pero todo, es todo. Empanadas, helado, pastas, comida normal, pollos, pizza, chino, periódicos, flores, alcohol, hielos... Y por haber hay hasta delivery de preservativos, que no quiero preguntar que se hace mientras el delivery llega. No me interesa.

Pero también hay cosas criticables. De nuevo, y es algo que me tiene impresionada, los autobuses (llamados colectivos) son muy, muy, muy, pero que muy viejos. Sin embargo son más listos que nosotros y tienen una guía, la Guía T, que buscas dos puntos en el mapa y te los conecta. Lo más útil del universo.

También por la misma las aceras están todas rotas (miedo me da el día que llueva), están llenas de basura y de súper regalitos de perro, y por si fuera poco molesto jugar al buscaminas de camino a la oficina, también tienes que mirar hacia arriba porque los quioscos de periódicos no están en plazas u aceras (veredas) anchas, están en todas partes y reducen el sitio a un cuarto de lo que es en verdad, descontando la caca del chucho, los coleccionables que aquí no son muchos, el que viene en contra y la baldosa rota.

Pero al margen de las aceras, las minas, el pelo, el delivery y todo, un punto y aparta en mi vida porteña ha sido el subte. Ese gran metro que cometí el error de tomar (que no coger) en hora punta a las 6 de la tarde. Un vagón que desprendía calor humano y animal en todos sus aromas cada vez que se abría la puerta y en el que como estés puesta en una puerta y tengas que salir por la otra estás jodida, porque muchas veces ni se puede. Ya no me gusta el metro.

Aunque me cagué de risa todo el viaje, porque yo respiraba, pero aunque son flacas y monas, son tirando a enanas, y mientras yo divisaba a los machos de todo el vagón y respiraba sin problemas, las minitas lindas se estabas poniendo blancas en busca de oxígeno que meter en esos mini pulmones.

Que engorden y así tienen más espacio. Habrá más...

5 comentarios:

pichi dijo...

sigo pensando q igual este agosto hay q ir a comprobar todo lo q cuentas...ya hablaremos...;-)
¡¡¡ animo y disfruta mucho !!!
bss

Unknown dijo...

Qué bueno Inés!!! Me encantan tus post. Yo también odio a las argentinas, por aquí hay unas cuantas y cumplen escrupulosamente tu descripción. Disfruta mucho... Te seguiremos leyendo.

Un besazo

Bartmillo dijo...

Me divierto mucho leyendo tus descripciones, también viví en Buenos Aires 5 años ( en donde conocí al gordo Martin)y la guia T no puede faltarle a nadie nuevo en BA, lo mejor de BA son las mediaslunas y las pizzas, pero para un buen asado, te repito la invitación: Villa Mercedes. San Luis.
PD: la foto es de un asado que comimos en unas de las visitas de Schmitt

María Marta dijo...

Ufaaaa!!! Ineshita... publiqué pero no salió...
Si las argentinas somos (son, ya me conociste... no entro dentro del gremio...) histéricas con la flacura (delgadez), el pelo totalmente LACIO, somos enanas..., y les (nos...) gusta usar ropa de marca...
En cuanto al subte (metro) tenés toda la razón del mundo... una cagada, y aparte no se puede respirar... al menos yo, que tengo metro y medio de altura...
Besitos, Inés...

Inés Royo Oyaga dijo...

Pichi, ya tengo choza muy lindita para tu visita!!!

Gloria!! Tal cual, a que si??? me quiero matarrrrr cada vez que veo a tres tías seguidas... Disfruta de Dubai!

Bartmillo, dime día, hora, sitio y qué tengo que hacer para llegar a esa cita, y ahí estaré.

MM, ya te lo conté todo en directo...

un besoooo