miércoles, 19 de febrero de 2014

Me bajo


Realmente tenía muchos temas "de los que hablar" aquí pero desde hace tres semanas, aunque esté en pleno verano, cada vez que abro el ordenador no sé si echarme a reír o a llorar.

Empezando por el lugar donde me siento cada mañana, poco que decir, porque lo que diga hoy, mañana o pasado no va a tener sentido. Aquí se cambia de opinión como de camiseta, por no decir como de braga para ser más española de lo que soy. Un día decimos que somos víctimas de los conspiradores y empresarios y otro día reconocemos que hay una inflación imbancable para un país de estas dimensiones (bancar=soportar). Y mientras medio país sigue de vacaciones, un cuarto está preocupado por su guita y otro tanto apoya el cotarro, la Presidenta sale de ciento en viento a ironizar sobre la vida dejando claro que ella no es una bruja, la vuelta al cole está en interrogante como el año pasado y un incendio, supuestamente intencionado, ha matado a 10 bomberos. Pero lo que importa es que quedan 113 días para que empiece el Mundial. Y después, veremos.

Luego tenemos el origen de mi ser que tampoco está muy lejos. Mientras un presidente dice que mejor poner azafatas en las fronteras en vez de Guardia Civil para dar la bienvenida a los inmigrantes ilegales de África y un ministro está encabezonado con una ley del aborto que (a favor o en contra) va a retroceder las cosas un cuarto de siglo, es decir, 25 años, la Infanta se hace la loca y olvidadiza ante su vida pasada; el Barcelona evita pagar impuestos por un puñado de millones de euros en su fichaje estrella de la temporada que, al menos yo, llevo sin ver desde hace unos meses por los campos de fútbol y el New York Times nos dedica espacio haciéndonos ver que la culpa de todo lo que le pasa a España la tiene Franco y la siesta, que para ser mejores debemos de cambiar nuestros horarios. Y Twitter se me inunda de comentarios sobre los cambios en las direcciones de los diarios más importantes del país o la cuestión de si la Echevarria copia o no sus looks (gran palabra...) a otras bloggers (otro palabro). Cuestión de prioridades. Yo ya he hecho limpieza de mis seguidores. Pero no os preocupéis que quedan 113 días para el Mundial.

Mientras aquí en pleno "agosto" porteño lleva sin salir el sol como dios manda exactamente desde el día 26 de enero, en Estados Unidos cada ocho, diez días, un amigo me manda un mail tipo "hoy no fuimos a trabajar por la tormenta de nieve, ¿hablamos?" y mi madre me dice que está pelada de frío y al día siguientes mis amigas escriben "bienvenida la primavera". El cambio climático, esa cosa que para mí era un temita de ecologistas ha llegado a nuestras vidas en formato clima. Y también preocupa a los futbolistas porque a ver cómo llegan al Mundial en 113 días a un país con 500% de humedad.

Al mismo tiempo que yo me quejo de mis cosas de primer mundo, como el clima, que es uno de mis preferidos, recibo mails de Venezuela que me ponen los pies en la Tierra. Miedo, indignación, tortura, represalias, muerte, lucha, derechos, incertidumbre, escasez, falta de medicamentos o unidad, son las palabras que más se repiten en los mensajes. Palabras que no hay informativo o diario argentino o español que creo esté demostrando qué está pasando en Caracas desde hace dos semanas. Y yo, que el Derecho está entre el grupo de mis puntos flacos, sigo preguntando si no hay un "algo" internacional que pueda intervenir... Ya me han explicado que no. Pero sigo sin entenderlo. 

En Ucrania no tengo a nadie conocido, pero no me hace falta, eso me queda más claro que todo lo anterior. Estos no van al Mundial en 113 días.

Total que me da mucha pereza y, en parte, tristeza todo. Que pare el mundo que me bajo. Y que salga el sol en Venezuela, que aquí mal que bien se puede vivir con lluvia sin problema alguno.

Seguiremos esperando al Mundial. Luego ya veremos.

1 comentario:

María Marta dijo...

Mejor que sigamos esperando el Mundial, Inesita.... Es lo que no queda..
Besossssssss