domingo, 29 de junio de 2008

Dos jefes










Ayer, como ha dicho Justo, estuve de boda. A pesar de que mis amigos no se casan todavía por razones obvias, desde hace unos años tengo una media de 5 bodas por año con sus respectivos vestidos,regalos, y despedidas. Pero la de ayer era especial. Se casaron Ana y Rubén.

Rubén hijo de uno de los mejores amigos de mis padres era nuestro vecino hace mil años, aunque yo no me acuerdo muy bien porque era bastante pequeña, y siempre se ha llevado conmigo de lujo, me ha vacilado todo lo que ha querido y más y me ha enseñado los rincones nocturnos junto con el resto de la cuadrillita. Ana trabaja en la Ser. Lleva 10 años con Rubén así que la conozco desde hace bastante, pero en especial porque fue de las pocas que me apoyaba cuando quise estudiar periodismo en Navarra (ella también lo hizo en su día), es una chica tan cariñosa que te la comerías a besos. El tema de la despedida del domingo pasado lo dejaré para otra entrada, mejor.

Y ayer decidieron invitarnos a una de esas bodas que esperas con tantas ganas que prefieres que no se acabe nunca. Muchos, muchos, muchos invitados, pero muchos; novios emocionados, padres felices, gente bailonga y con algunas copitas de más... La cena en La Merced, sin comentarios, espectacular. El baile muy divertido. En estas bodas en las que conoces a la mitad es cuando te das cuenta de que tus padres bailan como Leonardo Dantes pero con ritmo, que también beben por mucho que se empeñen en acusarte a ti de alcohólica, y que es cierto eso de que a ciertas horas de la madrugada llega una fase llamada "exaltación de la amistad"en la que todo el mundo te abraza, te besa y te dice lo grandes amigos que somos y lo que te quieren...

Ana, Rubén, muchas gracias por invitarme al bodorrio de dos jefes de los grandes, porque me lo pasé genial. Eso sí igual hubiera sido mejor delimitar el número de copas porque no me puedo ni mover, me duele todo, aunque quizás mi comentado modelito con sus zapatos-andamios con los que veía a toda la boda sin moverme también ayudan a que me duelan las piernas. Y quizá también son los culpables de que algunos no quisieran bailar conmigo porque parecían enanos hasta que me los quité a las 3. Pero bueno ya bailé con mi padre que era el único que me quedaba bien.

Fotos mañana, porque mi cámara ha muerto y el cargador se quedó el otro día en la despedida de Ana... Tengo que ir a recuperarlo...

4 comentarios:

CRIS dijo...

Inés te tienes que solidarizar con los que no son de tu tamaño y deja los zapatos-anamios en casa (para salir conmigo ni se te ocurra ponertelos!!). MUAK

Martín Schmitt dijo...

Inés, pues te he visto bastante bien en la fuente de Murrieta a las 12 de la noche... Grande España!!!!

Luisgui dijo...

La elegancia se tiene o no se tiene. Ins en dos palabras im presionante.

Inés Royo Oyaga dijo...

Cris, solidaridad la justa!!!! no te preocupes que no me los voya poner contigo porque sino no te voy a oir.

Martín, estaba descojonada, pero no todos los días gana España algo y yo estoy para celebrarlo.

Luis, no me digas eso que al final me lo voy a creer... jajaj