jueves, 16 de enero de 2014

125


Empecé a escribir en este blog en 2008. No fue un proyecto de clase, no fue una obligación para poder forjar un futuro prometedor. Fue básicamente porque me dio la gana y varios de los compañeros que tenía en el periódico lo hicieron. Y yo no quería ser menos.

Por aquel entonces estaba trabajando los fines de semana en La Rioja, en deportes haciendo partidos de Tercera (y lo que se terciara, desde ajedrez hasta esgrima), y en TVR grabando un programa de deportes para niños llamado Juegos Deportivos. Sábados y domingos. Domingos y sábados. Madrugones, frío, calor, experiencias y risas. Muchas risas. 

Para entonces yo era la "veterana" de las becarias. Como ya he contado aquí, aquí, o aquí, la primera vez que me senté enfrente de un ordenador en la redacción fue en las Navidades de 2005. Y no supe ni encenderlo. Desde ese día hice de todo: desde la agenda (con sus correspondientes errores que a mí me parecían el fin del mundo), hasta reportajes a la Selección de Fútbol de Guinea Ecuatorial en Valdeavellano de Tera (Soria) en pleno agosto con 40 grados a la sombra, plenos del Ayuntamiento, la presentación de las rutas teatralizadas por el Casco Antiguo que se convirtieron en mi especialidad o la crónica social de los toros durante los Sanmateos de 2007. De todo un poco. De todo se aprende.

Ahí comencé a escribir para que me leyeran otros. Comencé a espabilar, a buscar datos, contactos y noticias. Aprendí a ser simpática y a saber preguntar, a entender la importancia de tener un buen fotógrafo al lado y de un buen editor y a comprender que los que están por encima de mí lo estaban por algo y tenía que hacerles más que caso.

Ahí comencé a tener una vida social mucho más activa que la de la adolescencia. No importaba si era un evento deportivo, una fiesta de la propia empresa o un concierto. Se salía mucho, se trabajaba más, y de ahí saqué a amigos que siguen siéndolo aunque no los vea todos los días. Y todo lo hacía (o al menos lo intentaba) con buena cara, porque durante esos 4 años fui mucho más que feliz.

Ayer el periódico donde empecé a hacer lo que más me gusta del mundo cumplió 125 años. 125. Ni uno más ni uno menos. 

Además de mí, también han pasado por ahí mi padre, con su columna Gol Norte y mi hermano, en el departamento de Márketing. Pero el que de verdad hubiera estado orgulloso de celebrar esta fecha mucho más de lo que pude estar ayer yo hubiera sido mi abuelo Dámaso, que durante muchos años luchó y se peleó con una enorme rotativa en la sede del periódico de Martínez Zaporta como jefe de talleres.

No pude estudiar mejor cosa. Y ayer lo reconfirmé.

Muchas felicidades a la que fue mi casa y a los que, aunque sea en versión digital, me mantienen cerca de ella ahora que estoy lejos.

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